jueves, 8 de marzo de 2012

¿Y si fuese el último?

Justo estaba decidido ya a hacer aquello que siempre quiso, a decirle eso que nunca se atrevía, a arriesgar una parte de sí mismo, a luchar para conseguir ganar alguna de sus batallas, o a cualquiera de esas cosas que siempre se dejan para el último momento y que uno no hace por pereza unas veces y por miedo otras. Justo estaba decidido en ese mismo instante… pero se acabó. Se le acabó.

Se acaba todo, de un instante a otro, todo puede irse. Nos vamos nosotros o se van ellos, pero alguien se va y el resultado siempre es el mismo: siempre se quedan cosas por decir, siempre se quedan cosas por hacer. Y no eres consciente hasta que ves como todo puede apagarse.
 
Hoy más que nunca veo como ciertamente estamos hechos de instantes; y no son tantos los que hay. Y nos pasamos la vida esperando a que llegue ese momento adecuado para decir, hacer, intentar o luchar, pero ¿y si ese que nosotros consideramos el momento adecuado resulta no serlo? ¿O resulta no llegar? ¿Y si los momentos no llegan, sino que hay que buscarlos, ir a por ellos, hacerlos llegar nosotros mismos? La verdad es que sentarnos a ver como esos instantes van llegando no parece la opción más acertada.

Si lo pensamos fríamente, no es tan difícil decir un “te quiero”, hacer eso que siempre se quiso hacer y que no se hizo por “falta de tiempo” (bendita excusa), intentar vivir como, cuando, donde y con quién se quiera cada instante e incluso la vida entera, luchar para poder conseguir que todo esto se haga realidad. Y es que sueños, ilusiones, planes (llamémoslos como queramos) hay muchos, pero tiempo para realizarlos no hay tanto; además, los planes van cambiando y aumentando en número, en ocasiones, conforme vamos creciendo, cambiando, madurando o envejeciendo, con lo cual, igual no es tan fácil poder llegar a cumplirlos todos, por eso, precisamente, hay que intentar al menos conseguir cumplir día tras día esos que pueden llamarse “fáciles” aunque cuesten, e ir continuando con el resto. Quizá estemos esperando a vivir esa vida, en ese lugar, de esa manera y con esa persona, pero también es posible que estemos perdiendo el tiempo en esa espera, pudiendo luchar por hacer fácil lo difícil o lo que creemos difícil, luchar para encontrar el modo exacto de conseguir nuestro plan, sin miedo de lo que pueda pasar más adelante, porque realmente, el final (y el principio) siempre será el mismo. Más vale cambiar el medio…

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