domingo, 16 de septiembre de 2012

Necesita su final

Veinte mil comienzos sin sentido, veinte mil palabras, veinte mil roces de una mano, veinte mil kilómetros en cualquier coche, veinte mil sonrisas, veinte mil miradas, veinte mil historias sin contar, veinte mil noches soñando, veinte mil sueños sin cumplir, veinte mil ilusiones nuevas y viejas, veinte mil pedacitos de cristal… 


Los números no pueden cuantificar las cosas importantes de esta vida, eso es algo que aprendió hace tiempo y que, por alguna razón que conoce bien aunque no la diga, hoy recuerda más que nunca. El estar segura de lo que es un error y de lo que no hace que cada vez las cosas se hagan más difíciles, que las palabras cada vez le duelan más y que cada día, entienda menos la película que se empeña en seguir viendo noche tras noche.  No aguanta a esa gente que se engaña a sí misma, que se empeña en buscar quién sabe qué teniendo delante de sus narices lo que encontró hace ya tiempo. No aguanta la cobardía de sentimientos, ni a aquellas personas que planifican y cuentan todo para, al tiempo, no hacer nada de lo que planificaron o, peor aún, hacer todo lo contrario. No aguanta las esperas, ya no, y tampoco el hecho de que la gente siga como si nada después de esos momentos en los que es imposible hacer tal cosa. No aguanta sentir que se equivocó con las cosas de las que más segura estaba. 

No le importa verle (de hecho le encanta), pero odia recordarle… y también odia que todo aquello que no podía empezar, no haya empezado. Odia arrepentirse y que el reloj no se pare a veces. Odia esa manera que tiene todo de torcerse en el camino y pensar que quizá sea porque algo mejor viene detrás, porque detrás sólo ve vacío. Vacío… vacío… 

Se le acabaron las lágrimas y las ganas de soñar, necesita su final…

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