martes, 28 de junio de 2011

Empezando o acabando

Y una vez más, todo se les quedó a punto, todo se quedó listo para la siguiente vez. Pero una vez más, no saben si habrá siguiente vez. El miedo les puede, la responsabilidad, el raciocinio y el cambiar de opinión veinte veces al día.

Cuando quieren acordar, ya es demasiado tarde para pasar una tarde juntos o para pasar la noche entera hablando como tantas veces. La vida les lleva por un camino que no es el que en un principio quisieron tomar, pero es tan bueno, que les da miedo dejar de ver ese camino asfaltado y continúan por él sin hacer un mínimo desvío que les lleve a algún camino quién sabe si mejor.

Es como si el destino, durante mucho tiempo, les hubiese dado un empujoncito para que fueran ellos mismos y se conociesen de esa manera en la que la gente dice conocerse y, de repente, sin saber cómo ni por qué, el destino ya no los quiere juntos.  Es como si esa cara y esa cabezonería de la que hacen alarde la mayoría de veces, ahora dejase de existir cuando están juntos, como si no fuesen capaces de decirse todo lo que se dijeron en su día; sí, es posible que les pueda el miedo a perder lo que tienen ahora, es posible que perder a un desconocido no duela, pero perder a algo más que un conocido, puede hacer daño.

Ahora se cuentan aquellas alegrías que antes no se contaban, se cuentan aquellas cosas que quieren compartir y que nunca compartieron, hablan del uno y del otro con menos tapujos de los que nunca hasta ahora habían hablado; en definitiva, el tiempo consiguió que la confianza les ganase y les demostró y demuestra cada día que son más parecidos de lo que ninguno de los dos estarán dispuestos a admitir. Sin embargo, a veces eso no es suficiente…

Y entonces, se dan cuenta de cómo pasa el tiempo, de cómo las despedidas no son como se imaginan y ni si quiera pueden imaginarse como son. Ahora cuando se intenta dar un paso hacia delante, se hace a conciencia, arriesgándolo todo y de pronto, cuando caen en la cuenta, vuelven sobre sus pasos.

Si al menos alguien pudiera decirles y asegurarles que nada cambiaría, se arriesgarían a ver la vida desde el otro lado y cogidos de la mano. Pero a veces es más fácil imaginar…

E imaginamos que los sueños, el destino y aquellas cosas por las que somos incapaces de luchar sin motivo alguno, traen maletas para quedarse en la vida real y cogernos de la mano.

Y en esta vida, sólo hay dos caminos: en uno de ellos se mira el otro decidiendo sí cogerlo o no; en el otro… en el otro se mira hacia delante y se arriesga hasta el aire de nuestros pulmones por conseguir un beso de su boca.

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