sábado, 29 de mayo de 2010

Odio

Porque dicen que del amor al odio, solo hay un paso… ¿y del odio al amor?

Odio la lluvia aunque me guste a la vez.

Odio el sol porque no siempre luce tan brillante como quisiera.

Odio  la noche porque es con lo que acaba un día más.

Odio ver un nombre escrito por doquier que me dice tantas cosas y  me recuerda tantas otras.

Odio llorar cuando estoy triste, sin embargo, me encanta si estoy feliz.

Odio ver una cara larga a mi alrededor, aunque muchas veces sea la mía propia.

Odio decir adiós porque suena a definitivo y por eso siempre lo cambio por un “hasta luego”, supongo que eso me da la certeza de que siempre habrá “un luego”.


Odio que me cuenten historias que no hay por donde agarrar.

Odio que una película acabe mal, porque es lo único de lo que a veces puedo estar segura, de una película con final bonito, y si ni las películas acaban bien, ¿qué me queda?

Odio las cosas que llegan tarde, aunque a veces diga aquello de “más vale tarde que nunca”.

Odio los cuentos, porque me los creo.

Odio los finales porque a veces me dan miedo los principios, y cada final, será un principio.

Odio que alguien presuma de tener las cosas claras y a los dos segundos se contradiga en sus palabras.

Odio que la gente deje escapar el tiempo y más lo odio si quien lo deja escapar soy yo.

Odio las flores porque solo florecen en primavera.

Odio la playa porque solo me da tranquilidad en verano.

Odio el invierno porque lo veo gris y odio que quieran llenármelo de colores si estos solo duran hasta que se acabe.

Odio a cada una de las personas que se han ido de mi vida, aunque las guarde en una parte de mi corazón.

Odio a la que fui hace varios años, aunque la admire por todo lo que consiguió enseñarme.

Odio la vida que odio y quiero, porque a veces, el odio también enseña a querer.

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