jueves, 8 de julio de 2010

Hasta siempre

Normalmente, el comienzo al escribir es lo más difícil; esta vez, no podía ser distinta. Son más de las 12 de la noche, aún se escucha algún coche armando jaleo y gente gritando, celebrando la victoria de la Selección Española y el pase a la final. Fuera hace viento, mucho, un viento que se lleva algunas cosas y las va dejando en lugares distintos… igual que esta vida, nos va llevando de un lado a otro, como si fuese viento y nosotros pequeños trozos de papel, insignificantes y fácilmente elevables.

Y yo soy uno de esos trozos de papel. Sin saber bien como, me veo envuelta en algo que aún no se si creerme del todo, en algo cuya reacción en mí aun no se ha producido, supongo que antes o después la reacción esperada, la alegría, me embargará y gritaré, saltaré y quizá lloraré. La reacción no esperada, es la que cada vez se hace más honda en mí, la tristeza.

Porque a estas alturas de la vida, a veces sigo siendo la misma borde de siempre, la de la cara de estaca, la que no habla y la que parece no dar la mínima muestra de cariño; esa que parece estar en el mundo medio ausente, aunque se dé cuenta de todo y todo le afecte de alguna manera.  Y no, yo no sé llorar cuando alguien me ve, nunca supe; no sé darte 20 abrazos seguidos, solo sé dar uno que de verdad siento; no sé llenarte de besos, pero siempre tengo uno guardado cuando hace falta; no sé hacerme notar entre la gente, pero siempre estoy ahí;

Yo sé ser la tímida, esa a la que le cuesta entablar conversación con quien no conoce demasiado; sé ser la calladita, sé ser la seria, sé ser la ausente; y quizá no sea bueno ser todo esto, seguro que no es bueno, pero soy así y no sé si no puedo o no quiero cambiarlo, porque después de tanto tiempo, al menos sé quien soy y sé que soy capaz de demostrar lo que haga falta cuando lo sienta, lo cual no quiere decir que no sienta nada si no demuestro algo. Solo sé decir un te quiero cuando lo siento de verás, porque creo que hay afecto, simpatía, cariño y aprecio hacia los demás, pero un te quiero… eso es algo demasiado serio. Y aunque independiente, soy capaz de depender de alguien, de atarme a una persona más de lo que uno puede imaginarse en mí; es fácil ganarme, aunque no lo demuestre. Y sí, es difícil conocerme, mucho, supongo que porque siempre guardo mucho de mí, pero lo doy poquito a poco, por momentos, quizá últimamente no sean buenos momentos, no lo sé. Y supongo también, que cuando me doy a conocer del todo, cuando empiezo a ser yo misma, es porque verdaderamente ese alguien empieza a importarme. Quizá soy la de sentimientos profundos, un poco bohemia a veces, supongo.

Siempre guardo las penas y alegrías para mí, sobre todo las penas, las lágrimas; ellas solo saben escaparse cuando están en soledad. Y cuando no pueden estar solas, se quedan dentro, se refugian detrás de un rostro, que no, no da alegría, no puede darla, pero difícilmente alguien conseguirá que cuente que pasa en el momento.

Dije que no era una despedida, no podía serlo, sin embargo veo la despedida final acercándose, poco a poco, acechándome, como si fuese una sombra que me persigue; y veo tristes despedidas, que de aquí a dos meses serán reencuentros; mi despedida es distinta, tan distinta, que no habrá reencuentro en dos meses, tan distinta que no habrá un todos los días, ni un “mañana nos vemos”,  ni un “¿qué tienes que hacer? Que tengo una hora de vacaciones”; tan distinta que no sé siquiera que estaré haciendo de aquí a tres meses, tan distinta que hace ya dos meses que estoy echando de menos los últimos años; tan distinta que… debería dar saltos de alegría y sin embargo no puedo, resulta que al final, esta que suele dárselas de valiente, tiene miedo, miedo a no saber que quedará de estos años y que se olvidará, miedo a no saber quién verdaderamente quedará, miedo a ver como hay gente, que se aleja y se alejará aún más a pesar de la complicidad que a veces se haya podido tener.

Después de todo, creo que cuando el viento decidió dejarme caer allí, no fue en vano, he descubierto que siempre me quedará gente maravillosa por conocer y he aprendido a valorar cada minuto.

Así que esta seria y calladita tiene que empezar a decir adiós, sabe que hay gente de la que no podrá despedirse y gente de la que no le gustaría despedirse, sino decir un “hola, otra vez” y no decir “adiós” nunca más, quiero pensar que el no despedirme significa que pronto nos volveremos a ver. Pero sin más remedio, esta noche, tengo que decir adiós… un adiós que empieza a doler…

2 comentarios:

  1. retaco, mejor tarde, a nunca4 de agosto de 2010, 10:26

    Te pedí que me olvidaras y te negaste.
    No me digas adios pues ahora soy yo quien se niega.

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