sábado, 24 de julio de 2010

Quizá si pueda...

Verlo todo como algo bonito, a veces prefiero verlo así en lugar de ver lo que pasa en realidad. O quizá sea la realidad la que pretendo ocultar y es algo bonito realmente. No lo sé…

Quizá sí pueda tomar tu mano, mirarte, abrazarte. Quizá si pueda hablarte, aunque no estoy segura de eso. Quizá si pueda dormir en tu hombro, dormir en tu pecho. Quizá sí que pueda darme cuenta de que estás ahí, quizá ya me di cuenta. Quizá si pueda pasar una noche entera contigo, quizá… quizá si pueda besarte y tú aún no lo sabes. Quizá pueda y yo tampoco lo sé. Quizá, es posible, es probable, que a veces piense en ti de un modo distinto. Quizá es posible que a veces me sorprenda a mi misma echándote de menos. Quizá es posible que en ciertos momentos me apetezca verte, mirarte y que me mires. Quizá… a veces siento un poquito de lo que tú sientes…

Quizá es posible que intente ocultarlo, no sé si a los demás o a mí misma, quizá es posible que me de miedo y no sé bien por qué; es posible también que en cierto modo me preocupe el qué dirán, cosa que siempre he odiado. Quizá es posible que un día tú te vayas y sea justo cuando yo no quiera…

Y es posible que un día me arrepienta si no arriesgo, quizá me arrepienta por no saber que podrías ser capaz de darme, aún imaginándomelo ya.

Quizá sea verdad aquello de que las personas cambian, yo también. Quizá es que esto se me viene grande aunque en el fondo no lo sea.

Quizá sean tus caricias las que hacen que todo en mí se vaya a paseo, quizá sean tus abrazos o el sorprenderte mirándome fijamente, como si solo yo estuviese en este mundo. Quizá a veces intentas hacerme reír y lo consigues.

Quizá este solo sea un verano más, quizá cuando llegue el final todo haya dado la vuelta, no sé bien en qué sentido…

sábado, 17 de julio de 2010

Comprendí...no; Comprendiste

Recuerdo el sol en mitad de un cielo azul. Recuerdo el sonido de las olas, de cada una de las olas que se estrellaban contra las rocas en esa playa. Recuerdo la arena, su tacto suave y caliente y recuerdo mis sueños tumbada en ella. Y también recuerdo a alguien… Ahora recuerdo lo que pasó y fue simple. Pasó que…

Comprendí que las mentiras no son una buena manera de conservar un amigo y tampoco de volverlo a ganar.

Comprendí que hay acciones y palabras que duelen siempre aunque no seamos conscientes de su presencia en nuestra vida y cuando queremos volver a empezar, no podemos.

Comprendí que el fingir (o no fingir) no recordar haber hecho algo, no significa que no haya ocurrido y no exime de culpa alguna.

Comprendí que si alguien quiere regalarte un abrazo o un beso, es porque lo siente y es posible que si lo rechazas una y otra vez por razones que sólo tú entiendes, cuando necesites ese abrazo, posiblemente ya no estará.

Comprendí que es mucho mejor decir las cosas a la cara que dejar un sendero de pequeñas frases que no se entienden.

Comprendí que encerrarse en uno mismo, no darse a conocer y evitar que alguien entre en ti, es algo que aleja a las personas de uno mismo.

Comprendí que la vida solo tiene un momento para hacer las cosas y que cuando ese momento pasa no puede volverse a recuperar.

Comprendí que muchas veces, una simple llamada, un simple cómo estás, hubiese arreglado muchas cosas a lo largo del tiempo. Todas las llamadas juntas… no consiguen nada.

Comprendí que es muy difícil alejar a algunas personas de tu vida y sin embargo hay quien lo consigue. El problema es que al alejarlas, también estás impidiendo que vuelvan.

Comprendí que la mejor manera de arreglar algo, es yendo con la verdad por delante.

Comprendí que el pasado con ellos no justifica un presente conmigo.

Comprendí que los malos actos de una persona no te dan derecho a pagarlos con otra.

Comprendí que todos tenemos un pasado que a veces queremos olvidar, pero el dañar a los demás nunca fue solución de nada; dañando a los demás solo se consigue seguir arrastrando ese pasado que se quiere olvidar.

Comprendí que solo te das cuenta de lo que tienes, cuando ves ante tus ojos la posibilidad de perderlo y es imposible volver a recuperarlo si no eres capaz de dejar que las personas entren en ti por sí mismas… Comprendí que solo te darás cuenta de lo que tuviste cuando lo pierdas. Comprendí que a veces pienso que ya lo perdiste.

Y todo esto, no lo comprendí yo… sino tú. Yo…


… Comprendí que en ocasiones, me gustaría poder compartir momentos bonitos contigo; volver atrás y que nada hubiese sido como fue, pero al dar un paso hacia atrás solo encuentro una pared y no me deja avanzar. Quizá el tiempo la destruya o quizá el tiempo te borre de mi memoria, quizá…

Comprendí que a veces la amistad no es para siempre y aunque intente no pensarlo, después de tanto tiempo, duele.

miércoles, 14 de julio de 2010

Aire, sólo aire

Una débil memoria, un recuerdo fugaz; a veces, sólo somos eso en esta frenética vida. La memoria de alguien que a veces no recuerda siquiera quien es él mismo. El recuerdo de un día, una semana, una noche, un beso, un abrazo o una mirada. El volver a revivir una alegría o una tristeza, el saber con quién la viviste. Un vago recuerdo de algo que ya jamás sucederá.

Y la gente pasa rápido, te mira, pero… no, no te ve. Actúan como el espíritu de alguien que fue y ya no es, como la sombra de alguien que existió durante un instante de tiempo y que sin saber bien cómo, se fue alejando dejando un simple rastro de lo que es, de lo que era, dejando un vago recuerdo que quién sabe si seguirá en la memoria de alguien.

Y será solo esto lo que puede darnos este frenético ritmo, el llegar a ser simples espíritus rondando por las calles sin haber llegado a serlo de verdad. El ser simples cuerpos andando sin nada dentro que merezca la pena. El ser simples marionetas manejadas por las cuerdas del raciocinio, del miedo, del egoísmo, del odio y del dolor.

Quizá por todo esto, se hace importante el hecho de conocer espíritus que no son cuerpos inertes; espíritus que siempre quedarán en la memoria, espíritus que siempre formarán parte de un recuerdo; y no sólo formarán parte, sino que serán ellos mismos el recuerdo y permanecerá siempre dentro de las personas que se crucen en su camino.

Y todo es aire, aire que entra y sale de los pulmones de millones de personas en este mundo; el mismo aire, sin embargo, todos somos distintos… y yo ahora soy aire, sólo aire… y me convertiré en memoria, en recuerdo, como todos, si no lo somos ya…

jueves, 8 de julio de 2010

Hasta siempre

Normalmente, el comienzo al escribir es lo más difícil; esta vez, no podía ser distinta. Son más de las 12 de la noche, aún se escucha algún coche armando jaleo y gente gritando, celebrando la victoria de la Selección Española y el pase a la final. Fuera hace viento, mucho, un viento que se lleva algunas cosas y las va dejando en lugares distintos… igual que esta vida, nos va llevando de un lado a otro, como si fuese viento y nosotros pequeños trozos de papel, insignificantes y fácilmente elevables.

Y yo soy uno de esos trozos de papel. Sin saber bien como, me veo envuelta en algo que aún no se si creerme del todo, en algo cuya reacción en mí aun no se ha producido, supongo que antes o después la reacción esperada, la alegría, me embargará y gritaré, saltaré y quizá lloraré. La reacción no esperada, es la que cada vez se hace más honda en mí, la tristeza.

Porque a estas alturas de la vida, a veces sigo siendo la misma borde de siempre, la de la cara de estaca, la que no habla y la que parece no dar la mínima muestra de cariño; esa que parece estar en el mundo medio ausente, aunque se dé cuenta de todo y todo le afecte de alguna manera.  Y no, yo no sé llorar cuando alguien me ve, nunca supe; no sé darte 20 abrazos seguidos, solo sé dar uno que de verdad siento; no sé llenarte de besos, pero siempre tengo uno guardado cuando hace falta; no sé hacerme notar entre la gente, pero siempre estoy ahí;

Yo sé ser la tímida, esa a la que le cuesta entablar conversación con quien no conoce demasiado; sé ser la calladita, sé ser la seria, sé ser la ausente; y quizá no sea bueno ser todo esto, seguro que no es bueno, pero soy así y no sé si no puedo o no quiero cambiarlo, porque después de tanto tiempo, al menos sé quien soy y sé que soy capaz de demostrar lo que haga falta cuando lo sienta, lo cual no quiere decir que no sienta nada si no demuestro algo. Solo sé decir un te quiero cuando lo siento de verás, porque creo que hay afecto, simpatía, cariño y aprecio hacia los demás, pero un te quiero… eso es algo demasiado serio. Y aunque independiente, soy capaz de depender de alguien, de atarme a una persona más de lo que uno puede imaginarse en mí; es fácil ganarme, aunque no lo demuestre. Y sí, es difícil conocerme, mucho, supongo que porque siempre guardo mucho de mí, pero lo doy poquito a poco, por momentos, quizá últimamente no sean buenos momentos, no lo sé. Y supongo también, que cuando me doy a conocer del todo, cuando empiezo a ser yo misma, es porque verdaderamente ese alguien empieza a importarme. Quizá soy la de sentimientos profundos, un poco bohemia a veces, supongo.

Siempre guardo las penas y alegrías para mí, sobre todo las penas, las lágrimas; ellas solo saben escaparse cuando están en soledad. Y cuando no pueden estar solas, se quedan dentro, se refugian detrás de un rostro, que no, no da alegría, no puede darla, pero difícilmente alguien conseguirá que cuente que pasa en el momento.

Dije que no era una despedida, no podía serlo, sin embargo veo la despedida final acercándose, poco a poco, acechándome, como si fuese una sombra que me persigue; y veo tristes despedidas, que de aquí a dos meses serán reencuentros; mi despedida es distinta, tan distinta, que no habrá reencuentro en dos meses, tan distinta que no habrá un todos los días, ni un “mañana nos vemos”,  ni un “¿qué tienes que hacer? Que tengo una hora de vacaciones”; tan distinta que no sé siquiera que estaré haciendo de aquí a tres meses, tan distinta que hace ya dos meses que estoy echando de menos los últimos años; tan distinta que… debería dar saltos de alegría y sin embargo no puedo, resulta que al final, esta que suele dárselas de valiente, tiene miedo, miedo a no saber que quedará de estos años y que se olvidará, miedo a no saber quién verdaderamente quedará, miedo a ver como hay gente, que se aleja y se alejará aún más a pesar de la complicidad que a veces se haya podido tener.

Después de todo, creo que cuando el viento decidió dejarme caer allí, no fue en vano, he descubierto que siempre me quedará gente maravillosa por conocer y he aprendido a valorar cada minuto.

Así que esta seria y calladita tiene que empezar a decir adiós, sabe que hay gente de la que no podrá despedirse y gente de la que no le gustaría despedirse, sino decir un “hola, otra vez” y no decir “adiós” nunca más, quiero pensar que el no despedirme significa que pronto nos volveremos a ver. Pero sin más remedio, esta noche, tengo que decir adiós… un adiós que empieza a doler…

miércoles, 7 de julio de 2010

Impotencia

Nada se puede hacer, como en un mal sueño del que no puedes escapar, como querer despertar y no ser capaz.

La sensación de querer hacer algo y no poder, de querer superar el miedo, los nervios, de querer superarte a ti mismo y a quien te rodea, de querer demostrar que, verdaderamente, eres capaz de eso y mucho más, de querer demostrar al fin y al cabo lo que siempre fuiste capaz de probar: que eres capaz de cualquier cosa en esta vida; y esto, no debería pararte.

La impotencia que produce el querer demostrarle esto a alguien que debería saberlo después de tanto tiempo y no poder hacerlo por la inseguridad que produce en ti. Debería ser la persona que más confiase en ti, a veces, incluso más que tú misma, sin embargo, hoy consigue justo lo contrario. Consigue crearte tal inseguridad, que la inseguridad se convierte en miedo, el miedo, en impotencia de nuevo y la impotencia… en un día triste.

Si solo fuese capaz, por un día, de poder hablar, solo hablar y conseguir que de su boca saliese alguna razón, fuese la que fuese, creo que me sentiría un poco mejor, solo un poco. El hecho de que alguien cierre la boca, no diga nada y simplemente te mire (si es que lo hace) durante el poco tiempo que dura tu pregunta, hace que se sienta algo que no sé bien cómo explicar. Quizá, precisamente por ser quien es, no soy capaz de pelear; precisamente por ser quien más debería confiar en mí, no soy capaz de confiar en mí misma; quizá, precisamente por intentar hacerlo bien, lo hace mal y quizá no se dé cuenta (espero que no se dé cuenta).

Si por un ratito pudiese hacer que me escuchase, que se pusiese en mi lugar, que se acordase de cuando estaba en mi misma situación y poder hacer que no cuestionase todos mis actos, quizá podríamos conseguir entrar en razón (me incluyo, que yo también intento ponerme en su lugar). Si por un segundo pudiese conseguir que no hiciera alarde de esa cabezonería que le caracteriza en ocasiones, quizá se podría razonar.

Pero a estas alturas de la vida, veo “el razonar” algo tan sumamente complicado en esta situación, que no me veo con fuerzas de poder cambiar nada. Realmente, es triste. La impotencia, es triste. Y después de la tristeza vienen las preguntas y el no poder responder, porque cualquier respuesta caería en un pozo sin fondo y se perdería.

Quizá, solo por un ratito pequeño, debería escucharme. Quizá, solo por un ratito pequeño, debería pensar en mí, quizá, por un ratito pequeño debería tratar de entenderme al igual que yo trato de hacerlo al contrario… pero ya… ya no puedo. La impotencia me quema…

viernes, 2 de julio de 2010

Sereis fuertes (III de III)

Y en este camino, en este círculo, en esta escalera, en este tarro, nos encontraremos con tanta gente, con tantos que estarán igual que nosotros, que cuando mires a tu izquierda ó a tu derecha, no sabrás que decir, porque a veces no llegamos a entender el por qué justo esa persona está a tu lado, y te preguntas si tú estarías dispuesto a estar al suyo; entonces caes en la cuenta: antes o después vas a estar a su lado, estaréis caminando al mismo paso,  y lo estuvisteis siempre; esa persona está ahí porque un día tú también lo estuviste (quizá sin darte cuenta) y si no… sabe que lo vas a estar, porque hay veces que la gente confía en ti más que tú mismo. Y seguimos caminando…

Seguimos caminado y dando tropezones, encontrándonos con personas que se irán, con personas a las que verás  pero no mirarás, personas que oirás pero no escucharas, con personas que siempre estuvieron ahí y con personas que vendrán. Y todas tienen su función, todas te aportan algo, por mínimo que sea y gracias a ello, empiezas a ser tú. Te aportan energía, alegría, una forma distinta de ver el mundo y también te aportarán cansancio a veces, tristeza y maneras de ver el mundo que no sabrás bien como llevar. Y a menudo,  ni tú sabrás que es lo que debes ver del  mundo, porque lo verás todo tan sumamente complicado que no sabrás que hacer ni donde meterte ni como comprenderlo. Seguirás mirando en tu camino, mirarás hacia atrás y no encontrarás respuesta a esta parte, mirarás hacia delante y tampoco verás nada con claridad y lo peor de todo, es que a veces, al no encontrar nada que te guie, te sentarás a esperar… ¿a esperar qué? Si te sientas es posible que no encuentres fuerzas para levantarte de nuevo, pero es seguro que lo intentarás otras cien veces y al final te levantarás y volverás a caminar, porque el camino se hace andando. Encontrarás esa fuerza en cualquier cosa, en algo que te haga creer que todas tus aventuras en este camino tienen una razón de ser, porque a veces necesitamos saber que lo que está ocurriendo tiene una razón, las cosas no ocurren así porque sí… Aquí cada uno tiene sus propios recursos, el destino es uno de ellos.

El destino, sí, el creer que todo en esta vida está predestinado, ya esta elegido,” interpretación de señales previamente interpretadas” entonces… un mundo demasiado extraño a veces para pararse a pensar en él. ¿Pero piensas que el destino te está esperando? No, el destino, en caso de existir, estará en algún lugar esperándote a ti, y la cosa ya cambia. Tienes que ir a buscarlo, tienes que mirar al frente y correr cuando verdaderamente deseas algo, cuando esas señales “previamente interpretadas” te dicen que corras y cuando hayas corrido lo suficiente… te preguntarás si verdaderamente es suficiente o deberías seguir corriendo…

Así que aprovechemos los cafés, aprovechemos esas dos horas “casuales”, aprovechemos las conversaciones a horas no adecuadas y todo el tiempo antes de que ese avión despegue, porque la vida es eso, solo “eso”, esas pequeñas cosas que nunca sabes como ocurren. Tengamos un trayecto que merezca la pena.

Lo mejor de todo es saber, o al menos pensar, que las cosas buenas ocurrirán cuando menos lo esperamos, que sabremos enfrascar todo el agua del tarro, sabremos no marearnos en este círculo, sabremos andar sin que los tropiezos duelan demasiado y sobre todo, seremos fuertes, siempre seremos fuertes.

Y todo esto lo provoca una melodía al piano… y mis manos escribirán siempre que sea mi corazón quien la escuche. Ahora se que esto no estaba pensado, nunca lo ha estado… nunca llegó a pasar por mi  cabeza…

Julio 2009

Sereis fuertes (II de III)

En este transcurrir de la vida, del tiempo, en este círculo en el que damos vueltas, cuando el agua se derrama, nosotros nos caemos, y a veces nos echamos abajo las rodillas, nos damos de bruces contra el suelo y nos rompemos las narices… otras, es menos traumático y solo nos hacemos un pequeño esguince, pero aun así nos duele, y si somos fuertes somos capaces de soportarlo, pero… y ¿si no lo somos? La parte positiva cuando te echas abajo las rodillas o cuando terminas con un esguince, es que en ese mismo momento, hay alcohol que desinfecta y vendas que inmovilizan, pero sobre todo, hay alguien justo a tu lado que está dispuesto a desinfectarte y vendarte. Que siempre hay una salida, y alguien que sabe qué hacer para levantarte. Porque esta vida es una escalera…

Una escalera, con infinitos peldaños, que al principio subirás acompañado, hasta que un día te dejen que subas solo, bueno… no te dejan, empiezas a subir tú solo, por tu propia cuenta, sin nadie que te coja la mano. Entonces será cuando empiecen los peldaños más altos y más desnivelados. Y al igual que cuando se cayó el tarro, te caerás tú, y probablemente vuelvas a necesitar el alcohol y la vendas y seguirá estando ahí quien te cure, pero lo mejor de todo, es que ese alguien estaba esperando, ese alguien había soltado la mano, pero la había dejado cerca, estaba observándote dar cada paso, subir cada escalón, y subiéndolo contigo. Unas veces, en el momento en el que tú te caes, pero antes siquiera de que llegues al suelo, se lanzará en picado, solo para que solo se note en tu cuerpo la marca de un rasguño que te haga recordar, porque siempre se aprende de los errores. Otras, verá como te caes, con paciencia, y te dejará caer, te dejará que te rompas las narices y esperará a que veas que empieza a doler, pero antes de que empiece a sangrar lo suficiente como para que no tuviese arreglo, estará dándote la mano, tirando te ti con todas sus fuerzas, y volviéndote a levantar, haciéndote ver que al igual que subiste todos los peldaños que llevas hasta ahora, puedes seguir subiendo los demás, y que simplemente te dejó caer para que supieses que hay cosas que a los demás le preocupan cuando tú no tienes tiempo para pensarlo. Y hay veces, que aunque tengas a todo el mundo alrededor, disimularás para que nadie vea que te has caído, por algo tan simple como es el querer levantarte tú solo; que nos vamos a caer millones de veces en esa escalera, que el tarro se va a romper otras tantas, que vamos a tener rodillas destrozadas, narices echas polvo, esguinces a montones, y ¿por qué no? dolores de cabeza y corazones hechos pedacitos, y quizá no seremos capaces de levantarnos la primera vez, ni la segunda, ni la tercera… pero lo intentaremos cien veces y si no son suficientes, lo volveremos a intentar y siempre, absolutamente siempre, volveremos a ponernos de pie, y cada vez que lo hagamos, seremos más fuertes, y eso no significa que las heridas no vayan a doler, solo significa que sabremos qué hacer para que curen antes y para que cicatricen aun más rápido.

Sereis fuertes (I de III)

Una simple canción, una simple melodía al piano, por simple que sea, te puede hacer sentir todo lo que no sentirías nunca, con nada. En esos tres minutos, o quizá hasta menos, que dura lo que escuchas, dejas de ser tú quien hable, para que sean tus manos las que escriban. Y ahora están escribiendo las mías…

Recordando lo presente, recordando aquellas palabras que alguien alguna vez dijo, y que ahora te repites siempre: “pensar en mañana es perder tiempo de hoy”… pero el tiempo es relativo, como casi todo en la vida. El tiempo solo depende de ti, porque dudo mucho que un reloj o un calendario sea capaz de marcar el transcurrir de esta vida, lo dudo mucho. El tiempo pasa rápido, más de lo que puedas llegar a imaginar, cuando un café en una tarde cualquiera, se alarga hasta la madrugada sin que apenas te des cuenta, el tiempo pasa rápido cuando tienes “dos horas” completas para aprovechar en algo que llevabas meses esperando, el tiempo pasa rápido cuando no sabes lo que te depara ese día y acaba siendo algo que nunca podrías haber llegado a imaginar. Pero el tiempo también pasa lento, pasa muy lento, cuando esperas que alguien tome un avión a ninguna parte, mientras intentas saber qué hacer entonces, el tiempo pasa lento cuando no tienes ni idea de que se supone que pasa con lo que en un principio iba bien y tampoco tienes respuesta a la vista, el tiempo pasa lento cuando quieres que todo vaya deprisa…

Pero al fin y al cabo, qué más da como vaya el tiempo, ¿verdaderamente importa?  Va a ir exactamente igual, hagas lo que hagas, porque aunque quieras no vas a dejar de pensar en lo que te preocupa y ahí está la razón del paso del tiempo, de lo lento o rápido que vaya, en lo que te preocupa, porque siempre acaba preocupando algo, da igual que sea algo bueno o malo, siempre preocupa. Nos preocupa lo que tenemos, porque podemos perderlo; nos preocupa lo que perdemos, porque un día lo tuvimos; pero sobre todo nos preocupa lo que no sabemos si llegaremos a tener… nos preocupa hacer algo mal y ni siquiera tener la oportunidad de darnos cuenta de nuestro error; nos preocupa que nos hagan daño, aunque no sea intencionado y a veces preferimos dañar a los demás antes de que nos hagan daño a nosotros, antes siquiera de saber si ese daño se llegaría a producir,  y lo peor de todo es que si dañamos a quien nos importa, por poco que sea, nosotros también terminaríamos sufriendo… curioso. Al final de todo, la vida resulta ser un círculo y quién sabe si se podrá escapar de él….

Un  círculo… y estaremos dando vueltas, incansablemente aunque cansados a veces, cansados de repetir siempre las mismas palabras y hasta las misma situaciones. Estaremos dando vueltas buscando algo con tal fuerza, que no nos daremos cuenta que lo estamos tocando con la punta de los dedos o incluso con la palma de la mano, buscando solo una cosa: ser felices. Simple, ¿no?, y la clave para encontrar eso es que no debemos buscarlo, porque “la felicidad no es un destino, es un trayecto”, pero nos empeñamos en llegar a ella cada día, la vemos lejana, y es aun más curioso como aquí y ahora, somos capaces de saber qué es lo que necesitamos para ser felices,  y cuando conseguimos eso, ¿qué? ¿Somos felices? La mayoría de veces no, la mayoría de veces se nos ocurren millones de cosas más que necesitaríamos para ser felices, y de este modo… creo que nunca se conseguiría (al fin y al cabo, pensemos que el destino de todos y cada uno de nosotros siempre es el mismo, aunque sea un pensamiento un tanto negativo, así que es
mejor llegar a ese destino habiendo tenido el mejor trayecto posible); lo único que se conseguiría es ir a más cada vez, no ir, sino querer ir a más y nunca llegaríamos a tan preciado “destino”. Porque la verdadera felicidad está en este momento, aquí, ahora, en una puesta de sol, en “cinco minutos” con alguien con quien estás a gusto, en una simple conversación sobre nada en particular a horas no adecuadas que hace que saques a relucir una sonrisa, en levantarte temprano sin necesidad de que nada te despierte, en el deseo de ver a alguien que en el fondo te hace feliz aunque no seas capaz de reconocerlo y ese fondo sea un fondo donde ya no llega la luz… Que siempre vamos a intentar buscar la felicidad, y lo que a veces es peor aún, vamos a intentar provocarla, y eso casi nunca sale bien, porque las cosas no salen bien cuando se fuerzan, por eso son mejores “dos horas” de casualidad que “media” con previo aviso. Que la felicidad se encuentra en las pequeñas cosas, siempre, las grandes cosas son solo piedras que rellenan un tarro, lo bonito es el agua que rellena los huecos vacios que dejan esas piedras. El problema es que a veces el tarro se rompe, y las piedras son fáciles de volver a coger y enfrascarlas de nuevo…pero se derrama todo el agua que tenia y eso ya no se puede volver a coger tan fácilmente.