lunes, 16 de mayo de 2011

Mírame

Y  mírame, justo así, de esa manera en la que sólo tú sabes mirar. Y empiezo a conocer tu cara, tus gestos e incluso tu risa. Y los recuerdo a cada instante, cuando me despierto, cuando me acuesto y cuando mi cabecita loca no tiene nada más en qué pensar.

Ya no hay miradas en la lejanía, ya todas son cercanas y eso las hace incluso mejores. Pero irremediablemente se van sin saber cuándo volverán a pasarse por mi lado.

Ahora hay sonrisas, sonrisas sinceras, de esas cuyo recuerdo dura para siempre aun durando un sólo segundo. De esas que te alegran el día cuando las recuerdas, de esas que sólo sabe mostrar la gente de verdad.

Ahora hay recuerdos, todo son recuerdos, todos bonitos. Ahora hay risas, de las de verdad, de esas que te hacen llorar. Las lágrimas no existen, nunca llegaron a existir, porque todo siempre fueron risas, sonrisas y sorpresas bonitas.

Ahora hay miedos, como siempre, hay cosas que nunca cambian. Pueden ser  fundados o quizá solo sean producto de imaginaciones, malas pasadas de la mente o del corazón.

Sí, ahora hay un corazón, siempre lo hubo. Un corazón despistado que se esconde y sólo de vez en cuando, muy de vez en cuando, asoma la cabeza. Sólo cuando ve que el peligro se ha ido y que ningún otro corazón puede hacerle daño. Un corazón cansado de las mismas historias de siempre, de las complicaciones. Un corazón que busca cosas sencillas… Y cuando ve a otro corazón, echa un paso atrás; a veces piensa que sólo otro corazón, capaz de dar un paso adelante, podrá sacarlo a pasear, pero sólo lo piensa.

Ahora hay miradas, sonrisas, risas, miedos y corazones perdidos, escondidos. Y quizá sea este el momento de que salgan a pasear, o quizá… sólo se miren desde lejos, como tantas veces, y cada uno siga su camino.

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