viernes, 30 de septiembre de 2011

Y te vas

Y te alejas. Del mismo modo en que vienes, te vas. Casi ni te despides, sólo recoges tus cosas y… ya. Se acaba. Y yo me quedo aquí, mirando al horizonte, mirando cómo te vas y esperando inútilmente que en algún momento gires sobre tus pies y, sonriendo, me digas adiós con la mano. Sí, inútilmente. Pero eso no ocurre, nunca ha ocurrido y nunca lo hará. Sin embargo, da igual, yo siempre me quedaré esperando, por ver si algún día, por un desvío erróneo en ese camino que llevan nuestros destinos, se te olvide que nunca lo haces y entonces lo hagas. Y ese día, responderé a tu sonrisa con la mía. Sea como sea, te vas.

Yo me quedo aquí, echándote de menos por momentos, quizá no de esa manera, pero echándote de menos al fin y al cabo. Buscando cualquier excusa para volver a verte, aunque sólo sea un momento, el justo para poder decirte hola e intentar dejar algo pendiente que haga que mañana quieras volver a verme. Algo que consiga que una parte de ti, aunque sea pequeñita, piense en mí antes de acostarse y consiga echarme de menos, sólo un poco, durante el día; no, quizá tampoco de esa manera, pero que me eche de menos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Busco pianista

Busco pianista que amenice mis noches. Que se siente y toque para mí, sólo para mí. Que me mire y haga que me derrita con cualquier improvisación de esas que erizan la piel.

Busco pianista que componga para mí mientras yo escribo para él. Que me lea mientras yo lo escucho. Que sienta cada palabra mientras yo siento cada nota.

Busco pianista que acaricie las teclas con dulzura cuando yo me dedique a golpear las mías con furia. Que le ponga una banda sonora a mis días malos para poder así convertirlos en buenos.

Busco pianista que me deje sentarme en su banca y cambiar de teclado por un día, o por dos, o… por todos, que me abrace por detrás y toque con mis manos. Que sepa tocar un beso para mí.

Busco pianista que… busco pianista que se tumbe conmigo a ver las estrellas y me abrace en la cama. Que se cuele en mis sueños. Que me despierte por la mañana con aquel beso que inventó.

Busco pianista que juegue conmigo a imaginar, que juegue conmigo a inventar, que juegue conmigo a soñar. Que le guste leer, tanto como a mí escuchar. Que tome cada escrito y encuentre su melodía perfecta, que me dé melodías para que busque sus escritos.

Busco pianista dispuesto a tocar, dispuesto a sentir, dispuesto a vivir, que le ponga música a cada uno de mis días, que le ponga música a mi vida.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Quiero ser

Quiero ser aquello que nadie es para ti. Quiero ser esa persona que sabe de ti lo que nadie sabe. Quiero ser quien descubra tus misterios poco a poco y vaya quitándote ese velo que siempre llevas.

Quiero ser esa persona a la que miras a los ojos, esa persona a la que llamas sin más en cualquier momento. Quiero ser esa persona a la que abrazarías cuando todo fuese mal.

Quiero ser eso en lo que piensas cuando te despiertas, eso en lo que piensas cuando te vas a dormir y eso con lo que sueñas todas las noches. Quiero ser quien conozca todos y cada uno de tus gestos.

Quiero ser esa persona a la que le contarías eso que nunca le contaste a nadie. Quiero ser esa persona con la que estarías dispuesto a pasar todo un sábado y no sólo a salir el viernes.

Quiero ser esa parte de tu vida sin la que no puedes vivir, quiero ser esa parte de tu vida que echas de menos. Quiero ser esa parte de tu vida que nunca jamás dejarías escapar y que atarías fuerte a ti.

Pero no, hoy no quiero ser esa persona a la que le besas en mitad de la noche, ni esa persona que escucha un te quiero de tus labios. Ni siquiera quiero ser esa persona que te hace la vida sencilla de aquella manera en que lo hacen las personas con las que pasarías el resto de tu vida. Hoy… sólo quiero ser una parte especial de tí por un momento y conseguir que ese momento entre tú y yo durase eternamente, sólo eso.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Así se ganan las batallas

Así se ganan las batallas, poquito a poco. Tan poquito a poco que tu contrincante no se dé cuenta de que estás ganando. Con pequeños ataques y pequeñas defensas. Sí, así se cogen las malas costumbres. Porque intentar ganar batallas, a estas alturas, ya sólo es una mala costumbre.

Pero sea como sea, se sigue luchando y se sigue peleando. No por nada, quizá solo por el simple placer de pelear por aquello que un día se quiso y que quién sabe si se seguirá queriendo.

Y es que si no se lucha, ¿qué sentido tiene cualquier batalla? Si se deja ganar al otro, sin más, nunca tendremos la tranquilidad de haber hecho todo lo posible al menos; es que a veces, nuestro contrincante es más fuerte.

Quizá ninguno de los adversarios consiga ganar su propia batalla, quizá ninguno de los adversarios tenga batalla que ganar o, incluso, sean contrincantes dentro de un mismo bando; quizá, la mejor solución no sería pelear entre ellos, sino unirse y pelear con un contrincante real, que intenta ganar su propia batalla haciéndoles perder a ellos la suya.

¿Y qué si a estas alturas de la vida, después de tanto tiempo, todavía quiero pelear? ¿Qué? ¿Y si prefiero cerrar los ojos y dar patadas a lo loco por ver si alguna derriba a quien tengo en frente? ¿Y si después de todo, sólo es que me gusta esta batalla y no quiero salir de ella? Porque siempre acabo entrando. Igual sólo me gusta la batalla…

No, no es sólo la batalla. Es la lucha entera, el subidón de adrenalina al dar un golpe, la felicidad completa de encontrar una mínima parte de lo que busco, el pensamiento en el mañana, el fantasear con las consecuencias de la lucha, la esperanza inventada de que algún día pueda ganar, sí inventada, porque hace tiempo que la batalla se perdió. Pero… sí, adoro la batalla y todo lo que conlleva eso. Es de locos, completamente de locos luchar por una batalla perdida a sabiendas y agarrarse a ella con ambas manos y con toda la fuerza del mundo, o casi toda, pero sí, me gusta ser una loca de vez en cuando que no pierde las ilusiones que un día se marcó. Y quién sabe si mañana la lucha es otra y abandonemos esta.

jueves, 22 de septiembre de 2011

"Sobre este blog"

Aunque parezca increíble, esta es la cuarta entrada que habría escrito en el día de hoy (21 de septiembre); creo que nunca he escrito tanto en un mismo día. Será que hoy ha sido uno de esos días interesantes. Sea como sea, sólo es la segunda que sale publicada. Y es curioso, porque las publicaría todas. Pero no, aquí no está todo lo que escribo aunque a veces pueda parecerlo. No está todo lo que escribí, que el otro día mirando fechas fui consciente de todo el tiempo que llevo soltando palabras encadenadas sin sentido, o al menos eso era al principio, desde 2003-2004 aproximadamente, que ya son años, aunque fue en 2005 cuando los textos empezaron a ser medio decentes. Y esta entrada tampoco tiene mucho sentido, es de esas que no me gusta escribir, pero que aun así hoy siento la necesidad de hacerlo, a casi las 11 y media de la noche.

Quizá hoy sería un buen momento para cambiar aquella columna de la derecha que dice “sobre este blog” y escribir algo más profundo de lo que hay, ya que ahora, con no sé cuantas entradas ya, empieza a estar escrito. Supongo que también, esta entrada debería publicarse dentro de dos meses, cuando el blog haga su segundo año de vida. (Estimado/a lector/a, puedes dejar de leer, esta entrada va a ser aburrida, pero bueno, tú eres dueño/a de tus actos, así que bajo tu responsabilidad queda).

Supongo que este blog se ha convertido en una parte importante de mi vida, se ha convertido en la vía de escape perfecta y en el aliciente para seguir escribiendo. Las visitas suben poquito a poco, aunque haya días que se disparen, y nunca di las gracias por ello, la gente suele darlas… supongo que yo también tengo eso que agradecer. En algún momento dije que no buscaba ni visitas ni comentarios y tengo más de los que pensé, de hecho el blog fue anónimo para todos durante sus inicios, bueno, más que anónimo, estaba escondido para la mayoría. Hasta que decidí sacarlo a la luz y ahora casi todos mis conocidos (más allegados y menos) saben de la existencia de él.

Y hace unos días que me planteo qué pasará de aquí a un tiempo con mi “Entre Conjeturas y Teoremas”, porque la vida cambiará y yo cambiaré con ella, ¿llegará también el día en que esta pequeña aventura desaparezca y llegue a recordarla como el entretenimiento que tuve a los veintitantos? Y es que, sinceramente, hoy no me imagino sin este pedacito de mí. Lo que creo que está claro, o al menos, después de estos últimos días lo tengo claro, es que me sería muy difícil dejar de escribir; y es que lo que empezó siendo un mini-hobby del que nadie salvo yo tenía noticia y que sólo practicaba cuando la vida me mostraba su cara oscura, ha acabado siendo una droga (otra más). A veces, sin más, necesito escribir (sí, necesito de necesitar de verdad), una especie de síndrome de abstinencia y entonces busco por mi cabeza y por todo mi entorno esa chispa que salte y prenda la llama de un nuevo texto, igual que si buscase un cigarro en mitad de una calle concurrida. Y reconozco que me gusta esa sensación de no poder seguir con mi vida normal hasta no haber aporreado las teclas o haber desparramado la tinta por el papel.

Pero no, aquí no está todo. Aun quedan montones de textos que aun no ha visto nadie salvo yo, pasados ya y recientes. De vez en cuando saco alguno del baúl y lo doy a conocer, pero muy de vez en cuando. ¿Por qué no están publicados? Quizá por ser demasiado personales, sí, quizá sea por eso. Quizá son esos textos que si alguien viese, dejarían de ser lo que son. Quizá con el tiempo, pierdan esa esencia de recién escritos y puedan publicarse, ¿quién sabe?

Aunque bueno, visto lo visto, pocas cosas tan personales puede haber a estas alturas. Siempre acabo haciendo pedacitos de mí y colocándolos por diversas partes de cada texto (aunque no de todos).

¿Mis inspiraciones? Igual esa es una pregunta generalizada que sólo una persona ha sido capaz de hacer sin conjeturar antes e imaginar (no entiendo por qué acabo haciéndote un guiño, otro más, en fin…). El mundo es mi inspiración… ¡bah! Eso ya no hay quien se lo crea, ¿no? ¿El amor? Bueno… es posible, aunque últimamente… Los demás, quizá. ¿Yo? Mi yo escondido, es posible. ¿Nunca hablo de nada real? Imposible. ¿Las entradas salen de sentimientos inventados? Mentira. Pero ninguna negación es rotunda, siempre hay de todo, el imposible no lo será tanto y la mentira, tiene algo de verdad.

El blog está lleno de amores y no fue creado para hablar de ellos precisamente, pero también es verdad, que la existencia de él y lo que nos produce es una de esas conjeturas (sí, el amor y su existencia sólo es una conjetura hoy por hoy en este espacio) que la gente suele querer demostrar. Por eso prefiero hablar de amores inventados, ¿platónicos? (Mira que me prometí no mencionar esa palabra…) No, no es esa la palabra aunque pueda parecerlo, quizá más que amores sean simples sensaciones. Y esas entradas se inspirarán en situaciones vistas o en situaciones vividas, las menos, en situaciones inventadas e imaginadas. Por eso busco fuentes de inspiración. Pero tranquilos, que cambiarán, cuándo es un misterio, pero lo harán, siempre lo hacen.

Pero no, el blog no fue creado para eso, el blog fue creado para hablar de la vida, sin más, (indudablemente el amor forma parte de ella). Hablar de la vida que de alguna manera nos toca vivir, esa vida que nos hace plantearnos cualquier cosa y que consigue que a veces desistamos en el empeño de conseguir aquello que queremos, esa vida que suele darnos esos palos que duelen y que de vez en cuando nos tira al suelo. Esa vida a la que, de vez en cuando, debemos mirar desde la distancia para poder entenderla y poder, incluso, salvarnos de ella cuando se pone en nuestra contra. Eso precisamente intentaba este blog en sus inicios, tomar distancia con la vida, mirarla desde fuera e intentar comprenderla. De vez en cuando se metamorfosea, pero aun guarda su esencia.

Y bueno, sí, ha sido aburrido, cero profundidad, pero a mí me ha servido para… no sé para qué me ha servido, pero lo ha hecho.

Ten buenas noches, querido/a lector/a, buenos días o buenas tardes y recuerda que has leído esto bajo tu responsabilidad… así que no pienso disculparme por lo aburrido que haya podido ser.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Droga

Una droga. Una maldita droga. Droga dura, con todo lo que eso conlleva. Mejor incluso que el chocolate, mejor que todo el chocolate del mundo, mejor que el chocolate suizo y que un masaje con él.

Mejor que toda la risa del mundo, que todas las montañas rusas y sus gritos, mejor que un salto en el vacío, mejor que una noche estrellada, mejor que la luna.

Mejor que las vistas desde la montaña más alta del mundo, mejor que una tormenta, mejor que un día de primavera.

Mejor que la música de un piano, mejor que escuchar a mi pianista en directo desde la ventana cuando cae la noche, mejor que la banda sonora completa de esa película, mejor que esa película.

Mejor que un concierto de rock, mejor que la mejor canción romántica, mejor que un viaje al país de nunca jamás, mejor que volar.

Mejor que todos los primeros amores, mejor que todos aquellos mensajes, mejor que todas las llamadas a altas horas, mejor que las noches sin dormir, mejor que los sueños con él.

Mejor que una caricia, mejor que un abrazo, mejor que un beso, mejor incluso que una noche loca entre las sábanas, mejor que todas las fantasías juntas.

Mejor que escribir…

Sí, una maldita droga. Droga dura, adictiva, mucho. Tanto que a pesar de los pesares, no entra en mis planes dejarla, no entra en mis planes intentarlo siquiera, pero ya da igual. Sólo habrá dos posibles finales y los dos pueden llegar a ser perfectamente esperables. 

Mejor que tirarme en la playa, mejor que dejarse arrastrar por la marea, mejor que chuparse los dedos cuando un helado se derrite, mejor que todos los peces de colores.

Mejor que la bolsa más grande de gusanitos, mejor que un cine a oscuras, mejor que el más aterrador de los psicothrillers, mejor que toda la sal que envuelve a mis palomitas.

Mejor que la risa de un niño, mejor que aquella inocencia de la niñez, mejor que las tardes enteras de juegos, mejor que la tranquilidad de no tener preocupación.

Mejor que cualquier sex symbol del momento, mejor que ese agujerito por el que la gente espía, mejor que cualquier desnudo provocador.

Mejor que aprobar tu último examen,mejor que cumplir todos los deseos de cumpleaños de golpe, mejor que los reyes magos, mejor que encontrar la demostración al mayor teorema jamás enunciado. 

Mejor que provocar el miedo de tus miedos, mejor que saltar en la cama, mejor aun que las camas elásticas, mejor que todo el cansancio. Mejor que la libertad…

Mejor que la vida... 

(Idea original: "Quiéreme si te atreves". Modificaciones por:...)

domingo, 18 de septiembre de 2011

¿Quién?

¿Por qué es tan difícil encontrar esa alma gemela en el mundo? ¿No dicen que todos la tenemos? No, no me refiero a esa alma gemela con la que acabarías formando una vida en común, sino a esa que sabe reírse contigo y que sabe abrazarte cuando lo necesitas.

Esa alma gemela que lo conoce absolutamente todo de ti y aún así te quiere. Esa persona que está ahí absolutamente siempre y que sabe lo que piensas sin que se lo digas tú, al igual que tú sabes lo que piensa ella. Esa conexión especial que nadie sabe como ocurre, pero lo hace.

Esa persona con la que podrías pasar horas y horas y horas hablando, sin que los temas de conversación se acabasen nunca. Esa persona con la que podrías llorar sin necesidad de esconderte. Esa persona a la que le contarías todo aquello que nunca le cuentas a nadie. Esa persona que siempre te haría reír en ese momento exacto.

No sé… ese mejor amigo que encaja perfectamente contigo, sin que queden huecos por cubrir y palabras escondidas. Un poco como lo que cuentan las pelis, supongo.

Quizá no exista, quizá esos rollos de nuestra alma gemela son sólo fantasías que nos inventamos para poder tener algo que buscar cuando llegamos a este mundo. Quizá los seres humanos sólo seamos parecidos, pero nunca iguales, quién sabe.

Quizá, sólo es que hoy me hace falta uno de aquellos abrazos que la gente da sin venir a qué…

Te propongo un juego

Te propongo un juego: juguemos a ser nosotros mismos. Yo soy yo y tú eres tú. Jueguemos a no tener tapaderas, juguemos a ser sinceros; ¿serías capaz?

Juguemos a no escondernos de los demás, a no pensar en el "qué dirán". Juguemos a reirnos cuando nos apetezca, juguemos a hacer lo que en realidad queremos a cada momento, juguemos a llorar cuando nos haga falta, a no reprimir las lagrimas aun cuando el llorar carezca de sentido. Juguemos a quitarnos el disfraz y la coraza.

Juquemos a no asentir a todos cuando nos hablan, sin escucharlos; juguemos a hablar con la gente, a aprender a hablar con las personas. Juguemos a no juzgar a nadie sin conocerlo antes. Juguemos a no contestar solo lo que se nos pregunta para fingir que nos da igual, juguemos a no pasar de lo que realmente nos importa por no hacerselo ver a los demás.

Juguemos a olvidarnos del miedo que nos da lo nuevo, juguemos a darnos cuenta de que nunca lo sabremos todo; juguemos a darle una segunda oportunidad a los que se equivocaron. Juguemos a ser libres, juguemos a no olvidarnos de los demás, a no olvidar historias asi como asi para fingir que nunca tuvieron lugar, juguemos a mirarnos a los ojos y decir lo que sentimos.

Juguemos a saber esperar cuando es necesario, juguemos a no desviar demasiado el camino del destino, juguemos a vivir sin prisas, juguemos a demostrarle a las personas lo que nos importan, juguemos a decir un simple "te quiero" a quien mas cerca tengamos cuando lo necesitamos, juguemos a valorar las "insignificancias" de la vida, juguemos a hacer promesas tontas con mucho valor cuando se cumplen... Juguemos a vivir...

(Octubre 2007)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Prefiero inventarte

Siempre alegras mi mañana, mi tarde, mi noche. Mi cara siempre tiene una sonrisa esperando por ti. Siempre alegras mi momento, aunque no estés. Por eso te invento.

Si fueses real, todo acabaría. Las cosas reales ya no pueden inventarse, y quizá dejarías de ser quien me alegra el día. Y es que prefiero inventarte de esa manera en que lo hago, porque sólo así no serás capaz de marcharte hasta el momento en que yo quiera. Porque sólo así permanecerás conmigo hasta que un día aparezcas de verdad.

Y viviré pegada a ti, como tantas veces. No tengo intención de separarme. Y haré que mi mundo gire a tu alrededor sin que te des cuenta. Porque prefiero quererte así, sin que lo sepas. Porque quiero inventarme lo mucho que te quiero, para poder tener una razón para despegar por la mañana. Porque quiero ilusionarme sin ilusiones, porque quiero enamorarme sin amor. Porque de tanto quererte, a veces te odio y de tanto odiarte, creo que te quiero. Sí, será eso, que te quiero, aunque no sé bien por qué.

Será que te quiero, pero prefiero decir que no. Sí, es verdad. Pero si lo digo, dejarás de ser un invento y si dejas de ser un invento, ya no te querré igual (quizá te quiera más…), pero cuando ya no te quiera igual, no habrá ningún invento que consiga que vuelva a quererlo.

Sí… es que si apareces estoy perdida. Porque llegarás con tu sonrisa y con tus propios inventos para que mi día se alegre y se alegrará de verdad. Pero cuando llegue a casa, no podré inventarte, no podré imaginar que algún día harás precisamente eso que hiciste hoy, porque los inventos son ficticios y entonces tú, serías real. Y entonces, cuando dijese que te quiero, lo diría sin inventármelo y si no me lo invento, si ese te quiero es real, quizá el dolor también lo sea. Porque si te invento, puedo inventarme el dolor, pero ese dolor no duele. Pero si el dolor es real, me dará miedo que duela y preferiré inventármelo. Y cuando me invente ese dolor, volveré a inventarte, pero ya no podré imaginar lo que pasará, porque ya todo habrá pasado y entonces… ya no seré capaz de imaginarte nunca más, y te irás. No, eso no me lo inventaré. Que te irás es algo real.

Por eso no quiero inventarte y tampoco quiero que seas real. Porque es posible, que mientras yo te invento y tú me alegras, mis “te quieros” dejen de ser de mentira, tú dejes de ser de mentira y yo siga jugando a mi juego sin darme cuenta de que pasé la barrera de la realidad y que en algún momento dije un te quiero que sí que sentía, sin saberlo, que en algún momento me enamoré pensando que ya no creo en el amor y que por consiguiente no puede pasarme, y entonces, te vayas y yo juegue a inventarme un dolor que duela, saltándome las reglas de mi propio juego.

Si digo que te quiero, será mentira, si te echo de menos, también, y mientras tú no te hagas real, yo estaré a salvo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Tal para cual

Dicen que el amor es algo que ven antes los de fuera que los de dentro, sí, igual que el fuego. Así que están en una casa, enorme, pero sólo utilizan una esquinita del sofá, acurrucados sin darse cuenta, porque para ellos lo único que están haciendo es ver esa arruguita que le sale a cada uno en la comisura del labio cuando sonríen. Y el resto de la casa está en llamas.

Todos se han dado cuenta, hay quien fue consciente de eso en el mismo momento en que saltó la chispa, después de ver como se apagaba la cerilla que se había encendido tiempo atrás en otro lugar.

Pero ellos siguen engañándose o quizá, quizá sí que lo sepan, sean plenamente conscientes de cómo todo va siendo consumido por las llamas pero se nieguen a admitirlo de puertas para afuera.

La verdad es que a estas alturas, cualquiera se pregunta qué sentido tendría engañar a los demás, engañar a los demás y empezar a maquinar estúpidas excusas delante de quien conoce ciertas realidades. Engañar a los demás, sólo sirve para engañarse a sí mismo, para buscar esa manera de esconderse que no tiene sentido en esta vida.

Todas las mentiras de puertas para afuera, no son más que intentos fallidos para negar lo evidente, pero no a los demás, sino a uno mismo. ¿Y verdaderamente es lógico transformar la realidad que uno vive?

Opiniones… muchas, pero quizá sólo sean un par de cobardes, incapaces de ser sinceros consigo mismos, tal para cual, que presumen, cada uno a su manera, de saber vivir la vida, y que se pierden a menudo en un bosque de ideas fallidas e ilusiones perdidas por culpa de un raciocinio que no tiene por qué.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Quizá sí... o no

A veces pienso que quizá, sólo quizá, un día los planetas se alineen y… Otras veces pienso que, no sé, construir una sola línea recta, con tantos puntos y en un espacio tan grande debe ser difícil.

Pero bueno, tal vez un día, en cierto momento, eso ocurra y entonces todo sea posible, como en los libros con finales bonitos. A lo mejor las sonrisas sí que tienen alguna de vuelta y, además, somos capaces de devolverlas en el momento exacto.

Quizá un día, todas esas ilusiones, sueños y cuentos que tenemos, se cumplen, así, con un simple chasquido de dedos.

A veces pienso, que quizá, sólo haga falta esperar… otras…

Resurjamos

Por esos días en los que el mundo parece pararse y nuestra vida se convierte en una rutina de la que, aparentemente, no podemos salir. Esos días que son iguales que ayer e iguales que mañana. Esos días que consumen nuestras energías.

Esos días en los que echamos de menos algo que, a veces, ni sabemos lo que es. Las caras son demasiado conocidas y conoces sus gestos. Las situaciones son predecibles, e incluso, vividas ya. Las sorpresas son pocas y los caminos siempre iguales.

Las manos se tienden, pero no levantan. Las palabras se escuchan, pero no arraigan. El teléfono suena, pero nadie contesta. El mundo quiere arrancar, pero perdió las llaves.

Por esos días en lo que lo único que nos mueve es la inercia. Y les escribo a ellos, porque es justo por esos días, por los que somos conscientes de que esta vida sin ilusiones no sirve de nada, por los que somos conscientes de que hay que buscar algo nuevo que nos haga brillar, que nos haga dar un salto de la cama todas las mañanas y comprender que ningún día será igual a otro, mientras levantemos la cabeza hacia arriba y sonriamos. Mientras busquemos con todas nuestras ganas esa ilusión que nos haga resurgir de nuestras cenizas una vez más.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Hoy, para siempre

Hoy voy a mirarte, voy a mirarte como te miraba aquellas veces y voy a intentar retener tu mirada en mi memoria como tantas otras. Así, cuando no estés aquí, podré imaginar que me miras y no me sentiré tan sola.

Hoy voy a escucharte, cuéntame lo que quieras. Cuéntame un chiste, hazme reír y ríete tú, que quiero coger un tarrito de cristal y guardar tu risa, para escucharla cuando no estemos juntos, para alegrarme el día. Cuéntame un secreto, sí, uno que sólo sepas tú, algo de ti que nadie conozca, prometo guardarlo en una caja fuerte y no abrirla jamás.

Hoy voy a tocarte, voy a rozar lentamente cada una de las terminaciones nerviosas de tu cuerpo y las fundiré con las mías, con la esperanza de poder recordar tu piel cuando estés lejos.

Hoy, voy a besarte, esto sólo lo haré una vez. Sólo una, no necesito más. Sólo una vez que me haga recordar en las noches oscuras y vacías sin ti, lo que son tus besos. Así, si no estás conmigo, podré al menos pensar que una vez, una sola vez, nuestras almas se confundieron en el espacio infinito del que somos parte y despegaron juntas mientras tú y yo (ó quizá sólo yo) abandonábamos nuestra parte consciente.

Hoy… no. Siempre. Quiero amarte. Tomaré tu mirada, tu risa, tus secretos, tu piel y tu beso. Los guardaré como si fuese lo único que tuviese en este mundo, los guardaré por siempre. Y serás tú, sólo tú, aquel que consiga que me deshaga de ellos.

Sólo hoy, sólo un día. Para siempre.

¿Cómo?

Esta noche es una de esas noches en las que la falta de sueño (ó las ganas de escribir) hacen que me pregunte muchas cosas. Como por ejemplo, por qué a veces nos da miedo vivir. También es una de esas noches en las que no encuentro muchas respuestas, para qué mentir.

Pero bueno, el caso es que hay ocasiones en las que nos da miedo hacer ciertas cosas, porque no las tenemos claras o porque no somos capaces siquiera de creer que puedan ser posibles. Así que ese miedo o esa indecisión hacen que dejemos escapar ciertas oportunidades.

Luego pasa el tiempo. Es posible que ese tiempo nos haga replantearnos muchas cosas pero, en realidad, ya sirve de poco. Lo que hicimos o no hicimos, en su momento quedó visto y ahora no podemos intentar construir una máquina del tiempo para nosotros solitos y volver al pasado a cambiar vete a saber qué. Así que continuamos en nuestro camino.

En ocasiones, las cosas que ocurren a raíz de algo que pasó hace tiempo y que era distinto a lo que hoy por hoy tenemos, nos sirven para poder encontrar cosas que quizá no buscábamos, quién sabe: un amor, un amigo o una manera distinta de pensar, y claro, es inevitable preguntarse qué hubiese pasado sí en su día las cosas hubiesen ido por un lugar completamente distinto del que fueron. Quizá hoy por hoy no tendríamos la oportunidad de vivir y de tener eso que tenemos ahora y que en parte no queremos cambiar. El problema quizá sea cuando en algún momento, decidimos que una parte de nosotros quiere volver al pasado, quiere intentar cambiar las cosas, mientras otra está completamente cerrada al cambio que esa variación en el pasado produciría en el presente. O quizá incluso peor, quiere realizar esa variación en el mismo presente.

Cómo se consigue cambiar algo del presente, sin que el futuro lo vaya a hacer… cómo se consigue saber qué es lo que pasaría si… o si no… Quién nos asegura que dentro de un año, o de dos, o de seis meses todo seguirá igual y no nos acordaremos los unos de los otros. Cómo se saca una espinita del corazón sin hacer nada que cambie el rumbo de las cosas hacia peor… Son preguntas de las cuales quizá nunca averigüemos las respuestas.

Y lo mejor de todo, ¿cómo se hace para conseguir algo que el destino no quiere darte por el momento y parece que tampoco quiere hacerlo más adelante pero que, sin embargo, tú estás seguro de que es para ti?

domingo, 4 de septiembre de 2011

Esa sensación

¿Sabes esa sensación de cuando no hay música y aún así tú saltas y ríes y bailas como si estuvieses en medio de una multitud estando completamente solo enfrente del espejo de tu habitación? Y parece que esa música inexistente está puesta a toda caña… pues justo eso es lo que siento cuando te veo ó cuando pienso en ti.

Nada de violines,ni de pianos, ni de músicas melódicas. Nada de pajaritos ni mariposas en el estómago. Nada de corazones saliendo de mis ojos, ni situaciones estúpidas en las que parezca que mi mente se ha transportado a vete a saber tú que isla desierta y paradisiaca donde sólo existimos nosotros dos. Nada de eso…

Sólo risas, saltos, un corazón latiendo de la misma manera que si saltase al vacío y… ganas de vivir. Sólo ganas de decirte “hola” y echar a correr mientras grito. Morderme el labio, morderte a tí y sacarte la lengua. Ganas de sonreírte de oreja a oreja, justo de esa manera en la que lo hago y luego, reírme a carcajadas de tu cara de desconcierto al verme hacer todo eso. Ganas de que me mires y me digas lo menos romántico que se te ocurra hasta que yo empiece a rabiar… Sí, justo esa sensación.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Para toda la vida

Para toda la vida… eso sólo lo son los grandes amores. Y un amor puede ser grande aunque sólo dure un segundo. Los amores no correspondidos también pueden ser para toda la vida, sobre todo si nunca llegan a conseguirse, aunque en ese caso, tienen un pase. Los correspondidos, esos que todo el mundo ve, que todo el mundo siente aunque no sea parte de la pareja en cuestión y esos por los que la gente apuesta su vida, son precisamente los que no son para siempre. Y aquellos que van y vienen y entran en una turbina donde el amor y el odio se mezclan hasta que ya nadie es capaz de diferenciarlos también son para siempre.

Pero estos últimos tienen variantes. Bueno, más bien tienen dos posibles finales. O todo acaba lo más parecido a bien y termina siendo uno de esos amores correspondidos que no son para siempre o el odio se apodera de todo y no le deja paso a ningún sentimiento más, de manera que cada uno desaparece de la vida del otro; y entonces, al cabo de los años, cuando los dos tienen su vida formada y su mente ha dejado cerrado un hueco donde están el uno y el otro, se cruzan un día en su ajetreada vida en cualquier calle de cualquier ciudad entre una gran multitud, sus ojos se encuentran y siguen de largo, mientras un ligero viento hace ondear sus ropas y su pelo simulando lo que podría llamarse la parte física de su subconsciente, que les hace recordar a ambos por igual, lo mal que se llevaron y lo mucho que se quisieron, pensando a su vez aquello de “¿qué hubiese pasado?”… Sí, muy de película.

Pero tiene su parte de verdad. Esos amores que dicen “ni contigo ni sin ti”, creo que son los de verdad y son los que siempre acaban doliendo, si no es por una cosa, por otra. Aunque en el fondo, a veces, son divertidos. Hasta que una de las dos partes comprende que es imposible seguir así. Sí, ahí es cuando se dan cuenta de que se cruzarán un día en aquella ciudad, pero eso, que sólo se cruzarán.

Pero hablemos en serio (si es que hasta ahora no lo habíamos hecho). ¿Qué hay de esos amores en los que el amor, la añoranza y el sentirse bien son directamente proporcionales a la distancia que separa a las dos personas? Creo que tengo alguna conjetura al respecto, y me atrevería a decir que incluso tengo un teorema. Aunque creo también que es necesario comprender que en esta vida hay pocas personas conscientes de que hay una diferencia entre querer a alguien y creer que se le quiere y que la mayoría de veces nadie la nota, tanto es así, que la mayoría de relaciones están basadas en la creencia de que se quiere al otro.

Es cierto, desde pequeños nos pasaba, sólo queríamos aquello que no teníamos. Y como seguimos siendo críos, nos sigue pasando. Por eso nunca nos enamoramos de esa persona que tenemos al lado y que sería completamente nuestra (sentimentalmente hablando, no queramos quedarnos con propiedades que no nos corresponden ni a nosotros ni a nadie) hasta el momento en el que desaparece de nuestra vida. O nos empeñamos en estar con alguien, por el simple hecho de que no quiere saber nada de nosotros y cuando lo conseguimos, ¿qué?; la razón de esa lucha se acaba. Y bueno, o seguimos adelante y con suerte hasta sale bien o, como segunda opción, lo dejamos. Y al dejarlo, volvemos al principio, y como los principios gustan tanto, volvemos a repetir la historia.

Pero ¿y cuando el problema no es ese? El problema es que no eres tan feliz como deberías serlo estando con esa persona, pero sin embargo, si no estás con ella, tampoco. ¿Es posible querer a alguien con quien realmente no estás a gusto? Mi teorema dice que en ese caso, es posible creer que se le quiere. Y es posible creer que se le quiere muchísimo, porque son los grandes sentimientos los que se recuerdan y no esos que no son tan grandes. Lo que se recuerda es aquello que te encoge el corazón de alguna manera y eso, en este caso, sólo lo consigue un corazón condicionado por una cabecita que no es capaz de ver la realidad y que se siente feliz imaginando. Cuando estás con esa persona, no puedes imaginar porque es tu realidad y la de ella y las realidades a veces no son bonitas; sin embargo, mientras estés lejos de ella, la echarás de menos irremediablemente, pero no a ella, sino a esa persona que se coló en tu mente y se vistió con su cuerpo… sí, ese es mi teorema. Lo mejor llegados aquí, sin duda alguna, será huir, pero no como si fuésemos cobardes, sino huir para encontrar a esa persona con la que no nos haga falta imaginar.

Que el amor exista o no, no lo sé, hoy por hoy no lo sé. Tampoco sé si creo en él. Lo único que sé, es que debe de ser real y no fruto de imaginaciones, de historias, de cuentos… sólo de hechos. Para toda la vida o no… que cada uno elija.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Estamos hechos de sueños

¿Tienes un sueño? Cúmplelo. Todos tenemos sueños, algo que necesitamos hacer para sentirnos quizá un poco más felices, aunque a veces ni siquiera nos demos cuenta de ello; y es que de los sueños no siempre se tiene consciencia.

Conforme la vida va avanzando, vamos cambiando, vamos aprendiendo de todo aquello que nos ocurre y de todo aquello que vivimos, y por supuesto, nuestros sueños también cambian con nosotros. Está claro que los sueños que podíamos tener cuando éramos pequeños, no son los mismos que los que podamos tener ahora, pero sí que hay algo que puede relacionarse. De pequeños, es posible, que aunque tengamos sueños no seamos conscientes de ello, por el simple hecho de que nuestra cabecita aún no está lo suficientemente formada como para saber lo que es un sueño estando despierto ¿ó sí? El caso es que es en esa época cuando los sueños empiezan a forjarse.

Somos pequeños, pero eso no nos impide saber qué es lo que nos gusta y qué es lo que nos atrae. El problema, a veces, quizá sea que no somos capaces de relacionar esas cosas que nos gustan o nos atraen con un sueño o con la idea de poder hacer algo parecido. Y entonces, es ahí cuando comenzamos a dejar escapar los sueños. Error. Craso error, pero a esas alturas de vida, aún no lo sabemos.

Y es que muchas veces, ya de pequeños, dejamos escapar oportunidades que hubiesen sido las mejores para cumplir sueños cuando somos mayores y nos damos cuenta tarde. Aun así, lo que no tendría sentido alguno, sería lamentarnos por aquello que dejamos escapar cuando no levantábamos más de un metro del suelo, ya que a esa edad, se nos puede eximir de toda culpa. Pero ahora somos mayores, quizá ya no haya tiempo para cumplir el sueño completo, pero sí que lo hay para poder empezar a darle forma y llegar a algo muy parecido que sin duda alguna, nos hará más felices hoy por hoy; y ¿quién sabe? Quizá mañana, después de haber conseguido eso, podamos enfrentarnos al sueño de verdad de alguna manera. Supongo que en esta vida sólo hace falta la valentía necesaria para poder definir tus sueños y para luchar para llevarlos a cabo. Y es que, aunque no lo sepamos, todos estamos hechos de sueños…