martes, 18 de octubre de 2011

Me voy

Me voy… unos días, unas semanas, unos meses, no lo he decidido aún. Pero me voy. Supongo que por necesidad, porque el blog deja de ser lo que era y los textos también. Porque no me gustan nada las cursilerías y últimamente, sólo hay eso. Necesito un tiempo de relax, sí, eso es, relax. No escribir absolutamente nada y ordenar ideas que no vayan a acabar en un cajón desastre. Renovarme. Y recordar quizá aquellos comienzos en los que salía un texto al mes y era bueno, por consiguiente, además de ser verídico respecto a lo que sentía. Un tiempo para buscar nuevas inspiraciones y hasta un numen distinto, sí, que este ya está muy trillado. Un tiempo para dejar a la vida hacer e intentar no relacionarlo todo con un círculo infinito donde las cosas vayan a sucederse una y otra vez… Difícil tarea. Echaré de menos publicar. Pero ¿quién sabe? Igual hasta merece la pena e igual hasta es poco tiempo… Volveré…

miércoles, 12 de octubre de 2011

No hay marcha atrás

No hay marcha atrás. Esta vida nos plantea retos que no nos dejan elección en ocasiones. Actuamos según no sé bien qué clase de impulsos y la mayoría de veces, nos equivocamos. Sí, la mayoría.

Quizá deberíamos haber dicho todo aquello que dijimos, en el momento exacto. Quizá debimos dar aquel beso cuando aún tenía sentido. Quizá deberíamos haber aprovechado todo el tiempo con una persona y no dejarlo escapar pensando que nunca desaparecería de nuestro día a día.

A lo mejor, si antes de irnos hubiésemos pasado un ratito a solas con esa persona, o con todos, quizá hoy todo sería distinto.

Si hubiésemos recapacitado, no habríamos hecho lo que hicimos; sí solo hubiésemos sido conscientes de lo que nuestros actos conllevarían en el futuro, hoy no habría miradas y silencios y tampoco habría palabras forzadas.

Si ayer hubiésemos actuado pensando en el mañana, hoy las cosas serían distintas. Aun conservaríamos a esa persona o personas especiales a nuestro lado. Quizá dejaríamos de mirarnos y ocultar ciertos sentimientos, quizá hablaríamos sin tapujos, con total confianza y sin miedo a una reacción no esperada. Quizá dejaríamos de no creernos la vida en general, porque no, en ocasiones no nos la creemos.

Porque en ocasiones es difícil de creer. Es difícil creer que un corazón pueda latir, que una mirada pueda hacer sentir, que una palabra… que una palabra no se crea; y es difícil creer, después de tanto tiempo, que alguien vaya a hacer algo por cambiar el rumbo de las cosas… tan difícil, que asusta no creerlo y más aún hacerlo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Por una vez

¿Sabes? A veces hay que arriesgar. Sí, hacer ese tipo de cosas que no nos atrevemos a hacer por cualquier motivo. Es muy sencillo, si no lo hacemos siempre nos preguntaremos qué hubiese pasado; pero esto es muy típico, es lo que todos dicen y pocos hacen. No…

Pero bueno, piensa en eso que te genera duda. Hay una parte de ti, aunque sea mínima, que está deseando hacerlo, una parte que siempre está presente y que no te deja ni a sol ni a sombra. ¿Y si esa mínima parte es justo la parte importante? Porque las cosas importantes no tienen por qué ser grandes… Sí, es cierto, da miedo, pero ¿y qué? Igual merece la pena arriesgar, igual hasta sale bien. Aunque a veces, el miedo a perder algo verdaderamente importante, asusta más de lo que nos creemos. De todos modos, ¿desde cuándo el miedo consigue algo por sí sólo?

“Lánzate… por una vez... a ver qué pasa…"

domingo, 2 de octubre de 2011

¿Dónde están?

Y levantarte con la sensación de haber pasado una buena noche. O un buen día, en general. Esos días en los que a uno le da la risa y ya no para. Esos días en los que uno se siente bien con todas las personas que están a su alrededor y siente que son esas personas importantes que el tiempo ha ido consiguiéndole para él y de las cuales uno no quiere separarse nunca.

Esos días en los que te apetece tener música a todo volumen y saltar, pero no hacerlo sola, que bastantes cosas se hacen sola ya. Y entonces, te das cuenta de que nadie quiere ir a saltar contigo, y en caso de ir, nadie salta; así que tú también dejas de hacerlo o quizá ni siquiera lo intentas. Supongo que esas pocas personas que se supone que te conocen, no vieron como ibas deshaciéndote de todas las etiquetas que llevabas colgadas, y aún piensan que llevas unas pocas, cuando sólo llevas ya las estrictamente necesarias, porque crees fielmente en ellas.

Y los días pasan y ahora eres tú quien tiene las energías por los suelos o incluso más abajo, porque por los suelos ya estaban hace tiempo, esto sólo ha sido el recuerdo que hace que no olvides que hay montones de cosas que querrías cambiar. Maldito día en que te diste cuenta y bendita ignorancia…

Y una vez más toca levantarse y buscar esas ilusiones que no sé donde están. Esas ilusiones que se pierden cada dos por tres entre los cajones.

Y es que a veces, una se cansa de la misma gente (aunque quizá no sea la mejor forma de expresarlo), la mismas historias, los mismos lunes, los mismos martes… los mismos fines de semana donde dejó de haber alguien hace ya tiempo. A veces una ya se vio todas las películas, se leyó todos los libros y escuchó todas las canciones. A veces, una quisiera salir a la calle en busca de gente nueva, con la esperanza de que eso apague el run run de su cabeza y le devuelva algo de esa vitalidad que muy de vez en cuando tenía.

Incluso a veces, cae en el gran error que es pensar en el “y si…”. “Y si hace mucho, mucho tiempo…”. Está prohibido pensar en eso, pero a veces es irremediable, porque no puede evitarse pensar que quizá la vida hubiese sido distinta, las situaciones, la gente… todo. La vida no sería esta… Todo, antes o después, acaba teniendo sus consecuencias… pero seguimos cometiendo los mismos errores, porque no somos conscientes en absoluto de la magnitud de ellos. O quizá es que cada uno tiene la vida que le toca vivir, sin más. Es que hoy… esa una no tiene gana de que la vida sea la que es. Quizá es que lleva toda esa vida resignándose. O quizá lleva toda la vida haciendo algo que ni ella sabe bien qué es ni cómo explicar, pero haciéndolo. Y a estas alturas de la vida, quizá ya sea demasiado tarde para dejar de ser quien es o ponerse un disfraz que consiga de alguna manera abrirle los ojos un poquito más o algo así. No… no me explico, ni sé explicarme.

Y quejarse no es la salida, pero necesito gritar. Y creo que esta es mi manera de gritar cuando mi mente actúa de tal manera que gritar de verdad me destrozaría la garganta. Supongo que grito porque a veces hay cosas que me dan miedo…

Se supone que todos tienen de esos días; el caso es, que aun a riesgo de parecer catastrofista, pesimista y depresiva (tres cosas que odio en las personas y que no soy en absoluto), hoy (como tantas otras veces desde hace ya tiempo) siento que, por más que los busco, no encuentro el resto de días.