miércoles, 7 de julio de 2010

Impotencia

Nada se puede hacer, como en un mal sueño del que no puedes escapar, como querer despertar y no ser capaz.

La sensación de querer hacer algo y no poder, de querer superar el miedo, los nervios, de querer superarte a ti mismo y a quien te rodea, de querer demostrar que, verdaderamente, eres capaz de eso y mucho más, de querer demostrar al fin y al cabo lo que siempre fuiste capaz de probar: que eres capaz de cualquier cosa en esta vida; y esto, no debería pararte.

La impotencia que produce el querer demostrarle esto a alguien que debería saberlo después de tanto tiempo y no poder hacerlo por la inseguridad que produce en ti. Debería ser la persona que más confiase en ti, a veces, incluso más que tú misma, sin embargo, hoy consigue justo lo contrario. Consigue crearte tal inseguridad, que la inseguridad se convierte en miedo, el miedo, en impotencia de nuevo y la impotencia… en un día triste.

Si solo fuese capaz, por un día, de poder hablar, solo hablar y conseguir que de su boca saliese alguna razón, fuese la que fuese, creo que me sentiría un poco mejor, solo un poco. El hecho de que alguien cierre la boca, no diga nada y simplemente te mire (si es que lo hace) durante el poco tiempo que dura tu pregunta, hace que se sienta algo que no sé bien cómo explicar. Quizá, precisamente por ser quien es, no soy capaz de pelear; precisamente por ser quien más debería confiar en mí, no soy capaz de confiar en mí misma; quizá, precisamente por intentar hacerlo bien, lo hace mal y quizá no se dé cuenta (espero que no se dé cuenta).

Si por un ratito pudiese hacer que me escuchase, que se pusiese en mi lugar, que se acordase de cuando estaba en mi misma situación y poder hacer que no cuestionase todos mis actos, quizá podríamos conseguir entrar en razón (me incluyo, que yo también intento ponerme en su lugar). Si por un segundo pudiese conseguir que no hiciera alarde de esa cabezonería que le caracteriza en ocasiones, quizá se podría razonar.

Pero a estas alturas de la vida, veo “el razonar” algo tan sumamente complicado en esta situación, que no me veo con fuerzas de poder cambiar nada. Realmente, es triste. La impotencia, es triste. Y después de la tristeza vienen las preguntas y el no poder responder, porque cualquier respuesta caería en un pozo sin fondo y se perdería.

Quizá, solo por un ratito pequeño, debería escucharme. Quizá, solo por un ratito pequeño, debería pensar en mí, quizá, por un ratito pequeño debería tratar de entenderme al igual que yo trato de hacerlo al contrario… pero ya… ya no puedo. La impotencia me quema…

1 comentario:

  1. Yo te escucho,
    así al menos tus respuestas no caerían en un pozo sin fondo,
    almenos al responder te sentirias mejor, pues al menos escucharía tu voz otra vez.

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