domingo, 2 de enero de 2011

Un año se va... otro vuelve a comenzar

Es este el momento de hacer balance de un año que recién se acaba, con esas doce uvas, las lentejas, el oro en la copa, la ropa interior roja… madre mía, acabar así el año es un puro estrés!! En fin, qué le vamos a hacer, intentaremos tranquilizarnos en la medida de lo posible y hacer balance, mi propio balance.

Este año ha sido un año peculiar, yo digo, que personalmente, ha sido el año de las conversaciones serias y la falta de tiempo. Conversaciones serías porque he tenido más de una y más de dos, que han ido a dar al traste con amistades que finalmente se quedan porque es imposible dejarlas atrás y es preferible arreglar malos entendidos, dejar el agua correr y seguir la vida, con relaciones que iban y venían y que finalmente, se quedaron de una forma u otra y otras conversaciones que… sirvieron de poco y sacaron lo más profundo de mí.  Y la falta de tiempo, porque de repente todo el mundo se quedaba sin él, salvo yo, que lo tuviese o no, encontraba fáciles soluciones a todo.

Empecé el año con alguien diciéndome a todas horas algo que hoy por hoy ya me parece la frase más normal del mundo: “el año promete” y yo pensaba: sí… promete ser un año normal y corriente, como todos (aunque nunca lo son). Ingenua que soy yo.

Pues prometió desde el principio y cumplió sus promesas. Prometió ser un año raro, divertido y con grandes cambios… y lo cumplió.

Pasamos un primer trimestre con ilusiones renovadas, conociendo gente nueva y aclarando miles y miles de dudas que pensaba que nunca llegaría a aclarar. Me afiancé en mi propósito de ser quien era y quien quería ser.

Un segundo trimestre en el que me di cuenta de que a veces las cosas sí son lo que parecen aunque nos empeñemos en negarlo y que el encontrarte con que a veces la imaginación no es tanta como la realidad es algo totalmente posible. Con la mirada fija en un final que a pesar de la alegría que debía producirme,  me dolió más de lo esperado y que llevaba consigo algún final más, que bueno… tampoco era demasiado agradable. Tuve que hacer de tripas corazón para despedirme de algo que realmente no había llegado a tener completamente, despedirme del principio de aquello que sabía que se acabaría antes de empezar, pero que aun así viví intensamente.

El tercer trimestre del año ha sido una época distinta. Ha sido un trimestre de comienzos a todos los niveles, de mirar al futuro, de poner todas las ganas en ello y de tirarnos a la piscina en algunos aspectos. Ha sido una época bonita, después de todo, en la que la sonrisa no desaparecía de mi cara y las ganas por seguir haciendo todo aquello que me hacía feliz estaba siempre presente.

Y el último… el último, quizá precisamente por serlo, ha sido el de algún final más. Sin embargo ha sido de la parte del año que más he aprendido (sí, sigo dedicándome a aprender). Lejos de la tristeza que podía producir dicho final, he aprendido al fin la suerte que tuve en su momento y lo difícil que se hace comprender desde fuera la mente humana y los caprichos del destino. De otro lado, he conseguido crear lazos con personas (o persona) que se negaban día tras día a poder crear siquiera un hilo con alguien más y, en consecuencia, he conseguido también o quizá alguien me ha regalado la oportunidad de no dejar atrás a quien, irremediablemente, no podía dejar ir.

Finalmente, haciendo un resumen de todo, ha sido el año en el que conocer a gente ha sido la tónica general, gente que ha aportado en mí una parte de sí mismos muy importante en la mayoría de casos; ha sido un año de finales, sin duda; un año de principios; un año de reflexiones que no se han escrito, solo se han hablado en el momento oportuno, reflexiones reales, sobre la vida real y las circunstancias reales; un año de ganar confianza; un año con el que comienza a abrirse un nuevo futuro…

¡¡FELIZ 2011!!

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