domingo, 22 de enero de 2012

Y un día te das cuenta...

Creo que, en el fondo, todos alguna vez hemos tenido esta sensación. Para unos es un pequeño estado de incertidumbre y de apatía, quizá, para otros es la prueba definitiva de que se acerca un cambio, aunque no esté definido y ni siquiera se vislumbre. Sea como sea, no es un estado agradable.

La cuestión es que un día, después de ir llenando poco a poco un vaso casi sin saberlo, este empieza a dejar caer unas gotitas hasta que al día siguiente se desparrama por la mesa, y ese día todo se viene encima. Después van pasando las semanas y empiezas a comprender que no es para tanto, empiezas a relativizar y a entender todo lo que pasa, poquito a poco. Empiezas a comprender que no te hace falta una solución fugaz para un rato, aunque pensases que sí; que realmente, no te sientes mal aunque tampoco te sientas bien, que no te vas a sentir mejor por un buen día, porque el día se acabará y necesitas días que no acaben. Qué es algo más fuerte de lo que parece, pero menos grave.

Es que el tiempo pasa y nosotros cambiamos, simplemente. Y todo empieza por aquello que Bucay explica diciendo “cuando no podemos reírnos juntos de nada, nunca hay encuentro”, un día te das cuenta de que ya no tienes nada en común con quien en su día tuviste (o creíste tener) tanto. Con algunas personas, puedes tener en común recuerdos y vivencias importantes y bueno, eso une, pero ¿qué pasa cuando no tienes en común ni esos recuerdos ni esas vivencias? Ese día en que el vaso se derramó, te diste cuenta de que tampoco había lazos fuertes, aunque eso no impedía que pudieses sentir decepción.

Mejor, peor o igual, es que conforme sientes esto, también sientas que hay personas con las que empiezas a tener más cosas en común que con los demás, sin tener vivencias ni recuerdos, simplemente son maneras de ver la vida que hacen que todo sea más fácil, por una razón fundamental, vuelves a ser tú. Porque no tiene lógica ninguna pasar la vida con quien corta de raíz quien eres, sin saber que lo hace siquiera. Porque ya sabes lo que se siente cuando se ríe sin gana alguna, la mandíbula duele, así que no es necesario, en absoluto, reír también por cumplir con los demás. Quizá es que conforme la vida avanza, los caminos se van partiendo y cada vez están más lejos unos de otros, o quizá siempre estuvieron lejos y nunca te diste cuenta. A fin de cuentas, nadie tiene culpa de nada…

No hay decisión que tomar, porque sería drástica y completamente desproporcionada, lo único que hay son caminos nuevos, caminos añadidos, con nuevos acompañantes… No se olvidan los antiguos, imposible, pero a veces alguien necesita salir del camino en el que anda… Sólo es un cambio, un pequeño gran cambio que empieza a definirse. Mentiría si dijese que no duele, pero también lo haría si dijese que no me alegra.

viernes, 20 de enero de 2012

Empecemos por el final

Vamos a empezar por el final: son viejos, tienen 80 años y siguen juntos; todo salió bien.

Es un buen final, sin duda alguna. Quizá a veces es que uno se cansa de ver como sopla el viento de un lado hacia otro moviéndolo todo sin sentido aparente y deja de querer imaginar y soñar con las mismas historias. Quizá, en un momento dado, es preferible decir basta, decírselo a uno mismo, por no tener que lamentarse más tarde por aquello por lo que siempre acaba lamentándose. Quizá… quizá sea un buen final, sí.

Y a veces, piensas que no estaría mal formar un universo a partir de alguien; no, no esa clase de universo. El universo en el que las estrellas son miradas y los planetas el apoyo constante, sin más. Bueno, risas, vale… pero no mucho más. Un universo particular que pueda significar algo verdadero y que no implique todo aquello que implican la mayoría de universos que nos venden. Pero cada uno tiene que ir poniendo estrellas y debe haber las mismas estrellas por ambas partes, si no, el universo queda incompleto y se desmorona. Es la regla.

Y si el día de mañana aparece en sus vidas esa historia fantástica de las películas en las que el viento parece decir algo al cruzarse con alguien del pasado y todo su mundo se tambalea, habrá que hacer como que nada pasó y nada pasa… más vale no arrepentirse mañana… porque mañana no tendrá solución. Las cartas se van agotando, las energías, las ganas de seguir en un mismo barco, porque a veces da más miedo pensar en lo que no pasará, que aquello que puede pasar. A veces asusta más la inexistencia de las cosas que la propia posibilidad de que lleguen a existir. A veces, pasa el tiempo y acaba asustándote justo lo contario de lo que te asustaba antes.

O a lo mejor, es que sin darnos cuenta jugamos a perseguir esas cosas imposibles, porque cuando no lo hacemos, la vida empieza a ser aburrida. Es posible, que si viésemos una posibilidad, aunque fuese pequeña, dejásemos de hacerlo; o pensándolo mejor, quizá es precisamente porque vemos esa posibilidad, por lo que seguimos persiguiendo imposibles. ¿Y si se intenta? Quizá hasta funcione…

domingo, 8 de enero de 2012

Redecorando el camino

Si algo me ha ido demostrando esta vida, es que todo no es siempre blanco o negro y que algunas cosas no se solucionan de una vez, sino que de vez en cuando, algunos de aquellos problemas que un día desaparecieron, vuelven a aparecer sin más; la diferencia entre una vez y otra reside en que para la segunda ya tenemos anticuerpos para luchar, lo cual es una gran ventaja. No había llegado a pensarlo así, pero me parece un buen símil.

Todos vamos caminando hacia la misma dirección, simplemente, escogemos caminos distintos hasta llegar a nuestro destino. Unos son más enrevesados que otros, o quizá sólo lo parezcan. Pero a menudo ocurre que nos damos cuenta de que no es ese destino lo que importa, sino que el verdadero destino, es el propio camino que transitamos. Y una vez que somos plenamente conscientes de ello, es cuando podemos estar seguros de que estamos andando en el camino correcto.

Este camino puede ser muy distinto para cada persona. Unos lo van a relacionar con tener a su alrededor el mayor número de personas posibles, otros con tener un montón de dinero y lo último en tecnología, otros con pasar noches y noches de fiesta, otros con trabajar en algo que de algún modo les llene, otros con realizar esas actividades que siempre soñaron, otros con viajar alrededor del mundo, otros con conseguir una pareja por todos los medios, otros con pasar el mayor tiempo posible en familia, otros con pasar el mayor tiempo posible viendo películas o leyendo, otros con conseguir personas completamente íntegras a su alrededor y con las que estén a gusto, ya sean sólo una o veinte… Y la verdad, es que todas estas maneras de caminar son válidas. Algunas pueden que quizá no sean políticamente correctas al decirlas o incluso que estén “mal vistas” por norma general, pero el camino es de cada uno y cada uno debe elegir.

Elección. En ocasiones nos damos cuenta, de repente o poco a poco, de que el camino que hemos elegido no era el correcto. O quizá, maduramos de alguna manera (no quiero decir que antes fuésemos inmaduros) y las cosas cambian, haciendo que sintamos la necesidad de cambiar también dicho camino. Quizá ya no nos sentimos a gusto en ese camino, quizá quienes nos acompañan se separan de nosotros o nosotros de ellos, pero por aquello de mantener las formas, continuamos ahí siempre, o quizá también sea por el hecho de que tenemos asumido que ese era el camino correcto y que cambiarlo no sería bueno. Porque la verdad es que nos asusta el cambio pero, a veces, debemos comprender que puede dar más miedo el hecho de seguir andando sobre el mismo suelo.

Quizá conformarse no lleva a ningún sitio, seguro.  Pero la verdad es que si se mira a corta distancia, es lo más cómodo. Por eso la gente se conforma. Y como consecuencia, la gente se queja. Todos nos quejamos. No está prohibido quejarse, por algo existirán los libros de reclamaciones en todo negocio que se preste, pero lo que sí debería estar prohibido sería quejarse y no poner remedio, aunque el remedio cueste. Cambiar de camino o mejorar el que tenemos no está en las manos de nadie, salvo en las nuestras propias. Esperar a ver como vienen las cosas a nosotros no es una buena idea ni mucho menos, porque en realidad, por mucho que pensemos o queramos, nunca vienen; somos nosotros los que debemos ir a por ellas. Y está totalmente permitido equivocarse, es más, es algo obligado, si no, ¿qué gracia tendría?

Así que, empecemos el año redecorando caminos…