jueves, 27 de diciembre de 2012

2012... llegó tu hora...

Ha vuelto a llegar ese momento de hacer balance. Evidentemente, no es obligatorio, pero supongo que a estas alturas se ha convertido en una costumbre. Estuve leyendo hace unos días el del año pasado, y acababa con un aire de pesimismo bastante realista, la verdad: “no veo más que el paso de un día a otro” rezaba, y visto ya cómo ha ido el año… me he propuesto vivir este cambio de año de alguna otra forma más positiva, por ver si ese fue el problema, porque sí, debió haber un problema, el famoso efecto 2000 de hace ya tantos años hizo acto de presencia con retraso en mi mundo y… ¡zas! (Los más cercanos a mí saben de todo lo que hablo y bueno, más vale intentar tomárselo con humor, aunque no tenga ninguna gracia… ya que llegados a este punto del año me he dado cuenta de que río por no llorar, sí, por eso estoy más payasa que de costumbre…). 


Pero…  llevo un rato pensando, y la verdad es que no me apetece hacer un repaso mes a mes o estación a estación como otros años, porque hay pocos meses y estaciones que se libren, y dejar para la posteridad el recuerdo de todos los malos ratos vividos escrito no me parece muy reconfortante, que es lo que siempre me ha parecido el hecho de escribir. Así que, voy a hacer acopio de valor y voy a intentar sacar todo lo bueno que ha podido tener el año.

A parte de haber conocido a un montón de gente nueva y haber vivido alguna que otra experiencia que merecería la pena repetir y que, sin duda, me ha hecho crecer como persona, debo decir que, realmente, descubrir lo bueno es fácil, y lo tengo muy claro, he podido comprobar quien verdaderamente está ahí, tanto para los buenos ratos, como, sobre todo, para los malos, por eso: GRACIAS. No voy a dar nombres, porque seguramente olvidaría a alguien y algo y no sería justo y porque prefiero que cada cual coja su parte o el todo, lo que considere necesario. Gracias por las llamadas, por los mensajes, por esa pregunta tan fácil y tan difícil a la vez, porque implica que sea contestada, y que dice: “¿cómo estás?”. Gracias por las charlas, por los chistes malos, por seguirme el juego siempre, por preguntarme si quiero hablar “de eso” y escuchar o leer, por los besos y los abrazos (reales o virtuales). Gracias por el chocolate y las notas de ánimo, por los “regalitos” con más notas a las que debería ir haciendo caso. Gracias por los paseos interminables en coche, por las visitas inesperadas, por las cosquillas, por las noches de agua y estrellas, tan vacías y tan llenas, por más chocolate, por las vistas. Gracias por las sonrisas, por las tardes de café, por los silencios, por la paciencia. Gracias por las historias, por las risas, por seguir siempre ahí, por los recuerdos, por aguantarme. Gracias, también, por ayudarme a empezar a cumplir un sueño, a ti por empezar y a ti por continuar, sin duda esas 88 teclas han sido la vía de escape muchas veces desde mitad de año, lo que representan, el saber que por mal que fuesen las cosas, aun quedaba tiempo e ilusión para emprender un camino que sólo fuese mío, al que no le veo el final, pero sí le vi el principio. Y finalmente, gracias, porque gracias a todo esto y a vosotros, este 2013 parece bastante más fácil de afrontar ahora. 

Ya sólo queda elegir los famosos propósitos para el nuevo año, pero creo que no he tenido tiempo para pensar en ellos seriamente, así que los dejaré en el aire e iré descubriendo cuáles serán poco a poco, como siempre. 

¡FELIZ 2013!

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