sábado, 19 de noviembre de 2011

Uno aprende

Hay un día en que uno aprende a mirar las cosas desde lejos.
Aprende que no todo siempre es blanco o negro.
Que de vez en cuando, podemos utilizar colores.
Que el mejor color del que disponemos es una sonrisa.

Hay un día en que uno aprende a ver cada gota de lluvia como una nueva oportunidad.
Aprende a mirar dentro de los demás.
Aprende a dejar que los demás miren dentro de él.
Aprende a aceptarse como es.

Un día uno aprende que el camino es sencillo.
Que sólo se hacen difíciles las cosas que uno hace solo.
Que pedir ayuda también es símbolo de fortaleza.
Que ser fuertes, no significa no sufrir.

Un día uno aprende que hay gente a la que hay que conocer.
Que los jardines están llenos de flores y que aunque algunas se marchiten, siempre queda alguna en pie.
Que por inexplicables que puedan ser las cosas, siempre hay algo que lo explica todo.
Que todo, a veces, parece no ser suficiente.

Un día uno aprende a mirarse al espejo y sonreír a ese ente extraño que aparece al otro lado.
Aprende a conocerse tal cual es.
Aprende que hay cosas que nunca podrán ser cambiadas.
Aprende a hacer que un cambio siempre sea positivo.

Y uno aprende a mirar al pasado con otros ojos.
Aprende a hacer que hasta esos ojos tengan memoria.
Aprende que todos estamos condicionados por nuestras circunstancias.
Y también aprende que las circunstancias cambian.

Uno aprende que nunca está todo escrito.
Que siempre hay algo nuevo por escribir.
Que la tinta no se agota mientras sigamos vivos y nos relacionemos.
Que los círculos casi nunca se cierran.

Uno aprende que para poder avanzar, es necesario mirar hacia el futuro.
Que el futuro da miedo, pero hay que plantarle cara en el siguiente instante a este.
Que para avanzar hacia el futuro, a veces, hay que volver al pasado.
Que volver al pasado, no significa retroceder.

Un día uno aprende que los momentos hay que cogerlos al vuelvo, de lo contrario, se escapan.
También aprende que hay otros esperando a que los cojas.
Que esos que esperan, aun no se han escapado.
Que, a veces, esta vida nos da la oportunidad de volver a tomar un momento en el momento adecuado.

Uno aprende que son esos momentos los que valen.
Que estamos hechos de momentos, de instantes.
Que a cada instante nuestra cabeza y nuestro corazón sacan un poquito de sí mismos y nos lo ponen delante.
Que ese poquito, no tiene por qué tener razón alguna, igual sólo es que a veces los presentimientos existen.

Y uno aprende que el amor no es un contrato.
Que los contratos se firman y hoy ya nadie está dispuesto a firmar nada.
Que el amor sólo es seguridad absoluta de que las dos personas estarán ahí.
Que a veces nos cansamos de buscar y tiramos la toalla.

Y uno aprende a volver a cogerla.
Aprende que no todos los amores son iguales.
Que también existen los distintos, sólo que nos da miedo abrir los ojos para verlos.
Y aprende que algún día, habrá que ser valientes y plantarle cara al miedo.

Un día uno aprende que hay palabras que se recuerdan siempre.
Y aprende que lo que más se recuerda siempre, son los hechos.
Uno aprende que hay dos clases de amigos: aquellos que son amigos por el paso del tiempo y aquellos otros que lo son por el “paso de los hechos”.
Aprende también que a veces van cogidos de la mano, pero no siempre.

Hay un día en que uno aprende que siempre es demasiado tiempo.
Que el tiempo es relativo y no todos lo entienden igual.
Que antes o después, todo se acaba.
Que los finales, no son más que nuevos principios.

Hay un día en que uno aprende a no decir “de esta agua no beberé”.
Aprende que no todas las aguas son buenas.
Que la bondad, a veces, también es subjetiva y lo que es bueno para ti, quizá no lo sea para mí.
Que lo importante es saber rectificar cuando uno no actúa bien.

Un día uno aprende que hay cosas que a veces le superan.
Que cada uno tenemos algo que a veces no soportamos de los demás.
Que ese algo, muy fácilmente, chocará con el algo de los demás.
Que hasta los choques son importantes en la vida.

Y un día, uno aprende que las circunstancias pueden hacer que todos cambiemos.
Que el cambio será sólo por un pequeño periodo de tiempo.
Que ese tiempo será el que nos haga reflexionar.
Y mientras reflexionamos, quizá nos demos cuenta de cuantas personas tenemos a nuestro lado en realidad.

Hay un día en que uno aprende a dejar que las cosas pasen.
Aprende a ir dejando a la vida hacer.
Aprende que la vida, muchas veces lo hace lo mejor que puede.
Aprende a poder creer que no hay razones más allá del corazón.

Y un día uno aprende a dar las gracias, las de verdad.
Aprende que hay muchas maneras de hacerlo y la mejor, a veces, no es decir “gracias”.
Aprende a estar en el momento en que alguien lo necesita.
Aprende que eso puede significar mucho más de lo que parece en realidad.

Un día uno aprende que todos los errores se superan.
Que cada error no es más que una oportunidad para aprender.
Que hay que saber aprovechar esas oportunidades y no mirarlas desde lejos como algo malo.
Que ese algo, no puede ser la razón para dejar de buscar aquello que queremos encontrar.

Y un día uno aprende que hay momentos de la vida que le gustaría olvidar.
Que el olvido, es algo de lo que todo el mundo habla y que en realidad no existe.
Que la palabra que más se parece a olvido es superación.
Que absolutamente todo se supera.

Aprende que nunca el guardarse una mala situación fue un buen método de superación.
Que el simple hecho de pensar en contarlo, ya ayuda.
Que la mejor ayuda es saber que el día que quieras contarlo, alguien estará escuchando.
Que el escuchar, siempre hace bien al que habla y al que escucha.

Uno aprende que todos tenemos una cabecita que piensa cuando la dejamos a solas.
Que a veces nos dan miedo hasta nuestros pensamientos.
Que todo lo que hacemos o decimos, siempre lleva detrás un proceso profundo de pensamiento.
Que la mayoría, ni siquiera somos conscientes de la mitad de lo que pensamos.

Uno aprende y aprende y con cada día, uno aprende…

Recomenzamos

Cómo pasa el tiempo… hace dos años que empecé a publicar, ¡dos años! No creí que durase tanto, nunca lo creí. Pero aquí estoy. Y bueno, he pensando que ya que estamos de cumple, no sería mala idea retomar la tarea y ver que sale, ver al menos si eso de dejar de escribir durante casi un mes, (dejar de escribir del todo, que en 28 días no he hecho absolutamente nada, a día 15 ya no pude resistirlo, lo reconozco) sirve para algo, como creí cuando decidí que era mejor descansar.
Me ha dado tiempo a reflexionar de manera tranquila, sin necesidad de plasmar que es lo que se movía a mi alrededor y, la verdad, es que no ha sido malo, ya hacía mucho tiempo que no reflexionaba “poquito a poco”, días tras día. Así que creo que… ¡comenzamos de nuevo!
Mi intención es escribir menos de aquí en adelante, dejar tiempo a las ideas para hacerse hueco y dejar las fantasías de lado, en definitiva, volver al principio, mi intención… pero ya se sabe lo que pasa en esto de las intenciones. 
Sea como sea, sí ¡recomenzamos!