viernes, 13 de julio de 2012

Nos volvimos a levantar

Y si dejas preguntas abiertas, no soy capaz a dejarlas sin responder… (aunque quizá debiera callarme).

Realmente, nunca hemos empezado nada cuando nos ha salido mal, sólo hemos decidido seguir intentándolo. ¿Por qué? Porque no teníamos miedo al fracaso. Cuanto más crecemos, nos creemos más valientes, pero la realidad es que somos mucho más cobardes.

De pequeños no teníamos conciencia más que de lo nuevo y teníamos un mundo por descubrir. Aun no nos habíamos hecho daño y si, en algún momento nos lo hicimos, lo olvidamos pronto, ¡el mundo era demasiado interesante para quedarse parado! No habíamos llegado a fracasar y nadie nos había mirado con esa mirada que, a pesar de que la mayoría de veces quien la da es un espejo, tanto nos asusta. Así que lo intentamos una y otra vez, dimos un montón de pasos y nos caímos un montón de veces, pero siempre, siempre, nos levantábamos (salvo cuando éramos tan pequeños que decidimos esperar para intentarlo otra vez, porque… quizá no era el momento adecuado, ¿no?), balbuceamos primero, durante meses y durante años, a veces, hasta que conseguimos al fin decir la primera palabra y todos nos miraron y aplaudieron y nos sentimos felices, así que repetimos la palabra hasta la saciedad y también escribimos un montón de letras antes de hacer una buena y tuvimos a alguien al lado que nos ayudaba a seguir, a continuar, a volver a intentarlo…

¿Sabes lo mejor? Que nada de eso ha cambiado: seguimos teniendo a quien nos apoya y a quien se alegra cuando algo nos sale bien, cuando volvemos a ser felices, incluso tenemos a más gente a nuestro lado, gente nueva que hemos ido conociendo a lo largo de nuestro viaje, gente que se alegra de verdad cuando las cosas nos van bien, que se preocupa de verdad cuando nos ve tristes, a la que le gustaría hacer cualquier cosa por vernos sonreír y que perdona muchos de nuestros sinsabores con ellos. Realmente es muy simple. Pero tenemos miedo de las miradas que no éramos capaces de lanzarnos cuando éramos pequeños, tenemos miedo de nuestro fracaso, de nuestro dolor, del que nos puedan hacer los demás y del que podamos hacernos nosotros, sobre todo de este, tenemos miedo de reprocharnos algo mañana a nosotros mismos, y el miedo paraliza más que ninguna otra cosa en el mundo, y entonces nos olvidamos de que aprendimos a andar, que aprendimos a hablar y que aprendimos a escribir, volvemos a pensar que no sabemos y dejamos de querer conocer el mundo.

Sí, vamos a tener cabezas hechas pedazos, corazones también, cicatrices por todo nuestro cuerpo, ¿y qué? ¿Después del primer llanto y del segundo y del tercero cuando caímos al suelo, no nos levantamos? ¿Por qué era el mundo tan interesante antes? ¿Qué es lo que tenía que no tiene ahora? ¿O somos nosotros los que no lo vemos igual?

Un día como hoy, nos volvimos a levantar…

No hay comentarios:

Publicar un comentario