jueves, 4 de agosto de 2011

Y tan indignados


El mundo se descontrola. Y no soy amante de hablar sobre estos temas, pero a estas alturas, eso que siempre digo de “este mundo de locos” creo que tiene más sentido que nunca.

Últimamente los días, el mundo, la televisión y todo lo que sea un mínimo canal de información no tiene otra palabra para llamarlos que pura locura.

Medio mundo se está muriendo de hambre y la mitad de ese a pasos agigantados, mientras en el otro medio se vive como reyes. Eso por no hablar de las miles de enfermedades que lo azotan todos los días. Los inmigrantes cada vez son más y le echan más imaginación para procurarse un viaje hasta países como el nuestro y la mayoría de veces, esas hazañas se convierten en imposibles y acaban de la peor manera posible.

Los políticos hablan de una crisis que no sufren y mientras “intentan” solucionarla pelean con otros que dicen tener el gran remedio a la situación, pero que se lo callan. Y yo me pregunto, ¿cuál es? Se adelantan elecciones, se pasan el testigo y veremos a ver cuál es el magnífico remedio. Y mientras todo esto ocurre, fuera hay millones de personas que se quedan sin trabajo, sin hogar y sin lo poco que pueden tener. Familias destrozadas que se agarran a un clavo ardiendo y que sin comerlo ni beberlo, de un día para otro, se ven en la calle, sacados a rastras de aquella que era su casa. Y entonces llegan los del movimiento 15M, los más racionales de este país hoy en día, sin duda alguna, y se encadenan a verjas y le echan valor para defender unos derechos que todos tenemos y que ahora parecen que nos quieren arrebatar. Hay personas que ya ni siquiera pueden enfermar en mitad de la noche, porque las urgencias de los hospitales cercanos tienen horario de supermercado y a las 10 se echa el cierre; ¿pues no tienen los médicos un juramento hipocrático? ¿O eso es que sólo sirve para cuando se está fuera del “horario de trabajo”? No lo entiendo…

Y todos acampan en la Puerta del Sol y atacan a la policía con avioncitos de papel, mientras esta se cubre con “escudos antimisiles” y armados con porras hasta arriba, y mientras arrastran por el suelo cogido por los brazos a quien no opone más resistencia que la de quedarse quieto, le dan patadas en las costillas, así, para pasar el rato. Y los comerciantes se quejan de que no tienen clientes, con toda la razón del mundo, pero… ¡sorpresa! La Puerta del Sol está cerrada para todo el mundo y ahora vendrán los guiris y dirán que España es libre, claro… y los comerciantes se vuelven a quejar, con más razón aún.

¿Y a alguien le importaron los comerciantes cuando se quejaron la primera vez? ¿Por qué no hicieron lo mismo entonces? ¡Ah! Que es que nos estamos preparando para que alguien nos visite… Y exactamente, esa persona, ¿qué imagen es la que se supone que va a llevarse de este país? ¿La de un país libre, como la de los guiris? Con nadie que moleste y con sitios públicos cercados, claro… Me temo que no. La única imagen que este país y que el mundo entero da en estos momentos es la de hipocresía, la de caras bonitas pero hechos desastrosos, la del dinero, que todo lo mueve, la del “no a la violencia” pero sólo cuando nos están mirando. Que si medio mundo se muere de hambre, pues que el otro medio empiece a quedarse sin hogares. Y que si de repente, por algún motivo que nadie pueda identificar, alguien decide pensar por sí mismo y reivindicar lo que es suyo, callarlo, no vaya a ser que se le unan más, y cuando todo eso no es posible, y ese medio mundo que aun parece que no se muere de hambre y con un mínimo de sentido común decide echarse a la calle, los quitamos del medio a fuerza de palos, si total, qué más da. Restringimos las libertades de la gente y los atamos cada vez con la cuerda más corta, que se escapan. Y mientras todo esto pasa, esos que dicen escuchar y solucionar no son capaces de saber qué es lo que hay en ese mundo que gobiernan puesto que tienen bien cubiertas sus espaldas.

Sí, el mundo se descontrola, se ha descontrolado, se revoluciona, ¿y qué? ¿Nadie lo esperaba?...

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