sábado, 3 de septiembre de 2011

Para toda la vida

Para toda la vida… eso sólo lo son los grandes amores. Y un amor puede ser grande aunque sólo dure un segundo. Los amores no correspondidos también pueden ser para toda la vida, sobre todo si nunca llegan a conseguirse, aunque en ese caso, tienen un pase. Los correspondidos, esos que todo el mundo ve, que todo el mundo siente aunque no sea parte de la pareja en cuestión y esos por los que la gente apuesta su vida, son precisamente los que no son para siempre. Y aquellos que van y vienen y entran en una turbina donde el amor y el odio se mezclan hasta que ya nadie es capaz de diferenciarlos también son para siempre.

Pero estos últimos tienen variantes. Bueno, más bien tienen dos posibles finales. O todo acaba lo más parecido a bien y termina siendo uno de esos amores correspondidos que no son para siempre o el odio se apodera de todo y no le deja paso a ningún sentimiento más, de manera que cada uno desaparece de la vida del otro; y entonces, al cabo de los años, cuando los dos tienen su vida formada y su mente ha dejado cerrado un hueco donde están el uno y el otro, se cruzan un día en su ajetreada vida en cualquier calle de cualquier ciudad entre una gran multitud, sus ojos se encuentran y siguen de largo, mientras un ligero viento hace ondear sus ropas y su pelo simulando lo que podría llamarse la parte física de su subconsciente, que les hace recordar a ambos por igual, lo mal que se llevaron y lo mucho que se quisieron, pensando a su vez aquello de “¿qué hubiese pasado?”… Sí, muy de película.

Pero tiene su parte de verdad. Esos amores que dicen “ni contigo ni sin ti”, creo que son los de verdad y son los que siempre acaban doliendo, si no es por una cosa, por otra. Aunque en el fondo, a veces, son divertidos. Hasta que una de las dos partes comprende que es imposible seguir así. Sí, ahí es cuando se dan cuenta de que se cruzarán un día en aquella ciudad, pero eso, que sólo se cruzarán.

Pero hablemos en serio (si es que hasta ahora no lo habíamos hecho). ¿Qué hay de esos amores en los que el amor, la añoranza y el sentirse bien son directamente proporcionales a la distancia que separa a las dos personas? Creo que tengo alguna conjetura al respecto, y me atrevería a decir que incluso tengo un teorema. Aunque creo también que es necesario comprender que en esta vida hay pocas personas conscientes de que hay una diferencia entre querer a alguien y creer que se le quiere y que la mayoría de veces nadie la nota, tanto es así, que la mayoría de relaciones están basadas en la creencia de que se quiere al otro.

Es cierto, desde pequeños nos pasaba, sólo queríamos aquello que no teníamos. Y como seguimos siendo críos, nos sigue pasando. Por eso nunca nos enamoramos de esa persona que tenemos al lado y que sería completamente nuestra (sentimentalmente hablando, no queramos quedarnos con propiedades que no nos corresponden ni a nosotros ni a nadie) hasta el momento en el que desaparece de nuestra vida. O nos empeñamos en estar con alguien, por el simple hecho de que no quiere saber nada de nosotros y cuando lo conseguimos, ¿qué?; la razón de esa lucha se acaba. Y bueno, o seguimos adelante y con suerte hasta sale bien o, como segunda opción, lo dejamos. Y al dejarlo, volvemos al principio, y como los principios gustan tanto, volvemos a repetir la historia.

Pero ¿y cuando el problema no es ese? El problema es que no eres tan feliz como deberías serlo estando con esa persona, pero sin embargo, si no estás con ella, tampoco. ¿Es posible querer a alguien con quien realmente no estás a gusto? Mi teorema dice que en ese caso, es posible creer que se le quiere. Y es posible creer que se le quiere muchísimo, porque son los grandes sentimientos los que se recuerdan y no esos que no son tan grandes. Lo que se recuerda es aquello que te encoge el corazón de alguna manera y eso, en este caso, sólo lo consigue un corazón condicionado por una cabecita que no es capaz de ver la realidad y que se siente feliz imaginando. Cuando estás con esa persona, no puedes imaginar porque es tu realidad y la de ella y las realidades a veces no son bonitas; sin embargo, mientras estés lejos de ella, la echarás de menos irremediablemente, pero no a ella, sino a esa persona que se coló en tu mente y se vistió con su cuerpo… sí, ese es mi teorema. Lo mejor llegados aquí, sin duda alguna, será huir, pero no como si fuésemos cobardes, sino huir para encontrar a esa persona con la que no nos haga falta imaginar.

Que el amor exista o no, no lo sé, hoy por hoy no lo sé. Tampoco sé si creo en él. Lo único que sé, es que debe de ser real y no fruto de imaginaciones, de historias, de cuentos… sólo de hechos. Para toda la vida o no… que cada uno elija.

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