domingo, 30 de enero de 2011

De locos

Y de vez en cuando ocurren esas cosas en la vida y piensas “no puede ser”. Pero son. Pasan sin más. Y por mucho que queramos evitarlas, no podemos. Sí, es cierto, hay ocasiones en la vida en las que uno no está seguro de todo, no está seguro de nada y aun así decide arriesgar. De todos modos, ya está todo perdido y no hay nada ganado. ¿Y si ganásemos? Sería de locos perder la oportunidad de poder jugar… de locos.

De locos es esta vida, en la que nadie sabe por dónde escapar. De locos es todo aquello que nos mueve a hacer algo que ni siquiera sabemos si queremos hacer.

De locos es el mundo que nos rodea y nos dice: ¡adelante! Y de tanto hacerle caso, acabas intentando “adelantarte” a los acontecimientos e intentar llevar solito el timón de una vida que no controlas.

De locos es ese destino del que todo el mundo habla y que yo no consigo ver por ningún lado. Estará en el sitio que menos te imaginas, como todo… o quizá está perdido en la lavadora, como ese calcetín que nunca aparece.

De locos es que en todos los periódicos y medios de comunicación aparezcan horóscopos y supuestas predicciones sobre lo bien o mal que puede irte el día, la semana, el mes o el año y más de locos aún es ver cómo la gente se abalanza sobre ellos esperando que les dé la clave para llevar su vida de la manera correcta.

De locos es que la mitad de la gente se quedé sentada, esperando a que la otra mitad del mundo decida dar el primer paso para solucionar la vida de las dos partes.

De locos es pensar que en esta vida se tendrán las cosas claras por el simple hecho de pensarlas y repensarlas. De locos es pensar que la gente olvida a otra gente en determinadas ocasiones.

De locos es pensar en los presentimientos y seguirlos; pero más de locos aún es no hacerlo.

Y es de locos entender que hay personas a las que por más que te esfuerces, no echarás de menos, aunque pienses que debes hacerlo; es de locos llegar a comprender que por una vez lo que pasó en tu vida no pasó en tu vida, sino en la vida de los demás. Que eran los demás los que debían darse cuenta del error y que tú no fuiste más que un mero actor con un papel que interpretar en su obra.

Aun así, era de locos esperar para interpretar el papel correcto en tu propia obra, porque a veces no sabes ni cuál es.

Y sigue siendo de locos sentirse perdido sin estarlo. Sigue siendo de locos buscar un por qué y buscar un mañana que quién sabe si llegará.

Es de locos comprender lo fácil que puede llegar a ser decir una palabra bonita y lo difícil que es sentirla de veras.

Es de locos imaginar que hay más locos en este mundo… es difícil encontrar un loco más, lo suficientemente cuerdo como para comprender que el mundo está lleno de locos y que, realmente, son ellos los que llevan el timón de la vida dirigiéndonos a un irremediable naufragio en el que todos… viviremos.

sábado, 15 de enero de 2011

Una lección de vida... :D

Y seguimos hablando de ilusiones, pero desde un caso concreto. Hace poco me encontré con alguien a quien no veía desde hacía años y con quien en su día tuve una muy buena relación. A estas alturas de la vida, no sabía que conseguiría hacerme pensar y menos aún que fuese a ser protagonista de la inspiración en un texto, pero visto lo visto, no me queda más que escribir… de nuevo.

No llego a saber si la perseverancia es una cualidad que se dé en muchas personas. Yo me consideró perseverante, pero aún así no sé hasta dónde llega mi límite y si llegará un día en que me siente en el camino a esperar o a descasar en un descanso sin final.

Pero ¿qué se hace cuando se tiene una ilusión? Ya sabemos que lo bueno de esta vida está en tener ilusiones, pero ¿somos capaces de luchar para conseguirlas? ¿Hasta dónde somos capaces de llegar? ¿Cuánto tiempo estamos dispuestos a esperar?

El tener una meta y luchar año tras año, cueste lo que cueste hasta conseguirla, sin duda, es admirable. El contar con esa perseverancia que, por desgracia, no creo que todos tengamos y luchar para conseguir nuestros sueños, es algo de cuyo valor no te percatas hasta momentos como el que viví hace poco, cuando te cruzas con alguien que ha sido capaz de coger caminos alternativos hasta llegar al punto final del recorrido.

Sin duda alguna, la perseverancia, o dentro de la confianza que pueda tomarme para hablar de esa persona, la “cabezonería” para conseguir nuestros objetivos serán los que marquen nuestra vida, nuestro camino y sobre todo, el final de éste. No me queda duda alguna de que una vida luchando por nuestros sueños, por hacer nuestra una ilusión, por continuar, teniendo claro en todo momento el camino a seguir conseguirá que lo que a los 15 años era una ilusión, se torne en realidad a los 23.

Como era de esperar, antes o después, siguiendo la tónica que siempre sigo, esta persona no podía desaparecer sin más de mi vida sin enseñarme algo valioso… y tan valioso. Me alegró mucho más el escuchar el relato de una ilusión conseguida al fin de lo que se puede imaginar, por la persona en sí y por tener la certeza de saber que los sueños se cumplen, antes o después, si sabes encauzarlos y no desistir nunca en el empeño. Ojalá algún día, todos tengamos el valor de tener tan claros nuestros objetivos y luchar por ellos.

Sinceramente, una lección de vida.

domingo, 9 de enero de 2011

Ilusiones

¿Y qué queda cuando se pierde la ilusión? A veces es imposible imaginar una vida sin ilusiones, sin gusanillos en el estómago que te hagan cosquillas por la posibilidad de cumplir algún sueño; todos siempre hemos tenido algo por lo que luchar, alguna meta que alcanzar y creo que en parte eso es lo que nos hace felices de algún modo.

No me refiero a ilusiones de esas que solo aparecen en los sueños y solo se cumplen en las películas, sino ilusiones reales, de esas que hacen que te levantes cada mañana con una sonrisa en la cara.

Es bonito saber que hay algo por lo que luchar en este mundo, en cada época una cosa distinta, conforme va pasando el tiempo y tu vida se va formando, tus metas se recolocan y redefinen y es eso precisamente lo que nos mantiene con vida. Sería imposible, creo, tener una vida feliz cuando lo alcanzas absolutamente todo a tu entender, porque una vez que llegas a ese punto, ¿qué queda? Ya no queda nada por lo que luchar, nada por lo que ganar y nada por lo que perder, simplemente queda estar en este mundo, pero ¡qué difícil es estar en él sin más!

De todos modos, creo que nunca se llega a tener todo absolutamente. Las personas por naturaleza somos caprichosas y siempre queremos más. Ahora bien, ese “querer más” será beneficioso para nosotros y nuestra felicidad si es algo que podemos alcanzar, con más o menos esfuerzo, pero que no sean metas fantásticas. 

Pero ¿qué pasa cuando perdemos la ilusión? ¿Qué pasa cuando dejamos de tener ilusiones de repente? ¿O, cuando sin razón aparente para los demás, dejamos de luchar por ellas una vez conseguidas? Esta vida se convierte en algo demasiado penoso para continuar, se convierte en un paseo sin emoción alguna, en un paseo donde el final es el inevitable y la diversión a lo largo del camino, algo impensable.  ¿Verdaderamente esto merece la pena? Todo lo que hacemos en esta vida tiene que ver con la ilusión, la ilusión por cosas materiales muchas veces, por motivos intelectuales o por asuntos más espirituales y sentimentales, pero al fin y al cabo, ilusión, una meta fija en cierto punto del camino que hace que andemos y corramos para alcanzarla, que hace que dibujemos sonrisas. Y estas sonrisas a lo largo del día son las que hacen esa felicidad de la que todo el mundo habla. Personalmente, creo que la felicidad no son grandes cosas, la felicidad siempre está encerrada en cosas pequeñitas y sin embargo, hacen a este sentimiento algo grande. Así que… ¿sería lógico perder ilusiones, en lugar de luchar por ellas para obtener la felicidad que produce esa lucha y el beneficio final al conseguirlas? Y en caso de no conseguirlas, ¿sería lógico dejar de luchar? Pensemos en todo lo que se ha aprendido en esa lucha, ¿hemos dejado de conseguir algo en ella? Todo lo contrario, hemos aprendido más que en el hecho en sí de conseguir la ilusión que andábamos buscando y eso siempre es un gran paso. No hablo de conformismo, sino de tener presente de que todos los momentos de nuestra vida, todas las luchas y todos los tropezones y saltos del camino, nos enseñan algo importante y tendrán sentido sólo si aprendemos de ellos. Y creo que este es motivo más que suficiente para saber encontrar ilusiones, felicidad y ganas de vivir en cada rincón.

miércoles, 5 de enero de 2011

Carta a los reyes magos



Queridos reyes magos:


Este año os pido un libro, solo uno. Os pido un libro con hojas en blanco… ¿Extraño? Os explico en esta carta por qué quiero un libro en blanco.

Quiero un libro en blanco porque solo en ese libro podrá volar la imaginación hasta límites insospechados.

Quiero un libro en blanco para pintorrear en la primera página con miles de colores.

Quiero un libro en blanco para poder escribir en él miles de historias que nunca cuente.

Quiero un libro en blanco para escribir cartas interminables que nunca serán enviadas.

Quiero un libro en blanco para componer melodías que sólo yo entienda y compartirlas sólo con quien yo quiera.

Quiero un libro en blanco para dibujar sonrisas en todas sus esquinas.

Quiero un libro en blanco para pintar lágrimas con lápiz, que se puedan borrar antes de estar en el papel.

Quiero un libro en blanco para darle la mitad a alguien y que escriba conmigo.

Quiero un libro en blanco para soñar que se cumplen todos los sueños que escribo en él.

Quiero un libro en blanco para escribir y dibujar una vida de colores para mí.


Fdo: Alguien ilusionado hoy, mañana... también.

domingo, 2 de enero de 2011

Un año se va... otro vuelve a comenzar

Es este el momento de hacer balance de un año que recién se acaba, con esas doce uvas, las lentejas, el oro en la copa, la ropa interior roja… madre mía, acabar así el año es un puro estrés!! En fin, qué le vamos a hacer, intentaremos tranquilizarnos en la medida de lo posible y hacer balance, mi propio balance.

Este año ha sido un año peculiar, yo digo, que personalmente, ha sido el año de las conversaciones serias y la falta de tiempo. Conversaciones serías porque he tenido más de una y más de dos, que han ido a dar al traste con amistades que finalmente se quedan porque es imposible dejarlas atrás y es preferible arreglar malos entendidos, dejar el agua correr y seguir la vida, con relaciones que iban y venían y que finalmente, se quedaron de una forma u otra y otras conversaciones que… sirvieron de poco y sacaron lo más profundo de mí.  Y la falta de tiempo, porque de repente todo el mundo se quedaba sin él, salvo yo, que lo tuviese o no, encontraba fáciles soluciones a todo.

Empecé el año con alguien diciéndome a todas horas algo que hoy por hoy ya me parece la frase más normal del mundo: “el año promete” y yo pensaba: sí… promete ser un año normal y corriente, como todos (aunque nunca lo son). Ingenua que soy yo.

Pues prometió desde el principio y cumplió sus promesas. Prometió ser un año raro, divertido y con grandes cambios… y lo cumplió.

Pasamos un primer trimestre con ilusiones renovadas, conociendo gente nueva y aclarando miles y miles de dudas que pensaba que nunca llegaría a aclarar. Me afiancé en mi propósito de ser quien era y quien quería ser.

Un segundo trimestre en el que me di cuenta de que a veces las cosas sí son lo que parecen aunque nos empeñemos en negarlo y que el encontrarte con que a veces la imaginación no es tanta como la realidad es algo totalmente posible. Con la mirada fija en un final que a pesar de la alegría que debía producirme,  me dolió más de lo esperado y que llevaba consigo algún final más, que bueno… tampoco era demasiado agradable. Tuve que hacer de tripas corazón para despedirme de algo que realmente no había llegado a tener completamente, despedirme del principio de aquello que sabía que se acabaría antes de empezar, pero que aun así viví intensamente.

El tercer trimestre del año ha sido una época distinta. Ha sido un trimestre de comienzos a todos los niveles, de mirar al futuro, de poner todas las ganas en ello y de tirarnos a la piscina en algunos aspectos. Ha sido una época bonita, después de todo, en la que la sonrisa no desaparecía de mi cara y las ganas por seguir haciendo todo aquello que me hacía feliz estaba siempre presente.

Y el último… el último, quizá precisamente por serlo, ha sido el de algún final más. Sin embargo ha sido de la parte del año que más he aprendido (sí, sigo dedicándome a aprender). Lejos de la tristeza que podía producir dicho final, he aprendido al fin la suerte que tuve en su momento y lo difícil que se hace comprender desde fuera la mente humana y los caprichos del destino. De otro lado, he conseguido crear lazos con personas (o persona) que se negaban día tras día a poder crear siquiera un hilo con alguien más y, en consecuencia, he conseguido también o quizá alguien me ha regalado la oportunidad de no dejar atrás a quien, irremediablemente, no podía dejar ir.

Finalmente, haciendo un resumen de todo, ha sido el año en el que conocer a gente ha sido la tónica general, gente que ha aportado en mí una parte de sí mismos muy importante en la mayoría de casos; ha sido un año de finales, sin duda; un año de principios; un año de reflexiones que no se han escrito, solo se han hablado en el momento oportuno, reflexiones reales, sobre la vida real y las circunstancias reales; un año de ganar confianza; un año con el que comienza a abrirse un nuevo futuro…

¡¡FELIZ 2011!!