miércoles, 1 de agosto de 2012

Olor a sal


Y encontrarte en mitad de ese preciso instante en el que te preguntas cómo llegaste hasta allí y por qué las cosas son así. Ese preciso instante en el que todo parece formar parte de un libro perfecto  en el que sólo hay que seguir pasando páginas para llegar a ese ansiado capítulo…


Olor a sal, un denso olor a sal que se siente de la misma manera en que se siente el calor, y que consigue que si más, como si se tratase de un extraño presentimiento, te levantes de golpe para mirar al horizonte y pedir un deseo, dos,… veinte. Todos a la vez, resumidos en el más importante de todos… al menos ahora. Si aun crees en la luna, el horizonte, justo en la línea en la que mar y cielo se confunden, también tiene derecho a hacernos soñar de vez en cuando. 


Y de repente, despiertas. Una pequeña brisa refresca tu mente, tu corazón, tu día y al abrir los ojos, allí está, más grande y brillante que nunca, o quizá sólo lo parezca. Blanca. Cómplice de tantos y tantos deseos; y por un momento, la brisa se convierte en esperanza y alegría, sin más. 


Sigue oliendo a sal…

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