domingo, 22 de agosto de 2010

Puertas...

La vida da vueltas, muchas vueltas, y la verdad es que no se sabe bien cuántas da ni la magnitud de estas hasta que pasa algo que no esperabas.

Hay relaciones que empezaron en su día y se acaban al tiempo sin tener una razón definida, otras se acaban por motivos y razones que nadie quiere desvelar, otras empiezan porque este es el momento exacto después de mucho tiempo y otras… otras no se sabe si empiezan por casualidad o porque siempre estuvieron ahí. La gente va y viene, conoce a personas nuevas, aprovecha de cada una lo que puede aprovechar, lo que esa persona puede darle y cuando pasa un tiempo, algunas de esas personas se marchan, supongo que cumplen con su cometido al entrar en nuestra vida y cuando ya no tienen nada más que hacer, no es necesario que se queden con nosotros; eso a veces genera dolor y otras veces pasa tan lento, que cuando queremos acordarnos de esa persona, ya hace tiempo que se fue, así que lo único que nos queda por hacer es cerrar un pequeño capítulo de nuestra vida y seguir abriendo otros que sin duda nos darán a conocer a más gente y nos enseñarán cosas nuevas.

Pero también hay capítulos que nunca acaban de cerrarse y esos dan quebraderos de cabeza, sobre todo si hace tiempo que pensabas que estaban cerrados y por causas que tú no controlas, acaban abriéndose de nuevo.

Un día, cuando menos te lo esperas y después de  haber dejado cerrado ese capítulo con llave, te encuentras en la situación más inesperada intentando buscar razones para dárselas a alguien y te das cuenta de que quien necesita razones eres tú; en tu búsqueda no encuentras razones supuestamente lógicas, sino que encuentras otras que nunca pensaste encontrar y no sabes bien que significan. Pasas mucho tiempo intentando explicarte a ti mismo que significa eso que encontraste y cuando encuentras algo que te convence… no te gusta.

Te das cuenta de que hay capítulos que no se cierran fácilmente, que dejan la puerta entornada y que puedes empujar con todas tus fuerzas que esa puerta no se cierra; y lo peor es que no eres capaz de abrir otra sin cerrar antes esa. Los motivos de no poder cerrar una puerta y no poder abrir otra pueden ser muchos: resentimiento, rencor, dolor, miedo… cualquiera de estos hubiese cerrado una puerta y abierto la otra, así que no son estos los importantes, al menos el resentimiento y el rencor, ya que simplemente a veces no están, el más importante de todos es la confianza. Este no es malo, ¿verdad? Rectifico: la pérdida de confianza.

Para poder cerrar la “puerta mala” necesitas recuperar la confianza perdida y cuando verdaderamente quieres recuperarla, empieza a ser difícil, puede que ahí aparezca el miedo, o incluso el dolor, aunque de eso no estoy muy segura. Y esta es la razón por la que antes cerrabas esa puerta de un portazo, estampándose en las narices de quien había detrás; quizá eso nadie sabe verlo y a veces solo parece que das el portazo porque quieres, pero dentro de ti hay razones, hay motivos, no es un simple portazo por gusto o por costumbre.

Al final te encuentras dentro de una sensación extraña entre un pasado y un presente; un pasado que quieres desechar, olvidar y finalmente encerrar con llave y tirarla al fondo del mar, y un presente que quieres probar, dejando la puerta de par en par y observando que es lo que está escondiendo. Y sin darte cuenta te encuentras con una lucha interior de la que no eres consciente en absoluto y alguna de las partes debe ganar; supongo que eso lo decide un subconsciente suficientemente convencido, y el consciente poco puede hacer, aunque desee dejar ganar a esa “puerta buena”. En realidad supongo que el consciente es el que da la oportunidad para que el subconsciente pueda dejar ganar o perder, pero también supongo que no solo forman parte del juego nuestro consciente y nuestro subconsciente, sino también el de aquellas personas que andan escondidas detrás de las dos puertas.

El tiempo acaba decidiéndolo todo, quien gana, quien pierde y quien se encuentra detrás de cada puerta esperando… así que dentro de un tiempo la vida habrá dado una vuelta más, no se sabe si en el sentido bueno o el malo, y tampoco si dejará abierta la “puerta mala” o la cerrará finalmente para dar paso a otra, pero sea como sea, será el sentido correcto y la puerta correcta.

Agosto 2009

Y un año después, la vida ha dado esa vuelta, cerrando la puerta mala poco a poco al fín y abriendo la buena con cuidado, con mucho cuidado, aunque por otras razones esta vez, mejores sin duda.

Mejor ahora

Hoy quiero contarte por qué la vida cambió, hoy quiero contarte por qué todo dio la vuelta, hoy quiero contarte que a veces un “no” se convierten en un “sí”, pero sobre todo quiero contarte que toda negativa en esta vida tiene una razón, al menos las mías.

Esta vida no siempre son caprichos, casi nunca lo son. Tampoco son prejuicios, ni miedo a encontrarse con algo incómodo por decirlo de alguna manera. Son razones, y razones de peso además, cada cual tiene las suyas y yo… yo también tengo las mías.  

Es cierto que la gente puede conocer a los demás y puede que alguien conozca a otro alguien bastante bien, pero pienso que, aunque con dudas, porque todos alguna vez las hemos tenido, quien mejor nos conoce somos nosotros mismos. Quien verdaderamente sabe sobre sus intenciones, sobre sus razones y, sobre todo, sobre sus sentimientos es uno mismo, y eso no va a cambiar.

Por mucho que cuentes, por mucho que digas, por mucho que hables, siempre hay algo que se queda dentro de ti y que no dices; y los demás no saben qué es ese algo. Siempre hay un secreto que no cuentas, si queremos llamarlo así, y eso puede ser la razón absolutamente de todo.

Y nadie puede tomarse la libertad de hacer juicios sobre uno mismo, creyendo a pies juntillas que no se equivoca, porque puede encontrarse con que simplemente, no sabe tanto como pensaba, puede encontrarse con qué, al igual que pasa consigo mismo, esa persona tiene algo dentro que nunca contó.

Lo realmente difícil es contarle eso a quien tiene todo el derecho del mundo a saberlo. A veces se piensa que nunca habrá necesidad de contarlo… Ya es tiempo de hacerlo y dejar el pasado donde nadie más lo recuerde…

lunes, 16 de agosto de 2010

Sólo es la vida... sólo eso

Imposible es escribir todo lo que podría escribir ahora. Imposible es contar todo lo que tengo en mí. Imposible…

Porque a estas alturas de la película, no puedo saber cuál es el final, porque el medio ha cambiado tanto… no, no ha cambiado, en el fondo se sabía que todo llegaría a este punto, un día u otro, muy en el fondo…

Y quisiera decir tantas cosas, que no diré ninguna. Se quedaron tantas por decir… quizá otro día, en otro momento. No es suficiente una noche, no será suficiente un día… mejor.

Y hoy, solo quiero pensar en hoy, porque el mañana es demasiado inseguro para hacer planes, ha quedado demostrado después de tanto tiempo.

Dejar la cabeza a un lado, olvidar que existe, intentarlo al menos; cerrar los ojos y buscar en ese lugar que llaman corazón… solo eso. Y el resto, ya no importa.

Olvidar los miedos, aunque todos los tengan; no quiero saber qué voy a encontrar, quiero encontrar lo que nunca pueda imaginar.

Porque cuando la vida da un giro de 180º es difícil distinguir el cielo del suelo…

martes, 3 de agosto de 2010

"Muchos poquitos"

¿Y qué si este mundo da vueltas? ¿Y qué si ni yo misma se lo que quiero? ¿Y qué si no puedo controlarlo todo?

Maldito mundo loco, que en una semana es capaz de dar una vuelta a la tortilla que hace un mes no imaginabas. Aún así… me gusta.

Porque la vida sigue siendo imprevisible, porque yo también lo soy. Porque, al fin y al cabo, por mucho que yo quiera tenerlo todo controlado, no puedo y nunca podré, ya debería haberlo aprendido y porque quizá… ese sea el encanto de vivir.

No puedo saber cuál será mi destino, aunque lo intente… tú tampoco puedes saber cuál es el tuyo; todo porque simplemente, un día te acostarás y cuando vuelvas a la cama al día siguiente, puede que ya nada sea igual.

Porque sin saber cómo, te ves sonriendo a ti misma delante del espejo y cuando te preguntas la razón, no puedes evitar reírte; porque en el fondo suena ridículo, porque ni tú misma te crees lo que ves y lo que sientes, porque nunca puedes decir nunca y porque...

Porque no, no tengo nada claro, pero me gustaría saber si puedo llegar  a tenerlo; porque quizá, una vez más, sea hora de cerrar ojos, no pensar y saltar.

Porque en esta vida, se puede ser feliz con muy poquito; y últimamente, mi vida está llena de muchos “poquitos”.