sábado, 30 de enero de 2010

A veces, triste mundo


Hace unos días alguien me dijo algo que, a pesar de que quizá el contexto no fuese lo más profundo, en sí misma, esa frase da que pensar: “Vivimos en un mundo en el que solo valen las cosas de ahora”.

En realidad no sé si llega a ser triste vivir en un mundo así, solo sé que si se piensa, llevaba razón.


A veces llegamos a un punto, sin saber cómo, en que todo da la vuelta y lo que era ya no es, y lo que es… antes no era, supongo. Todo lo que tiene principio, tiene final y las cosas se acaban, o eso parece. Ves como hay lazos que se rompen, sin que puedas hacer nada por volver a unirlos, ves como todo lo que se dijo o se hizo durante tanto tiempo, queda en el pasado, tan en el pasado que ya apenas se recuerda o apenas se quiere recordar… y desde dentro, evidentemente, debe ser duro querer unir lazos que quedaron rotos y deshilachados, intentarlo y no poder. Desde fuera, cuesta entender cual fue la tijera que cortó el lazo. 


Si de verdad el pasado no importa, no sirve, no vale… ¿qué nos queda? Es muy bonito vivir ahora, vivir un presente y todas esas cosas que se dicen, pero en realidad lo que nos da alas, nuestro motor, es el pasado, es lo que nos hace aprender, es lo que nos hace conocernos a nosotros mismos; el poder mirar hacia atrás y darnos cuenta de lo que hemos cambiado y del por qué de ese cambio; darnos cuenta de quien estuvo ahí cuando se le necesitó y de cuando estuvimos nosotros… Que los errores están para cometerlos, nadie hablaría de ellos de otro modo, que la mayoría de veces no son agradables, sí, pero esta vida no tiene otra forma de enseñarnos y gracias a ellos crecemos y seguiremos creciendo. 


Siempre se está a tiempo de rectificar, siempre, y sería muy duro ver dentro de un tiempo como dejan de valer las cosas de ahora.  “Las cosas de ahora” vienen propiciadas por “cosas de antes”, todo está conectado, y el ahora no tiene sentido sin un antes, y sin un después. Así que me niego en rotundo a pensar que  vivimos en un mundo en el que solo valen las cosas de ahora; en mi mundo, vale todo.

lunes, 11 de enero de 2010

A ti...

A ti… a un desconocido al que conozco, a un conocido al que desconozco, a este amor sin amor… 
 
A esta verdad que sólo pertenece a mi imaginación, a este vivir pensando sin pensar, a esta manera de perder batallas solo para ganar la guerra, sin saber si deseo ganarla. A ese día que te vi… no, a ese no, a ese que te miré, a ese que me miraste…

 
A los días en que estás y a los que no estás también; a las preguntas que me hago sin respuesta y a las confesiones cuando nadie pregunta. A mi verdad… que ni yo entiendo.

 
A esta manera de buscarme y a esta de encontrarte, a esta manera de buscarte y a esta de encontrarme. A la forma de huir de todo, cuando no encuentro la salida y a la forma de volver cuando me doy cuenta de que solo había una puerta para salir. 

 
A esos ojos que durante un tiempo fui incapaz de aguantar, a esa risa que aun solo escuché una vez, a esa risa que aun solo escuchaste una vez.



A ese peligro inminente de cuando ya todo está perdido, a esa sensación de querer estarlo; a ese saber que nunca pensarás en mí y a ese dudar que alguna vez lo hagas…

 
A esa valentía de dejarlo todo atrás para saber hasta donde podríamos llegar aun sabiendo que quizá no lleguemos nunca a ningún lugar; al saber que de un momento a otro, nada será igual, todo será distinto, tan distinto, que tú ya no serás tú y yo ya no seré yo…

 
Al ansia de verte sin saberlo siquiera, al temblor que nadie jamás ha llegado a explicar, al temblor que no quieres que nadie explique; al saber que no vendrás; al dolor sin dolor que produce lo que no existe y a las lágrimas que nunca se podrán derramar…

 
A ti, solo a ti, al que mantiene viva una ilusión y enamora sin amor…

miércoles, 6 de enero de 2010

Hi, 2010!!!

Llegados a este día, después de haber pasado ya 5 días de este 2010 y teniendo aún suficientemente reciente todo el 2009 creo que es hora de hacer balance o algo parecido.
No cabe duda, quien es cercano a mi puede dar fe de ello, que este año para mí ha sido un año de cambios, un año de encuentros, sobre todo conmigo misma. Si tuviese que quedarme con algo, sólo con una cosa, no sabría bien con qué; sólo soy capaz de decir, que desde principios de año sabía que 2009 no sería un año “normal”.


Empecé diciendo “que le den por culo al mundo”, literalmente, sí. Y visto el resultado de llevar eso a la práctica pienso: ¡¡qué maravillosas palabras!! Así enero empezó con cambios imprevistos a los que me costaba adaptarme. Febrero creo que será un mes para recordar siempre, con él descubrí melodías (aunque suene raro) que creo que me pondrán el vello de punta por siempre y que de alguna forma han sido capaces de hacerme luchar de verdad por lo que quiero; y a finales de ese mes entró por mi puerta un soplo de aire fresco que aún hoy no podría olvidar. Durante marzo y la primavera que llegaba sucedieron una serie de hechos (aunque a final de año puedan resultar un tanto dudosos), que me enseñaron que puedo ser capaz de lo que quiera, cuando quiera, que solo tengo que proponérmelo. Fue bonito durante un tiempo vivir en un mundo de color, a sabiendas de que ese mundo era algo “real e inventado” por mí. Lo mejor sin embargo, no fue ese mundo de color ni el hecho de que pueda hacer lo que quiera, siempre y cuando me lo proponga, lo mejor fue que pude darme cuenta del valor que tiene ser sólo tú y de que hagas lo que hagas, cuando de verdad te encuentras, es cuando eres capaz de decir abiertamente quien eres y como eres. Que las circunstancias que hay a tu alrededor no te influyan cuando el mundo es a tí a quien mira de frente y seguir siendo tú a pesar de la posibilidad de perder algo que en ese momento te importa mucho más de lo que te imaginas (sea razonable o no). Supongo que en esa época también me di cuenta de que hay miles de cosas que no puedes controlar aunque quieras y sin darte cuenta te involucras tanto con los demás, depende de con quién y depende de con qué, que eso precisamente es un peldaño más en esa escalera inmensa que te lleva a ser tú. El verano estuvo plagado de risas, de ansias de cambio sabiendo que hasta septiembre u octubre no volvería la “normalidad”; así que había que conseguir por todos los medios que esos tres meses llegasen a ser normales… no lo conseguí… de hecho creo que han sido los meses más raros que he visto en mi vida. Me vi a mi misma no planteándome las cosas demasiado cuando llegaban, aunque solo algunas porque otras fueron bastante más raras de lo que es posible imaginar. De esa guisa fui a dar de bruces con un septiembre intenso en el sentido más amplio de la palabra. Los tres últimos meses del año… esos han sido sólo para mí, han sido tres meses egoístas supongo, pero me hacía falta algo así, me hacía falta poder recapacitar tranquila y no tener nada “más importante” en lo que pensar y verdaderamente, me ha hecho mucho bien.
En resumen, este 2009 ha sido un año de crecimiento, interiormente hablando. He aprendido que las circunstancias pueden hacerte cambiar mucho, hasta puntos insospechados, que el amor de tu vida puede pasar por tu lado durante cinco segundos o durante todo un mes y que ni siquiera te des cuenta, que a veces el destino te muestra señales y que llega un momento en que ya no sabes si no creer en ellas o si empezar a hacerlo y si decides creerlas, la vida irá en la dirección opuesta a ellas, que todos tenemos miedo al dolor y al sufrimiento y la única manera de sobrevivir a eso es plantándole cara (supongo que como con todo), que aunque pienses que hay personas para las que eres indiferente un día te das cuenta de que te equivocabas y salen “cientos” de manos a tu encuentro; y como esto montones de cosas que no podría enumerar una a una.
Si tuviese que pedir un deseo para el 2010, pediría que fuese igual que 2009, porque ha sido un año como pocos; sea como sea, el camino ya está marcado y de aquí en adelante se trata solo de ir dando pasos, uno tras otro…