viernes, 21 de septiembre de 2012

Incierto y necesario

Ya no se cree los cuentos, no los de hadas, sino esos que de vez en cuando la gente cuenta para tapar no se sabe qué, esos que están llenos de mentiras, esos que cada vez que reparas en ellos te dan una pista más para poder descubrir que no son de verdad, que no existen, que son sólo una sábana bastante translucida, por qué no decirlo, que cubre un montón de pensamientos y sentimientos que quieren ser olvidados. De hecho, cada vez cree menos en las palabras de la gente, cada vez confía menos en que el ser humano sea más simple de lo que aparenta ser, como siempre pensó, cada vez cree menos hasta en sus propias convicciones. Pero parece ser que es lo que toca. 

Nunca se conformó, pero esta vez, en su andadura por estos mundos tenebrosos en ocasiones, sólo sabe y quiere dar patadas a cada piedra que se encuentra, alejarla de sí misma y confiar en no encontrarla nunca más, o al menos eso intenta. Quién sabe si lo consigue... 


Ya le gustaría poder creer en otro tipo de cuentos, en aquellos en los que creía de pequeña y en aquellos en los que creyó de mayor alguna vez. Volver a experimentar ese estado de embriaguez profunda en el que todo es perfecto y hasta las hadas que revolotean son de verdad. Quizá se hizo tarde, quizá, simplemente, esos cuentos no llegaron, se perdieron en el camino porque la señalización no era buena, se confundieron en un cruce de historias o dieron más vueltas de las necesarias en cualquier rotonda, se marearon, se desorientaron y no llegaron a su destino. Esas cosas pasan. 

En la estación anterior se quedó llorando; hoy, sólo le sale ya dejarlo todo de lado y luchar contra esa sensación de alejarse y decir adiós. Esa sensación de final incierto y necesario…

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