sábado, 31 de diciembre de 2011

Un año más

Quedan exactamente 24 horas y 45 minutos para que este año 2011 se despida de nosotros, o nosotros de él. Así que ya puede ser momento de hacer balance (dudo que en ese tiempo vaya a pasar lo realmente importante de este año que casi se nos va ya).

En general, creo que ha sido un año bastante indiferente. Creo también, que justo por eso, no tengo ni propósitos para el año nuevo; bueno sí… pero da igual, porque ese nunca consigo cumplirlo.

Lo cierto es que el año empezó muy bien, demasiado bien. Poco a poco iba conociendo a gente nueva, dadas las circunstancias, gente que verdaderamente merece la pena en su mayoría, de esa de la que te acuerdas con una sonrisa. A nivel académico el año empezaba siendo un coñazo, pero a nivel personal, se vivía bien; además yo gozaba de esa indiferencia que nunca tuve y que me caracteriza últimamente, con lo cual, las penas eran menos penas y los agobios algo que pasaría.

En el segundo mes del año se retomaron amistades que, por las circunstancias en las que todo había surgido, estaban en estado de espera. Amistades… es posible que esa sea la palabra de ese mes de febrero; sí, se retomaron algunas, y fue el mes en que me di cuenta de que otras habían muerto, con todas las letras que esa palabra tiene y con todas las consecuencias. Mentiría si dijese que me daba igual, que no me importó y que no lo pasé mal, pero también mentiría si dijese que no sabía que eso ocurriría desde que conocí a esa persona o que no me lo esperaba. Aún así, no fue de las mejores experiencias darse cuenta un día de lo mucho que nos separaba ya, aun habiendo pasado pocos meses desde que nos contábamos lo bueno y lo malo; y tampoco fue una buena experiencia tomar la decisión de faltar meses después a lo que pensé durante mucho tiempo que no faltaría, aun a sabiendas, de que quien tomó realmente esa decisión no fui yo. Pero la vida continuaba, con las falsedades pasadas de algunos y la alegría de otros.

Y llegó un mes de marzo lleno de recuerdos. Fue el mes de la reconciliación con esa adolescente que un día fui y hasta con aquellos que durante cuatro años fueron compañeros de viaje. Quizá sea la mejor experiencia que me llevó de este año, y tengo mucho que agradecer a gente nueva y conocida ya: las risas, los días de agobio, los abrazos, los paseos de la mano y las palabras bonitas. Si, fue el mes del aprendizaje y de la reconciliación, sin duda alguna.

Abril llegó fuerte, pero se esfumó rápido, como siempre; en mayo. La segunda eterna historia de mi vida…  Pero también en mayo, tuve el valor de arriesgarme por una vez (¿una? No fue un riesgo, sabía que funcionaría) y conseguí un simple gracias y un abrazo de esos que no se olvidan, aunque a veces pueda parecerlo. Aun hay cosas pendientes de ese mes… se pagarán.

Junio fue un mes curioso. Definitivamente, lo bueno de abril y mayo se había esfumado, y yo, como siempre, prefería contar historias. Presentar un trabajo fin de máster, algo que parece importantísimo y que en realidad, no es para tanto. El regalo final sí fue para tanto y más, creo que estuve en estado de shock durante toda la semana siguiente. Un buen comienzo de verano, para un verano que me recordaría a algún otro que prefería ¿olvidar? No recordar, al menos.

Y así entramos en julio, agosto, septiembre… un verano para mí, mejor tomárselo con filosofía. La primera eterna historia de mi vida. Una página en blanco por cada mes, sin más vueltas.

Y llega el temido curso, ese del que todo el mundo habla lindezas tan grandes y que a mí hoy por hoy, por alguna extraña razón, sigue pareciéndome completamente ajeno. O se me pasa antes de junio o vamos cuesta abajo y sin frenos (planes B tengo a montones, esos que siempre quise hacer y nunca he hecho… creo que esa es la extraña razón). Octubre fue un mes cualquiera, de cabeza metida en problemas que no eran míos, pero un mes cualquiera en el que algunas ilusiones ya dejaban de existir, pero…

Llega noviembre. Sólo destaco una semana. La semana fatídica. Me doy cuenta definitivamente de que mis historias son eternas, que mi vida es un círculo con distintos personajes y de que el amor sin confianza se va al traste, o debería, porque hasta las amistades pueden resentirse. Fue un cumpleaños con sorpresas, felicitaciones inesperadas, otras que se echaron de menos en ese día y tradiciones perdidas que me alegraron, aunque algunas se perdiesen por poco tiempo… hay cosas que no se marcharán nunca…

Y diciembre… alguna amistad más, de esas que parecen ser para siempre y hasta de las buenas. Fuera de eso, poco más. Muchas vueltas de cabeza, para variar. Y un poco de pesimismo, para qué negarlo.

No está siendo el final de año que debería ser. Los ha habido mejores, pero es el que ha tocado. Mañana habrá uvas (bueno, hoy). Quizá deseos; uno por cada uva a lo mejor es mucho, pero tengo uno para cada 3 o 4 uvas bastante claros. Que se cumplan o no, ni siquiera lo sé. Y yo soy la de la magia, la de “ponte algo rojo”, la de reír en esa noche y pensar en todo lo que puede venir. Pero por alguna extraña razón, este año, fuera de todo lo bueno o lo malo, no veo más que el paso de un día a otro… Esperemos que mañana (ya… hoy) pueda cambiar el pensamiento.

FELIZ 2012

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