sábado, 15 de enero de 2011

Una lección de vida... :D

Y seguimos hablando de ilusiones, pero desde un caso concreto. Hace poco me encontré con alguien a quien no veía desde hacía años y con quien en su día tuve una muy buena relación. A estas alturas de la vida, no sabía que conseguiría hacerme pensar y menos aún que fuese a ser protagonista de la inspiración en un texto, pero visto lo visto, no me queda más que escribir… de nuevo.

No llego a saber si la perseverancia es una cualidad que se dé en muchas personas. Yo me consideró perseverante, pero aún así no sé hasta dónde llega mi límite y si llegará un día en que me siente en el camino a esperar o a descasar en un descanso sin final.

Pero ¿qué se hace cuando se tiene una ilusión? Ya sabemos que lo bueno de esta vida está en tener ilusiones, pero ¿somos capaces de luchar para conseguirlas? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar? ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a esperar?

El tener una meta y luchar año tras año, cueste lo que cueste hasta conseguirla, sin duda, es admirable. El contar con esa perseverancia que, por desgracia, no creo que todos tengamos y luchar para conseguir nuestros sueños, es algo de cuyo valor no te percatas hasta momentos como el que viví hace poco, cuando te cruzas con alguien que ha sido capaz de coger caminos alternativos hasta llegar al punto final del recorrido.

Sin duda alguna, la perseverancia, o dentro de la confianza que pueda tomarme para hablar de esa persona, la “cabezonería” para conseguir nuestros objetivos serán los que marquen nuestra vida, nuestro camino y sobre todo, el final de éste. No me queda duda alguna de que una vida luchando por nuestros sueños, por hacer nuestra una ilusión, por continuar, teniendo claro en todo momento el camino a seguir conseguirá que lo que a los 15 años era una ilusión, se torne en realidad a los 23.

Como era de esperar, antes o después, siguiendo la tónica que siempre sigo, esta persona no podía desaparecer sin más de mi vida sin enseñarme algo valioso… y tan valioso. Me alegró mucho más el escuchar el relato de una ilusión conseguida al fin de lo que se puede imaginar, por la persona en sí y por tener la certeza de saber que los sueños se cumplen, antes o después, si sabes encauzarlos y no desistir nunca en el empeño. Ojalá algún día, todos tengamos el valor de tener tan claros nuestros objetivos y luchar por ellos.

Sinceramente, una lección de vida.

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