domingo, 9 de enero de 2011

Ilusiones

¿Y qué queda cuando se pierde la ilusión? A veces es imposible imaginar una vida sin ilusiones, sin gusanillos en el estómago que te hagan cosquillas por la posibilidad de cumplir algún sueño; todos siempre hemos tenido algo por lo que luchar, alguna meta que alcanzar y creo que en parte eso es lo que nos hace felices de algún modo.

No me refiero a ilusiones de esas que solo aparecen en los sueños y solo se cumplen en las películas, sino ilusiones reales, de esas que hacen que te levantes cada mañana con una sonrisa en la cara.

Es bonito saber que hay algo por lo que luchar en este mundo, en cada época una cosa distinta, conforme va pasando el tiempo y tu vida se va formando, tus metas se recolocan y redefinen y es eso precisamente lo que nos mantiene con vida. Sería imposible, creo, tener una vida feliz cuando lo alcanzas absolutamente todo a tu entender, porque una vez que llegas a ese punto, ¿qué queda? Ya no queda nada por lo que luchar, nada por lo que ganar y nada por lo que perder, simplemente queda estar en este mundo, pero ¡qué difícil es estar en él sin más!

De todos modos, creo que nunca se llega a tener todo absolutamente. Las personas por naturaleza somos caprichosas y siempre queremos más. Ahora bien, ese “querer más” será beneficioso para nosotros y nuestra felicidad si es algo que podemos alcanzar, con más o menos esfuerzo, pero que no sean metas fantásticas. 

Pero ¿qué pasa cuando perdemos la ilusión? ¿Qué pasa cuando dejamos de tener ilusiones de repente? ¿O, cuando sin razón aparente para los demás, dejamos de luchar por ellas una vez conseguidas? Esta vida se convierte en algo demasiado penoso para continuar, se convierte en un paseo sin emoción alguna, en un paseo donde el final es el inevitable y la diversión a lo largo del camino, algo impensable.  ¿Verdaderamente esto merece la pena? Todo lo que hacemos en esta vida tiene que ver con la ilusión, la ilusión por cosas materiales muchas veces, por motivos intelectuales o por asuntos más espirituales y sentimentales, pero al fin y al cabo, ilusión, una meta fija en cierto punto del camino que hace que andemos y corramos para alcanzarla, que hace que dibujemos sonrisas. Y estas sonrisas a lo largo del día son las que hacen esa felicidad de la que todo el mundo habla. Personalmente, creo que la felicidad no son grandes cosas, la felicidad siempre está encerrada en cosas pequeñitas y sin embargo, hacen a este sentimiento algo grande. Así que… ¿sería lógico perder ilusiones, en lugar de luchar por ellas para obtener la felicidad que produce esa lucha y el beneficio final al conseguirlas? Y en caso de no conseguirlas, ¿sería lógico dejar de luchar? Pensemos en todo lo que se ha aprendido en esa lucha, ¿hemos dejado de conseguir algo en ella? Todo lo contrario, hemos aprendido más que en el hecho en sí de conseguir la ilusión que andábamos buscando y eso siempre es un gran paso. No hablo de conformismo, sino de tener presente de que todos los momentos de nuestra vida, todas las luchas y todos los tropezones y saltos del camino, nos enseñan algo importante y tendrán sentido sólo si aprendemos de ellos. Y creo que este es motivo más que suficiente para saber encontrar ilusiones, felicidad y ganas de vivir en cada rincón.

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