viernes, 28 de diciembre de 2012

Kit-Kat

Solían decir de mí, cuando era pequeña, que era constante y trabajadora, que si me lo proponía podía llegar a donde quisiese, que tenía claras mis metas y que era capaz de establecer prioridades. Lo decían cuando era pequeña y lo siguen diciendo ahora…

Pero ¿qué pasa cuando no se tiene una meta? ¿o cuando decidimos o decido ser inconstante? Creo que ese es el problema: este blog no tenía una meta y mucho menos pretendía ser constante, nació por capricho, porque algo de lo que escribía, a veces, me parecía relativamente bueno, porque en cierto modo sentía que, por aquel entonces, estaba aprendiendo sobre la vida más que en ningún otro momento. De eso han pasado ya más de tres años y la vida ha cambiado mucho, muchísimo. En aquel tiempo buscaba algo nuevo que hacer, tenía una carrera prácticamente acabada y mucho tiempo libre, además de un montón de cosas bailando en la cabeza. Venían tiempos felices, y lo fueron durante un tiempo (valga la redundancia), lo cual siempre ayuda a escribir. Durante meses pasaron un montón  de cosas: gente que entraba y salía de mi vida, secretos que salían a la luz, sensaciones y sentimientos que aun no había experimentado… en fin, escribir era fácil, elegir tema también. Ahora las cosas son muy distintas… Aun conservo las primeras letras que escribí, hace ya como diez años… al principio no era gran cosa, cuatro palabras encadenadas que explicaban aspectos varios del día. Escribía de vez en cuando, muy de vez en cuando. Poco a poco, los textos fueron cambiando y la frecuencia con la que escribía también, hasta que llegó el día en que no me reconocía a mí misma sin escribir. En ese punto, empezó a rondarme por la cabeza la idea de crear un blog, hasta que un 19 de noviembre, presa del aburrimiento (todo hay que decirlo) me lancé a la aventura. 

La verdad es que el asunto pintaba emocionante, y tardé poco en descubrir que publicar era una especie de droga. Durante dos años no pude decir que la inspiración se agotase y hasta a alguna gente parecían gustarle las palabras encadenadas que iba soltando. Pero fui perdiendo el norte poco a poco y sentí la necesidad de dejar de escribir, así que durante un mes me obligué a mí misma a no soltar ni una palabra. Volví pensando que tenía energías renovadas, pero no era cierto. Hoy por hoy, más de un año después de aquel parón, he descubierto cual es el “problema”: ya no escribo para mí, sólo escribo para publicar; y no digo que esto sea algo negativo, pero tampoco es muy positivo. Los asiduos al blog van y vienen, pocos son constantes, pero sea como sea, creo que se merecen algo mejor. 

Por eso, dejo mi (relativa) constancia y vuelvo a hacer parón. Escribir, escribiré (esta vez sí), o eso espero, pero será para mí, para recuperar aquella magia del principio. De hecho, seguramente, lo poco o mucho que escriba sea con una de las viejas y no tan viejas plumas que andaban por ahí guardadas y que hace poco rescaté (este texto es el primero escrito a mano y con pluma y es cierto que me sabe distinto).

Así que sí, vuelvo a mis folios en blanco (o quizá a mis cuadernos, no lo tengo decidido) después de más de tres años de nuevas tecnologías. Si siguen saliendo historias y cursilerías varias, quedarán guardadas a buen recaudo, quizá más adelante tenga algún plan para ellas y si no… pues nada. 

Definitivamente, esta será la última entrada de este año. Pasad un feliz 2013 y… volveré, espero…

jueves, 27 de diciembre de 2012

2012... llegó tu hora...

Ha vuelto a llegar ese momento de hacer balance. Evidentemente, no es obligatorio, pero supongo que a estas alturas se ha convertido en una costumbre. Estuve leyendo hace unos días el del año pasado, y acababa con un aire de pesimismo bastante realista, la verdad: “no veo más que el paso de un día a otro” rezaba, y visto ya cómo ha ido el año… me he propuesto vivir este cambio de año de alguna otra forma más positiva, por ver si ese fue el problema, porque sí, debió haber un problema, el famoso efecto 2000 de hace ya tantos años hizo acto de presencia con retraso en mi mundo y… ¡zas! (Los más cercanos a mí saben de todo lo que hablo y bueno, más vale intentar tomárselo con humor, aunque no tenga ninguna gracia… ya que llegados a este punto del año me he dado cuenta de que río por no llorar, sí, por eso estoy más payasa que de costumbre…). 


Pero…  llevo un rato pensando, y la verdad es que no me apetece hacer un repaso mes a mes o estación a estación como otros años, porque hay pocos meses y estaciones que se libren, y dejar para la posteridad el recuerdo de todos los malos ratos vividos escrito no me parece muy reconfortante, que es lo que siempre me ha parecido el hecho de escribir. Así que, voy a hacer acopio de valor y voy a intentar sacar todo lo bueno que ha podido tener el año.

A parte de haber conocido a un montón de gente nueva y haber vivido alguna que otra experiencia que merecería la pena repetir y que, sin duda, me ha hecho crecer como persona, debo decir que, realmente, descubrir lo bueno es fácil, y lo tengo muy claro, he podido comprobar quien verdaderamente está ahí, tanto para los buenos ratos, como, sobre todo, para los malos, por eso: GRACIAS. No voy a dar nombres, porque seguramente olvidaría a alguien y algo y no sería justo y porque prefiero que cada cual coja su parte o el todo, lo que considere necesario. Gracias por las llamadas, por los mensajes, por esa pregunta tan fácil y tan difícil a la vez, porque implica que sea contestada, y que dice: “¿cómo estás?”. Gracias por las charlas, por los chistes malos, por seguirme el juego siempre, por preguntarme si quiero hablar “de eso” y escuchar o leer, por los besos y los abrazos (reales o virtuales). Gracias por el chocolate y las notas de ánimo, por los “regalitos” con más notas a las que debería ir haciendo caso. Gracias por los paseos interminables en coche, por las visitas inesperadas, por las cosquillas, por las noches de agua y estrellas, tan vacías y tan llenas, por más chocolate, por las vistas. Gracias por las sonrisas, por las tardes de café, por los silencios, por la paciencia. Gracias por las historias, por las risas, por seguir siempre ahí, por los recuerdos, por aguantarme. Gracias, también, por ayudarme a empezar a cumplir un sueño, a ti por empezar y a ti por continuar, sin duda esas 88 teclas han sido la vía de escape muchas veces desde mitad de año, lo que representan, el saber que por mal que fuesen las cosas, aun quedaba tiempo e ilusión para emprender un camino que sólo fuese mío, al que no le veo el final, pero sí le vi el principio. Y finalmente, gracias, porque gracias a todo esto y a vosotros, este 2013 parece bastante más fácil de afrontar ahora. 

Ya sólo queda elegir los famosos propósitos para el nuevo año, pero creo que no he tenido tiempo para pensar en ellos seriamente, así que los dejaré en el aire e iré descubriendo cuáles serán poco a poco, como siempre. 

¡FELIZ 2013!

domingo, 23 de diciembre de 2012

El mundo real

Y entonces despertó. El sol brillaba y los pájaros cantaban y… ¡ah, no! Sólo era la luz de la habitación y el despertador de las narices sonando… (ahora viene la mejor parte, sí, ya suena el gallo). Pero ¡¿quién ha puesto el reloj a las 3 de la mañana?! Y entonces lo ve, ese cuaderno que aceptó gustosamente (o no, nadie lo sabe, nadie le ha preguntado y él no se ha dignado a hablar) ser el testigo y guardián de sus sueños. Ahora entiende lo del reloj. Parece que es hora de coger la pluma y escribir. Sí, ya llegan las imágenes. Parece un sueño bonito… tres, dos, uno…:


¿Tú otra vez?  Bueno… Estabas ahí, pero… te esfumabas por momentos, aparecías y desaparecías como por arte de magia y yo me quedaba mirando, impaciente, “¿piensas quedarte o te vas a ir de una vez?” Es curioso, tenía la sensación de que si te ibas, sería para no volver… Llevabas 5 segundos sin aparecer por allí (o quizá más, no lo sé, aun no he conseguido que mi reloj funcione en sueños ¡y eso que es de pulso!). Pues, creo que te habías ido… ¡buen viaje! No sé dónde estaba, estaba perdida o eso creo, pero no me sentía perdida, había mucha gente a mi alrededor, no conocía a nadie, pero todos me sonreían como si ellos sí que me conociesen a mí. Quiero moverme y empezar a andar, toda esa gente va a algún lugar y quiero saber dónde, pero mis pies hacen caso omiso (qué curioso, fijo que tengo el pedal de resonancia bajo ellos, sí, bajo los dos, y por eso no hacen lo que mi cerebro les ordena, últimamente me pasa mucho). Bueno, pues me quedé quieta. La situación estaba cambiando, el aire era más puro en ese momento, no se veía a nadie y la verdad es que tampoco se veía nada. Ahí sí que podía moverme, así que probé a caminar hacia alguna dirección (no sé cual, creo que debería ir pensando seriamente en coger una brújula para mis sueños, en fin, para el próximo… y un cuaderno también, de alguna manera tendré que hacer saber a mi yo despierto las cosas que necesito en sueños… creo que esto de anotar sueños se está complicando por momentos). ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Que probé a caminar y caminé y caminé y caminé… y cuando miré a mi lado… 

- ¡Ups! Esto… hola… mmmm… hace buen día, ¿verdad? 
- El mejor. 
- Sí… supongo… ¿Qué haces aquí?
- Caminar.
- ¡Claro! vaya pregunta…  Este es mi sueño ¿sabes?
- Y el mío.
- No, soy yo la que está soñando.
- Y yo.
- Ammm, vale... y…. ¿tú con qué sueñas?
- Contigo.
- ¿A dónde lleva este camino?
- Al mundo real.
- ¿Y es bonito ese mundo?
- Mucho más que este.
- Imposible.
- Te queda sólo un segundo para comprob…

Y sonó el despertador…  

Mira a la cama. Ahí está él. Está despeinado. Abre los ojos y la busca:
- Vuelve a la cama. Que si no te abrazo no sé dormir. 
- Ya voy amor… ¿Sabes? Llevabas razón.
- ¿Cuándo?
- Hace un ratito. Esto es mucho mejor.
- ¿Cómo?
- Vuélvete a dormir, ahora te veo.



- Hola.
- Hola amor.  

viernes, 21 de diciembre de 2012

Recortes


Aquella foto ya no es lo que era, quedó arrugada, medio quemada, con un doblez en mitad y finalmente recortada. Lo que era uno, se convirtió en medio. Ya pocos recuerdan algo de lo que fue, sólo ellos dos saben de la existencia de esa foto, de la existencia de aquel día, de las sonrisas que se regalaron y de los besos a escondidas, sólo ellos saben de los abrazos, de los te quieros y de la felicidad absoluta que acompañaba a esa pérdida de la noción del tiempo. No es la única foto, hay más. En todas ellas sonríen, sonreían. Aun recuerdan el motivo de cada risa, de cada carcajada, pero ya no les hace gracia. El tiempo pasó y ha ido borrando hasta el más mínimo atisbo de felicidad, ni siquiera son capaces de entender qué fue lo que les hizo sentirse felices entonces. Ellos querían que se hablase de su amor de leyenda, que todos les tuviesen envidia, no querían que el otro se fuese, no querían que se acabase. Luego, no quisieron recordarse, no quisieron que el otro les recordase. Aun recuerdan el motivo de cada lágrima, sí, también recuerdan eso. Todas las veces que quisieron secárselas el uno al otro prometiéndose que todo iría bien, que todo se arreglaría, que habría más fotos bonitas. Ahora todas son recortes. Recortes de vida, retales de ilusiones a los que les falta el hilo para poder coserlos, tela hecha jirones, melodías incompletas. Ahora sólo quedan las palabras y dicen que a esas se las lleva el viento. Ya no queda nada. Ni siquiera dolor. Sólo queda indiferencia. Una mirada que se cruza sin más, unos ojos que miran al suelo y una caja de zapatos llena de recortes que nunca se abandonan y que, finalmente, se cierra y se guarda al fondo del armario con prisa, cuando se escucha: 

- ¿Estás lista?
- Sí, ya bajo. 

Tu mirada es distinta, tu sonrisa también. Tu mano agarra fuerte y no tira de mí hacia ningún lugar, simplemente sostiene la mía, no vaya a caer. La melodía suena mejor así. Ese traje te sienta bien, esa sonrisa también. Estoy lista, podemos irnos. 

Y ahora, sólo quiero ver tus manos al piano.

Invisible

Y cuando menos te lo esperas, pasado y presente entran en contacto, y te das cuenta de que, después del golpe inicial que se produce al encontrarte de frente con el pasado, todo se esfuma y no queda nada. Bueno sí, ese chaquetón rojo sin mangas y ese cigarro… 

Quizá todo estaba ahí puesto esperando que llegase el día perfecto, el día en que fueses consciente de que pasado y presente pueden convivir, de que pasado y presente conviven aunque no quieras y para dejarte ver de nuevo un pasado que, aunque lejano, siempre sigue ahí. 

No, ciertos encuentros no son bonitos, menos aun si son inesperados. Hacen que de repente sientas la necesidad de contar historias y que vuelvas a morderte las uñas. Pueden sacarte de tus casillas por un instante y apagar alguna lucecita de todas las que encendiste por la mañana, aunque la verdad, fueron muchas, así que esa pequeña lucecita ya no tiene importancia, el día y la vida siguen siendo igual de luminosos sin ella. 

Y entonces, miras atrás y te das cuenta de lo mucho que todo cambió y de que no todos cambiaron, que hay cosas que siempre siguen igual, que todos tienen valor para hablar detrás de cualquier cortina, pero no lo tienen para hacerlo a la luz del día. Lo cual, confirma una vez más aquello que ya quedó confirmado. 

Y ahora, al fin, sonríes. El aire, ahora, entra y sale de tus pulmones con total normalidad. Bien se merecen la enhorabuena… 

sábado, 15 de diciembre de 2012

A mi lado

Dicen que el mundo se acaba en menos de una semana, por eso todo el mundo va de aquí para allá, buscando y viviendo todo aquello que aun no vivieron… ¡ah! No, que seguimos todos igual. Vale, no se acabará, pero… y ¿si se acabase? Cuántas cosas quedarán por vivir… Otros dicen que esto sólo será el cambio de una era a otra (o algo así), lo cual, particularmente, me atrae bastante más. Y yo me pregunto: ¿un cambio? Hoy por hoy, hasta eso parece que tiene buena pinta, pero… ¿qué cambio?

Yo… es cierto, cambiaría muchas cosas, siempre lo he dicho, de hecho he ido cambiando mucho y muchas veces, paso a paso, aunque algunos quisieran que fuese más rápido, con pies de plomo, estudiando cada nueva imagen que se plantase ante mis ojos, estableciendo diferencias entre distintas situaciones, sabiendo qué buscar, mas a veces, no sabiendo dónde, buscando el dónde y buscando luego el qué. Y en este cambio y esta búsqueda, lo incluyo todo, desde los deseos más profundos arraigados en mí hasta, incluso, las personas que merecerán formar parte de esta historia, estableciendo prioridades, siempre estableciendo prioridades (aunque a veces las cosas no salgan como se tienen planteadas). Sí, dicho así, suena muy cuadriculado, puramente matemático, quizá, pero realmente no lo es. Complicado, es posible, porque sería mejor no pensar, más rápido y más productivo, resultados inmediatos, seguro, pero… hasta los pensamientos se enquistan si no se piensan (algunos se enquistan hasta pensándolos…) y deshazte luego de ellos… ese sin duda es el camino más difícil, desechar ciertas cosas, pasarlas por alto, vivir sin pensar todos los días en ellas, pero es completamente necesario. 


Así que bueno, un cambio no es algo que me pillase desprevenida, eso creo, quizá esta vez vendría de fuera… sólo espero, que si ese cambio se produce (de alguna forma, por algún motivo, el viernes que viene o cualquier otro día de la vida…), si es que ese cambio existe produciéndose para todos a la vez, al menos aquellos que son capaces de sacarme una sonrisa, de hacerme reír, de jugar conmigo cuando no tengo ganas de ver la vida en serio y de conocerme mejor, a veces, que yo misma, sigan a mi lado…

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nos vemos...

Mira el reloj. Aun es pronto, todavía puede disfrutar un poco de lo que tiene ahora. El tiempo está pasando más lento de lo que esperaba y eso le alegra. Sí, son esos pequeños instantes los que hacen ciertos días más bonitos. Está feliz. Ese estado que hace que se le quede a una eso que llaman sonrisa en la boca. Pero de repente, algo cambia, como si el mundo se trastabillase de repente y le costase seguir de la misma manera, como si frenase bruscamente y cambiase de sentido y, entonces, la sonrisa se va apagando y el tiempo comienza a correr. Vuelve a mirar el reloj, no puede ser: ¿ya? Suspira. Parece que se acaba una vez más. Como siempre. Sí, la sonrisa se ha esfumado, las palabras también. Sólo queda una conversación insípida acerca de… ¡bah! ¡Qué más da! Qué raro… hasta las cosas más sencillas se tornan difíciles a veces.

Nos vemos… (dudan) cuando siempre…  

jueves, 6 de diciembre de 2012

Punto y aparte

Aquí me veis otra vez, aporreando teclas (las del ordenador y algunas más) después de este parón no premeditado, pero necesario al fin y al cabo. Casi mes y medio sin soltar una palabra… así que ahora debería soltar muchas, si no fuese porque este tiempo me ha dejado sin ellas, con la boca seca y los ojos también, por qué no decirlo, perdida una vez más y buscando la salida hacia no se sabe dónde, cerrando capítulos definitivamente, casi sin darme cuenta (en todos los aspectos de mi vida) y no sé si abriendo otros o simplemente dejando que la vida se tome su tiempo para reconducirse. Y es que parece mentira que la vida pueda cambiar tanto en apenas 42 días…

He dicho adiós a una de las personas más importantes de mi vida, a quien me enseñó a pelear, a luchar, a no rendirse y a recapacitar cuando las fuerzas fallaban, a imaginar, a contar historias, a enfrentarse a la vida y a disfrutar de ella desde una mecedora, a sonreír siempre, a vivir con optimismo y alegría, a no perder nunca el sentido del humor, a querer a los libros, a ser diferente, a aprender cada día y, aun después de irse, sigue enseñándome cosas. “Fue duro, muy duro, ver cómo te apagaste, más duro de lo que pensé que sería, pero allá donde fuiste a parar, encendiste una luz que lo iluminó todo como el sol de la mañana, y a pesar de las lágrimas que empañaban mi mirada, un atisbo de sonrisa aparecía en mi cara, recuerdos, todos ellos bonitos, historias que ya no recordaba, momentos vividos en los que ya no pensaba y la alegría inmensa de saber que sí, que te fuiste, pero que estuviste aquí, que siempre compartiste todo lo bueno que tenías (como buenos hermanos, decías), que tengo mucho de ti y que lo guardo bajo llave… Quizá el día de mañana, yo también le cuente historias a alguien y vuelva a crearse esa unión que tú tuviste con ella y yo contigo… quizá nuestra historia empieza cuando todo parece que se acaba, quizá la vuestra también empezó así… porque justo ahora, me siento más unida a ti…“

He cerrado capítulos, como ya he dicho antes. Esos capítulos que parecían imposibles de cerrar, como tantas veces, pero que siempre acaban cerrando flojito, porque parece que cuando empujas a la puerta con fuerza, rebota y se vuelve a abrir. 

Así que ahora mismo, hasta parece un tiempo raro este. He ganado seguridad, confianza, no sé cómo ni de qué manera, y todo lo ocurrido ha hecho que disfrute más de aquello que verdaderamente me hace disfrutar y, sobre todo, que sea más “yo”. 

No sé si este puede ser el comienzo de una nueva etapa, otra más, ¿quién sabe? Pero tengo esa sensación de punto y aparte, de historias que comienzan después de finales, de cambio, de remodelación, de reformas… esa sensación de camino nuevo (aunque desconocido).

jueves, 25 de octubre de 2012

Si supieses


Si supieses todo el tiempo que gasto al día pensando en ti. Cómo te paseas por mi mente como si de un parque se tratara. Cómo te tomas la libertad de quedarte allí sentado, mirando lo que hay de reojo, intentando volver a amueblar todo aquello que quedó vacío de ideas, de sueños, pero extrañamente desordenado y lleno de recuerdos… Ya podrías preguntar al menos, ¿no? De todos modos, te diría que sí, nunca me importó que amueblases esa parte de mí, de hecho, en el fondo, supongo que quería algo así. Otras veces, te echo a patadas, te digo que desaparezcas de ahí, que te lleves tus cosas, que estires ese hueco que le has dejado al sofá, que no dejes rastro, pero… no tardas mucho en aporrear la puerta y yo no tardo mucho en abrirla un poquito y decir: ¿qué? Y cuando creo que ya no volverás a llamar… entras corriendo y cerrando fuerte para que nadie más pueda colarse, quedándote dentro mirando alrededor, supongo que para comprobar si hay muebles nuevos… Miento si digo que no me gusta, sólo digo que el tiempo se acaba, que el juego se termina y que igual, deberías darte prisa…

domingo, 21 de octubre de 2012

Divagaciones


¿Sabes? Te mentí. Te dije no cuando era sí. No encontré el valor para decir la verdad. Debió quedarse escondido al fondo de ese cajón donde guardo todo eso que puede hacerme falta algún día. Y bueno… no sé. Creo que, incluso, la mentira ha traído algo bueno. Aunque no estoy muy segura. Yo sigo dando vueltas en círculos, intentando salir en algún punto por la tangente correspondiente y llegar lejos, muy lejos, seguir andando en línea recta por una vez… pero las tangentes no están bien trazadas… alguien debió equivocarse derivando o… las hizo mal adrede. Y los puntos empiezan a ser gordos, igual de gordos que cuando estábamos estudiando y necesitábamos que la recta pedida pasase por ellos, y entonces íbamos agrandando el punto hasta que conseguíamos que la respuesta que dábamos se pareciese un poco a lo que debía parecerse… Parecerse… al fin y al cabo todo son apariencias… y también parece que la mayoría de veces es sólo eso lo que importa. Ya me gustaría a mí entender por qué no sabemos decir las cosas en el momento exacto y sólo las queremos decir cuando vemos que se acaba el tiempo… O por qué sólo nos damos cuenta de lo que tenemos cuando quizá lo estemos perdiendo. Mientras, dejamos que pase el tiempo leyendo y releyendo las mismas cosas cien veces todos los días y nos las aprendemos de memoria… qué espacio tan mal ocupado en el cerebro… pero ya da igual. Vivimos con una coraza, lo he dicho muchas veces, y el miedo a perder se suma al miedo a rompernos la crisma. Es triste, pero cierto. Salir huyendo es bastante más fácil. Pero aun así, seguimos preocupándonos por aquello que piensan los demás, por aquello que hacen, por no saber qué rumbo pueden tomar las cosas, por saber si la lucecita ha decidido encenderse de verdad o sólo dio un pequeño fogonazo para llamar tu atención. El miedo también hace que prefiramos ver la lucecita en los demás a que los demás la vean en nosotros… somos cobardes por naturaleza. Y nuestra cabeza maquina, y lo hace a tal velocidad y con tanta imaginación, que solemos acelerar el ritmo de las cosas y cambiar el sentido. Magnífico combustible es el miedo… Y después de todo, solemos hablar en plural, porque el singular, el particular, el individualizado en uno mismo, da más miedo y duele más. Gajes del oficio, eso dicen, de vivir… pues vaya oficio… quizá todo sea un teatro, quizá ese grupo de personas que deben ocuparse de los decorados y esas cosas pues… se quedó sin dinero y no pudo comprar un  decorado distinto o… igual este es el decorado del final de una escena y el principio de otra, igual otro personaje aparece en el mismo lugar con otra trama y los personajes de esta se marchan sin más, como difuminados, o… igual este decorado es el correcto y el final de la obra se está acercando, dando los últimos coletazos como todo final que se precie y… es un final bonito o feo… no lo sé… quizá la función va a terminar…

viernes, 28 de septiembre de 2012

Las cartas sobre la mesa

Pongamos las cartas sobre la mesa. Seguro que no es fácil, estas cosas nunca suelen serlas, pero siempre son necesarias. Sólo queda saber si la necesidad tiene la fuerza y el poder necesarios (sí, a veces me repito) para levantar todas las cartas de una vez y no dejar ninguna boca abajo que pueda llevar a confusión. Aunque… “tu confusión te la quito en un baile” (de qué me sonará esto ahora…).


No, no cambiará, así la maldigas veinte veces todos los días y te quejes treinta. No cambiará. Maldita sea… No tiene nada claro, nada. Deja que las cosas vayan sucediendo y se impacienta. Sus sueños son difíciles de poner en un papel. Lo que piensa también. Los días pasan, espera que los vientos cambien, se entretiene buscando en el armario, aunque la verdad es que no sabe qué. A veces le gustaría comerse a alguien a besos, otras veces mandaría todos los besos allá donde se envían todas las cartas sin dirección. Y piensa: lo mejor está por venir. Más vale que sea muy bueno. Los días son extraños, cada vez más. Todo aquello en lo que un día creyó ha dejado de tener credibilidad alguna. Cada vez se pierde más, no encuentra la salida, ni siquiera la de emergencia. ¡Mira, por ahí! ¡Ah, no! Pues eso. Habrá que buscar mejor… ¿Y si se rinde? A veces es la solución, pocas, pero algunas. Aunque… no, mejor… pongamos las cartas sobre la mesa.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Dime que bailarás conmigo


El baile va a comenzar, todo está preparado: el salón, la música, los invitados, los vestidos, las luces… Todos han empezado a llegar, todos se van situando, se sonríen unos a otros, van entrelazando manos, las primeras notas van sonando, las colas de los vestidos empiezan a danzar, aparecen hasta los primeros pisotones. Las sillas que aún permanecen ocupadas se van quedando libres, todas las parejas empiezan a llegar, todas se saludan, todas me van diciendo adiós sin hacerlo, me van dejando sola. Mira, la última pareja se formó. Todas bailan al compás, siguen los mismos pasos, parecen marionetas manejadas por hilos invisibles que se mueven con total precisión. A veces me gustaría verlo desde dentro, pero no puedo. No están permitidos los solistas… mi vestido va empezar a opacarse, mi mirada empezará a esconderse, mis pies comenzarán el camino de vuelta… 

De repente, ahí estás, al final llegaste, tardaste pero llegaste, mi vestido ha comenzado a brillar de nuevo, mi mirada vuelve a aparecer, mis pasos se acercan a los tuyos… Sólo un baile. Ya se verá si pasamos la noche bailando o nos despedimos una vez más, sólo te pido que nos olvidemos de los hilos…

Dime que bailarás conmigo…

martes, 25 de septiembre de 2012

El cóctel perfecto


El cóctel perfecto. Sin más. 

Uno necesita a quien molestar, con quien reír, con quien jugar y con quien pelear. El otro necesita alguien que alimente su ego. 

Uno necesita una historia diferente. El otro necesita contar historias, simplemente.

Uno necesita alguien distinto a la seriedad de la vida, al menos en apariencia. El otro necesita alguien que le explique que la vida no es tal como la pintan y las palabras son polisémicas. 

Uno necesita seguir teniendo 15 años, el otro, alguien que aun los tenga.

Uno necesita soñar con alguien por las noches. El otro, aparecer en los sueños de alguien.

Uno necesita saber que siempre habrá alguien escuchando. El otro, que alguien quiera ser escuchado.

Uno necesita fantasear. El otro, descubrir esa fantasía.

Uno necesita sentir cosquillas en el estómago. El otro, provocarlas.

¿Podrán los papeles darse la vuelta?


Septiembre 2011

domingo, 23 de septiembre de 2012

Treméndamente enamorada

Hoy voy a hacer acopio de valor. Voy a ser sincera. Total, serlo o no serlo hace tiempo que dejó de servirme. Sí, estoy enamorada, tremendamente enamorada. No puedo más que estarlo, y menos tampoco. Completa y perdidamente enamorada. Sin remedio. Sin cura alguna. Enamorada. Con todas sus letras. De quien o de qué da igual, ¿o no? Esto es una declaración en toda regla y nadie dijo que tuviese que ser concreta. Bastante hay con ser sincera. 


Estoy enamorada de cada una de tus palabras, de cada uno de tus gestos para conmigo, de cada vez que vienes a buscarme cuando una parte de mi quiere que alguien la acompañe. Aunque eso no pase siempre. Me he enamorado hasta de la manera en que te echo de menos cuando peleamos, cuando te dejo o me dejas vagando sin rumbo, intentando encontrar qué decirte y qué decir. Me he enamorado de esa manera que tienes de recordarlo todo, hasta con fechas. De que siempre sepas qué decirme y de que me muestres todo aquello que yo no suelo ser capaz de ver. Me he enamorado de tus abrazos, de tus besos, de tus caricias y de tus miradas, aunque no suelas darme nada de eso. Me he enamorado de la distancia que nos separa, que puede ser tan larga y tan corta a la vez. Prometo darme a ti entera, sin reparos, sin secretos, siendo simplemente yo; prometo que mis sonrisas serán de verdad, que mis lágrimas también lo serán y que los “te quieros” se quedarán cortos frente a todo lo que siento por ti. Me he enamorado de ti. Y sé que no podrás admitirlo, pero también tú de mí. 

sábado, 22 de septiembre de 2012

...

Ven. Despacio. Mírame. Shhh, calla. Olvídate de mañana. No hables, no pienses. Sólo siente. Abrázame. Fuerte. Sepárate despacio, déjame notar tu respiración en mi cuello. Es de noche. No hay nadie. Las farolas tienen hoy un resplandor extraño. O quizá soy yo la que se siente extraña. ¡Bah! Da igual… vuelve. Hoy tus manos son perfectas. Siempre lo fueron. Tus ojos tienen la magia que tuvieron hace tiempo. Eso me gusta. Hoy quiero volver atrás. Sí, es justo eso. Volver atrás. Tus labios están cerca. Mantenlos ahí, no sigas. Después de tanto tiempo, prefiero alargar este momento. No hay prisa. Tenemos una noche entera. Mañana todo será igual que ayer. Quizá. O no. No. No quiero. Una noche es poco. Mejor no pensar. Shhh, ya me callo. Acércate. El corazón me va a mil. Tengo miedo. ¿Y si todo es un error? Olvídame vacío intenso. Déjame tranquila hoy. No quiero que existas. Me pregunto cómo pudo complicarse algo tan fácil, cómo puede uno encontrar lo que quiere en el momento preciso en que no quiere encontrarlo. Maldita sea. Todo hubiese sido más fácil. Hoy sólo seríamos un recuerdo. Sigue acercándote. Sólo un roce. Estoy empezando a perder. No soy yo. Esta sensación me consume. Ya no sé reír. Te muerdo, me muerdes. Pierdo la partida. Mis fichas desaparecen. La desesperación me consume. No te vayas. ¡Mierda! Juré que no te lo pediría. Ya no quiero que acabe esta noche… 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Tacones y uñas rojas

Hoy es uno de esos días de tacones de infarto y uñas rojas (o negras). De mirarte al espejo y lamentarte de la suerte de aquel pobre iluso que se cruce en tu camino. De pisar fuerte, de hacer sonar cada uno de tus pasos, de sentirte segura como pocos días, o al menos, de aparentar seguridad infinita. A los de fuera les asusta, eso es seguro, pero da igual, hoy da igual. Notas cómo te miran al salir, cómo sus ojos no pueden evitar seguirte como hipnotizados; hoy, ni las calles poco transitadas te asustan. Nada te frena. Hoy te sientes deseada, lo has buscado desde el principio y ya sabías entonces que sólo era cuestión de proponérselo. Que aunque lo niegues por norma, tienes en tus manos los hilos que mueven el cuerpo de cualquiera, que todos son sólo marionetas danzando detrás de ti y que hoy, tú, y sólo tú, tienes el control. Será esa sensación de acabar con todo, de romper y volver a comenzar, la que te envuelve en este aire de “femme fatale”, la que hace que hoy te sientas capaz, la que hace que hasta sientas lástima por aquel que gire la cabeza al pasar… pero hoy, el arrepentimiento no existirá, el sentimiento de culpa carecerá de sentido. "Cierra las puertas y los balcones, hoy no escaparás". 

Hoy es uno de esos días de tacones de infarto y uñas rojas…



Incierto y necesario

Ya no se cree los cuentos, no los de hadas, sino esos que de vez en cuando la gente cuenta para tapar no se sabe qué, esos que están llenos de mentiras, esos que cada vez que reparas en ellos te dan una pista más para poder descubrir que no son de verdad, que no existen, que son sólo una sábana bastante translucida, por qué no decirlo, que cubre un montón de pensamientos y sentimientos que quieren ser olvidados. De hecho, cada vez cree menos en las palabras de la gente, cada vez confía menos en que el ser humano sea más simple de lo que aparenta ser, como siempre pensó, cada vez cree menos hasta en sus propias convicciones. Pero parece ser que es lo que toca. 

Nunca se conformó, pero esta vez, en su andadura por estos mundos tenebrosos en ocasiones, sólo sabe y quiere dar patadas a cada piedra que se encuentra, alejarla de sí misma y confiar en no encontrarla nunca más, o al menos eso intenta. Quién sabe si lo consigue... 


Ya le gustaría poder creer en otro tipo de cuentos, en aquellos en los que creía de pequeña y en aquellos en los que creyó de mayor alguna vez. Volver a experimentar ese estado de embriaguez profunda en el que todo es perfecto y hasta las hadas que revolotean son de verdad. Quizá se hizo tarde, quizá, simplemente, esos cuentos no llegaron, se perdieron en el camino porque la señalización no era buena, se confundieron en un cruce de historias o dieron más vueltas de las necesarias en cualquier rotonda, se marearon, se desorientaron y no llegaron a su destino. Esas cosas pasan. 

En la estación anterior se quedó llorando; hoy, sólo le sale ya dejarlo todo de lado y luchar contra esa sensación de alejarse y decir adiós. Esa sensación de final incierto y necesario…

jueves, 20 de septiembre de 2012

Septiembre (II)


Caí en la trampa de escribir acerca del septiembre que la mayoría de gente conoce, del septiembre tradicional, de ese que habla de finales y principios, de ese de días cortos y añoranza por el verano viajero y las maletas llenas, de ese de libros nuevos y rutinas incesantes. Pero no dije una pizca del intenso septiembre, del que le da emoción a esta vida apagada durante el verano, de ese septiembre en el que la rutina también se ve reflejada en otros aspectos, de los días raros, de los encuentros y de los sentimientos.

Debo admitir que adoro septiembre, con sus idas… no, con sus venidas. Adoro septiembre y todo lo que siempre ocurre en él, porque alguien dice que es un mes interesante, y lleva razón. Y es que esa sensación de “vida complicándose por momentos” hace que viva más intensamente. Al tiempo, los nudos en la garganta dejan de importar y también dejan de importar los momentos buenos que pueden llegar a ocurrir en este mes, dejan de importar las palabras que se dijeron porque parece que todos dejan de recordarlas o, peor aún, las olvidan. Y sólo queda como un mes en el que parece que de un momento a otro todo va a cambiar y dar un giro de 180º que, en realidad, nunca se produce. 


Es el mes de los gestos bonitos y de los feos, de las palabras calladas, del autodescubrimiento y descubrimiento también de los demás, me atrevería a decir que, incluso, es el mes de alguna declaración inesperada y, por supuesto, de las reconciliaciones y peleas constantes, tanto con uno mismo como con los demás.

Y a pesar de adorarte, septiembre, a pesar de quererte como te quiero, a pesar de que una parte de mí quiera que llegues siempre, a pesar de sentir por ti lo que no siento por ningún otro mes… a veces estrujaría tus días y los tiraría a la basura, porque me estresas, me agotas, acabas con mis nervios, me desquicias, haces que saque lo peor de mí… pero sí, aun así te quiero, septiembre. De hecho, creo que te quiero precisamente por eso…

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Rocas afiladas

Comencemos a andar. Demos un pasito, pequeño o grande, que cada cual decida. Sigamos dando otro paso más y otro… vayamos haciendo el camino, exprimamos todo lo que podamos tener a nuestro alcance, empapémonos de cada instante como si fuésemos esponjas secas en un mar de posibilidades. 


Cerremos los ojos, no los abramos, visualicemos un sueño, el que sea, el nuestro. Una ilusión, una meta, un destino que a ser posible no se encuentre a la vuelta de la esquina, un destino que requiera subir laderas escarpadas, saltar entre rocas afiladas, escalar paredes de hielo, recorrer bosques en llamas, saltar precipicios donde sólo veamos oscuridad, luchar contra dragones para rescatar princesas de castillos encantados, pelear contra tormentas de arena y plantarle cara a nuestro propio miedo. Ese sueño, ese destino, esa ilusión. ¿La veis? 

El viaje va a ser duro, muy duro; la recompensa será dulce, muy dulce, pero también será amarga. El viaje nos hará comprender cuánto deseamos llegar a la meta, cuánto estamos dispuestos a sufrir, cuánto estamos dispuestos a intentar, si nos quedaremos sólo en la ladera escarpada o si, por el contrario, acabaremos plantándole cara al miedo. El viaje se convertirá en una droga, habrá momentos buenos y momentos malos, momentos de debilidad y momentos de una fortaleza sobrehumana, momentos en los que tiraremos la toalla y momentos en los que nos agacharemos a cogerla o, incluso, echemos atrás nuestros pasos para ir a por ella. Y todo ello lo haremos porque en nuestra mente tendremos siempre presente esa imagen que vimos al cerrar los ojos, ella será nuestro combustible, nuestra llama, nuestro motor y toda la maquinaria necesaria para continuar. La ilusión. Por eso, es posible que cuando lleguemos a la cima y veamos todo aquello a lo que nos enfrentamos en todo ese tiempo pasado ya, nos demos cuenta que lo que merece la pena sentir es la adrenalina del peligro, de la alegría, del miedo, de la duda… y que estar arriba no nos resulta tan emocionante como pensábamos que sería. Porque los sueños están para cumplirlos, pero cuando los cumplamos, ¿merecerá la pena realmente?, ¿qué nos quedará? Quizá por eso, a veces nos gusta ir dejando historias sin acabar y seguir poniendo rocas afiladas en nuestros propios bosques en llamas por las que saltar, aunque a veces nos quememos los cortes…

Si te consigo, ¿qué me queda?  Y si no… ¿vendrás?

Supongamos

Supongamos que el dolor no existiese en este mundo, que ni las palabras ni los hechos hiciesen daño, que sólo pudiésemos experimentar la felicidad y las sensaciones agradables, mientras que los momentos malos no existiesen. Quizá entonces, si todo eso ocurriese, no callaríamos palabras y viviríamos aquello que de alguna forma nos intriga. 

Si nadie fuese a sufrir por nuestras idas y venidas, por nuestras acciones repentinas, todo sería más fácil. Si el dolor se convirtiese en un vacío en el que nada se siente y la felicidad en algo realmente palpable cuando aparece… 

Supongamos que realmente podemos decir lo que pensamos en cualquier momento, sin importar si la vida cambiaría en esa manera en la que no queremos que cambie, sin importar si después nos sentiríamos bien o mal, sin importar que esa persona que está en frente sufriese o no. 


Que nadie pudiese comunicarse sino con palabras, que diese igual si son verdad o no, que sólo fuesen palabras y nada más. Qué cualquier sentimiento se quedase de lado porque el raciocinio completo y la felicidad apabullante lo inundase todo. 

Si un “te quiero” fuese tan fácil de decir como parece para algunos, si la respuesta tampoco costase, si el creer en ella fuese fácil, si sólo pudiese decirse cuando es de verdad… si nos dejásemos de esconder de la vida… qué distinto sería todo…

domingo, 16 de septiembre de 2012

Quizá de ti, ya no

Me gusta escuchar, es la ventaja de hablar poco y que los demás hablen mucho. Yo también tengo manías ocultas y pájaros en la cabeza, historias largas, historias difíciles, pensamientos estrambóticos si se piensan a la ligera o si se piensan con tranquilidad, tengo secretos guardados que nadie conoce, noches en vela por preocupaciones que nadie piensa que tenga, dudas a miles, a millones, corajes escondidos como buenamente puedo por escuchar verdades o mentiras de opiniones y consejos que no quiero escuchar aunque pida, sentimientos guardados, palabras calladas, momentos olvidados que siempre recuerdo, miedos ocultos, raciocinios llevados al extremo, sueños, ilusiones, historias inventadas, sentimientos callados, arrepentimientos varios por no haber hecho vete a saber qué, lágrimas guardadas en cajitas de papel… pero no los cuento. Así que, haré una excepción:


Te echaré de menos. A ti por irte y a ti por irme. Te echaré de menos, por estar lejos y por no estarlo tanto. Porque te echaré de menos a ti y… a ti. Y no sé si te echaré de menos mucho o poco, quizá a ti ni siquiera te eche de menos, a veces, incluso te echo de más y tan malo es eso como lo otro. Te echaré de menos por imaginar y por sentir. Te echaré de menos cuando no tengas por qué echarme de menos a mí, te echaré de menos cuando vuelva a casa sin ti, cuando las estrellas dejen de ser las mismas, cuando las conversaciones se repitan, cuando me cuentes historias a la mitad, cuando te sonría de lejos, cuando un recuerdo me haga sentir un roce en la espalda. Te echaré de menos cuando digas algo sin sentido, cuando tengas miedo y dudes, cuando no te atrevas a mirarme, te echaré de menos cuando ya no me abraces por la espalda. Te echaré de menos cuando hasta ser yo misma me cueste, te echaré de menos cuando se te acaben las sonrisas, cuando vuelvas a desaparecer, cuando vuelvas a no mirar hacia atrás, cuando vuelvas a olvidar que quizá te eche de menos, te echaré de menos cuando te olvides de mí. Quizá hoy me olvide de ti. Quizá de ti, ya no.

Necesita su final

Veinte mil comienzos sin sentido, veinte mil palabras, veinte mil roces de una mano, veinte mil kilómetros en cualquier coche, veinte mil sonrisas, veinte mil miradas, veinte mil historias sin contar, veinte mil noches soñando, veinte mil sueños sin cumplir, veinte mil ilusiones nuevas y viejas, veinte mil pedacitos de cristal… 


Los números no pueden cuantificar las cosas importantes de esta vida, eso es algo que aprendió hace tiempo y que, por alguna razón que conoce bien aunque no la diga, hoy recuerda más que nunca. El estar segura de lo que es un error y de lo que no hace que cada vez las cosas se hagan más difíciles, que las palabras cada vez le duelan más y que cada día, entienda menos la película que se empeña en seguir viendo noche tras noche.  No aguanta a esa gente que se engaña a sí misma, que se empeña en buscar quién sabe qué teniendo delante de sus narices lo que encontró hace ya tiempo. No aguanta la cobardía de sentimientos, ni a aquellas personas que planifican y cuentan todo para, al tiempo, no hacer nada de lo que planificaron o, peor aún, hacer todo lo contrario. No aguanta las esperas, ya no, y tampoco el hecho de que la gente siga como si nada después de esos momentos en los que es imposible hacer tal cosa. No aguanta sentir que se equivocó con las cosas de las que más segura estaba. 

No le importa verle (de hecho le encanta), pero odia recordarle… y también odia que todo aquello que no podía empezar, no haya empezado. Odia arrepentirse y que el reloj no se pare a veces. Odia esa manera que tiene todo de torcerse en el camino y pensar que quizá sea porque algo mejor viene detrás, porque detrás sólo ve vacío. Vacío… vacío… 

Se le acabaron las lágrimas y las ganas de soñar, necesita su final…

viernes, 14 de septiembre de 2012

También puede ser...

Bajar y volver. O quizá no, quizá continuar sea lo mejor, no pensar y seguir andando, mantener el tipo, la vista al frente y adaptarse a todo, hacerse de plastilina y encajar en el molde… 


A veces duele (porque es esa la palabra) el ver como las distancias cada vez se hacen más largas y aquello que siempre llamaste con tal o cual nombre, ahora parece conservar dicho nombre por pura inercia, por costumbre. Y es que a la vez que unas distancias se alargan, otras empiezan a acortarse e incluso los nombres cambian de personas o las personas de nombre...

Puede ser que las cosas nunca cambien, pase lo que pase, que las circunstancias sean extrañas a veces, que las cosas no salgan como queremos, que eso del karma exista en serio, que la vida a veces se complique un poco más de lo que esperábamos, que las prioridades cambien… pero que en el fondo todo siempre siga igual… también puede ser. O que cada cual veamos las cosas de manera distinta al que tenemos al lado y los optimismos y las esperas esperanzadas cambien de bando… también puede ser… 

Mañana será otro día…

jueves, 13 de septiembre de 2012

Nuevas oportunidades

Creo que a todos nos llega en algún momento ese día en que, de repente, nos damos cuenta de aquello que no hicimos bien o de aquello que no hicimos de la manera en que deberíamos haberlo hecho o de aquello que… simplemente no hicimos, sin más. 

Ese día algo en nosotros cambia, se transforma. Vivimos como ausentes, lejanos y no sabemos muy bien como volver al estado en el que estábamos antes. Casi sin saber cómo hemos llegado hasta ese lugar, empezamos a darnos cuenta de que no íbamos por el camino correcto y entonces, todo se vuelve un poco gris. Es posible que sintamos incluso la necesidad de volver atrás para cambiar el rumbo de las cosas en ese supuesto momento en que se torció y al ver que no podemos, nos sumimos en un estado de “shock” suave y tremenda claridad mental.


Pero no todo tiene ese aire gris. Ese momento nos da la oportunidad de saber en qué nos equivocamos y qué es aquello que no queremos repetir en un futuro, nos da la opción de darnos una oportunidad a nosotros mismos, nos da la oportunidad de mirarnos al espejo y contarnos quienes queremos ser e, incluso, con quién queremos compartir estos descubrimientos. Nos va a dar la oportunidad también de vivir situaciones nuevas y de vivir de manera distinta otras experiencias, eso sí, afrontándolas con ganas, entusiasmo y curiosidad, mucha curiosidad y ganas de aprender, que para eso vinimos y es lo más interesante del viaje. Nos da, al fin, el valor necesario para echarle ganas a la vida y coger las riendas del destino, pero sobre todo, de ser felices de la manera en que nosotros queramos.

No podía no dedicártela, Tuti… ¡Arriba ese ánimo y a echarle ganas!  ;)

domingo, 9 de septiembre de 2012

Mensajes


Érase una vez que se era un mensaje que se escapaba por una ventana. Un mensaje formado por únicamente siete sílabas, las siete sílabas más perfectas y bonitas que puedan existir. Siete sílabas que conseguían, allá donde fuesen, hacer que todo pareciese mejor, que los problemas fuesen menos problemas y que todos nos sintiésemos insignificantes frente a ellas.

Estas siete sílabas formaban palabras, frases; a veces salían enfurecidas y otras, dulces, alegres y tranquilas, aunque dependiendo de quién estuviese escuchando, su intención podía ser completamente distinta. No seguían un orden fijado, simplemente susurraban en los oídos de aquellos que tenían el corazón abierto para escuchar y dejarse llevar por la magia que llevan en su mensaje. 

Y continuaban saliendo, viajando en el viento, en órdenes distintos y con distinta fuerza, solas o acompañadas y los sueños iban tomando forma, sólo ellas saben en qué sentido…

lunes, 3 de septiembre de 2012

Septiembre y olor a libro nuevo

Ha llegado septiembre y con él el final del verano. Las playas se van quedando vacías, los días están empezando a refrescar, los pensamientos empiezan a volver a la rutina e incluso aquellas decisiones que llevamos meses posponiendo deben empezar a ser tomadas. 

Septiembre tiene un halo de dualidad: por un lado es el fin de una etapa y eso siempre genera cierta tristeza, añoranza o cualquier tipo de sentimiento más oscuro que luminoso; por otro, es el comienzo de otra nueva, lo que suele proporcionarnos un poco de alegría, siempre y cuando tengamos claro qué clase de etapa queremos o tendremos. 


Está claro que mis septiembres  ya no son lo que eran, tienen esa dualidad aun, pero no se siente del mismo modo. Aun recuerdo cuando empezaba a ponerme nerviosa porque en dos semanas empezaban las clases y mi mayor ilusión era arrasar con la sección de material escolar de cualquier gran comercio: gomas, lápices, bolígrafos, colores (incluyendo ceras, rotuladores, lápices de todos los tamaños y en cajas grandes), tijeras, plastilina, agendas, libretas de todos las dimensiones posibles, folios blancos y de colores, carpetas, estuches, portafolios, sacapuntas… y todo lo que os podáis imaginar, además, como no, de lo mejor que podía haber en el mundo mundial: el olor a libro nuevo. No es una ilusión que haya podido cumplir, la verdad, pues siempre sobraban cosas del año anterior y hubiese sido un derroche comprarlo todo de nuevo, así que hoy por hoy, tengo que hacer grandes esfuerzos por no entrar ahí y llenar un carro de la compra sólo con material escolar. 



Ahora mis septiembres parecen comenzar con una pregunta: ¿qué va a ser de mi vida hasta junio? Y como no se me ocurren respuestas demasiado convincentes, pues… corro a la sección de material escolar cual drogadicto que sabe que tendrá su dosis en pleno día de mono, aspiro hondo para guardar un poco de ese olor para días venideros y compro la agenda más bonita que haya para ir anotando las posibilidades. Después de todo, esto es lo único que es seguro que puedo renovar cada septiembre. 

(Nota: La de la viñeta podría ser yo, sólo hay que cambiar el color del puf a verde, el oso por un gran mono y hacer desaparecer al gato; por lo demás, mi persona en pleno éxtasis a día 15 de septiembre de hace unos cuantos años).

miércoles, 22 de agosto de 2012

La educación pro-vida

Primer video en una entrada en los casi tres años de vida del blog. Alguna muy buena razón debe haber.
Esta película documental cuenta todo lo que en algún momento, o quizá siempre, he pensando y, en muchas ocasiones, no he sabido expresar, además de otras muchas cosas que en cierto modo no he sabido que pensaba hasta el momento. 
Merece la pena que sea vista y cuestionada, que se piense verdaderamente en lo que se está viendo y escuchando. Porque educación no es lo mismo que enseñanza, aunque eso está claro. Porque la educación sí que está prohibida. Porque nos enseñan y enseñamos para llegar a ser el estereotipo fijado (¿por quién?). Porque una nueva "escuela" sería posible. La pregunta es: ¿está la sociedad preparada para aceptar eso?






sábado, 18 de agosto de 2012

Valiente

Y mira hacia delante, la vista fija en el horizonte, el suelo pocas veces fue un buen sitio al que mirar. Metas, objetivos, finales o principios que le parecen cada vez más lejos. Planes fallidos y motivos que empiezan a acabarse. Es hora de ser valiente…

Crear caminos, saltar obstáculos, gritar con fuerza, levantar la mirada, encontrar motivos, acercar la lejanía, estudiar estrategias, lanzarse al vacío y crear un buen lugar donde caer… Sí, ya es hora de ser valiente…

miércoles, 15 de agosto de 2012

Cantos al optimismo

Y aun a veces en mitad de la nada, recuerda que un día hubo algo, ya no importa el qué. Ve pasar los días uno a uno, rápidos, fugaces…  piensa que son estrellas y pide deseos de hoy para mañana, pero cuando despierta, todo sigue igual y en el mismo lugar. Si cierra los ojos todo es distinto. Unos días raros, unas semanas… seguramente unos meses, después todo acaba, siempre pasa así. Los felices finales existen, eso le contaron y no es quién para no creerlo, pero a veces cuesta tanto… y se dice para sí: “la suerte debe cambiar”. Aunque en realidad puede cambiar de muchas formas y torcerse un poco más. Y poco a poco, entre risas, bromas, juegos y tiempo perdido, hace cantos al optimismo, aunque hoy no sea uno de esos días…

lunes, 13 de agosto de 2012

Llegué tarde

Llegué tarde, no sé cuánto, pero llegué tarde. Me quedé charlando con mis recuerdos y con la posibilidad de escucharte decir todo aquello que nunca dijiste. Tuve que ir y volver a aquel día a rescatar todo aquello que pasé, pasaste o pasamos por alto. Y es que tuve cosas que hacer y confié en que aun siguieses en el mismo lugar de siempre, esperando a que llegase. Pero me quedé escribiendo, contándole todo esto a una pantalla que guarda mis secretos más ocultos, un secreto más no le haría daño. Y pasaron un montón de secretos, un montón de recuerdos y un montón de miedos antes de comenzar a caminar a ese lugar de siempre. Y se hizo de noche, todo se volvió oscuro y dejaste de esperar. Se acabaron los recuerdos con los que hablar…

domingo, 12 de agosto de 2012

Ando buscándote


Ando buscándote por las esquinas, por los rincones, intentando averiguar si sólo te escondiste o te marcharte para siempre. Intentando comprender si te marchaste conociendo el camino o simplemente empezaste a andar a tientas. Intentando obtener la respuesta que tanto busqué y que nunca tuve. 

Ando buscándote por las esquinas, por los rincones, sin más compañía que el recuerdo de aquello que alguna vez encontramos y perdimos al mismo tiempo. Imaginando qué haría si al girar te encontrase. Intentando bajar de las nubes en las que a veces me subo.

Ando buscándote por las esquinas, por los rincones, con tu imagen fija en la cabeza, como una estatua que no se mueve pero siempre sonríe. Soñando por la noche y también por el día. Pensando que, quizá, al girar aparezca tu figura andando hacia mí o sentada en un portal esperando mi llegada. 

sábado, 4 de agosto de 2012

Cambiamos, crecemos

Todos cambiamos, ninguno somos el mismo cuando pasa el tiempo. Las circunstancias nos afectan de manera distinta a cada cual y antes o después, acabamos no siendo las mismas personas que éramos antes. He ahí una de las razones principales de que las historias que tenemos con los demás, sean del tipo que sean, se acaben. Todos cambiamos y dejamos atrás lo que nos unía a otras personas.


Y cuando una historia se acaba o, simplemente cambia, duele. Siempre duele, en mayor o menor medida y de una forma u otra. Y tenemos que hacernos fuertes para no caernos más abajo de donde ya lo podemos estar ahora. Es difícil pensar que el día de mañana habrá más gente y que recordaremos lo que vivimos ahora de otro modo, pero debemos aceptar que la gente crece. Sólo se trata de eso, aunque nadie sepa muy bien cómo explicar a los demás que han crecido y se diga lo que se diga, acabe doliendo.  El problema supongo que se debe a que no lo hacemos del mismo modo, al mismo ritmo y por el mismo camino. Pero todos crecemos y creceremos y es posible que, cuando llegue mañana, nos demos cuenta de que antes o después, habríamos sido nosotros los que habríamos dicho adiós sin demasiadas explicaciones.

Le gustaba


Le gustaba quedarse la noche en vela mirando la luna cuando estaba llena y justo dejaba pasar la luz por su ventana. Le gustaba pasarse las horas muertas buscando estrellas en el cielo y sintiendo el poco aire que solía correr en esta época del año. Le gustaba quedarse pensando en el montón de cosas que podría hacer y en todos aquellos planes que tenía previstos para tener una vida de ensueño, que se esfumaban sin más al llegar la mañana. Les gustaba reírse sin motivo y no borrar la sonrisa de su boca. Le gustaba imaginar que quizá algún día la sonrisa fuese de verdad, porque los pensamientos también fuesen reales. Le gustaba dormirse pensando en él, es posible que pensase que de esa manera soñaría con él y, al día siguiente, todo fuese distinto por una vez… a veces, eso le bastaba. Pero cuando llegaba la mañana, todo se esfumaba, la vida cobraba su sentido de nuevo y otro día comenzaba de la misma manera que el anterior, esperando que llegase la noche y que la luna aun no se hubiese ido.

viernes, 3 de agosto de 2012

Tu regalo

Hoy voy a regalarte algo que no pienso envolver, ni adornar con un lazo bonito, ni dedicar con palabras que queden para la posteridad. Voy a regalarte algo que ya te regalé más veces, algo que no es nuevo, no es original y mucha más gente sabrá, podrá, querrá regalarte y te regalará. No, hoy no te voy a hacer un regalo especial, ni un regalo que puedas llevar en un bolsillo para que sea tu talismán, ni un regalo que puedas enseñarle a los demás. Tampoco voy a regalarte algo con lo que puedas acordarte de mí cuando lo veas, porque será completamente invisible en su mayoría.Te regalo un apoyo constante, la seguridad de que pase lo que pase, estaré ahí.Te regalo un hombro, ya estés lejos o cerca, para cuando las cosas no marchen como deberían.Te regalo una caja llena de consejos que te daré cuando los pidas y, algunos más que se escaparán cuando no los quieras escuchar.Te regalo un puñado de sonrisas, que espero que alguna vez te alegren el día.Te regalo una broma detrás de otra y… algún momento haciendo el payaso, si no, no sería un regalo mío. Igual algún día te acuerdas y acabas riéndote.Te regalo un baúl compartido, por si tienes secretos que no puedes guardar sólo.Pero sobre todo, te regalo recuerdos, los que ya lo son y los que aún quedan por ser…

miércoles, 1 de agosto de 2012

Olor a sal


Y encontrarte en mitad de ese preciso instante en el que te preguntas cómo llegaste hasta allí y por qué las cosas son así. Ese preciso instante en el que todo parece formar parte de un libro perfecto  en el que sólo hay que seguir pasando páginas para llegar a ese ansiado capítulo…


Olor a sal, un denso olor a sal que se siente de la misma manera en que se siente el calor, y que consigue que si más, como si se tratase de un extraño presentimiento, te levantes de golpe para mirar al horizonte y pedir un deseo, dos,… veinte. Todos a la vez, resumidos en el más importante de todos… al menos ahora. Si aun crees en la luna, el horizonte, justo en la línea en la que mar y cielo se confunden, también tiene derecho a hacernos soñar de vez en cuando. 


Y de repente, despiertas. Una pequeña brisa refresca tu mente, tu corazón, tu día y al abrir los ojos, allí está, más grande y brillante que nunca, o quizá sólo lo parezca. Blanca. Cómplice de tantos y tantos deseos; y por un momento, la brisa se convierte en esperanza y alegría, sin más. 


Sigue oliendo a sal…

lunes, 23 de julio de 2012

Hoy, no pienso limpiarme

¿Por qué no seguir siendo una niña? Bien mirado, se supone que es de la infancia la época en la que mejores recuerdos se tienen y donde se supone que fuimos más felices, así que no creo que sea completa y estrictamente necesario olvidar lo que era y dejar de ser niños. Las risas, los juegos, las cosquillas, la capacidad de asombro por absolutamente todo, la manera de luchar por todo lo que queríamos, los saltos, las carreras por la calle, las chuches, las no-preocupaciones…

Supongo que ya crecí en bastantes (aunque no suficientes) aspectos de mi vida, como para dejar de ser una niña también; Sí, por eso me gusta que alguien juegue conmigo a las adivinanzas, que me hagan cosquillas y llenarme la boca de chocolate… Hoy, no pienso limpiarme…

domingo, 22 de julio de 2012

Momentos perfectos

A veces, en este ajetreado mundo, los momentos perfectos existen. Momentos que duran más o duran menos y que recuerdas con relativa frecuencia. Momentos que por mucho que quisieras, no podrías olvidar, porque fueron así, perfectos, sin más. Y hubieses querido que durasen por siempre, alargarlos al máximo, olvidar que debía existir un mañana y que ese hoy iba a acabarse. Hacer que las noches fuesen más largas y que el tiempo que tenías no se agotase. Recuperar aquella magia que sólo es posible en algunos lugares y con la noche presente.

viernes, 13 de julio de 2012

Nos volvimos a levantar

Y si dejas preguntas abiertas, no soy capaz a dejarlas sin responder… (aunque quizá debiera callarme).

Realmente, nunca hemos empezado nada cuando nos ha salido mal, sólo hemos decidido seguir intentándolo. ¿Por qué? Porque no teníamos miedo al fracaso. Cuanto más crecemos, nos creemos más valientes, pero la realidad es que somos mucho más cobardes.

De pequeños no teníamos conciencia más que de lo nuevo y teníamos un mundo por descubrir. Aun no nos habíamos hecho daño y si, en algún momento nos lo hicimos, lo olvidamos pronto, ¡el mundo era demasiado interesante para quedarse parado! No habíamos llegado a fracasar y nadie nos había mirado con esa mirada que, a pesar de que la mayoría de veces quien la da es un espejo, tanto nos asusta. Así que lo intentamos una y otra vez, dimos un montón de pasos y nos caímos un montón de veces, pero siempre, siempre, nos levantábamos (salvo cuando éramos tan pequeños que decidimos esperar para intentarlo otra vez, porque… quizá no era el momento adecuado, ¿no?), balbuceamos primero, durante meses y durante años, a veces, hasta que conseguimos al fin decir la primera palabra y todos nos miraron y aplaudieron y nos sentimos felices, así que repetimos la palabra hasta la saciedad y también escribimos un montón de letras antes de hacer una buena y tuvimos a alguien al lado que nos ayudaba a seguir, a continuar, a volver a intentarlo…

¿Sabes lo mejor? Que nada de eso ha cambiado: seguimos teniendo a quien nos apoya y a quien se alegra cuando algo nos sale bien, cuando volvemos a ser felices, incluso tenemos a más gente a nuestro lado, gente nueva que hemos ido conociendo a lo largo de nuestro viaje, gente que se alegra de verdad cuando las cosas nos van bien, que se preocupa de verdad cuando nos ve tristes, a la que le gustaría hacer cualquier cosa por vernos sonreír y que perdona muchos de nuestros sinsabores con ellos. Realmente es muy simple. Pero tenemos miedo de las miradas que no éramos capaces de lanzarnos cuando éramos pequeños, tenemos miedo de nuestro fracaso, de nuestro dolor, del que nos puedan hacer los demás y del que podamos hacernos nosotros, sobre todo de este, tenemos miedo de reprocharnos algo mañana a nosotros mismos, y el miedo paraliza más que ninguna otra cosa en el mundo, y entonces nos olvidamos de que aprendimos a andar, que aprendimos a hablar y que aprendimos a escribir, volvemos a pensar que no sabemos y dejamos de querer conocer el mundo.

Sí, vamos a tener cabezas hechas pedazos, corazones también, cicatrices por todo nuestro cuerpo, ¿y qué? ¿Después del primer llanto y del segundo y del tercero cuando caímos al suelo, no nos levantamos? ¿Por qué era el mundo tan interesante antes? ¿Qué es lo que tenía que no tiene ahora? ¿O somos nosotros los que no lo vemos igual?

Un día como hoy, nos volvimos a levantar…