jueves, 30 de septiembre de 2010

Corre, sal

Se refugiaba en un rincón, tapando todas esas rendijas por las que una luz, que ella se negaba a ver, entraba cada mañana. Obligaba a que entrasen distintas luces por esas mismas rendijas o quizá por otras. Tapándolas, quizá con otra luz, mejor, no tendría que admitir que estaba equivocada. Podría siempre llevar la razón. Ni siquiera se daba cuenta de todo este trabajo que hacía cada día, ni siquiera se daba cuenta de todo lo que tenía escondido.

Todo en su vida tenía que tener una explicación, tenía que tener un por qué. Hasta entonces casi lo había conseguido, todo estaba siempre bajo control, todo se esperaba siempre y todo se veía venir. Debía seguir siendo así…
 
Irremediablemente, esta aparente calma se rompía cada cierto tiempo. Una caricia, un abrazo o una simple mirada hacían que, sin ser consciente siquiera, tuviese que reconstruir su mundo. Admitir que a veces pensaba en él, era admitir mucho más de lo que estaba dispuesta. Así que cerraba los ojos y vuelta a empezar. Tendría tiempo hasta la siguiente vez de seguir tapando rendijas.

Pero un día fue imposible tapar las rendijas, estas se hicieron mayores y ella tuvo que cerrar los ojos para poder ver; la luz le cegó.

Ahora, corre, sal, vuela y déjalo todo sin control. Admite que te equivocaste, que no llevabas razón, que no estaba todo controlado. Atrévete a perderte cada mañana en un abrazo, cada noche en una caricia, cada tarde en un beso. Atrévete a admitir que todo, absolutamente todo, estaba a tu lado. Admite que si lo pierdes, no serías tú. Admite que te dolió perderlo una vez.

Porque no tendrías derecho a pedir nada y, sin embargo, lo tienes todo.

Y hacía tiempo que ella no escuchaba un te quiero, hacía tiempo que no lo sentía de verdad. Hacía tiempo que ella no tenía palabras para poder describir algo… y no se dio cuenta…

viernes, 24 de septiembre de 2010

Otoño

Y ahora llegó el otoño. Justo ayer. Y sí, llegó porque la lluvia no paró y eso es símbolo inconfundible de que esos meses en los que la vida parece distinta, se acabaron. Por suerte, este otoño veo la lluvia de un modo distinto. Y lo prometido es deuda, así que llegó el momento de hacer balance de un verano muy especial.

Sería difícil hablar sobre todo eso que siempre me gusta hablar: enseñanzas. Es que este verano, no me ha enseñado mucho, mantengo las mismas enseñanzas y las mismas cosas aprendidas que hace tres meses. Este verano, me ha hecho sentir.

Me ha hecho sentir que siempre hay algo esperando, que la vida no se acaba donde imaginabas.

Me ha hecho sentir que hay veces en las que buscas algo importante, y estás tan ciego que no eres capaz de ver que ese algo está a tu lado.

Me ha hecho sentir que podrás negarte millones de veces todo lo que llevas dentro, pero un día, sin más remedio, tendrás que aceptarlo, porque de lo contrario pasarás una vida preguntándote qué hubiese sido.

Me ha hecho sentir que si eres incapaz de dejar a un lado algo material, sólo es porque hay algo sentimental que te une a ello.

Me ha hecho sentir que el no estar segura de algo, es una razón bastante buena para empezar a estarlo.

Me ha hecho sentir que la cosa más tonta en este mundo, puede hacer que empieces a luchar por algo.

Me ha hecho sentir miedo a perder algo que siempre había tenido, justo en el momento en que empezaba a darme cuenta.

Me ha hecho sentir miedo a lo que nunca tuve miedo.

Me ha hecho sentir, esta vez más que nunca, que todo ocurre cuando menos te lo esperas.

Me ha hecho sentir que hay sentimientos tan fuertes que es imposible que se queden atrás en algún momento.

Me ha hecho sentir que puedo volver a creer en todo lo que había dejado de creer hacía tiempo.

Me ha hecho sentir que un solo mes, puede ser mucho tiempo y puede empezar a aclarar millones de cosas.

Me ha hecho sentir que esta vida aun tenía algo mejor previsto para mí… y para alguien más…

No ha sido un verano normal. Ni siquiera ha sido un verano. Será mucho más que eso…