lunes, 3 de septiembre de 2012

Septiembre y olor a libro nuevo

Ha llegado septiembre y con él el final del verano. Las playas se van quedando vacías, los días están empezando a refrescar, los pensamientos empiezan a volver a la rutina e incluso aquellas decisiones que llevamos meses posponiendo deben empezar a ser tomadas. 

Septiembre tiene un halo de dualidad: por un lado es el fin de una etapa y eso siempre genera cierta tristeza, añoranza o cualquier tipo de sentimiento más oscuro que luminoso; por otro, es el comienzo de otra nueva, lo que suele proporcionarnos un poco de alegría, siempre y cuando tengamos claro qué clase de etapa queremos o tendremos. 


Está claro que mis septiembres  ya no son lo que eran, tienen esa dualidad aun, pero no se siente del mismo modo. Aun recuerdo cuando empezaba a ponerme nerviosa porque en dos semanas empezaban las clases y mi mayor ilusión era arrasar con la sección de material escolar de cualquier gran comercio: gomas, lápices, bolígrafos, colores (incluyendo ceras, rotuladores, lápices de todos los tamaños y en cajas grandes), tijeras, plastilina, agendas, libretas de todos las dimensiones posibles, folios blancos y de colores, carpetas, estuches, portafolios, sacapuntas… y todo lo que os podáis imaginar, además, como no, de lo mejor que podía haber en el mundo mundial: el olor a libro nuevo. No es una ilusión que haya podido cumplir, la verdad, pues siempre sobraban cosas del año anterior y hubiese sido un derroche comprarlo todo de nuevo, así que hoy por hoy, tengo que hacer grandes esfuerzos por no entrar ahí y llenar un carro de la compra sólo con material escolar. 



Ahora mis septiembres parecen comenzar con una pregunta: ¿qué va a ser de mi vida hasta junio? Y como no se me ocurren respuestas demasiado convincentes, pues… corro a la sección de material escolar cual drogadicto que sabe que tendrá su dosis en pleno día de mono, aspiro hondo para guardar un poco de ese olor para días venideros y compro la agenda más bonita que haya para ir anotando las posibilidades. Después de todo, esto es lo único que es seguro que puedo renovar cada septiembre. 

(Nota: La de la viñeta podría ser yo, sólo hay que cambiar el color del puf a verde, el oso por un gran mono y hacer desaparecer al gato; por lo demás, mi persona en pleno éxtasis a día 15 de septiembre de hace unos cuantos años).

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