jueves, 31 de mayo de 2012

El tiempo pasa

¿Sabes lo bueno que tiene el paso del tiempo? Que hace que veamos las cosas con cierta distancia. Y esas cosas que pasaron hace mucho ya, dejan de tener la importancia que en su día tuvieron. Aun así, por mucho tiempo que pase y mucha distancia que tomemos, hay días en los que es imposible no recordar que también hubo momentos buenos, aunque fuesen pocos y siempre queden empañados. Creo que son esos mismos días, los que hacen que seas consciente de que hay historias que marcan más que otras, historias que te hacen crecer más o que lo hacen de una forma especial, historias a las que les debes muchas de las cosas buenas y malas que hay en ti. Y es que, el pasado no puede cambiarse; por mucho que lo intentemos, por mucho que lo disfracemos y por mucho que queramos entenderlo de otra forma, llega un día en que no queda más que ser conscientes de las circunstancias y las situaciones que nos tocan o nos tocaron vivir, analizarlas quizá y mirar hacia delante para poder seguir en el punto donde dejamos tantas cosas. Liberar ciertos pasados en la medida de lo posible y continuar el camino sabiendo que será imposible volver atrás y cambiar el curso de las cosas, pero que siempre, absolutamente siempre, puede seguirse adelante. Y así, seguirá pasando el tiempo…

lunes, 28 de mayo de 2012

Yo sólo quería

Yo sólo quería sentarme y hablar, sólo eso. No buscaba siquiera que me dieses la razón ni que asintieses al compás de mis síes entrecortados. Sólo hablar. No quería que me sonrieses, ni que me miraras de esa manera en que lo haces, ni que me contases lo crudas que están las cosas, eso ya lo sabía yo. No quería tampoco que me enseñases nada nuevo, ni que me hicieras olvidar todo lo que ya sabía. Sólo quería caminar, y no estoy segura de eso; quizá quería sentarme, sólo eso, o tumbarme en mitad de la calle, mirar al cielo y pensar. En ti, en mí… y ahí me paro. No quería silencios, el silencio entre tú y yo no es bueno, hace que las cosas cambien de color durante el tiempo que dura y luego se marcha y lo deja todo gris de nuevo. Pero lo peor de todo es que no es incómodo, me atrevo a decir que es bastante cómodo; nadie habla y… no, los silencios ya no son incómodos, eso me preocupa. Pero a la vez me gusta, creo que es justo cuando estamos en silencio cuando más cosas te cuento y cuando más cosas descubro, porque en mitad de los silencios, aparecen palabras, sueltas, sin mucho sentido para los de fuera, pero con todo el del mundo para los de dentro; son esas palabras que a uno sólo se le ocurren cuando se quedan a solas con sus pensamientos. Es posible que fuese yo la que quisiera explicarte algo, pero quizá estaba tan adentro, que no sabía cómo sacarlo o, a decir verdad, creo que ni siquiera sabía que estaba ahí. Yo sólo quería callarme alguna de esas cursilerías que a veces suelto por la boca, que ni yo misma me creo porque hace tiempo que dejar de creer en ellas, pero que aun así suenan bonitas. O mirarte a los ojos y que todo diese un giro inesperado, en el sentido que fuese, ya da igual. O sentir esas ganas locas de comerte a besos que a veces sentía, y que me temblasen las rodillas como me temblaban hace tiempo. Y ponerme nerviosa y no tener el valor siquiera para rozar tu brazo, y soñar que un día volverías a no sé bien qué, pero volverías. Pero todo aquello se desvaneció, ya no te necesito a cada instante y, creo que, después de tanto tiempo, ya no sé qué es lo que queda realmente en mí de ti.

sábado, 26 de mayo de 2012

Relaciones

Hay relaciones en la vida que se rompen. Se rompen e intentamos reconstruirlas una y otra vez, se intentan crear cimientos nuevos y levantar siquiera un par de pisos sobre ellos, pero no funciona. No funciona porque en realidad esas relaciones estuvieron rotas demasiado tiempo, porque esas relaciones se rompieron prácticamente desde el primer día. Podemos hacernos los locos, pensar que nada era tan malo como podía parecer, que todo puede arreglarse diciendo “lo siento” y que eso hará que olvidemos. Pero no. Hay veces en que eso no es posible. Hay cosas que, aunque no seamos conscientes, nunca se olvidan. Un “lo siento” demasiado complicado y que oculta cosas no es un “lo siento” de verdad, y si además, cuando llega la hora de enmendar errores pasados, estos vuelven a repetirse, parece ser que todo vuelve a caer como una cascada y uno se pregunta si tiene sentido seguir imaginando que todo está bien cuando la realidad es que hace mucho tiempo que todo está roto. Quizá, es posible que el corazón de las personas sea como el papel, una vez que lo arrugas, ya nunca vuelve a ser el mismo.

Hay relaciones que se crean rápido, en poco tiempo, a conciencia, que no acaban de la manera que empezaron, a veces, incluso acaban mejor, y que se van haciendo fuertes con el paso del tiempo, a cada segundo. Hacen que te conozcas mejor e incluso, que tengas a alguien en quien pensar de vez en cuando, alguien a quien recurrir en caso de mal día o en caso de un día bueno, alguien con quien reír y con quien llorar, alguien que te acaba conociendo lo suficientemente bien como para que no sirva de nada que le mientas o alguien a quien contarle miles de millones de cosas. En definitiva, son relaciones que acaban haciendo que encuentres alguien en quien apoyarte y a quien puedas servirle de apoyo, alguien que haga que te sientas importante durante un segundo y poder hacer lo mismo en contrapartida, aunque a veces todo de mil vueltas y un metro parezca una gran distancia. Esas relaciones que parecen irrompibles, pero que según el día, pueden ser de lo más frágiles por algo tan seguro como la confianza.

Hay relaciones en la vida que no son lo que parecen, que llevan a error, a confusiones y a malinterpretaciones de los hechos y las palabras. Relaciones nuevas que se intentan crear con cuidado por miedo a equivocarse y que hacen que dudes en  algún momento si lo que haces es lo correcto. Esas relaciones que sabes que en algún momento harán que alguien sufra, pero que por otro lado, no pueden pararse porque no hay motivo. Esas relaciones que hacen que pases un buen día y que quieras pasar más días iguales, pero que a veces dan miedo. Esas relaciones basadas en el principio de ilusiones nuevas y nuevas esperanzas. Esas relaciones lentas, calmadas, que para cuando quieres darte cuenta, ya están creadas y es difícil dar marcha atrás. Esas relaciones que consiguen quitarte el sueño y pensar bien cuál sería el siguiente paso a dar, que te hacen pensar si realmente sólo sería una relación más o todo acabaría como lo hace la gran mayoría de veces en estos casos.

lunes, 21 de mayo de 2012

Y perderme en tí

Y mirarte y que me tiemblen las piernas y no saber qué decir. Que se me seque la boca. Y que te rías de esa manera. Y no saber si hubiese sido mejor no conocerte. Y que me mires y me observes entera, que el corazón me lata fuerte, que piense que se va a salir del pecho. Y que llegue a casa y dé mil vueltas por mi habitación porque no puedo dormir. Y poner la música a todo volumen y saltar y reír… y que al día siguiente, me vuelvas a mirar y ser incapaz de mirarte porque esta noche soñé contigo. Que me vendas sueños baratos que me hagan reír, que te enfades conmigo, que me enfade contigo. Que me sigas vendiendo sueños. Que toques para mí una canción que sólo entendamos tú y yo, que nos llamen locos. Que inventes mil maneras de desconcertarme y sólo una para que me aclare, de otro modo, sería peor. Y que te conviertas en ese cielo azul que siempre quiero tener sobre mí. Y que me cojas de la mano y me lleves lejos. Y perderme en ti. Y perderte en mí.

domingo, 20 de mayo de 2012

Diálogo

-    Y si nos damos por vencidos, ¿qué nos queda? ¿Vivir el resto de nuestros días pensando que no pudo ser?
-    Hay cosas imposibles…
-    ¡Tonterías! Los imposibles no existen, sólo los pusieron ahí para que la búsqueda de lo posible fuese más emocionante.
-    Igual me cansé de la emoción…
-    Volverá, siempre vuelve, sólo nos da un respiro para poder seguir viviendo y retomar este ritmo frenético. Pero volverá.
-    Y entonces, ¿podré llegar allí?
-    ¿Dónde?
-    Allí, a aquella nube, la que tiene forma de sueño…
-    ¿ Ves algo entre tú y ella que te lo impida? Yo no veo barreras, ni peajes…
-    Creo que te olvidas de lo alta que está.
-    ¿Alta? Yo creo que tú te olvidas de tus alas.
-    ¡Yo no tengo alas! Soy un humano, nunca podré gozar de la libertad y el poder de las aves.
-    Pues yo sí que veo tus alas; sólo tendrías que agitarlas, pero… ya veo que no quieres… en fin… quizá mi trabajo ya esté hecho aquí, es posible que esté perdiendo mi poder de convicción, quizá me esté haciendo viejo…
-    ¡Espera!
-    ¿Sí?
-    ¿Dónde ves mis alas?
-    En tus ojos.
-    ¡Jajaja! ¡¿Cómo voy a tener alas en los ojos?!
-    ¿Qué hay de extraño en ello? Eres humano, tú mismo lo dijiste antes. Si las tuvieses en el mismo lugar que las aves no podrías comer, ¿cómo cogerías la comida? De lo que sí que careces es de un pico como el suyo, así que… los ojos son un lugar como otro cualquiera y, de hecho, es con lo que ves y miras todo, son los primeros en enterarse de todo, ¿qué mejor lugar que ese para unas alas?
-    Vale… supongamos que mis alas están ahí, en mis ojos… ¿Qué he de hacer?
-    Ya te lo he dicho: agitarlas. Extenderlas bien y… agitarlas. Fuerte, todo lo fuerte que puedas; lo más difícil es levantar el vuelo, pero una vez en el aire, todo será dejarte llevar.
-    ¿Y si no llego? ¿y si me pierdo? ¿y si cuando esté arriba, nada es como me lo imagino ahora?
-    Seguirás volando… todas las alas pueden curarse.
-    ¿Cómo sé que dices la verdad?
-    Los niños nunca mienten… y mírate, llegué hasta donde tú estás, sé que llegaré a estar más alto. Confía en mí o… en ti. ¡Volemos¡

jueves, 17 de mayo de 2012

Prometo

Prometo sonreírle al sol todas las mañanas, levantarme contenta y saludar a los demás de igual modo. Prometo dedicarme más tiempo a mí, ser más tolerante y hacer planes más a menudo. Prometo descubrir nuevo mundo, perderme y encontrarme. Prometo decir “lo siento”  y demostrar de una forma u otra todo lo que tengo dentro. Prometo terminar todo aquello que empecé o que empiece. Prometo escuchar música más a menudo y leer, incluso escribir. Prometo intentar olvidar el miedo. Prometo aprender cosas nuevas. Prometo hacer tiempo para todo aquello para lo que nunca tenía. Prometo no pelearme internamente contigo ni conmigo. Prometo ser más compresiva e intentar que mi interior no se pelee tanto consigo mismo. Prometo un cambio, de alguna manera, en algún aspecto, en todos, un cambio. Prometo…

miércoles, 16 de mayo de 2012

A veces

A veces quisiera mirarte sonriendo y que me sonrieses. A veces pasa. En las despedidas. Creo que eso las hace más amargas. Después nos vamos y jugamos a pensar que las sonrisas no eran tan bonitas ni tan importantes. .   .   .   .   . Sí, vamos llenando nuestra vida de puntos y seguido. Nunca tuvimos un punto y aparte y es que creo que cambiar de línea es demasiado difícil. Y entonces un día, desaparecemos de la vista del otro y dejamos de encontrar soluciones rápidas para problemas fáciles. Y dejamos que el tiempo pase como si no tuviese nada que ver con nosotros; pero no pasan demasiados días hasta que volvemos a echar de menos todo aquello que nuestra cabeza maquinaba sin apenas darnos cuenta. A veces hasta echo de menos aquellos besos, aquellos abrazos y aquellos mensajes inesperados a las dos de la mañana… ¡ah, no! A veces se me olvida que eso no ocurrió, pero sólo a veces. Otras veces me gustaría perderte de vista, por eso cierro los ojos, pero tranquilo, no funciona. Así que otras veces me resigno y puestos a verte, te miro a conciencia. Otras veces quisiera que te peleases conmigo, para siempre y de verdad. Eso sería un buen punto y aparte, pero entonces recuerdo que se me partiría el alma y…  Nunca tendremos una reconciliación; sí, suena a tópico, pero dicen que son bonitas. ¿Nos peleamos? Es que… a veces quiero terminar contigo, luego recuerdo que no somos nada y se me pasa.

sábado, 12 de mayo de 2012

Fidelidad

Cada día tenemos que hacer algo distinto; nos encontramos con un montón de caminos diferentes para elegir, un montón de decisiones y un montón de gente a nuestro alrededor que, haciéndolo a conciencia o sin saberlo siquiera, nos influye en ellas, lo cual no hace más que complicar más las cosas. Y a veces ya es bastante duro tomar decisiones por uno mismo, como para estar pendiente también de aquello que opinan y quieren los demás.  Nos podremos equivocar, con seguridad lo haremos más de una vez y de dos en nuestra vida, pero considero que lo mejor será equivocarnos por causas imputables a nosotros mismos y no a los demás. Equivocarnos, sí, pero sin necesidad de pensar que otros fueron los culpables.

Por todo ello, sólo hay una manera de tomar decisiones correctas: no pensarlas con la cabeza, sino con el corazón. Esta será la única manera de que verdaderamente no nos equivoquemos, sino sólo de que, en algún momento, las cosas no salgan del todo bien, porque también será la única manera de vivir tranquilos con nosotros mismos. Ser fiel a uno mismo, a tus propias  convicciones, a tus propios sentimientos y a tu propia manera de ver y vivir la vida. Que no llegue el día en que tengas que reprocharte nada a ti mismo.

sábado, 5 de mayo de 2012

Te echo de menos


Te echo de menos. A ti y a los ratos que pasábamos juntos. Echo de menos esa manera de aparecer cuando estoy triste o alegre, cuando puedo reírme de todo o cuando lo único que quiero es llorar. Extraño cada palabra, cada momento y esa manera que tienes de decirme verdades a la cara casi sin que me dé cuenta. Echo de menos el pasar una tarde contigo, las tardes de lluvia y también los días en que hacía buen tiempo. Echo de menos esa sensación de saber que siempre estás ahí, pase lo que pase, la sensación de saber que puedo evadirme cuando quiera a tu lado. Echo de menos contarte mis secretos, porque ya apenas te cuento nada y suelo callármelo todo. Echo de menos tus imágenes, tus recuerdos y tus lecciones de vida sin aprender. Extraño tu manera de acudir a mí. A veces pienso que igual te peleaste y desapareciste, que sólo fuiste una época más, larga, pero una época. Que quizá no eres tan importante en mi vida. Pero te extraño. Quizá me malacostumbraste estando ahí días enteros, semanas enteras, meses enteros y por eso ahora me da rabia no tenerte, quizá… Pero, definitivamente, te echo de menos.