lunes, 28 de mayo de 2012

Yo sólo quería

Yo sólo quería sentarme y hablar, sólo eso. No buscaba siquiera que me dieses la razón ni que asintieses al compás de mis síes entrecortados. Sólo hablar. No quería que me sonrieses, ni que me miraras de esa manera en que lo haces, ni que me contases lo crudas que están las cosas, eso ya lo sabía yo. No quería tampoco que me enseñases nada nuevo, ni que me hicieras olvidar todo lo que ya sabía. Sólo quería caminar, y no estoy segura de eso; quizá quería sentarme, sólo eso, o tumbarme en mitad de la calle, mirar al cielo y pensar. En ti, en mí… y ahí me paro. No quería silencios, el silencio entre tú y yo no es bueno, hace que las cosas cambien de color durante el tiempo que dura y luego se marcha y lo deja todo gris de nuevo. Pero lo peor de todo es que no es incómodo, me atrevo a decir que es bastante cómodo; nadie habla y… no, los silencios ya no son incómodos, eso me preocupa. Pero a la vez me gusta, creo que es justo cuando estamos en silencio cuando más cosas te cuento y cuando más cosas descubro, porque en mitad de los silencios, aparecen palabras, sueltas, sin mucho sentido para los de fuera, pero con todo el del mundo para los de dentro; son esas palabras que a uno sólo se le ocurren cuando se quedan a solas con sus pensamientos. Es posible que fuese yo la que quisiera explicarte algo, pero quizá estaba tan adentro, que no sabía cómo sacarlo o, a decir verdad, creo que ni siquiera sabía que estaba ahí. Yo sólo quería callarme alguna de esas cursilerías que a veces suelto por la boca, que ni yo misma me creo porque hace tiempo que dejar de creer en ellas, pero que aun así suenan bonitas. O mirarte a los ojos y que todo diese un giro inesperado, en el sentido que fuese, ya da igual. O sentir esas ganas locas de comerte a besos que a veces sentía, y que me temblasen las rodillas como me temblaban hace tiempo. Y ponerme nerviosa y no tener el valor siquiera para rozar tu brazo, y soñar que un día volverías a no sé bien qué, pero volverías. Pero todo aquello se desvaneció, ya no te necesito a cada instante y, creo que, después de tanto tiempo, ya no sé qué es lo que queda realmente en mí de ti.

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