lunes, 31 de mayo de 2010

Inexplicable

Hay personas que tienen un algo especial. Trasmiten algo que hace que quien las trate se sienta bien a su lado y vea las cosas desde otro punto totalmente distinto. Es una suerte el haber conocido este fin de semana a alguien así.

Hay personas que, a pesar de todas las adversidades del mundo, son capaces de tener una sonrisa siempre en la cara y recordar momentos pasados, y mejores, sin duda alguna, riendo y contando anécdotas de esas que nadie olvida.

Hay personas que cuando te miran, te miran de verdad y ves en sus ojos una sinceridad que pocos pueden presumir de tener.

Hay personas que te hablan y cada palabra te sobrecoge, aunque no diga nada. Cada palabra hace un nudito pequeño en el corazón y en la garganta al escucharla y poco a poco el nudo cada vez es mayor y se hace tan grande, que acabas luchando contra ti mismo por no llorar; pero no sabes por qué lloras, no es alegría y tampoco es tristeza, simplemente esa persona trasmite algo que nadie más puede trasmitir.

Y en este momento te das cuenta de que hay personas que se hacen querer en media hora (y eso desbarata un poco todos tus planes), personas con las que te quedarías sin más a ver pasar el tiempo, porque hacen que tengas la sensación de que no pierdes nada. Personas a las que querrías escuchar durante horas y no dejar de mirar, porque no puedes, porque te atraen sin más a esa parte de ellas que no se puede explicar.

Son personas que lo iluminan todo con su luz, sí, su luz, porque tienen luz propia, brillan sin más y casi puedes ver el resplandor a su alrededor, puedes verlo en la gente que se cruza en su camino, y sinceramente digo que te quedas atado a esa persona sin saber bien como.

Después de este fin de semana entiendo muchas cosas que antes no entendía y entiendo también lo difícil que resulta poder explicarlo, porque no soy capaz de expresar siquiera la mitad de lo que sentí y siento en este momento.

Y vuelvo a repetir, que verdaderamente, es una suerte poder conocer a alguien así y más aún saber que hubo alguien más que trasmitía ese algo especial y que, de algún modo, la llevas dentro de ti, que de algún modo esas dos personas tenían que encontrarse y ser capaces, tan lejos ya la una de la otra, de poder tenerlas cerca a las dos, a pesar de la distancia que te separa de una y del poquito tiempo que llevas conociendo a la otra…

sábado, 29 de mayo de 2010

Odio

Porque dicen que del amor al odio, solo hay un paso… ¿y del odio al amor?

Odio la lluvia aunque me guste a la vez.

Odio el sol porque no siempre luce tan brillante como quisiera.

Odio  la noche porque es con lo que acaba un día más.

Odio ver un nombre escrito por doquier que me dice tantas cosas y  me recuerda tantas otras.

Odio llorar cuando estoy triste, sin embargo, me encanta si estoy feliz.

Odio ver una cara larga a mi alrededor, aunque muchas veces sea la mía propia.

Odio decir adiós porque suena a definitivo y por eso siempre lo cambio por un “hasta luego”, supongo que eso me da la certeza de que siempre habrá “un luego”.


Odio que me cuenten historias que no hay por donde agarrar.

Odio que una película acabe mal, porque es lo único de lo que a veces puedo estar segura, de una película con final bonito, y si ni las películas acaban bien, ¿qué me queda?

Odio las cosas que llegan tarde, aunque a veces diga aquello de “más vale tarde que nunca”.

Odio los cuentos, porque me los creo.

Odio los finales porque a veces me dan miedo los principios, y cada final, será un principio.

Odio que alguien presuma de tener las cosas claras y a los dos segundos se contradiga en sus palabras.

Odio que la gente deje escapar el tiempo y más lo odio si quien lo deja escapar soy yo.

Odio las flores porque solo florecen en primavera.

Odio la playa porque solo me da tranquilidad en verano.

Odio el invierno porque lo veo gris y odio que quieran llenármelo de colores si estos solo duran hasta que se acabe.

Odio a cada una de las personas que se han ido de mi vida, aunque las guarde en una parte de mi corazón.

Odio a la que fui hace varios años, aunque la admire por todo lo que consiguió enseñarme.

Odio la vida que odio y quiero, porque a veces, el odio también enseña a querer.

jueves, 27 de mayo de 2010

Gritaría

Sin saber qué hacer, perdida en un mundo que aún no sabe controlar y que seguramente no sabrá controlar nunca. Se levanta de la silla en la que siempre se sienta cuando quiere ver pasar la vida, se tumba en la cama, los ojos bien abiertos, mirando al techo, imaginando en él un cielo de estrellas y una luna llena que dé la suficiente luz como para verlo todo con claridad.

Se pregunta por él, que hará, que dirá, que pensará y sabe que una minúscula parte estará pensando en ella, tan minúscula que la hace dudar. Recuerda que esa duda es lo peor que tiene dentro de sí misma, y en ese momento le gustaría llorar… pero no tiene el sentimiento necesario, supone que porque en el fondo aun no tiene una vida girando en torno a él ó quizá porque en el fondo piensa que un día la tendrá y eso le da una cierta seguridad.

Se levanta de la cama, de repente, un poco mareada, no sabe si por las vueltas de su cabeza en el remolino de pensamientos o porque los movimientos bruscos siempre la dejan trastornada unos segundos. Se mira en el espejo, tiene el pelo un poco alborotado y en sus ojos aún quedan restos de maquillaje. En ese momento, vuelve a acordarse de él (en realidad nunca dejó de pensar en él) e imagina con una sonrisa un tanto irónica en su cara, qué pensaría si la viese ahora, completamente desaliñada, con una camisa bastante mal colocada y un pantalón corto que lo único que puede decir acerca de ella, es que no soporta el calor siendo finales de mayo aún.

Imagina que lo tiene en enfrente, solo un momento, el suficiente para contarse como ha ido el día, entre risas, el suficiente para que le dé tiempo a reírse de sus pintas en esta tarde-noche, el suficiente para intentar inútilmente tranquilizarse,  el suficiente para decirle adiós una vez más. Luego, se alejan.

Vuelve a mirarse en el espejo, volviendo así de sus ensoñaciones, y de repente… no entiende el  motivo, quizá no lo tenga, pero ahora que se alejan lo resumiría todo gritando; ahora que se alejan gritaría que le quiere… Ahora que se alejan, gritaría un te quiero…

miércoles, 26 de mayo de 2010

¡¡Cómete a la reina, cómete a la vida!!

“- ¿Y si no puedo querer, qué? ¿Y si soy como un peón del ajedrez, que su máximo movimiento en el amor es un pasito adelante, solo un pasito adelante? Que no soy como las torres, ni como los caballos, ni como los alfiles… soy un peón. 

- Entonces difícilmente podrás comerte a la reina… Lánzate, por una vez, a ver qué pasa…”  


                                                      “Tu vida en 65 minutos”







Así es esta vida: preguntas, comparaciones con juegos, estrategias y miedos. Miedo a no saber qué hacer, miedo a no saber actuar, miedo en definitiva a no saber quién eres y qué papel desempeñas; pero hoy no voy a hablar del miedo…

Leyendo esa última frase, no puedo evitar pensar que esta vida son verdaderamente 65 minutos, aunque me inclino a creer que son incluso menos, bastantes menos, supongo que quizá no son siquiera los suficientes como para hacer todo lo querríamos hacer. Pero dejémosla en 65 minutos…

Es cierto que en esos 65 minutos, cuantos menos errores cometamos, mejor, tenemos solo esos y no es cuestión de desaprovecharlos, pero también es cierto que, en ocasiones, el hecho de no hacer algo por no cometer un error, ya es un error en sí mismo y empezamos a perder segundos y esos segundos empiezan a ser minutos y cuando quieres darte cuenta, pasa una hora y solo te quedan 5 minutos de vida… y entonces, no hay nada que hacer.

Porque hay momentos, minutos, segundos en los que es mejor lanzarse, porque no todo en esta vida tiene que tener una razón lógica ni una razón que esté completamente definida, porque a veces, la razón puede ser simplemente, que no hay razón, la razón puede ser que necesitas saber cual es esa razón, el no tener razón para dudar si lanzarte o no ya es una razón para hacerlo, porque algo te dice que antes o después la habrá. La búsqueda de algo que aun no tienes y que sin saber por qué, sabes que tendrás si te lanzas, pero necesitas saber ese por qué, sin darte cuenta de que solo hay una manera de saberlo. De todos modos, sabes que nada malo pasará si te lanzas… si no lo haces…

Es posible que cuando llegues al minuto 64 te arrepientas de no haber cometido ese error; para entonces, te quedará solo un minuto de vida y no habrá tiempo de volver atrás. La vida sólo ocurre ahora...

Y es que en estos 65 minutos debemos dejar de pensar que somos peones de ajedrez y creernos torres, caballos, alfiles… avanzar en todas direcciones y luchar por comernos a la reina, que al final de todo, es lo importante. Y si no lo hacemos así, la reina pasará a ser comida por otros y nos quedaremos con hambre y sin nada para poder saciarla. Si nuestro movimiento solo es un pasito adelante, pensándolo y yendo despacio, habrá otra pieza que haya dado un salto antes que nosotros y se encuentre mucho más cerca de ella. ¿Por qué motivo vamos a quedarnos dando pasitos, viendo venir las cosas, cuando somos nosotros quienes tenemos que ir a por ellas? ¿Por qué motivo vamos a quedarnos mirando como los demás ríen, saltan, llorar, aman y se comen a su reina, mientras nosotros no somos capaces de comernos a la reina o al rey si los tenemos al lado? ¿Por qué motivo vamos a quedarnos mirando, deseando en el fondo que nadie ocupe el castillo de la reina que queremos ocupar nosotros? ¿Por qué motivo no vamos a ser capaces de construir nuestro propio castillo?

martes, 25 de mayo de 2010

Un nuevo día

Y hoy es un nuevo día. Un día más, un día cualquiera. La diferencia con el día de ayer está en que hoy recuerdas esa frase que hace dos días alguien dijo y que sin esperarlo hizo que tus ojos se llenaran de lágrimas: “ahora sabéis cuando merece la pena llorar y que siempre merece la pena reír”.

Merece la pena reír porque una sonrisa lo mueve todo, porque una sonrisa siempre atrae a la gente, porque una sonrisa hace que siempre te sientas feliz.

Merece la pena reír o sonreír, porque es una manera muy económica de tener buen aspecto y ese buen aspecto siempre se contagia.

Merece la pena reír porque te diste cuenta de lo bien que se ve la vida cuando eres capaz de hacerlo.

Merece la pena reír porque conociste a gente que siempre lo hace y consigue alegrar tu día desde por la mañana.

Merece la pena reír porque un día cualquiera, como hoy, es un buen momento para hacerlo y darse cuenta de que esta vida sin una sonrisa, vale poco.

Merece la pena reír, porque esta vida, suele tener la costumbre a veces de enseñarnos a golpes, y cuando estos duelen, nos hacen llorar, y no sé si merece la pena, depende del golpe, lo que sé es que a veces es inevitable, y es en esos momentos cuando valoras verdaderamente la importancia de reír, de ser felices, de olvidarlo absolutamente todo y mirar a la cara de alguien sonriendo, porque a veces una simple sonrisa hace que tu mundo cambie de una forma totalmente imprevista, porque a veces una sonrisa dice mucho más de lo que somos conscientes.

domingo, 23 de mayo de 2010

Tiro la toalla

Hoy, tiro la toalla. Tiro la toalla porque me cansé de intentar llevar las cosas por el camino que creo que deberían ir.

Tiro la toalla porque hace tiempo que ya no le hacía caso al destino.

Tiro la toalla porque hay veces en que es mejor tirarla.

Tiro la toalla porque me niego a repetir historias con distintos personajes.

Tiro la toalla porque la llevaba arrastrando, como llevaba arrastrando tantas cosas.

Tiro la toalla porque prefiero tirarla antes de que sea ella quien me tire a mí.

Tiro la toalla porque aún estoy a tiempo, e inconscientemente volví a poner un tiempo límite que volvió a pasarse.

Tiro la toalla porque hay oportunidades que es mejor coger al vuelo, hay oportunidades que se quedan aunque debieran irse, pero aún así se dejan escapar.

Tiro la toalla porque estoy harta de ser yo siempre quien no la tire y ver como los demás la tiraron hace tiempo.

Tiro la toalla porque ya no sé seguir, porque hace tiempo que me quedé sola en el camino y el camino así no tiene sentido.

Tiro la toalla y ella se llevará todo lo que aun no escribí, porque no pienso seguir escribiendo a nadie, porque ya escribí suficiente en todo este tiempo.

Tiro la toalla porque si las etapas no se acaban solas, esta pienso acabarla yo de golpe; porque hoy seré yo la que diga adiós, pero no seré yo quien vuelva a decir hola.

Tiro la toalla porque justo ahora cae una lágrima por mi mejilla y eso indica que ya es hora de tirarla, que la tenía que haber tirado hace mucho. Supongo que aun estoy a tiempo de intentar dar media vuelta… aunque no estoy segura.

sábado, 22 de mayo de 2010

Podría decir adiós, pero esto no es una despedida...

Hace ya casi 5 años recibí en un e-mail el siguiente texto:

“Antes de entrar en la universidad me hubiera gustado saber…

  1. Que puedo cambiar muchísimo y ni siquiera notarlo.
  2. Que puedes querer a  muchas personas de diferentes formas.
  3. Que los niños de la universidad… también tiran papelitos.
  4. Que normalmente conoces ahí al amor de tu vida, al cual recordarás siempre.
  5. Que si fuiste inteligente en el colegio… ¿acaso importa? Es pasado ya.
  6. Que copiar puede ser sinónimo de verificar o corregir.
  7. Que puedes estar en una party la noche anterior del examen final.
  8. Que existen clases que requieren más tiempo que todas la clases juntas.
  9. Que puedes saber todo y suspender el examen.
  10. Que puedes no saber nada y sacar una buena nota.
  11. Que la mayor parte de mi educación la obtendré fuera de clase.
  12. Que mi casa es un gran lugar para visitar cuando hay exámenes y que la universidad se convierte en tu hogar.
  13. Que es posible estar sólo aún cuando estás rodeado de personas.
  14. Que tus amigos tomarán caminos diferentes, pero nunca se olvidarán de  la amistad.
  15. Que cuando terminas la carrera quieres volver a la universidad, para volver a estar con tus amigos y revivir tantas cosas bonitas.
  16. Que cada reloj de cada persona tiene diferente hora.
  17. Que vale la pena a veces salirse de clase para estar con los amigos.
  18. Que después de los “EXAMENES FINALES” no te acuerdas de nada de lo que te dieron en la clase la semana anterior.
  19. Que existe un mercado negro de exámenes.
  20. Que los AMIGOS son quienes hacen de este, un lugar valioso e importante. Porque al pasar unos años después de graduarte… tal vez no recordarás muy bien lo que aprendiste en clase, pero siempre recordarás todo aquello que viviste con tus amigos… con quienes estudiaste, te desesperaste, lloraste, gritaste y festejaste, con quienes compartiste todo tu tiempo… Quien logra hacer un amigo en la universidad, logra hacer un amigo para toda la vida.”

Cuando lo leí por primera vez, hace casi cinco años, me hizo gracia y hubo partes en que me pareció bonito; después de todo este tiempo, al volver a leerlo, tengo que reconocer que el vello se me ha puesto de punta y las lágrimas han acudido a mis ojos al recordar tantas y tantas cosas y comprobar que esta lista llevaba razón absolutamente en todo.

Cinco años, y parece que fue ayer cuando me encontré metida en ese edificio de colorines por primera vez; después de todo este tiempo, aun no consigo entender el sentido de los colores… ¿ó sí?

Ya no soy aquella niña que llegó un poco asustada a aquel edificio sin saber con qué iba a encontrarse. En cinco años, todo ha cambiado. Esa niña también ha cambiado, muchísimo, tanto que ni yo me lo creo cuando miro atrás.

Simplemente pueden parecer cinco años de estudio, pero son cinco años de risas, de alegría, de saltos, de noches en vela, de clases que recordaremos siempre (aunque no su contenido) y de otras que trataremos de olvidar (si no hemos olvidado ya), y también de tristeza, de llantos y de días con unas ganas enormes de tirar la toalla.

Y podría hacer un recuento de todas las clases, desde la más petardo, con la asignatura que nos haya traído de cabeza a más de uno y con el profesor o la profesora que más hayamos odiado, hasta la más divertida, con alguien que nos hacía pasar un buen rato mientras impartía su clase diaria. Pero no, al salir de aquí no es el conocimiento que pudieron darte en esas clases lo que  más aprecias. 

Al salir de aquí aprecias el conocer al fin el sentido de los colores de aquel edificio, el saber al fin qué sentido quiero darles: los colores sois cada una de las personas importantes con las que me he cruzado en este viaje.

Sí, el camino hasta aquí ha sido duro, pero ha merecido la pena, sin duda alguna.

Ha merecido la pena conoceros a todos y cada uno de vosotros, poder vivir todos y cada uno de los momentos que hemos compartido. Podría hacer una lista con nombres y momentos pero nunca acabaría.

Ha merecido la pena poder levantarme cada mañana sabiendo que en poco tiempo estaría aguantándome la risa en mitad de una clase porque la tontería más grande de este mundo, nos hace reír hasta llorar.

Ha merecido la pena saltarse alguna clase (aunque hayan sido pocas) para poder compartir una hora hablando de cualquier cosa.

Han merecido la pena todos y cada uno de los exámenes, porque nos han hecho conocernos en situaciones críticas, entre nervios y risas.

Ha merecido la pena el cambiar de planes una mañana y acabar cambiando una vida entera hasta hoy.

Han merecido la pena los llantos porque después siempre llegaba un abrazo. Han merecido la pena los malos ratos, porque era en esos momentos cuando te dabas cuenta de que había alguien con una sonrisa esperando para llevarte a rastras a la alegría de nuevo.

Han merecido la pena los cafés en mitad de la tarde, hayan sido muchos o pocos, los haya tomado con unos más que con otros, porque han hecho que os conozca un poquito más, antes de acabar este tiempo, antes de acabar este viaje.

En definitiva, ha merecido la pena conseguir amigos de verdad, de esos que nunca se irán (o eso espero); ya llegaseis a los pocos días de empezar esta aventura o casi al final de ella,  habéis merecido la pena.

Y pase lo que pase de aquí en adelante, seguiré siendo “la peque”, “el bicoco” y hasta “Ginebra” en ocasiones y recordaré que un día cualquiera tú tendrás 7 coches y uno será para mí y que quizá aun sea capaz de hacerte caer por las escaleras telepáticamente, ¿quién sabe? Seguiré siendo la loca de la colina que un día escuchó a un electrodoméstico hablar y cuando lo recordemos, me mirareis con cara rara y nos volveremos a reír y tendré presente que el clero cada día me sorprende más y espero que lo siga haciendo. Recordaré los días con ojeras después de dormir juntas y ese día que casi prefería sentarme a ver a amanecer en lugar de acostarme. Me acordaré de ti cada vez que queme una nube, porque ese día estuviste ahí y me ayudaste con el examen de álgebra y sobre todo con lo que no era el examen; y también me acordaré de aquella época en la que las dos intercambiamos nuestra personalidad sin saber bien como. Me acordaré de cada momento, porque todos han sido importantes, cada segundo…

Ya nunca más volveremos a pasar cinco años juntos, ya no nos veremos todos los días, y seguramente, cruzarnos por la facultad no será lo normal; el tiempo que teníamos cuando empezamos se va acabando, aunque parezca mentira y aún me cueste asimilarlo. Nuestras vidas tomarán caminos distintos y no quiero pensar qué será de nosotros de aquí a otros cinco años, solo puedo decir, que no me olvidaré de vosotros. Y que ojalá, dentro de unos años, siga habiendo risas, abrazos, historias nuevas que contarnos y muchos cafés, consiguiendo así, que a pesar de estar separados, nada cambie entre nosotros, porque sois el regalo más grande que me llevo de estos cinco años de matemáticas. 

Podría decir adiós, pero esto no es una despedida…

viernes, 21 de mayo de 2010

Y ahora...

Prepárate. Comienza a andar, poco a poco. Empieza a subir, despacio. Haz una parada a mitad de camino. Sigue subiendo. Llega a la parte más alta. Sé feliz. Y ahora, baja. Vuelve al mismo lugar de antes. Y vuelve a empezar a andar. Con tranquilidad. Vuelve a subir. Vuelve a lo más alto. Y ahora, baja. Mantente a la misma altura. No hagas nada. Vuelves a subir, te empujan aunque no quieras. Y vuelves a lo más alto. Y ahora… baja.

Subidas, bajadas, altos en el camino, días felices, días tristes, épocas pasadas que vuelven, momentos bonitos y días para olvidar. Amores y desamores, razones y sinrazones, peleas, amigos y enemigos, risas y llantos. Palabras que se entienden y frases incompresibles. Dolores de cabeza, noches sin dormir, sueños profundos y despertares felices.

Prisas y ganas de andar despacio. Miradas y sonrisas. Cerrar los ojos y volverlos a abrir. Un beso, una caída, una lágrima. Corre, salta, baila, ríe. Sube y ahora…

Por una vez, quédate arriba. No sabes cómo hacerlo, yo tampoco, pero quédate arriba. No quiero ver la vida como una montaña rusa.

martes, 18 de mayo de 2010

Lo que yo quiero

Lo que yo quiero es que cuando llegue la noche pueda dormir sonriendo. Y cuando amanezca el día pueda levantarme de un salto, deseando empezar de nuevo.

Lo que yo quiero es no perder el tiempo cuando lo tengo entero para mí y poder vivir segundo a segundo como a mí me gustaría.

Lo que yo quiero es poder recordar cada momento bonito que se me haya presentado como si estuviese ocurriendo ahora mismo, poder embotellar todos los recuerdos y conseguir, simplemente destapando la botella, poder revivirlos; así nunca se desvanecerían.

Lo que yo quiero es mirarme al espejo y que éste me devuelva un guiño que ya le corresponderé yo con una sonrisa.

Lo que yo quiero es que la gente sonría a mi lado también y poder crear una especie de burbuja donde todo siempre es bonito.

Lo que yo quiero es volver a tener cinco años y que nada me preocupe, es lo bonito de esa edad, la inocencia.

Lo que yo quiero es no recordar los malos momentos, pero eso no es posible, así que me conformo con poder aprender de ellos, si puedo aprender algo, y si no… me conformo con que no me estropeen el día si vuelven a mi mente.

Lo que yo quiero es vivir la vida que yo elija y no aquella que nadie me imponga. Que por una vez en la vida, las cosas sean tan claras como yo las veo.

domingo, 16 de mayo de 2010

Volvería a saltar

¿Te atreves a volar? ¿Serías capaz de volar? Seguramente sea la pregunta más tonta del mundo, pero piénsalo: imagínate en la cima del mundo, sé que si miras abajo da vértigo, yo también lo tengo, se que da miedo pensar en saltar y no saber dónde vas a caer, si caerás de pie o acabarás contra el suelo sin que nadie pueda remediarlo; a mí siempre me asustó, por eso siempre me quedaba abajo o no saltaba si conseguía subir.

¿Alguna vez subiste? Seguro que sí ¿Recuerdas esa sensación? Cierra los ojos, céntrate completamente en ella, no pienses en nada más. ¿Llegaste a saltar? Yo llegué a saltar una vez y fue la vez que menos segura estaba de hacer lo correcto, pero salté. Y me moría de miedo, tenía pánico mientras estaba en el aire, me aterraba pensar que nadie me esperase para cogerme allí abajo. Por suerte, abajo hubo alguien y frenó mi caída con una sonrisa.

Hay veces en las que es mejor saltar al vacío, sin pensarlo. Porque sí, es posible que te estrelles contra el suelo, pero también es posible que nunca llegues a tocarlo y nunca vas a saberlo si no saltas. Además, no hay por qué saltar solo y el vuelo tampoco será solo de ida, se podrá volver en cualquier momento, aunque sea difícil.

He aprendido que en ocasiones son los riesgos los que hacen que la vida tome sentido y creo que esta es una de esas ocasiones. Sería una lástima, desde mi punto de vista, que un día te encontrases en una cima, mientras que alguien que debería haber estado en la misma cima y haber saltado contigo hace ya tiempo, se encuentra en otra.

Subiré arriba, sin saber nada, sin conocer nada, con el miedo que produce la subida y me sentaré a ver atardecer, sin mirar hacia abajo. Y seguramente, después de esto, yo sea la primera en estrellarse sin haber saltado siquiera, porque no quiero que nadie me espere abajo, hoy prefiero que me esperen arriba, o quizá sea yo la que prefiera esperar…. Y sí, después de esto, seguramente sea yo la que acaba hecha añicos contra un suelo que no llegaré a tocar. Me sentaré a ver atardecer… no se sí podré ver amanecer…

sábado, 15 de mayo de 2010

Cabecita loca

Cabecita loca, no pienses. Hoy déjalo todo a un lado y no recuerdes. Hoy déjalo todo en blanco, como un folio sin escribir, como si nunca nada hubiese ocurrido, como si nunca nada fuese a ocurrir.

Cabecita loca, no sueñes. Esta noche no cierres los ojos. Esta noche no imagines un mundo irreal, no imagines un mundo real. No duermas esta noche, para no tener que visitar ese lugar de fantasía.

Cabecita loca, no hables. Hoy no digas una palabra y deja cerrada la boca. No hagas esfuerzo alguno en decir nada que quieras decir, ni decir nada que quieres callar.

Cabecita loca, no sientas. Hoy coge tu coraza y póntela. Que nada te afecte en este mundo sin sentido, nada.

Cabecita loca, no llores. Hoy deja los ojos secos, sin una lágrima que derramar; que hoy no merecerá la pena llorar, hoy no merecerá la pena el llanto de una cabecita loca que no puede entender la vida sin ese pequeño trocito de ella a su lado.

Cabecita loca, no rías ni sonrías. Que hoy no puede parecer que te da igual y que estás feliz. Que hoy no puede parecer nada.

Cabecita loca, descansa. Que ya tuviste bastante trabajo ayer y sabemos que no puedes seguir el ritmo de la vida, no puedes seguir el ritmo de las circunstancias.

Cabecita loca, hoy cierra por vacaciones, ya te avisaré en cuanto la vida se ponga bonita para ti y puedas volver a pensar, a soñar, a hablar, a sentir, a llorar y a reír.

Casos concretos...

Nunca entendí eso de “cuando estoy contigo me siento mejor persona”, pero creo que empiezo a entenderlo.

Hay muy pocas personas que consigan hacer eso, que consigan hacerte de verdad mejor persona y hay muy pocas que consigan hacer justo lo contrario. En poco tiempo, me he cruzado con un claro ejemplo de cada tipo.

Me he cruzado con alguien con quien he pasado muchísimo tiempo, más del necesario, mucho más del necesario y nunca supe que es lo que despertaba en mí, pero nadie lo había despertado jamás. Consigue hacer que me enfade con el mundo, cuando el mundo no tiene culpa de nada, consigue hacer que desconfíe de todo y de todos, consigue hacer que tenga odio hacia todo y hacia nada; consigue que acabe con los ojos inundados sin motivo alguno y que el mal humor se apodere de mí como una fuerza extraña de la que no puedo deshacerme.

Después de tanto tiempo, solo hay una persona que consiga eso, solo una. Y considero que ya son muchas, porque no debería haber nadie que te hiciese sentir así.

Por suerte, he podido cruzarme también con alguien que sin hacer nada, consigue hacerme sentir mejor persona, sí, justo ahora entiendo el significado de esas palabras y la importancia de ellas. Consigue hacerme que sonría aunque no tenga motivo, aunque incluso si tengo un motivo, sea para estar mal. Consigue hacerme valorar los pequeños detalles. Consigue que una parte de mí esté completamente segura de todo aunque otra a veces tenga sus dudas acerca del mundo. Es difícil de explicar, simplemente, consigue hacerme sentir bien.

Y después de tanto tiempo, solo hay una persona que me haga sentir así, solo una. Y considero que son pocas, aunque es suficiente para darme cuenta de que simplemente existe en el mundo alguien así y que muchas veces merece la pena, por cortito que sea, poder pasar un momento a su lado.

miércoles, 12 de mayo de 2010

La vida es simple, sencilla...

Sólo hay dos caminos que escoger: el sencillo o el complicado. Hay dos maneras de ver las cosas, la fácil y la difícil. 

Me he dado cuenta de que la segunda nunca es buena, la segunda puede hacer que acabes mirando sin ver a alguien que te importaba, simplemente porque dio demasiadas vueltas y llegó un momento en que no supiste a quién mirabas…

(Creo que por cobardía o algo parecido, yo suelo escoger el camino de en medio, o sea, no decir nada, ni con rodeos ni sin ellos; y este tampoco es bueno…)

Pero hablemos de la primera, de la fácil, de la manera de hacer las cosas sencillas. Es curioso, es la manera más fácil y sin embargo, es la que más cuesta al empezar. Y es fácil, no tiene otra palabra, sencillo… porque sin darte cuenta hace que todo encaje, que te pares a pensar y te de la risa de lo fácil que es todo, de que a veces las cosas pasan de verdad y son así, sencillas, solo eso. El problema es que siempre estuviste tan ocupada pensando en las cosas difíciles de los demás que no llegaste a darte cuenta de que verdaderamente, a veces, hay gente que hace las cosas fáciles en este mundo. Lo que tiene lo sencillo, es que hace que todo encaje, como si fueran las piezas de un puzle y cuando el puzle está completo te das cuenta de que debiste deshacerte de otros puzles mucho antes de lo que lo hiciste.

Suena a locura, lo sé, pero hubo un instante en qué me sentí completamente una pieza en este puzle y sabía perfectamente que pieza encajaba conmigo. Solo duró un instante. Sin embargo, las piezas han seguido encajando, día tras día, hasta hoy. No puedo saber si seguirán haciéndolo, o si ya el puzle está completo, pero sea como sea, no puedo evitar sonreír (aunque haya una parte de mí que se dé de golpes con la pared) al pensar que por una vez en la vida las cosas fueron fáciles y todo se reduce a decir simplemente lo que piensas. Y eso precisamente, es algo de lo que me gusta de la pieza en cuestión, que es una pieza con bordes simples o al menos lo parece, que si un día decidiera encajar con cualquier pieza, no sería difícil, de hecho no es difícil y visto lo visto hasta ahora, las piezas fáciles escasean. Sólo hablo de hablar… el resto hoy no me importa; bueno, solo es que del resto no voy a hablar, porque sigue habiendo partes de la pieza que encajarían, pero ese tema no voy a tocarlo hoy, quizá otro día… o quizá no.

Que la vida es simple, si quieres hacerla simple, que las piezas de su puzle pueden encajar y no faltará ninguna y en ese momento te das cuenta del valor de esa simpleza y sonríes o te da la risa. Y no puedes sentirte mal aunque quisieras, porque no tienes motivo, así que sigues sonriendo.

Y no… no se me da bien hablar, se me da mejor escribir, es algo que debería cambiar. Mientras tanto, continuaré escribiendo…

sábado, 1 de mayo de 2010

Círculo

“Las cosas buenas ocurren cuando menos te las esperas, por eso hay que agarrarse fuerte a ellas y disfrutar del poco tiempo que puedan darte”

Esta vida es un círculo, solo eso; bien cerrado para que nada ni nadie pueda salir de él; o quizá no sea la vida en sí misma, sino las circunstancias que vivimos en ella y cada una de las situaciones por las que pasamos a lo largo de ella.

Sea como sea, el caso es que hay veces en las que pienso que todo, de una manera u otra, tiende a repetirse, que simplemente esta vida sigue un camino ya prefijado y cuando llega al final… vuelve a empezar. Y dará igual el número de personas que pasen por tu lado y el papel que desempeñen, porque cuando el camino vuelva a acabarse, volverá a empezar y vendrán más personas que desempeñen papeles parecidos o incluso iguales. Así visto, no hay personas importantes en la vida de nadie, siempre serán sustituidas por quien venga en la siguiente vuelta…

Y leyendo lo escrito hasta ahora, pienso: ¿De dónde sale todo esto? Hoy no me creo a mí misma. Quizá solo es una manera de intentar no pensar en lo inevitable…

Así que bueno, sí, la vida puede ser un círculo en determinados momentos y el circulo es posible que fastidie bastante, es posible que fastidie mucho más de lo que nadie puede imaginar, pero en realidad, lo único que fastidia son las cosas malas que se repiten, las vueltas malas que nunca quieres que lleguen. Y cada persona será importante siempre, por mala que haya sido la vuelta que haya dando contigo, o el final de esta. Será importante por el simple hecho de que estuvo ahí y durante el tiempo que durase aportó en ti una parte de si misma.

Y así visto, me doy cuenta de que si las cosas malas se repiten, será porque antes se repitieron las buenas, el problema es que esas no las recuerdo del mismo modo, las veo lejanas, demasiado lejos, las malas están siempre cerca. En cierto modo, antes de producirse las malas, había algo bueno en todo este lio, en todo este círculo. Algo bueno que sin duda alguna habrá merecido la pena. Inevitablemente todo lo que empieza, tiene que acabar, siempre… Ahora solo queda seguir dando vueltas en este círculo y esperar la siguiente vuelta buena, que es lo único que importará. Recordar los momentos que parecieron una vida entera y cada una de las sensaciones que me transmitieron. Y darse cuenta de que la única manera de aprender algo en una vuelta y de saber qué camino coger, es experimentar, vivir cada segundo como lo sientas, aunque a veces no estés muy seguro de qué es lo que deberías hacer, aunque a veces no se sepa muy bien qué camino escoger; porque antes o después, si eliges tu camino y te equivocas, podrás volver a atrás, pero nunca sabrás si te equivocaste, si ni siquiera lo intentas. Puede creerse que son pensamientos de una mente inocente, pero ¿para qué sirve la vida si no para hacer locuras y vivir esos pequeños sueños que se tienen al alcance de la mano? ¿Para qué sirve la vida si no para enamorarse de ella cada día? ¿Para qué sirve la vida si no para aprender y cometer errores o darse cuenta de que lo que piensas que puede ser un error, no lo es? ¿Para qué sirve la vida si no para vivirla segundo a segundo sin pensar en mañana?