sábado, 30 de junio de 2012

¡¡Suerte!!

Una de esas entradas obligadas. O quizá no, pero sí de esas que de algún modo debo escribir.

Es época de despedidas, todos los años lo es, pero este más aún. Despedidas porque alguien se va lejos y también despedidas un poco más emocionales. Unos se van con una nueva vida por delante, otros buscando un camino que les de seguridad y un poco de luz, otros vuelven a su rutina y se despiden cerrando ciclos y a otros hace tiempo que se les dijo adiós aunque físicamente se encuentren cerca.

Ya no sabes si decir adiós con la mano, con un abrazo, con un beso, con un “que te vaya bien” o con un “te voy a echar de menos”, ni siquiera eres capaz de decir adiós, siempre te sonó a definitivo y eso es algo que conservas de alguien de quien no querías conservar nada, pero ya se sabe que todo el mundo siempre deja algo en ti de sí mismo. Así que intentas decir un “hasta luego, nos vemos pronto” pero ya no sabes lo que es pronto. Pronto pueden ser de dos meses a un año, pero esas despedidas un poco más emocionales no tienen un pronto, tienen un “hasta la próxima”, pero no se sabe cuándo será y, a veces, ni siquiera se sabe si existirá. Personas que la vida colocó ahí, a tu lado, y que al tiempo, sin venir a cuento, decidió que era hora de ir quitándolas de tu camino, de ir cortando hilos, de ir separando piezas, hasta que todo quede desmembrado y cada cual coja su ruta. No tiene sentido que te deje abrir una puerta sólo para que después de un tiempo la cierres sin más; sea como sea, son esas despedidas las que, de algún modo, son las más indicadas para decir ese “te voy a echar de menos” y también las más indicadas para no ser capaces de hacerlo… estamos llenos de contrariedades.

Sea como sea, se van. Las despedidas existen, las palabras dichas en ellas permanecen, algunas escritas en un papel y con todo un pequeño gran impulso, dicho en pocas palabras, que intentan trasmitir la alegría de lo nuevo de este viaje a aquellos que nos quedamos y que deberíamos emprender nuestro propio “viaje”; otras, quedan grabadas en un beso que ya no quieres perder, porque ya no da igual como otras veces daba, en una mirada o en una sonrisa que quizá no quiera decir nada, pero aun así, intentamos pensar que dice algo, un “volveré”, quizá, y entre tratos sin mucho sentido, pero que no dejarías de aceptar. Y otras… otras igual quedan bañadas en chocolate, entre risas y el recuerdo de algún día raro, como el principio de historias que deben quedarse sin empezar. El resto quedan como despedidas normales, como si volviésemos a vernos mañana, sabiendo que ya nunca volveremos a cruzarnos de camino a casa, porque ya no habrá casa; pero se dice un “hasta luego” un “nos llamamos para la próxima” y todos asentimos felices, deseando que al otro le vaya bien en su nueva vida, sin darnos cuenta de que todos empezamos una nueva vida cuando la gente se marcha, que todos se llevan algo nuestro a las espaldas y que también deberíamos desearnos felicidad en nuestra “nueva” vida.

La verdad es que duele, unas despedidas más que otras, pero todas duelen. Cuanto más te alegras, más duele y esto no es una contradicción, cualquiera que haya experimentado una despedida lo sabrá. Así que el resto continuamos por el mismo lugar de siempre, esperando nuestra oportunidad para marchar, buscándola quizá, aunque marchar no signifique hacerlo físicamente. Sólo diré: ¡¡SUERTE!! Te voy a echar de menos, a ti, a ti y… sobre todo a ti.

Dedicado a… bueno, vosotros lo sabéis.

jueves, 28 de junio de 2012

Sin título

Sonríe, pero sólo a veces. Otras ya no es capaz siquiera de dibujar una media sonrisa en sus labios para poder engañar a los demás. Le gustaría que las miradas estuviesen vacías, quizá hasta lo estén y no ha sabido darse cuenta. Así que continúa el camino intentando que esa lágrima se quede dentro de sus ojos, que no vea la luz, que se arrepienta de tener hasta el sentimiento necesario para llegar a formarse. Pero es inútil. Estúpido corazón…

Y lo piensa: el olvido es el único remedio posible para dejar de sentir un dedo en la espalda, es el único remedio posible para poder seguir viviendo con normalidad. Eso es, el olvido. ¿Dónde está ese cuando se le necesita? Igual sólo es que de vez en cuando uno tiene que aceptar que algunas personas pueden estar en su corazón, pero no en su vida. Igual es que ya se ha cansado de aceptar tantas y tantas cosas.

Quizá se conocieron tarde… o temprano, quién sabe. Pero no se conocieron en el momento adecuado, eso seguro. Y el momento adecuado para vete a saber qué parece no llegar. La verdad es que debe ser buena fingiendo, consiguió convencerse a sí misma de que no esperaba nada ni a nadie, pero por alguna extraña razón con un nombre bastante común, toda esa espera a la que no le estaba dando uso ha aparecido de repente apremiando, y es que no se pueden eternizar las decisiones, ni decir palabras que de por sí merecen respuestas y días de charla, como el que cuenta que es lo que va a comer hoy. Al final cansa y esas historias acaban con finales complicados que no suelen llevar a nada bueno. Y es fácil, sólo se necesita una respuesta que no lleve a confusiones, una respuesta verdadera, sincera, la que sea, por mucho miedo que pueda dar decirla y más miedo que pueda dar escucharla. Al miedo se le mira de frente… y las cosas se tornan mucho más fáciles.

Y es que parece ser que el tiempo se equivocó y llovió y hubo tormenta y dejó las calles bastante intransitables. Tiempo… a veces le entran ganas de tirar los relojes, hasta los de arena. Quizá el destino sepa manejarse para que todo ocurra en ese preciso instante, pero mientras tanto... si es que ya se cansó hasta de fingir cuando el corazón le late a mil como cuando tenía 15 años, ya se cansó de desmentir verdades, ya se cansó de hacer como si nada importase y de mandarlo todo a la mierda por momentos. Ya simplemente es ella, en su modo serio, su modo alegre se ha cansado de que no le hagan caso, sólo aparece en momentos aislados, así que si gusta, quizá se lleve hasta una palabra bonita a los oídos y si no… pues nada.

Se ha cansado de las guerras, de las batallas, de las horas muertas de bromas, de las conversaciones sin sentido, todo eso ahora lo cede a otra gente. Se ha cansado de reírse, porque se le ha agotado la risa. Y ni siquiera lo sabe. No tiene fuerzas ni para odiar, aunque eso hasta puede ser algo bueno, el odio sería aún peor que el dolor. Está tan cansada que no tiene fuerzas ni para mentir, así que no miente, ya da igual, de todos modos era una estupidez, nadie se la creía nunca. Mentirse a sí misma solía funcionarle, pero… eso también ha fallado ya.

Y se desmorona todo como un castillo de naipes, uno a uno, a veces de dos en dos y hasta de tres en tres, mientras que la carta que lo sostiene todo ahí abajo está pensando en abandonar el barco muy seriamente. Se ha conseguido convencer a sí misma de que ya no cree en cuentos de hadas, ni si quiera en su versión real, pero se ha dado cuenta de que todo es mentira, sí cree en ellos, pero sólo con sus propios personajes.

También odia la distancia… y las despedidas, los días con sólo 24 horas, las cosas que no se cuentan y las palabras que ya no se escuchan. Y las estupideces que se sueltan por la boca, eso también.

Y piensa que si hubiese sabido todo esto, quizá aquel día hubiese cambiado de camino…

miércoles, 27 de junio de 2012

Sonríes… me miras… sonrío… y pienso: quizá… Luego todo se esfuma, debe esfumarse. Una caricia, tus manos, las mías, el frío. Tu mano, mi cintura… a veces encajan. Y pienso: es posible. Y recuerdo, recapacito, me paro, detengo el paso y… no. Quizá mañana. Después de mucho tiempo. O pasado… Cierro los ojos, sé que me miras, me da miedo abrirlos. Miedo… eso es. Además, es miedo. Y es de noche, no se ve, sólo veo estrellas, sin duda las más bonitas que nunca haya visto, perfecto. Demasiado perfecto. Un mechón rebelde se escapa, sin embargo ahora parece suave. Sonríes… abrázame… quizá mañana no esté. Y me río, no miento, la risa es de verdad, no sé fingirla. Todo cambia, yo cambié sin saberlo. Di la vuelta y ahora me encuentro en el mismo lugar. Pero no… esta vez no… quizá, una nueva inspiración, tú. 

domingo, 24 de junio de 2012

Debilidad

Todos tenemos nuestros momentos de debilidad, esos momentos en lo que, por poco o mucho que puedan durar, sentimos que caeríamos en las garras de algo en lo que no queremos caer. Y luchamos contra eso con todas nuestras fuerzas. Sólo ganaremos enfrentándolo. Sólo seremos verdaderamente fuertes, cuando seamos capaces de tener en frente la debilidad al alcance de la mano y dejemos que pase de largo. Sólo en ese momento sentiremos que hemos crecido un poco más, que somos un poco más nosotros mismos, que podemos dirigir el timón de nuestra vida y que somos plenamente conscientes de lo que queremos, de lo que buscamos y de que esa búsqueda no tiene por qué llegar a ser un encuentro.

viernes, 22 de junio de 2012

Miedo

Miedo de nuevo. Inseguridad. Corazones encogidos. Noches en vela. Nudos en el estómago. Y ciertas frases cobran sentido. No duele acabar, lo que duele es empezar. Ver principios que no se deberían  ver  y saber que tendrán un final. Duele el principio de algo que acabará, seguro. Miedo al miedo que produce el estar equivocado. Miedo al miedo que nos da lo nuevo. Miedo al miedo que sentimos cuando nos vamos, sabiendo que a una parte de nosotros le gustaría quedarse. Y lo tapamos, sonreímos, nos hacemos los valientes y soltamos palabras sin sentido para demostrarnos a nosotros mismos que hace tiempo que el miedo no significa nada para nosotros. Y nos convencemos frente a los demás de esa valentía que tenemos, que decimos tener. Pero llega la noche y hasta la cama da miedo. Hasta los sueños dan miedo.

lunes, 18 de junio de 2012

Soles

Se van los momentos bonitos, su historia. Los “podría ser” se convierten en “pudo ser”, todo vuela, se escapan los instantes, se marchan las miradas, se esconden las palabras y esta vez no es por miedo, se acaba, su historia se acaba. Va apagándose como la llama de una cerilla mientras consume el palito que queda… debe soltarla antes de que se queme la yema de los dedos y duela. Se escurre, se precipita al vacío, igual que las gotas de lluvia ruedan por el cristal y caen al suelo. Y pensar que a su lado la lluvia no la mojaba… Ahora todo está mojado, pero secará pronto, lo sabe, eso la tranquiliza. Secará igual que secó tantas veces. Ya se cansó de ver caer la lluvia e intercalarla con pequeños rayos de sol que nunca llegan a entrar en su ventana, se cansó como tantas otras veces con tantos otros rayos de sol; sí… esas son las palabras: se cansó. Se cansó de la espera de un sol, sin más, de la espera de ese sol. Intentó no hacerlo, pero no pudo. Un sol claro, como lo fue ese al que ahora dice adiós hace un tiempo, claro, luminoso, o al menos así lo vio. Y los soles van y vienen, cambian, también esperan, la lluvia también les moja, quizá ellos también esperan su sol, quizá todos esperan su sol, uno cualquiera o uno concreto, pero lo esperan. Pero la espera no es infinita, no puede serlo, no sabe serlo. Hasta al más paciente le puede la impaciencia. Y cada día de espera, un rayo se apaga; cada día de espera, un pequeño trozo de luna va tapando su luz, eclipse, hasta que al fin, un día, no queda luz que dar, no queda luz que ver, simplemente se marcha, se esconde y cuando vuelve a aparecer ya no iluminará el mismo lugar. El tiempo se habrá acabado. Quizá la lluvia vuelva, pero se irá pronto y otro sol brillará. Las nubes desaparecerán. Las espera volverá a comenzar y otro sol brillará, hasta encontrar su sol o hasta que se vuelva a cansar.

domingo, 17 de junio de 2012

Probabilidad y estadística

Lanzar un dado, una moneda, jugar a piedra, papel o tijera, en todo se gana o se pierde. No hay más. Jugar es arriesgarse a perder, pero también a ganar. Y es un riesgo, toda probabilidad es un riesgo. Así que decidimos arriesgarnos, sin saber a veces que esos riesgos que tomamos tienen una repercusión en nosotros que no somos capaces de imaginar en el momento en que los cogemos. Probabilidad, eso es, justo eso. La probabilidad de volver a verte, la probabilidad de que me vuelvas a ver, la probabilidad de que vuelvas, la probabilidad de que yo esté. En verdad es simple: un número, sólo un número, más largo, más corto, con dígitos infinitos y variados o exactos y sin complicaciones… y sobre todo pequeño, entre 0 y 1, pequeño entre el sinfín de números del universo, entre el sinfín de posibilidades que podríamos encontrarnos. Lancemos el dado otra vez, creo que ahora me da igual el seis, creo que ya no me importa tanto ganar, creo que perdió la emoción, se que gané durante algún instante y con eso basta. Dejemos que la  probabilidad de volver a ganar haga el resto. Igual desaparezco o desapareces, igual desaparecemos los dos. Quién sabe si la probabilidad tendrá reservado algo mejor para los dos, para uno, para otro… MI estadística dice que sí, que ya sólo queda esperar algo mejor, que no vendrás y que yo me iré. Que desapareceremos de eso que durante un tiempo fue hogar, que todos se marcharán, que sólo quedarán recuerdos y que otros comenzarán su camino para llegar a serlo algún día.

sábado, 16 de junio de 2012

Será

Será el calor, la gente, lo nuevo, lo viejo, las emociones, los latidos del corazón, la indiferencia, la noche, los síes, las miradas, las palabras, los hechos, las búsquedas, los encuentros, los saludos, los besos, los abrazos, las sonrisas, los reencuentros, los cambios, las sorpresas, las despedidas, la música, el tiempo… será.

Porque se cansó de echar de menos a la gente, de echarlo de menos a él, quizá ya no quiere. Porque piensa que cada vez será distinta, pero siempre es igual. Pero mientras se decide, le parece escuchar los latidos de otro corazón, y el pasado vuelve, por una noche, por un ratito, por lo que dura un solo beso, de esos que no se sabe si se dan queriendo o porque hay que mantener las formas y fingir, para recordarle que ciertos errores sólo pueden cometerse una vez. Y entonces recapacita y da un paso hacia atrás. Intenta ser fuerte, mirar hacia delante y sonreír. Mirar a través de los ojos de la gente para entender. Convencerse una y otra vez de no sé sabe bien qué. Fingir que ya no cree en eso en lo que nunca dejó de creer. Pero antes de que pueda darse cuenta… un roce, su pecho es cálido, su mano agarra con fuerza, sus pasos son lentos, sus despedidas son largas… se detiene. Un paso hacia atrás, de nuevo.

Y entonces se acuerda de él y piensa si alguna vez más coincidirán. Por aquella noche, sólo por aquella noche… hubiera merecido la pena, al menos la hacía reír de verdad y ambos jugaban al mismo juego y en el mismo equipo. Inevitablemente la hizo recordar aquellas primeras noches en las que una mitad del equipo era distinta y todo tenía un extraño parecido con aquel día y con las sensaciones de ahora.

Pero el pasado no vuelve, las personas se van, los círculos se cierran, las situaciones cambian, el mundo camina, las decisiones se tornan difíciles por momentos y lo único que queda es ser fuerte, cabeza alta, sonrisas a miles y fuerza para continuar el cuento.

miércoles, 6 de junio de 2012

Dos años

¿Nunca habéis sentido la necesidad de adelantar el reloj? Yo necesito adelantarlo, aunque después volviese a mi sitio de nuevo y continuase como si tal cosa, pero necesito darle velocidad a este trascurrir del tiempo. Porque tengo demasiadas incertidumbres y la incertidumbre quema por dentro. Adelantar el reloj, hasta septiembre o… dos años. Sí, creo que dos años estaría bien, dos años para ver que tal son las cosas, si siguen igual o si todo ha reventado por algún lugar. Dos años para saber quien está a mi lado, quien no, en qué mundo me muevo y qué ha sido de mi vida (finalmente). Dos años, sólo dos años para saber si continué por los mismos caminos o abandoné algunos de ellos cortando los lazos que me unían a ellos y a la gente que los transitaba. Dos años para ver el final de algunas historias que no podrán prolongarse en el tiempo. Son sólo dos años; realmente no es mucho tiempo, y en dos años tendré otras incertidumbres, pero las de ahora habrán acabado, espero. Dos años para acabar con las noches vacías, los días sin meta, las esperas que no llevan a ningún sitio y la sensación constante de estar de paso por aquí.