sábado, 4 de junio de 2011

Media vida

Cuando nacemos nos dan una vida entera para vivirla como queramos o, en ocasiones, como podamos. Así que empezamos nuestro camino, metiditos en un carrito, con suerte, bien abrigaditos cuando hace frío y con muchos mimos por parte de todos los que nos rodean. Luego empezamos a gatear y nos damos cuenta de que el suelo está frio y duro, lo cual ya no resulta tan bonito. Después empezamos a caminar, a dar pasitos cortos, poquito a poco, y nos caemos; normalmente lloramos, porque ese suelo frio y duro ya no está tan cerca y hace daño. Seguimos teniendo mimos de la gente de nuestro alrededor, pero hay veces en las que nos llevamos algún que otro desengaño, porque ya no está bien todo lo que hacemos y nos riñen. Y después, un día, dejan de darnos la mano para que andemos solos. Y no, ya no nos caemos, al menos no con tanta frecuencia, solo nos encontramos con algún que otro tropezón, pero nada que no cure un poco de alcohol. Y así van pasando los años y el tiempo…

Llega un momento en que dejas de caerte del todo y dejas de tropezar; las chicas somos capaces incluso de subirnos a tacones de vértigo y andar como si llevásemos unas deportivas. Y entonces parece que el peligro ha pasado. Pero no; el peligro no ha hecho más que empezar. 

Cuando llevamos andado el suficiente camino de aquella vida que nos dieron en su día, nos damos cuenta de que no son precisamente los tropezones físicos los que duelen. Y volvemos a caernos. Y volvemos a llorar. Y, lo peor de todo, a veces nos da miedo volver a caminar.

Pero esta vida pasa rápido, demasiado rápido como para andarnos con miedos y dudas acerca de lo que debemos o no debemos hacer, de lo que debemos o no debemos decir. Tan rápido que en este mismo instante puede estar escapándose la mejor oportunidad de tu vida para encontrar aquello que buscas sin saberlo siquiera. Tan rápido, que mañana ya no será el mismo día y las situaciones habrán cambiado por completo.

Sí, la vida pasa rápido, por eso este es justo el momento para decir lo que se siente, para ser sinceros, para plantarle cara a todos esos miedos que nos atormentan y que no tienen razón de ser. Justo este es el momento para decir esas palabras que pueden cambiar una vida entera. Porque… ya ha pasado media vida, y no es una gran idea dejar que también pase la otra media; sería mejor hacer que pasasen cosas en lo que queda, sería mejor comenzar una vida de nuevo.

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