sábado, 12 de febrero de 2011

Sin título...

Y ya queda prácticamente nada para que ella recuerde aquel día en que su vida cambió radicalmente siendo la misma. Queda prácticamente nada para volver a recordar momentos, día tras día; volver a recordar instantes lo suficientemente intensos como para que la recorran escalofríos por todo su cuerpo.

De un momento a otro su cara lucirá una sonrisa impecable, aquella misma sonrisa de aquel día en que, nerviosa, no sabía bien qué decir, no sabía bien qué hacer. Todo iba dando vueltas de un lado para otro, en su cabeza nada se quedaba quieto. Todo parecía una noria, que giraba en bastantes más direcciones de las físicamente posibles.

A pesar de haber pasado el tiempo, lo recordaba como si fuera ayer. Lo que no era capaz de imaginar es que hoy las cosas hubiesen cambiado tanto; no podía imaginar que gracias a un día de repentina claridad mental y repentino ataque de cara dura, tratándose de ella, conseguiría todo lo que hoy por hoy tenía.

Seguía pensando que la vida no era más que algo sin sentido, pero todos esos instantes en los que el mundo parecía dejar de existir y empezaba a mostrarse bonito, hacían que pensase que había algo que sí que estaba ahí con sentido, con el mismo sentido que tienen todas esas cosas de las que estamos seguros, aun sin estarlo.

Y estaba segura de que antes o después todo volvería a la normalidad, fuese la que fuese. Porque siempre volvía.  Y deseaba poder perderse de nuevo en aquellos ojos, deseaba perderse en aquellos labios…  deseaba que la historia volviese a comenzar, sin tener comienzo y sin tener final. Deseaba reír y poder saltar como las niñas pequeñas al verlo de nuevo cruzarse delante de ella. Deseaba que aquello que parecía que tenía que cumplirse un día u otro, se cumpliese. Deseaba no tener que esperar.

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