viernes, 23 de septiembre de 2011

Así se ganan las batallas

Así se ganan las batallas, poquito a poco. Tan poquito a poco que tu contrincante no se dé cuenta de que estás ganando. Con pequeños ataques y pequeñas defensas. Sí, así se cogen las malas costumbres. Porque intentar ganar batallas, a estas alturas, ya sólo es una mala costumbre.

Pero sea como sea, se sigue luchando y se sigue peleando. No por nada, quizá solo por el simple placer de pelear por aquello que un día se quiso y que quién sabe si se seguirá queriendo.

Y es que si no se lucha, ¿qué sentido tiene cualquier batalla? Si se deja ganar al otro, sin más, nunca tendremos la tranquilidad de haber hecho todo lo posible al menos; es que a veces, nuestro contrincante es más fuerte.

Quizá ninguno de los adversarios consiga ganar su propia batalla, quizá ninguno de los adversarios tenga batalla que ganar o, incluso, sean contrincantes dentro de un mismo bando; quizá, la mejor solución no sería pelear entre ellos, sino unirse y pelear con un contrincante real, que intenta ganar su propia batalla haciéndoles perder a ellos la suya.

¿Y qué si a estas alturas de la vida, después de tanto tiempo, todavía quiero pelear? ¿Qué? ¿Y si prefiero cerrar los ojos y dar patadas a lo loco por ver si alguna derriba a quien tengo en frente? ¿Y si después de todo, sólo es que me gusta esta batalla y no quiero salir de ella? Porque siempre acabo entrando. Igual sólo me gusta la batalla…

No, no es sólo la batalla. Es la lucha entera, el subidón de adrenalina al dar un golpe, la felicidad completa de encontrar una mínima parte de lo que busco, el pensamiento en el mañana, el fantasear con las consecuencias de la lucha, la esperanza inventada de que algún día pueda ganar, sí inventada, porque hace tiempo que la batalla se perdió. Pero… sí, adoro la batalla y todo lo que conlleva eso. Es de locos, completamente de locos luchar por una batalla perdida a sabiendas y agarrarse a ella con ambas manos y con toda la fuerza del mundo, o casi toda, pero sí, me gusta ser una loca de vez en cuando que no pierde las ilusiones que un día se marcó. Y quién sabe si mañana la lucha es otra y abandonemos esta.

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