domingo, 6 de junio de 2010

Nada existió, nada existe

Pero no le da tiempo a gritar, el tiempo se le escapa, finge que no le importa y ve como el tiempo vuelve a esfumarse una vez más.

Una vez más se escapa todo entre las manos y no consigue retenerlo. Una vez más se pierden las ilusiones, una vez más se pierde la fantasía, una vez más se pierden los cuentos y todo vuelve a ser algo corriente, algo normal, algo que pasa siempre.

Y vuelve a parecer que nada importa, vuelve a parecer que nada importó, vuelve a parecer que todo es mentira, como aquella vez, parece que todo vuelve a dar la vuelta y a pasar por el mismo punto, como si el destino quisiera gastarle una broma pesada, como si nunca fuese a dejarla escapar de ahí.

Pero tiene la certeza, o al menos una parte de su mente la tiene, de que nada es en vano, de que aun así, después de todo, las cosas están siguiendo su curso, de que nada se está desviando demasiado del camino marcado. Aún así, le gustaría haber cogido esos segundos que se hicieron eternos y aprovecharlos del único modo que podrían aprovecharse. En cualquier caso, en medio de su locura, sabe que eso ya no es posible…

Se siente una marioneta, manejada por cuerdas invisibles atadas a él y por un destino caprichoso que nunca sigue el camino que en principio toma, o el que se supone que debería tomar.  Y no puede respirar, tiene un nudo que no puede deshacer; coge todo el aire que tiene alrededor, inspira fuerte e intenta llenar sus pulmones con todo el aire que pueda caberles… Nada sirve… ahora todo está perdido y no hay nada ganado, nadie ganó nada.

De lo único que cree estar segura, aunque sabe que en realidad tampoco está segura de eso, es de que no es igual, porque a veces, las circunstancias se repiten y descubre que el mundo solo tiene esa fuerza cuando algo importante va a ocurrir. Y ese algo, aun no ha ocurrido, aunque no sepa siquiera qué es, sabe que no ha pasado.

Y sigue en medio de su locura, como si su vida dependiese de eso, como si todo girase en torno a una mirada, como si con un suspiro alguien fuese a entenderlo todo, como si con un grito en silencio todo fuese a arreglarse. Como si sólo se tratase de un sueño y supiese que un día va a despertar y todo sería igual, como si fuese un sueño, no un mal sueño, aunque tampoco era bueno.

Después de todo, cuando al fin vuelve en sí, se siente feliz, su parte cuerda piensa que ya todo ocurrió y todo cobró sentido; pierde la magia, pero al menos es real. La locura se esfuma, nada queda de ella, solo estuvo ahí durante unos segundos… ahora nadie la recuerda, ahora simplemente no existió.

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