miércoles, 11 de julio de 2012

Sin planes

Alguien me dijo una vez que las preocupaciones no eran más que ocupaciones antes de tiempo, y la verdad es que es una buena definición. Pasamos nuestra vida haciendo planes para mañana, para dentro de una semana, de un mes, para el verano que viene o para el próximo año. Pensamos en con quién lo vamos a pasar, de qué manera, donde y qué vamos a hacer. Nos hacemos ilusiones pensando en lo bonito que será y lo mucho que disfrutaremos, o en las palabras y gestos que escucharemos y veremos en la persona o personas que en ese momento tengamos más cerca. Nos preocupamos sobremanera de qué pasará el día que él se vaya, el día que se vaya ella, el día que se separen y después de que nos despidamos; nos preocupamos de la manera en que la gente se tomará determinadas cosas, de lo que la gente pensará, de lo que deberíamos hacer si nos ceñimos a lo estrictamente correcto y hasta de lo que deberíamos haber hecho en su día. Y entonces, de repente, después de preguntarnos qué sería lo que deberíamos hacer, qué pasará cuando… llega un día en que todas esas preguntas y preocupaciones dejan de tener sentido. De repente, ese día algo inesperado pasó, algo con lo que no contabas, y no te quedó más remedio que seguir por ese nuevo sendero, haciendo que las preocupaciones sean otras totalmente distintas porque la vida dio un giro de 180º que no esperabas bajo ningún concepto. Te empeñaste en querer atarlo todo, tenerlo todo controlado, querer saber que pasaría en dos meses y… a los dos meses te encuentras volando alto hacia vete a saber donde, pero hacia un lugar impensable hace tan sólo 60 días y con todo tipo de pensamientos nuevos en la cabeza. Y entonces, te preguntas: ¿de qué me sirvió hacer planes?   Ya lo dijo John Lennon: “La vida es aquello que te ocurre mientras tú te empeñas en hacer otros planes”.

…¿Quieres no hacer planes conmigo?...   

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