lunes, 23 de julio de 2012

Hoy, no pienso limpiarme

¿Por qué no seguir siendo una niña? Bien mirado, se supone que es de la infancia la época en la que mejores recuerdos se tienen y donde se supone que fuimos más felices, así que no creo que sea completa y estrictamente necesario olvidar lo que era y dejar de ser niños. Las risas, los juegos, las cosquillas, la capacidad de asombro por absolutamente todo, la manera de luchar por todo lo que queríamos, los saltos, las carreras por la calle, las chuches, las no-preocupaciones…

Supongo que ya crecí en bastantes (aunque no suficientes) aspectos de mi vida, como para dejar de ser una niña también; Sí, por eso me gusta que alguien juegue conmigo a las adivinanzas, que me hagan cosquillas y llenarme la boca de chocolate… Hoy, no pienso limpiarme…

domingo, 22 de julio de 2012

Momentos perfectos

A veces, en este ajetreado mundo, los momentos perfectos existen. Momentos que duran más o duran menos y que recuerdas con relativa frecuencia. Momentos que por mucho que quisieras, no podrías olvidar, porque fueron así, perfectos, sin más. Y hubieses querido que durasen por siempre, alargarlos al máximo, olvidar que debía existir un mañana y que ese hoy iba a acabarse. Hacer que las noches fuesen más largas y que el tiempo que tenías no se agotase. Recuperar aquella magia que sólo es posible en algunos lugares y con la noche presente.

viernes, 13 de julio de 2012

Nos volvimos a levantar

Y si dejas preguntas abiertas, no soy capaz a dejarlas sin responder… (aunque quizá debiera callarme).

Realmente, nunca hemos empezado nada cuando nos ha salido mal, sólo hemos decidido seguir intentándolo. ¿Por qué? Porque no teníamos miedo al fracaso. Cuanto más crecemos, nos creemos más valientes, pero la realidad es que somos mucho más cobardes.

De pequeños no teníamos conciencia más que de lo nuevo y teníamos un mundo por descubrir. Aun no nos habíamos hecho daño y si, en algún momento nos lo hicimos, lo olvidamos pronto, ¡el mundo era demasiado interesante para quedarse parado! No habíamos llegado a fracasar y nadie nos había mirado con esa mirada que, a pesar de que la mayoría de veces quien la da es un espejo, tanto nos asusta. Así que lo intentamos una y otra vez, dimos un montón de pasos y nos caímos un montón de veces, pero siempre, siempre, nos levantábamos (salvo cuando éramos tan pequeños que decidimos esperar para intentarlo otra vez, porque… quizá no era el momento adecuado, ¿no?), balbuceamos primero, durante meses y durante años, a veces, hasta que conseguimos al fin decir la primera palabra y todos nos miraron y aplaudieron y nos sentimos felices, así que repetimos la palabra hasta la saciedad y también escribimos un montón de letras antes de hacer una buena y tuvimos a alguien al lado que nos ayudaba a seguir, a continuar, a volver a intentarlo…

¿Sabes lo mejor? Que nada de eso ha cambiado: seguimos teniendo a quien nos apoya y a quien se alegra cuando algo nos sale bien, cuando volvemos a ser felices, incluso tenemos a más gente a nuestro lado, gente nueva que hemos ido conociendo a lo largo de nuestro viaje, gente que se alegra de verdad cuando las cosas nos van bien, que se preocupa de verdad cuando nos ve tristes, a la que le gustaría hacer cualquier cosa por vernos sonreír y que perdona muchos de nuestros sinsabores con ellos. Realmente es muy simple. Pero tenemos miedo de las miradas que no éramos capaces de lanzarnos cuando éramos pequeños, tenemos miedo de nuestro fracaso, de nuestro dolor, del que nos puedan hacer los demás y del que podamos hacernos nosotros, sobre todo de este, tenemos miedo de reprocharnos algo mañana a nosotros mismos, y el miedo paraliza más que ninguna otra cosa en el mundo, y entonces nos olvidamos de que aprendimos a andar, que aprendimos a hablar y que aprendimos a escribir, volvemos a pensar que no sabemos y dejamos de querer conocer el mundo.

Sí, vamos a tener cabezas hechas pedazos, corazones también, cicatrices por todo nuestro cuerpo, ¿y qué? ¿Después del primer llanto y del segundo y del tercero cuando caímos al suelo, no nos levantamos? ¿Por qué era el mundo tan interesante antes? ¿Qué es lo que tenía que no tiene ahora? ¿O somos nosotros los que no lo vemos igual?

Un día como hoy, nos volvimos a levantar…

jueves, 12 de julio de 2012

Historias

Todos tenemos nuestra historia. Todos tenemos algo detrás que nos marca de algún modo, que nos sitúa en una posición determinada con respecto al resto del mundo, que hace que veamos las cosas de una manera u otra y que ha contribuido a que seamos como somos en mayor o menor medida. Y todos tenemos el derecho a contarla o dejarla guardada, el derecho a dejar que los demás conozcan esa parte de nosotros o a no decir siquiera que existe.

Pero hay épocas, en que algo hace que sin darte cuenta, conozcas la historia de los demás y hasta, incluso, que tú cuentes un poco de la tuya. Parece que la gente, entonces, te conoce un poco mejor y que tú conoces un poco mejor a los demás también. Muchas veces, eso te ayuda a comprender por qué actuamos de una manera determinada y otras, sirve para darte cuenta de la opinión que tienes acerca de temas sobre los que no tenías opinión antes.

Supongo que al igual que nuestra historia, el simple hecho de conocer la historia de los demás, hace que crezcamos y aprendamos un poco más.

miércoles, 11 de julio de 2012

Sin planes

Alguien me dijo una vez que las preocupaciones no eran más que ocupaciones antes de tiempo, y la verdad es que es una buena definición. Pasamos nuestra vida haciendo planes para mañana, para dentro de una semana, de un mes, para el verano que viene o para el próximo año. Pensamos en con quién lo vamos a pasar, de qué manera, donde y qué vamos a hacer. Nos hacemos ilusiones pensando en lo bonito que será y lo mucho que disfrutaremos, o en las palabras y gestos que escucharemos y veremos en la persona o personas que en ese momento tengamos más cerca. Nos preocupamos sobremanera de qué pasará el día que él se vaya, el día que se vaya ella, el día que se separen y después de que nos despidamos; nos preocupamos de la manera en que la gente se tomará determinadas cosas, de lo que la gente pensará, de lo que deberíamos hacer si nos ceñimos a lo estrictamente correcto y hasta de lo que deberíamos haber hecho en su día. Y entonces, de repente, después de preguntarnos qué sería lo que deberíamos hacer, qué pasará cuando… llega un día en que todas esas preguntas y preocupaciones dejan de tener sentido. De repente, ese día algo inesperado pasó, algo con lo que no contabas, y no te quedó más remedio que seguir por ese nuevo sendero, haciendo que las preocupaciones sean otras totalmente distintas porque la vida dio un giro de 180º que no esperabas bajo ningún concepto. Te empeñaste en querer atarlo todo, tenerlo todo controlado, querer saber que pasaría en dos meses y… a los dos meses te encuentras volando alto hacia vete a saber donde, pero hacia un lugar impensable hace tan sólo 60 días y con todo tipo de pensamientos nuevos en la cabeza. Y entonces, te preguntas: ¿de qué me sirvió hacer planes?   Ya lo dijo John Lennon: “La vida es aquello que te ocurre mientras tú te empeñas en hacer otros planes”.

…¿Quieres no hacer planes conmigo?...   

martes, 10 de julio de 2012

Preguntan por ti

A veces mi habitación me pregunta por ti, por tu olor, por tu sonrisa, por tus caricias.

Las teclas de este ordenador me preguntan por ti, por tu alegría, por tus bromas, por tus ojos.

El despertador me pregunta por ti, por tus mañanas en la cama, por tus bostezos, por tus buenos días.

Mi teléfono me pregunta por ti, por tus llamadas inesperadas, por las que se esperaban, por tus mensajes.

Mi piano me pregunta por ti, por las canciones tocadas pensando en ti, por tu melodía, por las notas de tu voz.

Mi ropa me pregunta por ti, por tus manos, por tus enredos, por tus dedos.

Mi cama me pregunta por ti, por las noches en vela, por los abrazos prohibidos, por tus besos fugitivos, por las horas hablando, por los juegos entre las sábanas, por tus miradas, por tu dedo en mi espalda…

A veces mi habitación me pregunta por ti… y yo aun no sé qué responderle…

lunes, 9 de julio de 2012

Sólo un poco más...

Hoy no quiero hablar de ti, no quiero hablar de mí, sólo quiero hablar de aquello que alguna vez escribí. ¿Recuerdas? Parecía bonito, siempre parecía bonito, siempre lo era. Siempre fue mejor imaginar. Creo que… la imaginación se me gastó de tanto usarla, pero mi cabeza se resiste a cambiar, dice: sólo un poco más… sólo un poco más… sólo hasta que alguna vez sea real, como sea, con quien sea, entonces acabará por sí sólo, pero… sólo un poco más. Un último empujón que refleje todo aquello que nunca me gustó escribir, todo aquello que por alguna razón, hoy escribiría a mayor distancia que otras veces, pero extrañamente cerca.

Sólo un poco más… sólo un poco más… para imaginar palabras (im)posibles, miradas (im)posibles, besos (¿im?)posibles, segundos… bueno, eso. Revivir noches que no ocurrieron, lugares que no existieron, momentos que no fueron, amores que no llegaron.

Sólo un poco más… porque eres la razón por la que hoy me siento extrañamente bien,  por la que hoy me siento extraña…

sábado, 7 de julio de 2012

Game Over

Subidas y bajadas, días buenos y días malos, cambios de humor, palabras feas, gestos poco calculados, suspiros, malas caras y ganas de tirarlo todo por la borda, a veces. Otras veces, las cosas parecen mejores y nos compenetramos bien, hablamos, reímos, preguntamos y contestamos, sobre todo contestamos, intentamos ser sinceros, lo más que podemos teniendo en cuenta que se trata de nosotros, lo más que sabemos siento nosotros. Y nos preocupamos de todo aquello que nos pasa. Luego, al cabo del tiempo, volvemos a ser insociables con nosotros mismos, cambiamos de aires, nos olvidamos, nos dejamos aparcados, pensamos, en todo, en nosotros, en los demás, hasta que alguno se cansa, recuerda, sonríe y vuelve con palabras bonitas. Y entonces decimos: y… tú tampoco. Y llegan los demás y rompen la monotonía y nos olvidamos de las risas y de las palabras dichas y volvemos a la búsqueda de no se sabe bien qué o a la pérdida de nosotros mismos sin decir adiós. Y un día, nos reprocharemos algo, otra vez, y quizá vuelva a ser entre risas y nos recuperemos. Y al tiempo nos dejaremos ir, porque las circunstancias así lo quieren y ni siquiera nos pararemos a pensar qué es lo que queremos nosotros, menos a decirlo en voz alta. “¿Un juego de idiotas? Tal vez, pero ¡era nuestro juego!”. Por suerte o por desgracia, todo juego tiene su final: GAME OVER.

miércoles, 4 de julio de 2012

Ilumíname

Un sol que sale de nuevo todos los días. Si el sol fuese distinto… eso es, el mismo amanecer, pero con un sol distinto. El mismo amanecer, con esa misma luz entrando por la ventana, esa sonrisa y esas ganas de perder el tiempo. Sería bonito, seguro. Amanecería antes, o quizá después, quién sabe; pero amanecería mejor, eso sin duda. Es curioso como, a veces, el sol que tenemos no nos sirve y buscamos astros por otros lugares. Y encontramos esos astros, pero no brillan de cara a nosotros y… seguimos buscando astros. Y vemos como nuestros propios rayos de luz se van apagando minuto a minuto dejando de iluminar cualquier cosa que iluminasen, sumiéndolo todo en una penumbra de la que quién sabe si saldremos algún día. Ilumíname, necesito tu luz…