miércoles, 29 de diciembre de 2010

Seámos niños de nuevo

Es curioso este mundo. A veces pienso que pasamos por él sólo de puntillas y que hace tiempo que no somos conscientes de todo lo que tenemos en él.

Solemos refugiarnos en miedos que nos paralizan completamente, que lo único que nos dan es inseguridad.

Y es más curioso aún como cuando éramos pequeños, esos miedos no estaban. En esa etapa de nuestra vida vivíamos sin ningún tipo de miedo y disfrutábamos del regalo que se nos ofrecía sin ningún problema, lo tomábamos entero, lo abrazábamos y no lo soltábamos pasase lo que pasase. Si queríamos algo lo pedíamos con todas nuestras fuerzas y luchábamos por ese algo costase lo que costase.

Cuando éramos pequeños, podíamos estar en cualquier lugar, ver a otro niño a lo lejos y sin miedo a negativas, preguntábamos: “¿quieres ser mi amigo?” y no barajabas la posibilidad de que te diesen un no, y si te lo daban, pues pensabas: “se lo pregunto a aquel de allí”, ahora no todo es tan simple. En aquel momento compartías con esa persona que acabas de conocer lo más importante de tu existencia en ese momento, ya fuese una piedra o el berrinche que tenías por vete a saber qué motivo. Hoy por hoy, parece ser que esa pregunta ya no tiene sentido. Parece ser que todos tienen sus amigos y es imposible salirse de ahí, el resto de gente simplemente son conocidos. Y, en ocasiones, da miedo el querer darte a los demás y no tener certeza absoluta de que los demás te recibirán bien.

A veces sentimos la necesidad imperante de conocer a alguien o “alguienes” con quien poder compartir parte de tu existencia, alguien que de alguna manera dé un nuevo rumbo a tu mundo, alguien con quien hacer cosas que nunca hiciste o que, simplemente, amplíe tu campo de miras. Y en ese momento es cuando aparecen los miedos, las dudas, la timidez, la inseguridad… todo lo malo que hay en este mundo a nivel de sensaciones que nos impide vivir.

Empiezas a buscar excusas, miles de ellas, factores externos todos que hacen que sea imposible hacer determinada cosa en determinado momento y que, a pesar de que esto sea una desilusión, no existen. Definitivamente no están (quizá no todos).

En definitiva, ocurre algo más curioso aún que el mundo en sí: la cantidad de amigos que tenemos o hacemos suele ser inversamente proporcional a la cantidad de años que llevamos vividos. Y me pregunto: ¿no debería ser distinto? Si vivimos más años, tendremos más experiencias a nuestras espaldas, si tenemos más experiencias tendremos más gente con la que las hayamos vivido, si tenemos más gente con la que hemos vivido experiencias… ¡¡deberíamos tener más amigos!! ¿Qué pasa entonces?, ¿cuál es la razón de este absurdo? Pues que conforme vamos creciendo, nos hacemos egoístas y recelosos. Y ese recelo, sobre todo el recelo, nos mata, nos pierde.

Y muchas veces no estamos seguros si esto es una sensación generalizada del mundo o una individualizada de más de uno,  el caso es que vemos como aparentemente los demás consiguen algo, que por circunstancias reales, imaginarias o simplemente circunstancias, otros no han sido capaces de conseguir hasta ahora.

martes, 28 de diciembre de 2010

Un nuevo principio

En medio de la penumbra despertó, abrió los ojos y la luz entró.
Se tumbó en mitad de aquella noche, en mitad de aquel espacio vacío sin ser capaz de saber siquiera si su cuerpo en sí ocupaba algún lugar. De todos modos, eso hoy no importaba; de hecho, puestos a elegir, preferiría no ocupar un lugar físico en ese momento, eso significaría que los demás podrían verle y tenerles que dar explicaciones, aunque no fuesen pedidas, de por qué estaba ahí. Visto así, el lugar físico era lo de menos.

Se sentía un ente completamente alejado de sí mismo, se sentía fuera de su cuerpo y observado por sí mismo desde fuera. Desde ese suelo frío y húmedo que imaginaba, rodeado de enormes árboles inexistentes que cerraban la poca luz que entraba de una luna llena completamente vacía, se observaba. Estaba débil.

En ocasiones pensaba que en un momento, todo volvería a ser igual que antes.  De repente, de un segundo para otro todo habría vuelto a cambiar. Su subconsciente le traicionaba a cada instante; luchaba por dejarlo al margen, pero era imposible. Su consciente peleaba día tras día con él, pero seguía siendo imposible. El tiempo volvería a dejarlo todo tal y como estaba, solo el tiempo sería capaz de eso.

Mientras tanto, comienza a borrar todo aquello que se relaciona con su recuerdo. Empieza a dejar lo malo a un lado y lo bueno a otro, bien diferenciados donde no se dé lugar a que se mezclen. El subconsciente que se quede con  los sueños y los movimientos repentinos al escuchar algún ruido. El consciente que empiece a borrar aquello que en un futuro pueda doler.

Poco a poco se va haciendo de día. Esa parte de sí mismo que observaba desde fuera va fundiéndose con su cuerpo en el suelo. La luz del sol comienza a entrar entre las rendijas de los árboles, estos empiezan a espaciarse, comienza a verse un cielo azul, sin nubes. Comienza a levantarse, comienza a andar. Una vez más el camino vuelve a comenzar. Con cada final, un nuevo principio nacerá. 

 En medio de la penumbra despertó, abrió los ojos y la luz entró.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Autopista peligrosa

Una autopista, un coche, velocidad. Todo dice “no”, vas en dirección contraria, te estrellarás a una velocidad vertiginosa. Sigues acelerando. Intentan pararte, no es posible, nadie podrá salvarte.

Todos van en dirección contraria a ti y aún así sigues pensando que tu dirección es la correcta. La gente te hace señales, te intenta indicar lo peligroso de tu recorrido. Haces caso omiso, no ves el muro al fondo y sigues acelerando.

Una autopista de un único sentido, nadie te acompaña, todos saltan de ese coche en marcha cuando comienzas a acelerar. No estás dispuesto a que nadie comparta el viaje contigo y sigues acelerando. Algo te hace recapacitar pero no sabes bien qué es, frenas, reduces, piensas… y vuelves a acelerar.

La noche se cierra, piensas en encender las luces. Pero sólo lo piensas. Avanzas a oscuras, sin mirar atrás. Nada te importa, o al menos intentas que crean eso. Y el cuentakilómetros sigue subiendo.

El muro se acerca, la vida va abriendo la boca, la cierra y ¡zás!, te llevas el primer bocado o quién sabe si no será el primero. A pesar de todo, sigues pisando el pedal.

Cada vez queda menos gente en la autopista, cada vez menos coches paran a intentar ayudarte. No aceptaste ayuda de ninguno hasta ahora, así que ¿por qué parar? Solo seguirán parando aquellos a los que de verdad le importes, solo compartirán parte de tu viaje aquellos que deseen desde el corazón que frenes y des media vuelta. El resto, desaparecerán en tu retrovisor. Ahora me cuestiono en qué coche viajo yo…

De todos modos, quien sabe si después de todo la autopista lleva doble sentido y el tuyo es perfectamente válido. Quizá seamos los equivocados el resto, o quizá lleves la misma razón que todos. Quizá el muro se aleje y nunca te estrelles, quizá en cierto momento un coche consiga hacerte recapacitar y dar media vuelta, quizá… o quizá no.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Decidió morir

“… murió a 5 de diciembre de 2010, a la edad de 23 años, preso de la cobardía y la falta de coraje.

Vivió su vida sin vivirla. Los demás fueron su camino y él nunca supo andar solo. Fue una eminencia y murió como la mayoría, atado por los sentimientos que no se pueden sentir.

Murió sin conocer la felicidad, sin conocer el amor. Murió conociendo millones de cálculos que nunca lo harían feliz.

Pudo elegir entre dos opciones, vivir o morir. Decidió morir. Como el hombre que teniendo las manos frías, pensó que moría y se tumbó inmóvil. Se creyó muerto y la jauría se lo comió. (Jorge Bucay)

Durante su vida sin vida, presumía de piernas fuertes. Las piernas fuertes sirven para saltar el precipicio que todos tienen que saltar alguna vez si no desean morir. Sus piernas fuertes no tuvieron el valor para saltar, se hicieron débiles, como todo él y corrieron en la dirección contraria,  para no preocuparse más de esa vida que se le presenta.

Murió pensando en un futuro, en una posible vida el día de mañana. Es imposible pensar en la vida del mañana, cuando no se tiene el coraje suficiente para vivir hoy. Completamente imposible. El día de mañana, tampoco existirá el coraje.

La vida le dio oportunidades, se las mostró varias veces. Él decidió no hacerle caso, prefirió morir.

Ni siquiera tuvo el coraje de plantarle cara a la vida a la hora de dejar este mundo. Decidió comunicarle que dejaba de existir con un anónimo. Decidió que sería mejor así, antes que sentir que la vida podía ganarle y destrozar su plan maestro de morir en soledad.

Así lo quiso, nadie pudo salvarlo. “

viernes, 19 de noviembre de 2010

Un año de vida :D

Sí, día de entrada obligada, no hay más, ¿por qué? Pues porque hoy hace justo un año que este blog comenzó y qué mejor manera de celebrarlo que escribir algo dedicado a él.

Ha sido un año intenso a nivel de emociones, aunque esa parte prefiero dejarla para una posible entrada de fin de año, ya que está cerca de nuevo, pero bueno, aun así sigue siendo cierto.

Este blog me ha dado  la oportunidad de darme a conocer un poquito, aunque sea de una manera diferente y me ha ayudado también a conocer un poco más a algunas personas, cosa que nunca pensé posible por este método. No solo he sacado emociones mías a relucir, sino que he conseguido sacar también algunas de las que esconden los demás.

Ha habido entradas buenas, menos buenas, regulares, malas y muy malas, seguro, tanto a nivel literario como a nivel anímico, pero sea como sea, a mi me han servido en su momento para poder decir lo que pienso, para poder encontrar solución a los problemas, que a veces, simplemente contándolos resultan no ser tan graves, para vivir en un mundo de ilusiones muchas veces y para compartir alegrías, que eso siempre viene bien.

Al fin y al cabo, puede decirse que este blog tiene vida propia, con sus días malos y buenos; y su vida no es la mía, sino la vida que ven mis ojos, tanto mía como de los demás. 

Me embarqué en esta “miniaventura” pensando que en menos de una semana le habría dado de lado, pero no, después de un año sigo aquí, escribiendo, como siempre; y con ganas de más. Sólo espero que para dentro de un año, siga habiendo muchas más cosas que contar y muchas más cosas por vivir “ENTRE CONJETURAS Y TEOREMAS”.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Quiero bailar

Quiero andar. Quiero correr. Quiero saltar. Quiero dar vueltas hasta marearme. Quiero bailar. Y quiero que andes, que corras, que saltes, que des vueltas y que bailes conmigo.

Una cucharadita de alegría, otra de compresión, otra de optimismo e infinitas de risas. Un buen puñado de felicidad. Un momento bonito, dos, tres… y perder la cuenta. Una vida de dos mientras la vida dure. Dos viviendo una vida, hasta que los dos no se distingan.

Restar del mundo de dos el miedo, la cobardía y los razonamientos lógicos. La cabeza para quien la necesite, que hoy no  me hará falta, que hoy no la necesitarás.

La felicidad puede estar en una simple gota de lluvia, no tan simple entonces. La vida puede durar  5 minutos, quizá el resto no merezca la pena. Pero está llena de 5 minutos y quiero que valgan la pena. Felicidad en tramos de 5 minutos, en cada gota de lluvia y en cada rayo de sol, que también es bueno.

Contrastes. La lluvia y el sol. El blanco y el negro. ¿El optimismo y el pesimismo? Ese fuera. Me gusta la lluvia y me gusta el negro porque me gusta verte feliz. Ojalá todo lo malo fuese así.

Y cada día una gota de lluvia más, cada día un rayo de sol. Disfrutar de la vida como si fuese la única que tenemos… será la única que tengamos.

Si la vida está llena de obstáculos, los salto, para algo me dieron piernas. Si me tropiezo y me caigo, me levanto, que también me dieron brazos. Si me rompen la nariz, la curo. Si me rompen el corazón… también sanará.

Si la vida me abre la boca y me quiere masticar, yo puedo abrirla más, que aquí si alguien tiene que comer, soy yo.  Si de repente todo se descoloca, doy un pisotón y a ver quién puede más, y si luego el pie me duele, aprenderé.

Y dar vueltas, vueltas y más vueltas. No llegar a ningún lugar jamás. Círculos cerrados, eso no es más  que un simple truco de magia; la abertura convertirá el circulo en una recta infinita. Y entonces… caminar. ¿Caminamos? 

Quiero bailar… y que bailes conmigo.

sábado, 6 de noviembre de 2010

¡¡A escribir se ha dicho!!

Sí, manos a la obra. O al teclado. Hace tiempo me percaté de algo bastante lógico: sólo escribo cuando tengo algo en la cabeza que me preocupa a nivel personal o que de algún modo me involucra. Si, un descubrimiento, ¡¡vamos!! Haciendo cuentas, llevo sin nada que me preocupe desde hará cosa de un poco más de un mes.  

Y necesitaba escribir, echaba de menos sentarme frente al teclado y empezar a aporracear las teclas con odio, con dolor, con resentimiento, con alegría, con ganas de cambio, con incertidumbre, con melancolía, con lágrimas en los ojos, con sonrisas en mi cara, con ilusiones perdidas y encontradas. Y es que verdaderamente es algo que me encanta. Consigue que me evada de esas preocupaciones sin olvidarlas y pudiendo pensar tranquilamente en todo lo que es importante en ese momento. Procuro no ligar los textos al hecho concreto que me lleva a escribir, porque hace tiempo que veo cada circunstancia en la vida como una enseñanza, no tanto por la circunstancia en sí, sino por las sensaciones que me trasmite y las que yo proyecto, por cómo me hace sentir en definitiva.

Y hoy tengo algo en la cabeza, aunque esa es una conclusión a la que muchos de vosotros habréis podido llegar hace un buen rato. Es difícil, en este caso, describir las sensaciones sin que eso conlleve explicar el hecho que me impulsa a escribir. Este creo que es uno de esos textos en los que doy a conocer más de mí de lo que quisiera realmente; aun así supongo que el hecho de no saber exactamente quien lo leerá en cada momento y si verdaderamente será leído por alguien, me tranquiliza de una manera un tanto idiota.

Sea como fuere, mi texto de hoy está relacionado con uno de los temas que menos me gusta tratar en mis escritos, aunque ocupe buena parte de ellos. El amor… no el amor a los padres, a los hijos, a los hermanos, a los amigos… no. El amor, ese que estáis pensando, el mismo, el que se escribe con letras mayúsculas y nos venden las películas de Disney. Ese.

Quizá dentro de unas semanas piense algo completamente distinto a esto, aunque lo dudo. A los 15 años una cree en los príncipes azules, consecuencia de esas películas de Disney y de que la niñez no está tan lejos aún. Conforme va creciendo, los príncipes azules dejan paso a otros príncipes con otro color y finalmente creo que la realeza desaparece de nuestros pensamientos. No es de extrañar…

El caso es que no, no creo que los príncipes azules existan y menos en los tiempos que corren. Y sinceramente, lo prefiero. Salvo en contadas ocasiones, son pocos los que están dispuestos a dar algo por alguien y no creo que sea una cuestión de egoísmo; sí creo, en cambio, que es una cuestión de falta de amor.

Creo que nos empeñamos en encontrar a alguien, casi por obligación, como algo impuesto y nos forzamos a enamorarnos o algo así. O quizá nos hacemos una idea equivocada de quien es el otro y hasta de quién somos nosotros mismos. Entonces nos damos cuenta de lo fácil que es decir un “te quiero” y de lo difícil que resulta sentirlo de verdad, aunque ni siquiera nos demos cuenta y pensemos que realmente lo sentimos. De ahí que cada vez me reafirme más en decir un “te quiero” solo cuando merece la pena y cuando estoy segura de sentirlo, si es que puedo estarlo, es decir, cuando se me plantean situaciones en las que soy capaz de reaccionar de forma coherente respecto con esas dos palabras. Algunos llaman a esto frialdad… pues si eso es cierto, también la prefiero. 

Según mi manera de entenderlo, el amor no implica sacrificio alguno, al menos no constantemente. En el amor, haces lo que quieres, porque quieres y te sientes bien con ello. Cuando esto, o algo parecido, se cruza en tu vida deberás dedicarle un tiempo, no porque se deba hacer sino porque se quiere hacer. Y los días, evidentemente, seguirán teniendo 24 horas, lo que implica tener que reducir tiempo de la vida diaria que normalmente llevas. A esto hay quien lo llama “cuidar el amor”…


La libertad también es un punto importante, si nos ponemos a mirar las cosas desde el punto de vista del corazón (cosa que estoy intentando evitar en la medida de lo posible), no pierdes libertad, pasas a compartirla con alguien porque pasas a compartir tu vida con esa persona. Hay cosas que son tuyas y seguirán siendo tuyas, y otras pasarán a ser parte de los dos, por el simple hecho de que te preocuparán y le preocuparán como si fuesen propias. Lo cual… corta las alas… Bueno, eso es una opinión, yo no la comparto.

La sinceridad. Queremos sinceridad. El estar con alguien implica confiar en esa persona (debe implicarlo al menos) y entonces pedimos sinceridad. Queremos saber qué es lo que hacemos mal y qué bien, no sé si por la persona que hay a nuestro lado o por nosotros mismos y decimos, todos: “si algo no le gusta, lo cambio”. El problema de pedir sinceridad es que todo es bonito cuando dices que todo está bien. Pero en el momento en que algo no gusta… llegan las curvas. (Vale, no siempre, quizá estoy generalizando, pero es que influye sobre mí cierta circunstancia…). Pues bien, ese cambio dependerá de dos cosas principalmente: primero, de lo que haya que cambiar. Si es algo verdaderamente importante para nosotros, costará mucho hacerlo (en principio). Si es algo de nuestra personalidad, es bastante complicado, por difícil que pueda ser convivir con ese algo y alguien más; además, si es algo de nuestra personalidad, nos sentimos amenazados, en cierto modo nuestro cerebro nos dice que si cambiamos esa parte dejaremos de ser nosotros mismos y se plantea un dilema bastante importante. Y segundo, de lo que nos importe esa persona. Si lo cambiamos, una de dos, o no tenemos personalidad ninguna o verdaderamente estamos enamorados, y en un tono irónico podré decir que no sé cuál de las dos es peor. Hay una tercera, que se resume en que nos damos cuenta de los fallos que tenemos como todos y tratamos de enmendarlos porque es bueno, no solo para “la relación”, sino para nosotros mismos.

Y no, no soy ninguna experta en eso que llaman amor, como ya habréis podido comprobar. Pero después de todo, esta vez he pasado de las sustancias que actúan sobre nuestro cerebro y me siento aun con fuerzas para haber hecho esta pequeña reflexión acerca de él, viéndolo de la manera más fría y cuadrada que puedo, aunque seguramente pueda verse más fríamente aún.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Defraudar

Queramos o no, no vivimos solos en este mundo. Esa convivencia implica que no podemos evitar herir a la gente y que la gente nos hiera, porque la mayoría de las veces vivimos según nuestros pensamientos y creencias y sin darnos cuenta, no tenemos presentes los de aquellas personas que están con nosotros. Eso no quiere decir que esas personas no nos importen, solo es que a veces nos puede más nuestro interior. 

Habrá gente, entonces, a la que defraudemos por unos motivos u otros; motivos que quizá nadie conoce y que para nosotros son importantes. Pero hay ocasiones en las que esos motivos que para nosotros son tan graves, para los demás no lo son, porque cuando alguien nos importa, perdonamos sus errores sin más.

El problema es que a veces no nos damos cuenta de eso, de que siempre hay alguien ahí, a nuestro lado, al que no defraudamos aunque pensemos que sí. A ese alguien le importan nuestros errores y le duelen, pero también sabe que es bueno dejar que nos caigamos y que aprendamos solos. La verdad es que creo que a ese alguien le dolería aún más que por culpa del sentimiento de que lo estamos defraudando, le mintiésemos. Pienso que ese alguien se alegraría al saber que por una vez estamos confiando en él, estamos dejándole que confíe en nosotros, le estamos dando la oportunidad de conocer nuestros pensamientos y estamos haciendo las cosas bien.

Quizá a veces somos más duros con las personas a las que queremos bien, no porque nos sintamos defraudados ni dolidos, sino porque nos importan, sin más. A veces se equivocan o nos equivocamos, pero esos que estamos por debajo, siguiendo un camino marcado, somos precisamente los que tenemos que hacerles ver que a veces las cosas pueden cambiar, y que el cometer errores una vez, no implica volver a cometerlos.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Corre, sal

Se refugiaba en un rincón, tapando todas esas rendijas por las que una luz, que ella se negaba a ver, entraba cada mañana. Obligaba a que entrasen distintas luces por esas mismas rendijas o quizá por otras. Tapándolas, quizá con otra luz, mejor, no tendría que admitir que estaba equivocada. Podría siempre llevar la razón. Ni siquiera se daba cuenta de todo este trabajo que hacía cada día, ni siquiera se daba cuenta de todo lo que tenía escondido.

Todo en su vida tenía que tener una explicación, tenía que tener un por qué. Hasta entonces casi lo había conseguido, todo estaba siempre bajo control, todo se esperaba siempre y todo se veía venir. Debía seguir siendo así…
 
Irremediablemente, esta aparente calma se rompía cada cierto tiempo. Una caricia, un abrazo o una simple mirada hacían que, sin ser consciente siquiera, tuviese que reconstruir su mundo. Admitir que a veces pensaba en él, era admitir mucho más de lo que estaba dispuesta. Así que cerraba los ojos y vuelta a empezar. Tendría tiempo hasta la siguiente vez de seguir tapando rendijas.

Pero un día fue imposible tapar las rendijas, estas se hicieron mayores y ella tuvo que cerrar los ojos para poder ver; la luz le cegó.

Ahora, corre, sal, vuela y déjalo todo sin control. Admite que te equivocaste, que no llevabas razón, que no estaba todo controlado. Atrévete a perderte cada mañana en un abrazo, cada noche en una caricia, cada tarde en un beso. Atrévete a admitir que todo, absolutamente todo, estaba a tu lado. Admite que si lo pierdes, no serías tú. Admite que te dolió perderlo una vez.

Porque no tendrías derecho a pedir nada y, sin embargo, lo tienes todo.

Y hacía tiempo que ella no escuchaba un te quiero, hacía tiempo que no lo sentía de verdad. Hacía tiempo que ella no tenía palabras para poder describir algo… y no se dio cuenta…

viernes, 24 de septiembre de 2010

Otoño

Y ahora llegó el otoño. Justo ayer. Y sí, llegó porque la lluvia no paró y eso es símbolo inconfundible de que esos meses en los que la vida parece distinta, se acabaron. Por suerte, este otoño veo la lluvia de un modo distinto. Y lo prometido es deuda, así que llegó el momento de hacer balance de un verano muy especial.

Sería difícil hablar sobre todo eso que siempre me gusta hablar: enseñanzas. Es que este verano, no me ha enseñado mucho, mantengo las mismas enseñanzas y las mismas cosas aprendidas que hace tres meses. Este verano, me ha hecho sentir.

Me ha hecho sentir que siempre hay algo esperando, que la vida no se acaba donde imaginabas.

Me ha hecho sentir que hay veces en las que buscas algo importante, y estás tan ciego que no eres capaz de ver que ese algo está a tu lado.

Me ha hecho sentir que podrás negarte millones de veces todo lo que llevas dentro, pero un día, sin más remedio, tendrás que aceptarlo, porque de lo contrario pasarás una vida preguntándote qué hubiese sido.

Me ha hecho sentir que si eres incapaz de dejar a un lado algo material, sólo es porque hay algo sentimental que te une a ello.

Me ha hecho sentir que el no estar segura de algo, es una razón bastante buena para empezar a estarlo.

Me ha hecho sentir que la cosa más tonta en este mundo, puede hacer que empieces a luchar por algo.

Me ha hecho sentir miedo a perder algo que siempre había tenido, justo en el momento en que empezaba a darme cuenta.

Me ha hecho sentir miedo a lo que nunca tuve miedo.

Me ha hecho sentir, esta vez más que nunca, que todo ocurre cuando menos te lo esperas.

Me ha hecho sentir que hay sentimientos tan fuertes que es imposible que se queden atrás en algún momento.

Me ha hecho sentir que puedo volver a creer en todo lo que había dejado de creer hacía tiempo.

Me ha hecho sentir que un solo mes, puede ser mucho tiempo y puede empezar a aclarar millones de cosas.

Me ha hecho sentir que esta vida aun tenía algo mejor previsto para mí… y para alguien más…

No ha sido un verano normal. Ni siquiera ha sido un verano. Será mucho más que eso…

domingo, 22 de agosto de 2010

Puertas...

La vida da vueltas, muchas vueltas, y la verdad es que no se sabe bien cuántas da ni la magnitud de estas hasta que pasa algo que no esperabas.

Hay relaciones que empezaron en su día y se acaban al tiempo sin tener una razón definida, otras se acaban por motivos y razones que nadie quiere desvelar, otras empiezan porque este es el momento exacto después de mucho tiempo y otras… otras no se sabe si empiezan por casualidad o porque siempre estuvieron ahí. La gente va y viene, conoce a personas nuevas, aprovecha de cada una lo que puede aprovechar, lo que esa persona puede darle y cuando pasa un tiempo, algunas de esas personas se marchan, supongo que cumplen con su cometido al entrar en nuestra vida y cuando ya no tienen nada más que hacer, no es necesario que se queden con nosotros; eso a veces genera dolor y otras veces pasa tan lento, que cuando queremos acordarnos de esa persona, ya hace tiempo que se fue, así que lo único que nos queda por hacer es cerrar un pequeño capítulo de nuestra vida y seguir abriendo otros que sin duda nos darán a conocer a más gente y nos enseñarán cosas nuevas.

Pero también hay capítulos que nunca acaban de cerrarse y esos dan quebraderos de cabeza, sobre todo si hace tiempo que pensabas que estaban cerrados y por causas que tú no controlas, acaban abriéndose de nuevo.

Un día, cuando menos te lo esperas y después de  haber dejado cerrado ese capítulo con llave, te encuentras en la situación más inesperada intentando buscar razones para dárselas a alguien y te das cuenta de que quien necesita razones eres tú; en tu búsqueda no encuentras razones supuestamente lógicas, sino que encuentras otras que nunca pensaste encontrar y no sabes bien que significan. Pasas mucho tiempo intentando explicarte a ti mismo que significa eso que encontraste y cuando encuentras algo que te convence… no te gusta.

Te das cuenta de que hay capítulos que no se cierran fácilmente, que dejan la puerta entornada y que puedes empujar con todas tus fuerzas que esa puerta no se cierra; y lo peor es que no eres capaz de abrir otra sin cerrar antes esa. Los motivos de no poder cerrar una puerta y no poder abrir otra pueden ser muchos: resentimiento, rencor, dolor, miedo… cualquiera de estos hubiese cerrado una puerta y abierto la otra, así que no son estos los importantes, al menos el resentimiento y el rencor, ya que simplemente a veces no están, el más importante de todos es la confianza. Este no es malo, ¿verdad? Rectifico: la pérdida de confianza.

Para poder cerrar la “puerta mala” necesitas recuperar la confianza perdida y cuando verdaderamente quieres recuperarla, empieza a ser difícil, puede que ahí aparezca el miedo, o incluso el dolor, aunque de eso no estoy muy segura. Y esta es la razón por la que antes cerrabas esa puerta de un portazo, estampándose en las narices de quien había detrás; quizá eso nadie sabe verlo y a veces solo parece que das el portazo porque quieres, pero dentro de ti hay razones, hay motivos, no es un simple portazo por gusto o por costumbre.

Al final te encuentras dentro de una sensación extraña entre un pasado y un presente; un pasado que quieres desechar, olvidar y finalmente encerrar con llave y tirarla al fondo del mar, y un presente que quieres probar, dejando la puerta de par en par y observando que es lo que está escondiendo. Y sin darte cuenta te encuentras con una lucha interior de la que no eres consciente en absoluto y alguna de las partes debe ganar; supongo que eso lo decide un subconsciente suficientemente convencido, y el consciente poco puede hacer, aunque desee dejar ganar a esa “puerta buena”. En realidad supongo que el consciente es el que da la oportunidad para que el subconsciente pueda dejar ganar o perder, pero también supongo que no solo forman parte del juego nuestro consciente y nuestro subconsciente, sino también el de aquellas personas que andan escondidas detrás de las dos puertas.

El tiempo acaba decidiéndolo todo, quien gana, quien pierde y quien se encuentra detrás de cada puerta esperando… así que dentro de un tiempo la vida habrá dado una vuelta más, no se sabe si en el sentido bueno o el malo, y tampoco si dejará abierta la “puerta mala” o la cerrará finalmente para dar paso a otra, pero sea como sea, será el sentido correcto y la puerta correcta.

Agosto 2009

Y un año después, la vida ha dado esa vuelta, cerrando la puerta mala poco a poco al fín y abriendo la buena con cuidado, con mucho cuidado, aunque por otras razones esta vez, mejores sin duda.

Mejor ahora

Hoy quiero contarte por qué la vida cambió, hoy quiero contarte por qué todo dio la vuelta, hoy quiero contarte que a veces un “no” se convierten en un “sí”, pero sobre todo quiero contarte que toda negativa en esta vida tiene una razón, al menos las mías.

Esta vida no siempre son caprichos, casi nunca lo son. Tampoco son prejuicios, ni miedo a encontrarse con algo incómodo por decirlo de alguna manera. Son razones, y razones de peso además, cada cual tiene las suyas y yo… yo también tengo las mías.  

Es cierto que la gente puede conocer a los demás y puede que alguien conozca a otro alguien bastante bien, pero pienso que, aunque con dudas, porque todos alguna vez las hemos tenido, quien mejor nos conoce somos nosotros mismos. Quien verdaderamente sabe sobre sus intenciones, sobre sus razones y, sobre todo, sobre sus sentimientos es uno mismo, y eso no va a cambiar.

Por mucho que cuentes, por mucho que digas, por mucho que hables, siempre hay algo que se queda dentro de ti y que no dices; y los demás no saben qué es ese algo. Siempre hay un secreto que no cuentas, si queremos llamarlo así, y eso puede ser la razón absolutamente de todo.

Y nadie puede tomarse la libertad de hacer juicios sobre uno mismo, creyendo a pies juntillas que no se equivoca, porque puede encontrarse con que simplemente, no sabe tanto como pensaba, puede encontrarse con qué, al igual que pasa consigo mismo, esa persona tiene algo dentro que nunca contó.

Lo realmente difícil es contarle eso a quien tiene todo el derecho del mundo a saberlo. A veces se piensa que nunca habrá necesidad de contarlo… Ya es tiempo de hacerlo y dejar el pasado donde nadie más lo recuerde…

lunes, 16 de agosto de 2010

Sólo es la vida... sólo eso

Imposible es escribir todo lo que podría escribir ahora. Imposible es contar todo lo que tengo en mí. Imposible…

Porque a estas alturas de la película, no puedo saber cuál es el final, porque el medio ha cambiado tanto… no, no ha cambiado, en el fondo se sabía que todo llegaría a este punto, un día u otro, muy en el fondo…

Y quisiera decir tantas cosas, que no diré ninguna. Se quedaron tantas por decir… quizá otro día, en otro momento. No es suficiente una noche, no será suficiente un día… mejor.

Y hoy, solo quiero pensar en hoy, porque el mañana es demasiado inseguro para hacer planes, ha quedado demostrado después de tanto tiempo.

Dejar la cabeza a un lado, olvidar que existe, intentarlo al menos; cerrar los ojos y buscar en ese lugar que llaman corazón… solo eso. Y el resto, ya no importa.

Olvidar los miedos, aunque todos los tengan; no quiero saber qué voy a encontrar, quiero encontrar lo que nunca pueda imaginar.

Porque cuando la vida da un giro de 180º es difícil distinguir el cielo del suelo…

martes, 3 de agosto de 2010

"Muchos poquitos"

¿Y qué si este mundo da vueltas? ¿Y qué si ni yo misma se lo que quiero? ¿Y qué si no puedo controlarlo todo?

Maldito mundo loco, que en una semana es capaz de dar una vuelta a la tortilla que hace un mes no imaginabas. Aún así… me gusta.

Porque la vida sigue siendo imprevisible, porque yo también lo soy. Porque, al fin y al cabo, por mucho que yo quiera tenerlo todo controlado, no puedo y nunca podré, ya debería haberlo aprendido y porque quizá… ese sea el encanto de vivir.

No puedo saber cuál será mi destino, aunque lo intente… tú tampoco puedes saber cuál es el tuyo; todo porque simplemente, un día te acostarás y cuando vuelvas a la cama al día siguiente, puede que ya nada sea igual.

Porque sin saber cómo, te ves sonriendo a ti misma delante del espejo y cuando te preguntas la razón, no puedes evitar reírte; porque en el fondo suena ridículo, porque ni tú misma te crees lo que ves y lo que sientes, porque nunca puedes decir nunca y porque...

Porque no, no tengo nada claro, pero me gustaría saber si puedo llegar  a tenerlo; porque quizá, una vez más, sea hora de cerrar ojos, no pensar y saltar.

Porque en esta vida, se puede ser feliz con muy poquito; y últimamente, mi vida está llena de muchos “poquitos”.

sábado, 24 de julio de 2010

Quizá si pueda...

Verlo todo como algo bonito, a veces prefiero verlo así en lugar de ver lo que pasa en realidad. O quizá sea la realidad la que pretendo ocultar y es algo bonito realmente. No lo sé…

Quizá sí pueda tomar tu mano, mirarte, abrazarte. Quizá si pueda hablarte, aunque no estoy segura de eso. Quizá si pueda dormir en tu hombro, dormir en tu pecho. Quizá sí que pueda darme cuenta de que estás ahí, quizá ya me di cuenta. Quizá si pueda pasar una noche entera contigo, quizá… quizá si pueda besarte y tú aún no lo sabes. Quizá pueda y yo tampoco lo sé. Quizá, es posible, es probable, que a veces piense en ti de un modo distinto. Quizá es posible que a veces me sorprenda a mi misma echándote de menos. Quizá es posible que en ciertos momentos me apetezca verte, mirarte y que me mires. Quizá… a veces siento un poquito de lo que tú sientes…

Quizá es posible que intente ocultarlo, no sé si a los demás o a mí misma, quizá es posible que me de miedo y no sé bien por qué; es posible también que en cierto modo me preocupe el qué dirán, cosa que siempre he odiado. Quizá es posible que un día tú te vayas y sea justo cuando yo no quiera…

Y es posible que un día me arrepienta si no arriesgo, quizá me arrepienta por no saber que podrías ser capaz de darme, aún imaginándomelo ya.

Quizá sea verdad aquello de que las personas cambian, yo también. Quizá es que esto se me viene grande aunque en el fondo no lo sea.

Quizá sean tus caricias las que hacen que todo en mí se vaya a paseo, quizá sean tus abrazos o el sorprenderte mirándome fijamente, como si solo yo estuviese en este mundo. Quizá a veces intentas hacerme reír y lo consigues.

Quizá este solo sea un verano más, quizá cuando llegue el final todo haya dado la vuelta, no sé bien en qué sentido…

sábado, 17 de julio de 2010

Comprendí...no; Comprendiste

Recuerdo el sol en mitad de un cielo azul. Recuerdo el sonido de las olas, de cada una de las olas que se estrellaban contra las rocas en esa playa. Recuerdo la arena, su tacto suave y caliente y recuerdo mis sueños tumbada en ella. Y también recuerdo a alguien… Ahora recuerdo lo que pasó y fue simple. Pasó que…

Comprendí que las mentiras no son una buena manera de conservar un amigo y tampoco de volverlo a ganar.

Comprendí que hay acciones y palabras que duelen siempre aunque no seamos conscientes de su presencia en nuestra vida y cuando queremos volver a empezar, no podemos.

Comprendí que el fingir (o no fingir) no recordar haber hecho algo, no significa que no haya ocurrido y no exime de culpa alguna.

Comprendí que si alguien quiere regalarte un abrazo o un beso, es porque lo siente y es posible que si lo rechazas una y otra vez por razones que sólo tú entiendes, cuando necesites ese abrazo, posiblemente ya no estará.

Comprendí que es mucho mejor decir las cosas a la cara que dejar un sendero de pequeñas frases que no se entienden.

Comprendí que encerrarse en uno mismo, no darse a conocer y evitar que alguien entre en ti, es algo que aleja a las personas de uno mismo.

Comprendí que la vida solo tiene un momento para hacer las cosas y que cuando ese momento pasa no puede volverse a recuperar.

Comprendí que muchas veces, una simple llamada, un simple cómo estás, hubiese arreglado muchas cosas a lo largo del tiempo. Todas las llamadas juntas… no consiguen nada.

Comprendí que es muy difícil alejar a algunas personas de tu vida y sin embargo hay quien lo consigue. El problema es que al alejarlas, también estás impidiendo que vuelvan.

Comprendí que la mejor manera de arreglar algo, es yendo con la verdad por delante.

Comprendí que el pasado con ellos no justifica un presente conmigo.

Comprendí que los malos actos de una persona no te dan derecho a pagarlos con otra.

Comprendí que todos tenemos un pasado que a veces queremos olvidar, pero el dañar a los demás nunca fue solución de nada; dañando a los demás solo se consigue seguir arrastrando ese pasado que se quiere olvidar.

Comprendí que solo te das cuenta de lo que tienes, cuando ves ante tus ojos la posibilidad de perderlo y es imposible volver a recuperarlo si no eres capaz de dejar que las personas entren en ti por sí mismas… Comprendí que solo te darás cuenta de lo que tuviste cuando lo pierdas. Comprendí que a veces pienso que ya lo perdiste.

Y todo esto, no lo comprendí yo… sino tú. Yo…


… Comprendí que en ocasiones, me gustaría poder compartir momentos bonitos contigo; volver atrás y que nada hubiese sido como fue, pero al dar un paso hacia atrás solo encuentro una pared y no me deja avanzar. Quizá el tiempo la destruya o quizá el tiempo te borre de mi memoria, quizá…

Comprendí que a veces la amistad no es para siempre y aunque intente no pensarlo, después de tanto tiempo, duele.

miércoles, 14 de julio de 2010

Aire, sólo aire

Una débil memoria, un recuerdo fugaz; a veces, sólo somos eso en esta frenética vida. La memoria de alguien que a veces no recuerda siquiera quien es él mismo. El recuerdo de un día, una semana, una noche, un beso, un abrazo o una mirada. El volver a revivir una alegría o una tristeza, el saber con quién la viviste. Un vago recuerdo de algo que ya jamás sucederá.

Y la gente pasa rápido, te mira, pero… no, no te ve. Actúan como el espíritu de alguien que fue y ya no es, como la sombra de alguien que existió durante un instante de tiempo y que sin saber bien cómo, se fue alejando dejando un simple rastro de lo que es, de lo que era, dejando un vago recuerdo que quién sabe si seguirá en la memoria de alguien.

Y será solo esto lo que puede darnos este frenético ritmo, el llegar a ser simples espíritus rondando por las calles sin haber llegado a serlo de verdad. El ser simples cuerpos andando sin nada dentro que merezca la pena. El ser simples marionetas manejadas por las cuerdas del raciocinio, del miedo, del egoísmo, del odio y del dolor.

Quizá por todo esto, se hace importante el hecho de conocer espíritus que no son cuerpos inertes; espíritus que siempre quedarán en la memoria, espíritus que siempre formarán parte de un recuerdo; y no sólo formarán parte, sino que serán ellos mismos el recuerdo y permanecerá siempre dentro de las personas que se crucen en su camino.

Y todo es aire, aire que entra y sale de los pulmones de millones de personas en este mundo; el mismo aire, sin embargo, todos somos distintos… y yo ahora soy aire, sólo aire… y me convertiré en memoria, en recuerdo, como todos, si no lo somos ya…

jueves, 8 de julio de 2010

Hasta siempre

Normalmente, el comienzo al escribir es lo más difícil; esta vez, no podía ser distinta. Son más de las 12 de la noche, aún se escucha algún coche armando jaleo y gente gritando, celebrando la victoria de la Selección Española y el pase a la final. Fuera hace viento, mucho, un viento que se lleva algunas cosas y las va dejando en lugares distintos… igual que esta vida, nos va llevando de un lado a otro, como si fuese viento y nosotros pequeños trozos de papel, insignificantes y fácilmente elevables.

Y yo soy uno de esos trozos de papel. Sin saber bien como, me veo envuelta en algo que aún no se si creerme del todo, en algo cuya reacción en mí aun no se ha producido, supongo que antes o después la reacción esperada, la alegría, me embargará y gritaré, saltaré y quizá lloraré. La reacción no esperada, es la que cada vez se hace más honda en mí, la tristeza.

Porque a estas alturas de la vida, a veces sigo siendo la misma borde de siempre, la de la cara de estaca, la que no habla y la que parece no dar la mínima muestra de cariño; esa que parece estar en el mundo medio ausente, aunque se dé cuenta de todo y todo le afecte de alguna manera.  Y no, yo no sé llorar cuando alguien me ve, nunca supe; no sé darte 20 abrazos seguidos, solo sé dar uno que de verdad siento; no sé llenarte de besos, pero siempre tengo uno guardado cuando hace falta; no sé hacerme notar entre la gente, pero siempre estoy ahí;

Yo sé ser la tímida, esa a la que le cuesta entablar conversación con quien no conoce demasiado; sé ser la calladita, sé ser la seria, sé ser la ausente; y quizá no sea bueno ser todo esto, seguro que no es bueno, pero soy así y no sé si no puedo o no quiero cambiarlo, porque después de tanto tiempo, al menos sé quien soy y sé que soy capaz de demostrar lo que haga falta cuando lo sienta, lo cual no quiere decir que no sienta nada si no demuestro algo. Solo sé decir un te quiero cuando lo siento de verás, porque creo que hay afecto, simpatía, cariño y aprecio hacia los demás, pero un te quiero… eso es algo demasiado serio. Y aunque independiente, soy capaz de depender de alguien, de atarme a una persona más de lo que uno puede imaginarse en mí; es fácil ganarme, aunque no lo demuestre. Y sí, es difícil conocerme, mucho, supongo que porque siempre guardo mucho de mí, pero lo doy poquito a poco, por momentos, quizá últimamente no sean buenos momentos, no lo sé. Y supongo también, que cuando me doy a conocer del todo, cuando empiezo a ser yo misma, es porque verdaderamente ese alguien empieza a importarme. Quizá soy la de sentimientos profundos, un poco bohemia a veces, supongo.

Siempre guardo las penas y alegrías para mí, sobre todo las penas, las lágrimas; ellas solo saben escaparse cuando están en soledad. Y cuando no pueden estar solas, se quedan dentro, se refugian detrás de un rostro, que no, no da alegría, no puede darla, pero difícilmente alguien conseguirá que cuente que pasa en el momento.

Dije que no era una despedida, no podía serlo, sin embargo veo la despedida final acercándose, poco a poco, acechándome, como si fuese una sombra que me persigue; y veo tristes despedidas, que de aquí a dos meses serán reencuentros; mi despedida es distinta, tan distinta, que no habrá reencuentro en dos meses, tan distinta que no habrá un todos los días, ni un “mañana nos vemos”,  ni un “¿qué tienes que hacer? Que tengo una hora de vacaciones”; tan distinta que no sé siquiera que estaré haciendo de aquí a tres meses, tan distinta que hace ya dos meses que estoy echando de menos los últimos años; tan distinta que… debería dar saltos de alegría y sin embargo no puedo, resulta que al final, esta que suele dárselas de valiente, tiene miedo, miedo a no saber que quedará de estos años y que se olvidará, miedo a no saber quién verdaderamente quedará, miedo a ver como hay gente, que se aleja y se alejará aún más a pesar de la complicidad que a veces se haya podido tener.

Después de todo, creo que cuando el viento decidió dejarme caer allí, no fue en vano, he descubierto que siempre me quedará gente maravillosa por conocer y he aprendido a valorar cada minuto.

Así que esta seria y calladita tiene que empezar a decir adiós, sabe que hay gente de la que no podrá despedirse y gente de la que no le gustaría despedirse, sino decir un “hola, otra vez” y no decir “adiós” nunca más, quiero pensar que el no despedirme significa que pronto nos volveremos a ver. Pero sin más remedio, esta noche, tengo que decir adiós… un adiós que empieza a doler…

miércoles, 7 de julio de 2010

Impotencia

Nada se puede hacer, como en un mal sueño del que no puedes escapar, como querer despertar y no ser capaz.

La sensación de querer hacer algo y no poder, de querer superar el miedo, los nervios, de querer superarte a ti mismo y a quien te rodea, de querer demostrar que, verdaderamente, eres capaz de eso y mucho más, de querer demostrar al fin y al cabo lo que siempre fuiste capaz de probar: que eres capaz de cualquier cosa en esta vida; y esto, no debería pararte.

La impotencia que produce el querer demostrarle esto a alguien que debería saberlo después de tanto tiempo y no poder hacerlo por la inseguridad que produce en ti. Debería ser la persona que más confiase en ti, a veces, incluso más que tú misma, sin embargo, hoy consigue justo lo contrario. Consigue crearte tal inseguridad, que la inseguridad se convierte en miedo, el miedo, en impotencia de nuevo y la impotencia… en un día triste.

Si solo fuese capaz, por un día, de poder hablar, solo hablar y conseguir que de su boca saliese alguna razón, fuese la que fuese, creo que me sentiría un poco mejor, solo un poco. El hecho de que alguien cierre la boca, no diga nada y simplemente te mire (si es que lo hace) durante el poco tiempo que dura tu pregunta, hace que se sienta algo que no sé bien cómo explicar. Quizá, precisamente por ser quien es, no soy capaz de pelear; precisamente por ser quien más debería confiar en mí, no soy capaz de confiar en mí misma; quizá, precisamente por intentar hacerlo bien, lo hace mal y quizá no se dé cuenta (espero que no se dé cuenta).

Si por un ratito pudiese hacer que me escuchase, que se pusiese en mi lugar, que se acordase de cuando estaba en mi misma situación y poder hacer que no cuestionase todos mis actos, quizá podríamos conseguir entrar en razón (me incluyo, que yo también intento ponerme en su lugar). Si por un segundo pudiese conseguir que no hiciera alarde de esa cabezonería que le caracteriza en ocasiones, quizá se podría razonar.

Pero a estas alturas de la vida, veo “el razonar” algo tan sumamente complicado en esta situación, que no me veo con fuerzas de poder cambiar nada. Realmente, es triste. La impotencia, es triste. Y después de la tristeza vienen las preguntas y el no poder responder, porque cualquier respuesta caería en un pozo sin fondo y se perdería.

Quizá, solo por un ratito pequeño, debería escucharme. Quizá, solo por un ratito pequeño, debería pensar en mí, quizá, por un ratito pequeño debería tratar de entenderme al igual que yo trato de hacerlo al contrario… pero ya… ya no puedo. La impotencia me quema…

viernes, 2 de julio de 2010

Sereis fuertes (III de III)

Y en este camino, en este círculo, en esta escalera, en este tarro, nos encontraremos con tanta gente, con tantos que estarán igual que nosotros, que cuando mires a tu izquierda ó a tu derecha, no sabrás que decir, porque a veces no llegamos a entender el por qué justo esa persona está a tu lado, y te preguntas si tú estarías dispuesto a estar al suyo; entonces caes en la cuenta: antes o después vas a estar a su lado, estaréis caminando al mismo paso,  y lo estuvisteis siempre; esa persona está ahí porque un día tú también lo estuviste (quizá sin darte cuenta) y si no… sabe que lo vas a estar, porque hay veces que la gente confía en ti más que tú mismo. Y seguimos caminando…

Seguimos caminado y dando tropezones, encontrándonos con personas que se irán, con personas a las que verás  pero no mirarás, personas que oirás pero no escucharas, con personas que siempre estuvieron ahí y con personas que vendrán. Y todas tienen su función, todas te aportan algo, por mínimo que sea y gracias a ello, empiezas a ser tú. Te aportan energía, alegría, una forma distinta de ver el mundo y también te aportarán cansancio a veces, tristeza y maneras de ver el mundo que no sabrás bien como llevar. Y a menudo,  ni tú sabrás que es lo que debes ver del  mundo, porque lo verás todo tan sumamente complicado que no sabrás que hacer ni donde meterte ni como comprenderlo. Seguirás mirando en tu camino, mirarás hacia atrás y no encontrarás respuesta a esta parte, mirarás hacia delante y tampoco verás nada con claridad y lo peor de todo, es que a veces, al no encontrar nada que te guie, te sentarás a esperar… ¿a esperar qué? Si te sientas es posible que no encuentres fuerzas para levantarte de nuevo, pero es seguro que lo intentarás otras cien veces y al final te levantarás y volverás a caminar, porque el camino se hace andando. Encontrarás esa fuerza en cualquier cosa, en algo que te haga creer que todas tus aventuras en este camino tienen una razón de ser, porque a veces necesitamos saber que lo que está ocurriendo tiene una razón, las cosas no ocurren así porque sí… Aquí cada uno tiene sus propios recursos, el destino es uno de ellos.

El destino, sí, el creer que todo en esta vida está predestinado, ya esta elegido,” interpretación de señales previamente interpretadas” entonces… un mundo demasiado extraño a veces para pararse a pensar en él. ¿Pero piensas que el destino te está esperando? No, el destino, en caso de existir, estará en algún lugar esperándote a ti, y la cosa ya cambia. Tienes que ir a buscarlo, tienes que mirar al frente y correr cuando verdaderamente deseas algo, cuando esas señales “previamente interpretadas” te dicen que corras y cuando hayas corrido lo suficiente… te preguntarás si verdaderamente es suficiente o deberías seguir corriendo…

Así que aprovechemos los cafés, aprovechemos esas dos horas “casuales”, aprovechemos las conversaciones a horas no adecuadas y todo el tiempo antes de que ese avión despegue, porque la vida es eso, solo “eso”, esas pequeñas cosas que nunca sabes como ocurren. Tengamos un trayecto que merezca la pena.

Lo mejor de todo es saber, o al menos pensar, que las cosas buenas ocurrirán cuando menos lo esperamos, que sabremos enfrascar todo el agua del tarro, sabremos no marearnos en este círculo, sabremos andar sin que los tropiezos duelan demasiado y sobre todo, seremos fuertes, siempre seremos fuertes.

Y todo esto lo provoca una melodía al piano… y mis manos escribirán siempre que sea mi corazón quien la escuche. Ahora se que esto no estaba pensado, nunca lo ha estado… nunca llegó a pasar por mi  cabeza…

Julio 2009

Sereis fuertes (II de III)

En este transcurrir de la vida, del tiempo, en este círculo en el que damos vueltas, cuando el agua se derrama, nosotros nos caemos, y a veces nos echamos abajo las rodillas, nos damos de bruces contra el suelo y nos rompemos las narices… otras, es menos traumático y solo nos hacemos un pequeño esguince, pero aun así nos duele, y si somos fuertes somos capaces de soportarlo, pero… y ¿si no lo somos? La parte positiva cuando te echas abajo las rodillas o cuando terminas con un esguince, es que en ese mismo momento, hay alcohol que desinfecta y vendas que inmovilizan, pero sobre todo, hay alguien justo a tu lado que está dispuesto a desinfectarte y vendarte. Que siempre hay una salida, y alguien que sabe qué hacer para levantarte. Porque esta vida es una escalera…

Una escalera, con infinitos peldaños, que al principio subirás acompañado, hasta que un día te dejen que subas solo, bueno… no te dejan, empiezas a subir tú solo, por tu propia cuenta, sin nadie que te coja la mano. Entonces será cuando empiecen los peldaños más altos y más desnivelados. Y al igual que cuando se cayó el tarro, te caerás tú, y probablemente vuelvas a necesitar el alcohol y la vendas y seguirá estando ahí quien te cure, pero lo mejor de todo, es que ese alguien estaba esperando, ese alguien había soltado la mano, pero la había dejado cerca, estaba observándote dar cada paso, subir cada escalón, y subiéndolo contigo. Unas veces, en el momento en el que tú te caes, pero antes siquiera de que llegues al suelo, se lanzará en picado, solo para que solo se note en tu cuerpo la marca de un rasguño que te haga recordar, porque siempre se aprende de los errores. Otras, verá como te caes, con paciencia, y te dejará caer, te dejará que te rompas las narices y esperará a que veas que empieza a doler, pero antes de que empiece a sangrar lo suficiente como para que no tuviese arreglo, estará dándote la mano, tirando te ti con todas sus fuerzas, y volviéndote a levantar, haciéndote ver que al igual que subiste todos los peldaños que llevas hasta ahora, puedes seguir subiendo los demás, y que simplemente te dejó caer para que supieses que hay cosas que a los demás le preocupan cuando tú no tienes tiempo para pensarlo. Y hay veces, que aunque tengas a todo el mundo alrededor, disimularás para que nadie vea que te has caído, por algo tan simple como es el querer levantarte tú solo; que nos vamos a caer millones de veces en esa escalera, que el tarro se va a romper otras tantas, que vamos a tener rodillas destrozadas, narices echas polvo, esguinces a montones, y ¿por qué no? dolores de cabeza y corazones hechos pedacitos, y quizá no seremos capaces de levantarnos la primera vez, ni la segunda, ni la tercera… pero lo intentaremos cien veces y si no son suficientes, lo volveremos a intentar y siempre, absolutamente siempre, volveremos a ponernos de pie, y cada vez que lo hagamos, seremos más fuertes, y eso no significa que las heridas no vayan a doler, solo significa que sabremos qué hacer para que curen antes y para que cicatricen aun más rápido.

Sereis fuertes (I de III)

Una simple canción, una simple melodía al piano, por simple que sea, te puede hacer sentir todo lo que no sentirías nunca, con nada. En esos tres minutos, o quizá hasta menos, que dura lo que escuchas, dejas de ser tú quien hable, para que sean tus manos las que escriban. Y ahora están escribiendo las mías…

Recordando lo presente, recordando aquellas palabras que alguien alguna vez dijo, y que ahora te repites siempre: “pensar en mañana es perder tiempo de hoy”… pero el tiempo es relativo, como casi todo en la vida. El tiempo solo depende de ti, porque dudo mucho que un reloj o un calendario sea capaz de marcar el transcurrir de esta vida, lo dudo mucho. El tiempo pasa rápido, más de lo que puedas llegar a imaginar, cuando un café en una tarde cualquiera, se alarga hasta la madrugada sin que apenas te des cuenta, el tiempo pasa rápido cuando tienes “dos horas” completas para aprovechar en algo que llevabas meses esperando, el tiempo pasa rápido cuando no sabes lo que te depara ese día y acaba siendo algo que nunca podrías haber llegado a imaginar. Pero el tiempo también pasa lento, pasa muy lento, cuando esperas que alguien tome un avión a ninguna parte, mientras intentas saber qué hacer entonces, el tiempo pasa lento cuando no tienes ni idea de que se supone que pasa con lo que en un principio iba bien y tampoco tienes respuesta a la vista, el tiempo pasa lento cuando quieres que todo vaya deprisa…

Pero al fin y al cabo, qué más da como vaya el tiempo, ¿verdaderamente importa?  Va a ir exactamente igual, hagas lo que hagas, porque aunque quieras no vas a dejar de pensar en lo que te preocupa y ahí está la razón del paso del tiempo, de lo lento o rápido que vaya, en lo que te preocupa, porque siempre acaba preocupando algo, da igual que sea algo bueno o malo, siempre preocupa. Nos preocupa lo que tenemos, porque podemos perderlo; nos preocupa lo que perdemos, porque un día lo tuvimos; pero sobre todo nos preocupa lo que no sabemos si llegaremos a tener… nos preocupa hacer algo mal y ni siquiera tener la oportunidad de darnos cuenta de nuestro error; nos preocupa que nos hagan daño, aunque no sea intencionado y a veces preferimos dañar a los demás antes de que nos hagan daño a nosotros, antes siquiera de saber si ese daño se llegaría a producir,  y lo peor de todo es que si dañamos a quien nos importa, por poco que sea, nosotros también terminaríamos sufriendo… curioso. Al final de todo, la vida resulta ser un círculo y quién sabe si se podrá escapar de él….

Un  círculo… y estaremos dando vueltas, incansablemente aunque cansados a veces, cansados de repetir siempre las mismas palabras y hasta las misma situaciones. Estaremos dando vueltas buscando algo con tal fuerza, que no nos daremos cuenta que lo estamos tocando con la punta de los dedos o incluso con la palma de la mano, buscando solo una cosa: ser felices. Simple, ¿no?, y la clave para encontrar eso es que no debemos buscarlo, porque “la felicidad no es un destino, es un trayecto”, pero nos empeñamos en llegar a ella cada día, la vemos lejana, y es aun más curioso como aquí y ahora, somos capaces de saber qué es lo que necesitamos para ser felices,  y cuando conseguimos eso, ¿qué? ¿Somos felices? La mayoría de veces no, la mayoría de veces se nos ocurren millones de cosas más que necesitaríamos para ser felices, y de este modo… creo que nunca se conseguiría (al fin y al cabo, pensemos que el destino de todos y cada uno de nosotros siempre es el mismo, aunque sea un pensamiento un tanto negativo, así que es
mejor llegar a ese destino habiendo tenido el mejor trayecto posible); lo único que se conseguiría es ir a más cada vez, no ir, sino querer ir a más y nunca llegaríamos a tan preciado “destino”. Porque la verdadera felicidad está en este momento, aquí, ahora, en una puesta de sol, en “cinco minutos” con alguien con quien estás a gusto, en una simple conversación sobre nada en particular a horas no adecuadas que hace que saques a relucir una sonrisa, en levantarte temprano sin necesidad de que nada te despierte, en el deseo de ver a alguien que en el fondo te hace feliz aunque no seas capaz de reconocerlo y ese fondo sea un fondo donde ya no llega la luz… Que siempre vamos a intentar buscar la felicidad, y lo que a veces es peor aún, vamos a intentar provocarla, y eso casi nunca sale bien, porque las cosas no salen bien cuando se fuerzan, por eso son mejores “dos horas” de casualidad que “media” con previo aviso. Que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, siempre, las grandes cosas son solo piedras que rellenan un tarro, lo bonito es el agua que rellena los huecos vacios que dejan esas piedras. El problema es que a veces el tarro se rompe, y las piedras son fáciles de volver a coger y enfrascarlas de nuevo…pero se derrama todo el agua que tenia y eso ya no se puede volver a coger tan fácilmente.