viernes, 2 de julio de 2010

Sereis fuertes (I de III)

Una simple canción, una simple melodía al piano, por simple que sea, te puede hacer sentir todo lo que no sentirías nunca, con nada. En esos tres minutos, o quizá hasta menos, que dura lo que escuchas, dejas de ser tú quien hable, para que sean tus manos las que escriban. Y ahora están escribiendo las mías…

Recordando lo presente, recordando aquellas palabras que alguien alguna vez dijo, y que ahora te repites siempre: “pensar en mañana es perder tiempo de hoy”… pero el tiempo es relativo, como casi todo en la vida. El tiempo solo depende de ti, porque dudo mucho que un reloj o un calendario sea capaz de marcar el transcurrir de esta vida, lo dudo mucho. El tiempo pasa rápido, más de lo que puedas llegar a imaginar, cuando un café en una tarde cualquiera, se alarga hasta la madrugada sin que apenas te des cuenta, el tiempo pasa rápido cuando tienes “dos horas” completas para aprovechar en algo que llevabas meses esperando, el tiempo pasa rápido cuando no sabes lo que te depara ese día y acaba siendo algo que nunca podrías haber llegado a imaginar. Pero el tiempo también pasa lento, pasa muy lento, cuando esperas que alguien tome un avión a ninguna parte, mientras intentas saber qué hacer entonces, el tiempo pasa lento cuando no tienes ni idea de que se supone que pasa con lo que en un principio iba bien y tampoco tienes respuesta a la vista, el tiempo pasa lento cuando quieres que todo vaya deprisa…

Pero al fin y al cabo, qué más da como vaya el tiempo, ¿verdaderamente importa?  Va a ir exactamente igual, hagas lo que hagas, porque aunque quieras no vas a dejar de pensar en lo que te preocupa y ahí está la razón del paso del tiempo, de lo lento o rápido que vaya, en lo que te preocupa, porque siempre acaba preocupando algo, da igual que sea algo bueno o malo, siempre preocupa. Nos preocupa lo que tenemos, porque podemos perderlo; nos preocupa lo que perdemos, porque un día lo tuvimos; pero sobre todo nos preocupa lo que no sabemos si llegaremos a tener… nos preocupa hacer algo mal y ni siquiera tener la oportunidad de darnos cuenta de nuestro error; nos preocupa que nos hagan daño, aunque no sea intencionado y a veces preferimos dañar a los demás antes de que nos hagan daño a nosotros, antes siquiera de saber si ese daño se llegaría a producir,  y lo peor de todo es que si dañamos a quien nos importa, por poco que sea, nosotros también terminaríamos sufriendo… curioso. Al final de todo, la vida resulta ser un círculo y quién sabe si se podrá escapar de él….

Un  círculo… y estaremos dando vueltas, incansablemente aunque cansados a veces, cansados de repetir siempre las mismas palabras y hasta las misma situaciones. Estaremos dando vueltas buscando algo con tal fuerza, que no nos daremos cuenta que lo estamos tocando con la punta de los dedos o incluso con la palma de la mano, buscando solo una cosa: ser felices. Simple, ¿no?, y la clave para encontrar eso es que no debemos buscarlo, porque “la felicidad no es un destino, es un trayecto”, pero nos empeñamos en llegar a ella cada día, la vemos lejana, y es aun más curioso como aquí y ahora, somos capaces de saber qué es lo que necesitamos para ser felices,  y cuando conseguimos eso, ¿qué? ¿Somos felices? La mayoría de veces no, la mayoría de veces se nos ocurren millones de cosas más que necesitaríamos para ser felices, y de este modo… creo que nunca se conseguiría (al fin y al cabo, pensemos que el destino de todos y cada uno de nosotros siempre es el mismo, aunque sea un pensamiento un tanto negativo, así que es
mejor llegar a ese destino habiendo tenido el mejor trayecto posible); lo único que se conseguiría es ir a más cada vez, no ir, sino querer ir a más y nunca llegaríamos a tan preciado “destino”. Porque la verdadera felicidad está en este momento, aquí, ahora, en una puesta de sol, en “cinco minutos” con alguien con quien estás a gusto, en una simple conversación sobre nada en particular a horas no adecuadas que hace que saques a relucir una sonrisa, en levantarte temprano sin necesidad de que nada te despierte, en el deseo de ver a alguien que en el fondo te hace feliz aunque no seas capaz de reconocerlo y ese fondo sea un fondo donde ya no llega la luz… Que siempre vamos a intentar buscar la felicidad, y lo que a veces es peor aún, vamos a intentar provocarla, y eso casi nunca sale bien, porque las cosas no salen bien cuando se fuerzan, por eso son mejores “dos horas” de casualidad que “media” con previo aviso. Que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, siempre, las grandes cosas son solo piedras que rellenan un tarro, lo bonito es el agua que rellena los huecos vacios que dejan esas piedras. El problema es que a veces el tarro se rompe, y las piedras son fáciles de volver a coger y enfrascarlas de nuevo…pero se derrama todo el agua que tenia y eso ya no se puede volver a coger tan fácilmente.

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