viernes, 28 de diciembre de 2012

Kit-Kat

Solían decir de mí, cuando era pequeña, que era constante y trabajadora, que si me lo proponía podía llegar a donde quisiese, que tenía claras mis metas y que era capaz de establecer prioridades. Lo decían cuando era pequeña y lo siguen diciendo ahora…

Pero ¿qué pasa cuando no se tiene una meta? ¿o cuando decidimos o decido ser inconstante? Creo que ese es el problema: este blog no tenía una meta y mucho menos pretendía ser constante, nació por capricho, porque algo de lo que escribía, a veces, me parecía relativamente bueno, porque en cierto modo sentía que, por aquel entonces, estaba aprendiendo sobre la vida más que en ningún otro momento. De eso han pasado ya más de tres años y la vida ha cambiado mucho, muchísimo. En aquel tiempo buscaba algo nuevo que hacer, tenía una carrera prácticamente acabada y mucho tiempo libre, además de un montón de cosas bailando en la cabeza. Venían tiempos felices, y lo fueron durante un tiempo (valga la redundancia), lo cual siempre ayuda a escribir. Durante meses pasaron un montón  de cosas: gente que entraba y salía de mi vida, secretos que salían a la luz, sensaciones y sentimientos que aun no había experimentado… en fin, escribir era fácil, elegir tema también. Ahora las cosas son muy distintas… Aun conservo las primeras letras que escribí, hace ya como diez años… al principio no era gran cosa, cuatro palabras encadenadas que explicaban aspectos varios del día. Escribía de vez en cuando, muy de vez en cuando. Poco a poco, los textos fueron cambiando y la frecuencia con la que escribía también, hasta que llegó el día en que no me reconocía a mí misma sin escribir. En ese punto, empezó a rondarme por la cabeza la idea de crear un blog, hasta que un 19 de noviembre, presa del aburrimiento (todo hay que decirlo) me lancé a la aventura. 

La verdad es que el asunto pintaba emocionante, y tardé poco en descubrir que publicar era una especie de droga. Durante dos años no pude decir que la inspiración se agotase y hasta a alguna gente parecían gustarle las palabras encadenadas que iba soltando. Pero fui perdiendo el norte poco a poco y sentí la necesidad de dejar de escribir, así que durante un mes me obligué a mí misma a no soltar ni una palabra. Volví pensando que tenía energías renovadas, pero no era cierto. Hoy por hoy, más de un año después de aquel parón, he descubierto cual es el “problema”: ya no escribo para mí, sólo escribo para publicar; y no digo que esto sea algo negativo, pero tampoco es muy positivo. Los asiduos al blog van y vienen, pocos son constantes, pero sea como sea, creo que se merecen algo mejor. 

Por eso, dejo mi (relativa) constancia y vuelvo a hacer parón. Escribir, escribiré (esta vez sí), o eso espero, pero será para mí, para recuperar aquella magia del principio. De hecho, seguramente, lo poco o mucho que escriba sea con una de las viejas y no tan viejas plumas que andaban por ahí guardadas y que hace poco rescaté (este texto es el primero escrito a mano y con pluma y es cierto que me sabe distinto).

Así que sí, vuelvo a mis folios en blanco (o quizá a mis cuadernos, no lo tengo decidido) después de más de tres años de nuevas tecnologías. Si siguen saliendo historias y cursilerías varias, quedarán guardadas a buen recaudo, quizá más adelante tenga algún plan para ellas y si no… pues nada. 

Definitivamente, esta será la última entrada de este año. Pasad un feliz 2013 y… volveré, espero…

jueves, 27 de diciembre de 2012

2012... llegó tu hora...

Ha vuelto a llegar ese momento de hacer balance. Evidentemente, no es obligatorio, pero supongo que a estas alturas se ha convertido en una costumbre. Estuve leyendo hace unos días el del año pasado, y acababa con un aire de pesimismo bastante realista, la verdad: “no veo más que el paso de un día a otro” rezaba, y visto ya cómo ha ido el año… me he propuesto vivir este cambio de año de alguna otra forma más positiva, por ver si ese fue el problema, porque sí, debió haber un problema, el famoso efecto 2000 de hace ya tantos años hizo acto de presencia con retraso en mi mundo y… ¡zas! (Los más cercanos a mí saben de todo lo que hablo y bueno, más vale intentar tomárselo con humor, aunque no tenga ninguna gracia… ya que llegados a este punto del año me he dado cuenta de que río por no llorar, sí, por eso estoy más payasa que de costumbre…). 


Pero…  llevo un rato pensando, y la verdad es que no me apetece hacer un repaso mes a mes o estación a estación como otros años, porque hay pocos meses y estaciones que se libren, y dejar para la posteridad el recuerdo de todos los malos ratos vividos escrito no me parece muy reconfortante, que es lo que siempre me ha parecido el hecho de escribir. Así que, voy a hacer acopio de valor y voy a intentar sacar todo lo bueno que ha podido tener el año.

A parte de haber conocido a un montón de gente nueva y haber vivido alguna que otra experiencia que merecería la pena repetir y que, sin duda, me ha hecho crecer como persona, debo decir que, realmente, descubrir lo bueno es fácil, y lo tengo muy claro, he podido comprobar quien verdaderamente está ahí, tanto para los buenos ratos, como, sobre todo, para los malos, por eso: GRACIAS. No voy a dar nombres, porque seguramente olvidaría a alguien y algo y no sería justo y porque prefiero que cada cual coja su parte o el todo, lo que considere necesario. Gracias por las llamadas, por los mensajes, por esa pregunta tan fácil y tan difícil a la vez, porque implica que sea contestada, y que dice: “¿cómo estás?”. Gracias por las charlas, por los chistes malos, por seguirme el juego siempre, por preguntarme si quiero hablar “de eso” y escuchar o leer, por los besos y los abrazos (reales o virtuales). Gracias por el chocolate y las notas de ánimo, por los “regalitos” con más notas a las que debería ir haciendo caso. Gracias por los paseos interminables en coche, por las visitas inesperadas, por las cosquillas, por las noches de agua y estrellas, tan vacías y tan llenas, por más chocolate, por las vistas. Gracias por las sonrisas, por las tardes de café, por los silencios, por la paciencia. Gracias por las historias, por las risas, por seguir siempre ahí, por los recuerdos, por aguantarme. Gracias, también, por ayudarme a empezar a cumplir un sueño, a ti por empezar y a ti por continuar, sin duda esas 88 teclas han sido la vía de escape muchas veces desde mitad de año, lo que representan, el saber que por mal que fuesen las cosas, aun quedaba tiempo e ilusión para emprender un camino que sólo fuese mío, al que no le veo el final, pero sí le vi el principio. Y finalmente, gracias, porque gracias a todo esto y a vosotros, este 2013 parece bastante más fácil de afrontar ahora. 

Ya sólo queda elegir los famosos propósitos para el nuevo año, pero creo que no he tenido tiempo para pensar en ellos seriamente, así que los dejaré en el aire e iré descubriendo cuáles serán poco a poco, como siempre. 

¡FELIZ 2013!

domingo, 23 de diciembre de 2012

El mundo real

Y entonces despertó. El sol brillaba y los pájaros cantaban y… ¡ah, no! Sólo era la luz de la habitación y el despertador de las narices sonando… (ahora viene la mejor parte, sí, ya suena el gallo). Pero ¡¿quién ha puesto el reloj a las 3 de la mañana?! Y entonces lo ve, ese cuaderno que aceptó gustosamente (o no, nadie lo sabe, nadie le ha preguntado y él no se ha dignado a hablar) ser el testigo y guardián de sus sueños. Ahora entiende lo del reloj. Parece que es hora de coger la pluma y escribir. Sí, ya llegan las imágenes. Parece un sueño bonito… tres, dos, uno…:


¿Tú otra vez?  Bueno… Estabas ahí, pero… te esfumabas por momentos, aparecías y desaparecías como por arte de magia y yo me quedaba mirando, impaciente, “¿piensas quedarte o te vas a ir de una vez?” Es curioso, tenía la sensación de que si te ibas, sería para no volver… Llevabas 5 segundos sin aparecer por allí (o quizá más, no lo sé, aun no he conseguido que mi reloj funcione en sueños ¡y eso que es de pulso!). Pues, creo que te habías ido… ¡buen viaje! No sé dónde estaba, estaba perdida o eso creo, pero no me sentía perdida, había mucha gente a mi alrededor, no conocía a nadie, pero todos me sonreían como si ellos sí que me conociesen a mí. Quiero moverme y empezar a andar, toda esa gente va a algún lugar y quiero saber dónde, pero mis pies hacen caso omiso (qué curioso, fijo que tengo el pedal de resonancia bajo ellos, sí, bajo los dos, y por eso no hacen lo que mi cerebro les ordena, últimamente me pasa mucho). Bueno, pues me quedé quieta. La situación estaba cambiando, el aire era más puro en ese momento, no se veía a nadie y la verdad es que tampoco se veía nada. Ahí sí que podía moverme, así que probé a caminar hacia alguna dirección (no sé cual, creo que debería ir pensando seriamente en coger una brújula para mis sueños, en fin, para el próximo… y un cuaderno también, de alguna manera tendré que hacer saber a mi yo despierto las cosas que necesito en sueños… creo que esto de anotar sueños se está complicando por momentos). ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! Que probé a caminar y caminé y caminé y caminé… y cuando miré a mi lado… 

- ¡Ups! Esto… hola… mmmm… hace buen día, ¿verdad? 
- El mejor. 
- Sí… supongo… ¿Qué haces aquí?
- Caminar.
- ¡Claro! vaya pregunta…  Este es mi sueño ¿sabes?
- Y el mío.
- No, soy yo la que está soñando.
- Y yo.
- Ammm, vale... y…. ¿tú con qué sueñas?
- Contigo.
- ¿A dónde lleva este camino?
- Al mundo real.
- ¿Y es bonito ese mundo?
- Mucho más que este.
- Imposible.
- Te queda sólo un segundo para comprob…

Y sonó el despertador…  

Mira a la cama. Ahí está él. Está despeinado. Abre los ojos y la busca:
- Vuelve a la cama. Que si no te abrazo no sé dormir. 
- Ya voy amor… ¿Sabes? Llevabas razón.
- ¿Cuándo?
- Hace un ratito. Esto es mucho mejor.
- ¿Cómo?
- Vuélvete a dormir, ahora te veo.



- Hola.
- Hola amor.  

viernes, 21 de diciembre de 2012

Recortes


Aquella foto ya no es lo que era, quedó arrugada, medio quemada, con un doblez en mitad y finalmente recortada. Lo que era uno, se convirtió en medio. Ya pocos recuerdan algo de lo que fue, sólo ellos dos saben de la existencia de esa foto, de la existencia de aquel día, de las sonrisas que se regalaron y de los besos a escondidas, sólo ellos saben de los abrazos, de los te quieros y de la felicidad absoluta que acompañaba a esa pérdida de la noción del tiempo. No es la única foto, hay más. En todas ellas sonríen, sonreían. Aun recuerdan el motivo de cada risa, de cada carcajada, pero ya no les hace gracia. El tiempo pasó y ha ido borrando hasta el más mínimo atisbo de felicidad, ni siquiera son capaces de entender qué fue lo que les hizo sentirse felices entonces. Ellos querían que se hablase de su amor de leyenda, que todos les tuviesen envidia, no querían que el otro se fuese, no querían que se acabase. Luego, no quisieron recordarse, no quisieron que el otro les recordase. Aun recuerdan el motivo de cada lágrima, sí, también recuerdan eso. Todas las veces que quisieron secárselas el uno al otro prometiéndose que todo iría bien, que todo se arreglaría, que habría más fotos bonitas. Ahora todas son recortes. Recortes de vida, retales de ilusiones a los que les falta el hilo para poder coserlos, tela hecha jirones, melodías incompletas. Ahora sólo quedan las palabras y dicen que a esas se las lleva el viento. Ya no queda nada. Ni siquiera dolor. Sólo queda indiferencia. Una mirada que se cruza sin más, unos ojos que miran al suelo y una caja de zapatos llena de recortes que nunca se abandonan y que, finalmente, se cierra y se guarda al fondo del armario con prisa, cuando se escucha: 

- ¿Estás lista?
- Sí, ya bajo. 

Tu mirada es distinta, tu sonrisa también. Tu mano agarra fuerte y no tira de mí hacia ningún lugar, simplemente sostiene la mía, no vaya a caer. La melodía suena mejor así. Ese traje te sienta bien, esa sonrisa también. Estoy lista, podemos irnos. 

Y ahora, sólo quiero ver tus manos al piano.

Invisible

Y cuando menos te lo esperas, pasado y presente entran en contacto, y te das cuenta de que, después del golpe inicial que se produce al encontrarte de frente con el pasado, todo se esfuma y no queda nada. Bueno sí, ese chaquetón rojo sin mangas y ese cigarro… 

Quizá todo estaba ahí puesto esperando que llegase el día perfecto, el día en que fueses consciente de que pasado y presente pueden convivir, de que pasado y presente conviven aunque no quieras y para dejarte ver de nuevo un pasado que, aunque lejano, siempre sigue ahí. 

No, ciertos encuentros no son bonitos, menos aun si son inesperados. Hacen que de repente sientas la necesidad de contar historias y que vuelvas a morderte las uñas. Pueden sacarte de tus casillas por un instante y apagar alguna lucecita de todas las que encendiste por la mañana, aunque la verdad, fueron muchas, así que esa pequeña lucecita ya no tiene importancia, el día y la vida siguen siendo igual de luminosos sin ella. 

Y entonces, miras atrás y te das cuenta de lo mucho que todo cambió y de que no todos cambiaron, que hay cosas que siempre siguen igual, que todos tienen valor para hablar detrás de cualquier cortina, pero no lo tienen para hacerlo a la luz del día. Lo cual, confirma una vez más aquello que ya quedó confirmado. 

Y ahora, al fin, sonríes. El aire, ahora, entra y sale de tus pulmones con total normalidad. Bien se merecen la enhorabuena… 

sábado, 15 de diciembre de 2012

A mi lado

Dicen que el mundo se acaba en menos de una semana, por eso todo el mundo va de aquí para allá, buscando y viviendo todo aquello que aun no vivieron… ¡ah! No, que seguimos todos igual. Vale, no se acabará, pero… y ¿si se acabase? Cuántas cosas quedarán por vivir… Otros dicen que esto sólo será el cambio de una era a otra (o algo así), lo cual, particularmente, me atrae bastante más. Y yo me pregunto: ¿un cambio? Hoy por hoy, hasta eso parece que tiene buena pinta, pero… ¿qué cambio?

Yo… es cierto, cambiaría muchas cosas, siempre lo he dicho, de hecho he ido cambiando mucho y muchas veces, paso a paso, aunque algunos quisieran que fuese más rápido, con pies de plomo, estudiando cada nueva imagen que se plantase ante mis ojos, estableciendo diferencias entre distintas situaciones, sabiendo qué buscar, mas a veces, no sabiendo dónde, buscando el dónde y buscando luego el qué. Y en este cambio y esta búsqueda, lo incluyo todo, desde los deseos más profundos arraigados en mí hasta, incluso, las personas que merecerán formar parte de esta historia, estableciendo prioridades, siempre estableciendo prioridades (aunque a veces las cosas no salgan como se tienen planteadas). Sí, dicho así, suena muy cuadriculado, puramente matemático, quizá, pero realmente no lo es. Complicado, es posible, porque sería mejor no pensar, más rápido y más productivo, resultados inmediatos, seguro, pero… hasta los pensamientos se enquistan si no se piensan (algunos se enquistan hasta pensándolos…) y deshazte luego de ellos… ese sin duda es el camino más difícil, desechar ciertas cosas, pasarlas por alto, vivir sin pensar todos los días en ellas, pero es completamente necesario. 


Así que bueno, un cambio no es algo que me pillase desprevenida, eso creo, quizá esta vez vendría de fuera… sólo espero, que si ese cambio se produce (de alguna forma, por algún motivo, el viernes que viene o cualquier otro día de la vida…), si es que ese cambio existe produciéndose para todos a la vez, al menos aquellos que son capaces de sacarme una sonrisa, de hacerme reír, de jugar conmigo cuando no tengo ganas de ver la vida en serio y de conocerme mejor, a veces, que yo misma, sigan a mi lado…

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nos vemos...

Mira el reloj. Aun es pronto, todavía puede disfrutar un poco de lo que tiene ahora. El tiempo está pasando más lento de lo que esperaba y eso le alegra. Sí, son esos pequeños instantes los que hacen ciertos días más bonitos. Está feliz. Ese estado que hace que se le quede a una eso que llaman sonrisa en la boca. Pero de repente, algo cambia, como si el mundo se trastabillase de repente y le costase seguir de la misma manera, como si frenase bruscamente y cambiase de sentido y, entonces, la sonrisa se va apagando y el tiempo comienza a correr. Vuelve a mirar el reloj, no puede ser: ¿ya? Suspira. Parece que se acaba una vez más. Como siempre. Sí, la sonrisa se ha esfumado, las palabras también. Sólo queda una conversación insípida acerca de… ¡bah! ¡Qué más da! Qué raro… hasta las cosas más sencillas se tornan difíciles a veces.

Nos vemos… (dudan) cuando siempre…  

jueves, 6 de diciembre de 2012

Punto y aparte

Aquí me veis otra vez, aporreando teclas (las del ordenador y algunas más) después de este parón no premeditado, pero necesario al fin y al cabo. Casi mes y medio sin soltar una palabra… así que ahora debería soltar muchas, si no fuese porque este tiempo me ha dejado sin ellas, con la boca seca y los ojos también, por qué no decirlo, perdida una vez más y buscando la salida hacia no se sabe dónde, cerrando capítulos definitivamente, casi sin darme cuenta (en todos los aspectos de mi vida) y no sé si abriendo otros o simplemente dejando que la vida se tome su tiempo para reconducirse. Y es que parece mentira que la vida pueda cambiar tanto en apenas 42 días…

He dicho adiós a una de las personas más importantes de mi vida, a quien me enseñó a pelear, a luchar, a no rendirse y a recapacitar cuando las fuerzas fallaban, a imaginar, a contar historias, a enfrentarse a la vida y a disfrutar de ella desde una mecedora, a sonreír siempre, a vivir con optimismo y alegría, a no perder nunca el sentido del humor, a querer a los libros, a ser diferente, a aprender cada día y, aun después de irse, sigue enseñándome cosas. “Fue duro, muy duro, ver cómo te apagaste, más duro de lo que pensé que sería, pero allá donde fuiste a parar, encendiste una luz que lo iluminó todo como el sol de la mañana, y a pesar de las lágrimas que empañaban mi mirada, un atisbo de sonrisa aparecía en mi cara, recuerdos, todos ellos bonitos, historias que ya no recordaba, momentos vividos en los que ya no pensaba y la alegría inmensa de saber que sí, que te fuiste, pero que estuviste aquí, que siempre compartiste todo lo bueno que tenías (como buenos hermanos, decías), que tengo mucho de ti y que lo guardo bajo llave… Quizá el día de mañana, yo también le cuente historias a alguien y vuelva a crearse esa unión que tú tuviste con ella y yo contigo… quizá nuestra historia empieza cuando todo parece que se acaba, quizá la vuestra también empezó así… porque justo ahora, me siento más unida a ti…“

He cerrado capítulos, como ya he dicho antes. Esos capítulos que parecían imposibles de cerrar, como tantas veces, pero que siempre acaban cerrando flojito, porque parece que cuando empujas a la puerta con fuerza, rebota y se vuelve a abrir. 

Así que ahora mismo, hasta parece un tiempo raro este. He ganado seguridad, confianza, no sé cómo ni de qué manera, y todo lo ocurrido ha hecho que disfrute más de aquello que verdaderamente me hace disfrutar y, sobre todo, que sea más “yo”. 

No sé si este puede ser el comienzo de una nueva etapa, otra más, ¿quién sabe? Pero tengo esa sensación de punto y aparte, de historias que comienzan después de finales, de cambio, de remodelación, de reformas… esa sensación de camino nuevo (aunque desconocido).