sábado, 10 de marzo de 2012

Antes de las 8

Dime. No sé qué, pero dime algo. Cuéntame que encontraste un trébol de cuatro hojas en tu ventana, que el viento lo puso ahí y que por eso hoy te fue bien el día. Cuéntame que un niño pequeño te saludó por la calle, sonriéndote. Cuéntame que, sin querer, escuchaste que alguien decía algo bueno de ti. Cuéntame que acabaste de leer ese libro que tanto te gustaba. Cuéntame que has visto por enésima vez esa película de la que siempre hablas, que has vuelto a reír con ella, o que has vuelto a llorar. Cuéntame que el sol brillaba hoy con más fuerza que otros días. Que los jardines parecían ser más verdes. Que los recuerdos eran más bonitos. Que las sonrisas eran mejores y más grandes. Cuéntame que hoy pensaste en mí…

Porque yo pensé en ti, de todas las maneras posibles. Y di mil vueltas por mi habitación y salí a la calle, y corrí y reí y lloré. Y cogí ese libro y lo devoré en dos minutos. Y me acorde de aquel día… ¿te acuerdas? Y de aquel otro… y fui feliz durante algún instante; esa felicidad cursi que es imposible disimular. Y volví a pensar en ti… Y quise llamarte, pero no me atreví. Y quise mirarte, pero no estabas. Y quise pensarte… sí, eso sí.

Así que dime algo. Dime que pensaste en mí al ver el trébol en tu ventana, que la película te recordó a mí. Que aquellos recuerdos, eran de aquel día… o de aquel otro. Dime que sonreíste. Dime que echaste la vista atrás y viste pasar el tiempo. Dime que quisiste abrazarme. Dime que quisiste mirarme y no estaba. Dime que esperaste escucharme. Dime que quisiste decirme… no, eso no. Dime que quisiste pensarme…

Y si nada de esto pasó, dime que quizá algún día, antes de las 8, entre un barullo de pensamientos, entre un sinfín de cosas que hacer, entre una torre entera de libros por leer… encontrarás un segundo perdido y me lo dirás.

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