viernes, 2 de julio de 2010

Sereis fuertes (II de III)

En este transcurrir de la vida, del tiempo, en este círculo en el que damos vueltas, cuando el agua se derrama, nosotros nos caemos, y a veces nos echamos abajo las rodillas, nos damos de bruces contra el suelo y nos rompemos las narices… otras, es menos traumático y solo nos hacemos un pequeño esguince, pero aun así nos duele, y si somos fuertes somos capaces de soportarlo, pero… y ¿si no lo somos? La parte positiva cuando te echas abajo las rodillas o cuando terminas con un esguince, es que en ese mismo momento, hay alcohol que desinfecta y vendas que inmovilizan, pero sobre todo, hay alguien justo a tu lado que está dispuesto a desinfectarte y vendarte. Que siempre hay una salida, y alguien que sabe qué hacer para levantarte. Porque esta vida es una escalera…

Una escalera, con infinitos peldaños, que al principio subirás acompañado, hasta que un día te dejen que subas solo, bueno… no te dejan, empiezas a subir tú solo, por tu propia cuenta, sin nadie que te coja la mano. Entonces será cuando empiecen los peldaños más altos y más desnivelados. Y al igual que cuando se cayó el tarro, te caerás tú, y probablemente vuelvas a necesitar el alcohol y la vendas y seguirá estando ahí quien te cure, pero lo mejor de todo, es que ese alguien estaba esperando, ese alguien había soltado la mano, pero la había dejado cerca, estaba observándote dar cada paso, subir cada escalón, y subiéndolo contigo. Unas veces, en el momento en el que tú te caes, pero antes siquiera de que llegues al suelo, se lanzará en picado, solo para que solo se note en tu cuerpo la marca de un rasguño que te haga recordar, porque siempre se aprende de los errores. Otras, verá como te caes, con paciencia, y te dejará caer, te dejará que te rompas las narices y esperará a que veas que empieza a doler, pero antes de que empiece a sangrar lo suficiente como para que no tuviese arreglo, estará dándote la mano, tirando te ti con todas sus fuerzas, y volviéndote a levantar, haciéndote ver que al igual que subiste todos los peldaños que llevas hasta ahora, puedes seguir subiendo los demás, y que simplemente te dejó caer para que supieses que hay cosas que a los demás le preocupan cuando tú no tienes tiempo para pensarlo. Y hay veces, que aunque tengas a todo el mundo alrededor, disimularás para que nadie vea que te has caído, por algo tan simple como es el querer levantarte tú solo; que nos vamos a caer millones de veces en esa escalera, que el tarro se va a romper otras tantas, que vamos a tener rodillas destrozadas, narices echas polvo, esguinces a montones, y ¿por qué no? dolores de cabeza y corazones hechos pedacitos, y quizá no seremos capaces de levantarnos la primera vez, ni la segunda, ni la tercera… pero lo intentaremos cien veces y si no son suficientes, lo volveremos a intentar y siempre, absolutamente siempre, volveremos a ponernos de pie, y cada vez que lo hagamos, seremos más fuertes, y eso no significa que las heridas no vayan a doler, solo significa que sabremos qué hacer para que curen antes y para que cicatricen aun más rápido.

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