domingo, 20 de febrero de 2011

Sólo me senté en un café

Sin nada que decir y con tanto que contar. Sin nada que expresar y con tanto por hablar. Y poco a poco descubro mi yo, tú descubres tu tú y el resto del mundo se descubren a ellos mismos.

Decido sentarme a esperar en un café, no sé exactamente el qué, pero esperar. Otras veces, prefiero saltar y plantarme delante de mi objetivo. Un objetivo distinto o igual, ¿quién sabe? A veces la vida da saltos de gigante, con esas botas de 7 leguas, otras… se queda en el sitio, da un pasito adelante, duda y finalmente, vuelve al punto de partida.

Partidas, aquellas partidas que se debían ganar o perder, aquellos tableros y aquellos juegos, aquellos papeles que interpretar… quizá llegue un momento en que todo juego deje de ser un juego y quizá en determinado momento sea verdad que podemos inventar nuestra historia.

Parte de la historia ya está inventada y volverá a inventarse una y otra vez. No dejemos de pensar lo emocionante que puede llegar a ser, solo es cuestión de proponérselo.

Proposiciones… no las matemáticas, quizá tampoco esas que llaman indecentes, pero sí esas que hacen que espere sentada en ese café. Las que se dan así, de casualidad, un día, sin que lo esperes. Y esas que aceptas a sabiendas de que quizá no deberías o quizá… sí. Sí deberías.

Y a través de la ventana de ese café, ves pasar a la gente, con sus vidas, sus encuentros, sus peleas, sus despedidas, sus bienvenidas, sus besos por cortesía y esos otros besos que irremediablemente se cruzan sin saber bien donde deben ir a parar y de los que sólo son conscientes la gente de fuera, esa que observa, esas historias que se escapan sin más, que viven en el aire, que se palpan y que, sin embargo, los protagonistas no ven. Esas cosas de las que nunca nos damos cuenta y, sin embargo, suceden. Esas cosas que intentamos evitar y que, sin embargo, no podemos. Esas cosas que son irremediables.

Irremediables y sin remedio como yo, que esta vez, me siento en ese café sin esperar a nadie, solo para observar y levantarme, pasado un tiempo, sin pensar en esa vida que puedo inventar. Sonriendo por esa vida de los demás, por ese ir y venir de la gente y esperando… no, yo no esperaba, sólo me senté a observar lo bonita que puede pintarse la vida de vez en cuando…

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