jueves, 28 de junio de 2012

Sin título

Sonríe, pero sólo a veces. Otras ya no es capaz siquiera de dibujar una media sonrisa en sus labios para poder engañar a los demás. Le gustaría que las miradas estuviesen vacías, quizá hasta lo estén y no ha sabido darse cuenta. Así que continúa el camino intentando que esa lágrima se quede dentro de sus ojos, que no vea la luz, que se arrepienta de tener hasta el sentimiento necesario para llegar a formarse. Pero es inútil. Estúpido corazón…

Y lo piensa: el olvido es el único remedio posible para dejar de sentir un dedo en la espalda, es el único remedio posible para poder seguir viviendo con normalidad. Eso es, el olvido. ¿Dónde está ese cuando se le necesita? Igual sólo es que de vez en cuando uno tiene que aceptar que algunas personas pueden estar en su corazón, pero no en su vida. Igual es que ya se ha cansado de aceptar tantas y tantas cosas.

Quizá se conocieron tarde… o temprano, quién sabe. Pero no se conocieron en el momento adecuado, eso seguro. Y el momento adecuado para vete a saber qué parece no llegar. La verdad es que debe ser buena fingiendo, consiguió convencerse a sí misma de que no esperaba nada ni a nadie, pero por alguna extraña razón con un nombre bastante común, toda esa espera a la que no le estaba dando uso ha aparecido de repente apremiando, y es que no se pueden eternizar las decisiones, ni decir palabras que de por sí merecen respuestas y días de charla, como el que cuenta que es lo que va a comer hoy. Al final cansa y esas historias acaban con finales complicados que no suelen llevar a nada bueno. Y es fácil, sólo se necesita una respuesta que no lleve a confusiones, una respuesta verdadera, sincera, la que sea, por mucho miedo que pueda dar decirla y más miedo que pueda dar escucharla. Al miedo se le mira de frente… y las cosas se tornan mucho más fáciles.

Y es que parece ser que el tiempo se equivocó y llovió y hubo tormenta y dejó las calles bastante intransitables. Tiempo… a veces le entran ganas de tirar los relojes, hasta los de arena. Quizá el destino sepa manejarse para que todo ocurra en ese preciso instante, pero mientras tanto... si es que ya se cansó hasta de fingir cuando el corazón le late a mil como cuando tenía 15 años, ya se cansó de desmentir verdades, ya se cansó de hacer como si nada importase y de mandarlo todo a la mierda por momentos. Ya simplemente es ella, en su modo serio, su modo alegre se ha cansado de que no le hagan caso, sólo aparece en momentos aislados, así que si gusta, quizá se lleve hasta una palabra bonita a los oídos y si no… pues nada.

Se ha cansado de las guerras, de las batallas, de las horas muertas de bromas, de las conversaciones sin sentido, todo eso ahora lo cede a otra gente. Se ha cansado de reírse, porque se le ha agotado la risa. Y ni siquiera lo sabe. No tiene fuerzas ni para odiar, aunque eso hasta puede ser algo bueno, el odio sería aún peor que el dolor. Está tan cansada que no tiene fuerzas ni para mentir, así que no miente, ya da igual, de todos modos era una estupidez, nadie se la creía nunca. Mentirse a sí misma solía funcionarle, pero… eso también ha fallado ya.

Y se desmorona todo como un castillo de naipes, uno a uno, a veces de dos en dos y hasta de tres en tres, mientras que la carta que lo sostiene todo ahí abajo está pensando en abandonar el barco muy seriamente. Se ha conseguido convencer a sí misma de que ya no cree en cuentos de hadas, ni si quiera en su versión real, pero se ha dado cuenta de que todo es mentira, sí cree en ellos, pero sólo con sus propios personajes.

También odia la distancia… y las despedidas, los días con sólo 24 horas, las cosas que no se cuentan y las palabras que ya no se escuchan. Y las estupideces que se sueltan por la boca, eso también.

Y piensa que si hubiese sabido todo esto, quizá aquel día hubiese cambiado de camino…

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