domingo, 15 de abril de 2012

Dame un minuto y te lo cuento

Busco inspiración, ahora que ya por fin, después de tanta lluvia sale el sol. Porque ya apenas dejo tiempo y siempre me falta. Porque he perdido la práctica de dejar la mente en blanco y escribir. Porque cuesta retomarla, porque no encuentro el camino, porque diría tantas cosas que vuelvo a no decir ninguna, porque hasta a las mayores inspiraciones las he dejado ir y ya no son las mismas. Y es que va a resultar verdad aquello de que el cansancio psíquico es peor que el físico. Ni los pájaros, ni los árboles, ni un mirador perfecto. Quizá la música… esa nunca falla. Así que sólo dame un minuto para decirte que…

Nadie será perfecto, nadie tendrá las ideas claras ni sabrá qué hacer con su vida, la mayoría de veces quizá ni siquiera sepamos por qué estamos con unas personas u otras, porque si lo pensamos, estamos con quien se cruzó en nuestro camino en algún momento. Y los momentos cambian, por eso de vez en cuando es mejor parar y desintoxicarse antes que hacerlo a la carrera y acabar echando por tierra a quien no se lo merece. Supongo que eso hacemos: desintoxicarnos. Ni siquiera sé si da resultado… 

Después están esas personas que no saldrían de tu vida aunque las echases mil veces, bien porque no están dispuestos o bien porque una parte de ti no quiere, no puede, no sabe… pero no eres consciente de eso, así que piensas. Y de repente, un día, vuelven a aparecer.

Y después están aquellas otras con las que de alguna manera encajas de una forma especial, aquellas que parecen no estar, pero responden siempre las primeras. Aquellas que cuando no tienen nada que decir, escuchan. Cada cual tendrá las suyas y seguro serán completamente distintas a estas, pero estas son las mías. Distanciadas en apariencia, sin la necesidad constante de saber minuto a minuto qué pasará, pero con lazos invisibles que atan fuerte. Esas personas que se preocupan por conocerte y que, en mi opinión, no abundan.

Así que dame un minuto y te lo cuento. Porque a veces contaría tantas cosas, que con un solo minuto me bastaría, porque quizá ni siquiera hablase, pero conocerías todo aquello que siempre intentas descubrir. Un abrazo, una lágrima, una sonrisa, un beso… sólo dame un minuto y te lo cuento.

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