lunes, 21 de junio de 2010

Verano de nuevo

Si tuviese que escribir hoy, si tuviese que explicar hoy, escribiría y explicaría que no se que explicar.

Con una tormenta resonando fuera y muy poca luz ya entrando por la ventana, este verano se acaba y no me preocupa porque con él se acaban más cosas aún y empiezan otras nuevas con este otoño.

Si tuviese que explicar explicaría que la vida da vueltas, a veces más de las que quisiéramos y que si hace tan solo 3 meses, los justos del verano, me hubiesen preguntado por el final de este, no imaginaria jamás que fuese el que es.

He aprendido muchas cosas y me he dado cuenta de otra cuantas. He aprendido que nunca hay que dar nada por seguro y que no hay que hacer planes a largo plazo depende en que situaciones, porque no suelen quedarse en pie. Que la gente va y viene y no queda más remedio que aceptarlo. Que lo que hoy está arriba, mañana puede estar completamente abajo y no hay razón para comerse la cabeza por ello, porque ni siquiera hay razón, que esas razones que tú quieres buscar, solo están en tu cabeza…

Básicamente, que las cosas pasan porque tienen que pasar y no puedes hacer nada por controlarlo aunque lo intentes con todas tus fuerzas, porque no eres tú quien tiene el timón del destino o de lo que quiera que sea eso, que hoy por hoy ya no sé ni qué se supone que es, ni si es algo.

Me he dado cuenta de que las personas pueden cambiar y que a veces hay que darles una oportunidad más, aunque solo sea una, y confiar en la buena alineación de las estrellas en ese momento, porque no tienes más donde agarrarte, salvo eso y que algo dentro de ti intenta decirte cosas… He aprendido, en consecuencia, que el “borrón y cuenta nueva” se tiene que hacer de corazón y no por algo impuesto (aunque esa imposición lleve su buena voluntad), y que la única forma de conseguirlo es dar un paso con pies de plomo y barajar opciones una vez dentro.

He aprendido que es muy fácil sentirse atraído por alguien sin tener razón alguna y que eso parezca una vida entera y por eso mismo luches, por la ilusión de lo que puede ser. He aprendido con eso a ser yo misma y a hacer lo que me apetece sin más, que al fin y al cabo pensar las cosas solo sirve para retrasar las acciones. Y he aprendido a separar caminos que nunca estuvieron juntos, solo fueron un cruce y cada uno lleva una dirección por el momento.

Me he dado cuenta de que lo mejor que puede haber en el mundo es el sentimiento de seguridad en ti mismo, saber que eres capaz de hacer lo mismo que todo el mundo y creerlo de veras; y sobre todo, también he aprendido que cada cosa y cada persona tiene un momento determinado solo para ella, y que del capullo se sale sola, no a puñetazos contra las paredes por eficaz que pueda parecer este método.

Finalmente, aun estoy en condiciones de seguir aprendiendo muchas cosas en este principio de otoño, y con algunas de ellas, ya he empezado, porque me estoy dando cuenta de que resulta verdaderamente fácil querer a alguien que te quiere o que al menos te transmite algo así, y es muy fácil tener miedo a eso, tener miedo a la seguridad o al menos a la sensación de la seguridad de que alguien te quiere, de que alguien está ahí sin más motivo que tú (sea el caso o no, porque solo hablo de sensaciones). Que es muy fácil crearse imágenes en la cabeza y no saber hasta qué punto son reales. Que es muy fácil estar confundida y a la vez, segura de absolutamente todo. Que es muy fácil vivir en un recuerdo, tan fácil que resulta duro, y es muy fácil escuchar palabras que no esperas, es tan fácil, que las escuchas siempre aunque quien las diga no esté a tu lado.
He aprendido que un abrazo sincero después de mucho tiempo… no tiene palabras que lo expliquen y siempre merecerá la pena.

Así que el final de este verano, es el principio de todo lo demás, sea lo que sea, sea como sea y sea cuando sea. Y si hoy tuviese que explicar, explicaría lo que no se explicar... y esto, es lo que no se explicar...

Semptiembre 2009


Y ese fue el verano pasado, esas fueron sus enseñanzas, quizá una de las épocas que más me han enseñado en lo que llevo vivido; muchas emociones juntas y muchas cosas que me hicieron cambiar. Un verano intenso, como pocos, como ninguno. 
Y justo hoy empieza un nuevo verano, supongo que con más cosas que enseñarme y más momentos que vivir, con un otoño, un invierno y una primavera cargados a la espalda que han seguido haciendome aprender consiguiendo que viva momentos que ya nunca se podrán repetir y que me conozca un poco más a mí misma. 
Y puesta ya en este principio, solo me queda esperar que será aquello que este verano tenga preparado para mí, que sin duda, será un verano de cambios y de despiste, por no saber que habrá a la vuelta de él en ningún aspecto, por ser el verano que pone fin a una larga etapa de mi vida. 
Espero poder, en septiembre, escribir para contar todo lo que aprendí, todo lo que me enseñaron y todo lo que viví en estos tres meses de verano. Una nueva estación llega... una etapa acaba... la vida vuelve a comenzar.

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