martes, 13 de marzo de 2012

En 13 y martes...

Hoy es martes trece… dicen que es el día de la mala suerte. Pero eso es aquí, porque para los anglosajones estos días parecen ser los viernes trece, hasta las películas más macabras se desarrollan en ese día, pero claro, eso allí; aquí nos lo tomamos un poco más a guasa y tenemos (o teníamos) un dúo “humorístico”. Sea como sea, hay a quien le da por ponerse un poco histérico en días como hoy y, la experiencia nos dice, a todos, que estos días no suelen ser muy distintos a los demás. La cosa es que si sólo se trata de un martes, todos están tranquilos, si sólo se trata de un día 13, también, pero en el momento en que esas dos palabras se juntan, se forma una especie de cóctel explosivo y la gente, desde el lunes 12, empieza a repetir: “mañana es martes 13”… qué miedo… Pero nos gustan esas cosas, igual que necesitamos, en ocasiones, creer en algo para sentirnos protegidos de algún modo, necesitamos saber también que hay cosas “no buenas” que pueden suceder y como, realmente, ni las cosas buenas ni las “no buenas” avisan, pues nos tenemos que agenciar un momento determinado para estar alerta para las segundas. Después está también aquello de los gatos negros, de pasar por debajo de una escalera, de romper los espejos, de los cuervos, de abrir el paraguas cuando no está lloviendo, de cantar villancicos cuando no es Navidad, de tirar la sal, que yo me pregunto: si tirar la sal da mala suerte ¿tirar el azúcar la da buena?. En fin… Lo peor de todo, es que reconozco que pudiendo evitarlo, no paso por debajo de una escalera;  el resto me da igual, de hecho a la sal siempre le echo un pulso, la pongo a prueba y seguimos igual, y espejos… si por espejos rotos fuese, ya podría ir olvidándome de mi suerte. Eso sí, no faltarán los que cuenten sus historias acerca de sucesos acaecidos en días como el de hoy, historias terribles, sucesos extraños y situaciones inquietantes con las que se nos intenten poner el vello de punta, es lo lógico, y si se encuentra a alguien que eche a correr al escucharlas, el narrador habrá conseguido su objetivo y conseguirá un martes trece divertido. Y es que en el fondo, sólo buscamos eso, alguna razón y excusas varias para poder reírnos y tener algo a lo que agarrarnos cuando queramos dejar de tener los pies en la tierra.

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