miércoles, 6 de junio de 2012

Dos años

¿Nunca habéis sentido la necesidad de adelantar el reloj? Yo necesito adelantarlo, aunque después volviese a mi sitio de nuevo y continuase como si tal cosa, pero necesito darle velocidad a este trascurrir del tiempo. Porque tengo demasiadas incertidumbres y la incertidumbre quema por dentro. Adelantar el reloj, hasta septiembre o… dos años. Sí, creo que dos años estaría bien, dos años para ver que tal son las cosas, si siguen igual o si todo ha reventado por algún lugar. Dos años para saber quien está a mi lado, quien no, en qué mundo me muevo y qué ha sido de mi vida (finalmente). Dos años, sólo dos años para saber si continué por los mismos caminos o abandoné algunos de ellos cortando los lazos que me unían a ellos y a la gente que los transitaba. Dos años para ver el final de algunas historias que no podrán prolongarse en el tiempo. Son sólo dos años; realmente no es mucho tiempo, y en dos años tendré otras incertidumbres, pero las de ahora habrán acabado, espero. Dos años para acabar con las noches vacías, los días sin meta, las esperas que no llevan a ningún sitio y la sensación constante de estar de paso por aquí.

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