domingo, 6 de febrero de 2011

Prefiero el calor

La gente va y viene en este mundo. Esta vida está llena de bienvenidas y despedidas que a veces ni siquiera tenemos oportunidad de dar. Así, cuando ves a alguien de quién hacía tiempo que no sabías, te alegras de poder despedirte, te alegras de poder darle la despedida que se merecía, aunque sólo le digas “adiós”.

La gente entra y sale de tu vida, deja las puertas abiertas y, a veces fuera hace viento, un viento frio que al entrar por las rendijas, te hiela por dentro. Y hay personas que aún viendo que por dentro puedes helarte, nunca volverán a darte calor, no tienen valor suficiente para eso, al igual que tampoco tuvieron valor para despedirse.

Otras, sin embargo, sí que tienen ese valor necesario para despedirse como es debido y el valor también para conseguir cerrar la puerta y quedarse dentro por un ratito, de vez en cuando.

En ocasiones pensamos que el dejar ir a las personas o ver como se marchan sin más es doloroso. Supongo que será doloroso el día que la puerta la deje abierta alguien que merezca la pena, alguien que consiga verdaderamente helar un corazón, pero la verdad es que ese alguien, si merece la pena, no se irá, no habrá viento ni puerta que cerrar. Simplemente, se despedirá con un “hasta luego” ó  un “nos vemos pronto”; así que sabes que si abres la puerta, y miras un poquito alrededor, esa persona estará allí y le podrás hacer señas con las manos, que vendrá corriendo y se meterá en casa contigo, al calor de una chimenea y con un chocolate caliente en la mano, esperando contar y que cuentes alegrías y penas, o palabras sin sentido. Sea como sea, será una demostración de que ese “nos vemos pronto” se cumple y no serían palabras dichas en vano. Quizá entonces sea el momento de decir todo aquello que no se pudo decir en la anterior despedida. Y entre despedidas y bienvenidas pasamos la vida.

Quien decida no despedirse y vivir la vida sin despedida alguna, descubrirá que cuando pase el tiempo, se acabarán también las bienvenidas, el frio viento dejará de molestar, la puerta dejará de sonar y, finalmente, un día, se cerrará, olvidando absolutamente todo lo que hay fuera, donde esa persona estará… 

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